Estas son las consecuencias ambientales del nuevo reglamento de tránsito de la CDMX

Restringir la velocidad en ciertas partes y los numerosos topes que se encuentran en la ciudad, ha contribuido a aumentar los índices de polución.

A principios del año de 2016, en la ciudad de México se modificó el nuevo reglamento de tránsito, el cual se traba tanto de un proceso educativo vehicular para prevenir accidentes. Sin embargo, a dos meses de implementarse, ¿cuáles han sido sus efectos en el medio ambiente?

Una de las nuevas reglas implementadas por el GDF, es conducir a una velocidad máxima de 80 km/h si se va en carriles centrales de las vías de acceso controlado –el mínimo, en tránsito calmado, es 30 km/h–. Sin embargo, de acuerdo con Ricardo Torres, investigador del Instituto de Ciencias Atmosféricas de la Universidad Nacional Autónoma de México –UNAM–, se encontró una relación directamente proporcional de mayor cantidad de vehículos a menor velocidad, mayor será la emisión de gases metano en la atmósfera: “No hay vuelta de hoja, no hay que hacer ecuaciones difíciles para estar ciertos de que esta actividad es uno de los factores que han provocado mayor contaminación.”

En otras palabras, restringir la velocidad en ciertas partes y los numerosos topes que se encuentran en la ciudad, ha contribuido a aumentar los índices de polución. Pues además, la mayoría de los automóviles están diseñados para una mejor función de motor a velocidad mayores de 60 u 80 km/h. Esto ha provocado que los análisis del Centro de Ciencias confirmaran que el programa perdió efectividad, inclusive en los días sábados. Sin mencionar que los camiones de carga y el transporte público son los que más contaminan en la capital, debido al uso de diésel en sus motores.

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Como respuesta, el coordinador ejecutivo de la Comisión Ambiental de la Megalópolis, Martín Gutierrez Lacayo confirmó que se realizarán nuevos ajustes al programa de Hoy no Circula: “Tenemos que hacerlo, no hay de otra, a pesar de que seguramente no le va a gustar a parte de la población”.

Si bien es verdad que la ubicación geográfica de la ciudad de México, en donde la dispersión de contaminantes y la disminución de concentración de ozono, este nuevo reglamento ha sido uno de los factores principales a desarrollar, en lo que va del año, seis precontigencias: “o un poco más, nos falta el tiempo de sequías, ambiente caliente, no hay nubes, radiación solar, durante abril y mayo, al entrar el verano, y luego otra vez invierno.” En todo el año del 2013 hubieron sólo seis precontigencias; en 2014, tres; en 2015, siete; en 2016, van apenas seis.

Estar expuestos a altas concentraciones de contaminantes, como la del ozono, daña las células del sistema nervioso, afectando principalmente al sistema respiratorio, provocando enfermedades como cáncer. Inclusive se ha relacionado con un aumento en la densidad de la sangre, disminuyendo el buen funcionamiento del corazón –y en mujeres embarazadas, puede desarrollar preeclampsia–.

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[Milenio]



Puedes aplicar para viajar gratis a Finlandia en verano y aprender a ser feliz

Al grito de “Encuentra tu calma, conecta con la naturaleza” los finlandeses recibirán a visitantes de todo el mundo para compartirles sus secretos a la felicidad.

Otra vez Finlandia ha ocupado el primer lugar en el ranking del World Happiness Report. Así, se corona en 2019 por vez consecutiva con la distinción “el país más feliz del mundo”, por arriba de otros 156 países. En este índice, que toma en cuenta variables como ingreso, expectativa de vida y “libertad”, el segundo y tercer puestos también fueron para países escandinavos, Dinamarca y Noruega. 

Para celebrar la noticia, Finlandia lanzó un curioso programa que se llama Rent a Finn (renta un finlandés). Consiste en ofrecer viajes gratis a visitantes de otros países para hospedarse con habitantes locales que se han ofrecido a compartir sus respectivas llaves a la felicidad.

Los ocho habitantes voluntarios, que radican en diversos pueblos o ciudades de Finlandia, mostrarán por ejemplo “la simplicidad de la vida en el Arquipiélago”, llevando a su huésped a acampar y navegar en un pequeño velero, o también podrás visitar un pueblo de Laponia donde acompañarás a Esko a recoger moras en el bosque o jugar juegos tradicionales finlandeses.

Por cierto, llama la atención de que las llaves que aparentemente llevan a la felicidad a los habitantes de Finlandia, todas tienen algo en común: la simplicidad y la naturaleza (y esta podría ser una buena pista). 

¿Quieres aplicar para visitar Finlandia?  

Si tras leer esto has sentido el llamado a buscar la felicidad en las latitudes del norte, regocijándote en la generosidad finlandesa, esto es lo que debes hacer:

1. Llena una forma en línea aquí

2. Grábate en video y explica por qué te gustaría ir y cómo te conectas tu con la naturaleza (agrega el video a tu forma).

3. Espera la lista de los elegidos.

 



Nuestro futuro, ¿sensibilizar la máquina o tecnificar el cuerpo?

El auge de los dispositivos tecnológicos en nuestra vida plantea preguntas de urgente relevancia.

Al menos hasta el siglo pasado, la categoría de lo humano era lo suficientemente amplia como para albergar toda la variedad de intereses, procedencias e ideas que pudieran surgir del homo sapiens, este homínido que seguimos siendo; sin embargo, con el avance mismo de la tecnología, la especie se dividió en dos grandes grupos: aquellos que tienen acceso a los gadgets de la economía de consumo y aquellos que no.

 
 
 
 
 
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Esta diferencia es importante no sólo desde un punto de vista económico sino desde un punto de vista ético: ¿es más humano aquel que puede comunicarse en tiempo real de un lado a otro del mundo, y por lo tanto decidir los destinos de las personas que no pueden hacerlo, o bien se trata simplemente de una sociedad de fetiches, donde los objetos (y el poseerlos) se vuelven más importantes que las relaciones sociales que tenemos con otras personas?

Por ejemplo: una persona de clase media o media-alta se encuentra asediado en nuestros días por gran cantidad de información que apela y exige su atención: notificaciones del smartphone, actualizaciones de la tablet, toneladas de correo electrónico (basura o de trabajo, lo mismo da), con lo cual el tiempo destinados a interrelacionarse con otras personas en el universo 1.0 (offline, o en “el mundo real”) se reduce considerablemente. Probablemente esa persona no quiera pasar demasiado tiempo en el universo 1.0 debido a que cree que tiene mayor control sobre su tiempo y su atención mientras está conectado. Pero la realidad es que el universo 2.0, con todas las ventajas y fascinantes vías de desarrollo y aprendizaje que ofrece, no es sino una interfaz de comunicación, una vía o un medio, si se quiere, para conseguir un fin: comunicarse, informar o estar informado; pero esto no es un fin en sí mismo.

 
 
 
 
 
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Hoy en día tenemos más herramientas que nunca para estar comunicados, pero hemos dejado de tener algo que comunicar. Las computadoras son nodos que integran información, pero que hasta hace poco eran incapaces de producirla; ellas eran la heramienta y nosotros la fuente. ¿Seguirá siendo así durante el presente siglo?

Puede ser que los seres humanos en las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo nos vayamos pareciendo cada vez más a nuestras preciadas máquinas: siempre despiertas, siempre conectadas, siempre listas para responder con más información de salida a la información de entrada que recibimos sin parar. Estamos programándonos inconscientemente para reaccionar a la información en lugar de para pensar: para discernir qué tanto de la información que recibimos es valiosa y cuánta es sólo basura. 

Al decir esto no nos consideramos dentro de la tendencia “apocalíptica” que Umberto Eco señaló en su famoso libro, Apocalípticos e integrados, sino que nos proponemos pensar hasta qué punto ya no somos capaces de ubicarnos espontáneamente en ninguno de los dos parámetros señalados por el escritor italiano. El humano de hoy en día se parece más a una interfaz autónoma que recibe y procesa información, en lugar de una mente capaz de crearla y darle forma: somos cada vez más una máquina sensible respondiendo a impulsos del entorno, una computadora humana que aprende a resolver problemas, a contestar correos, a tuitear a velocidades vertiginosas sin detenerse un momento a pensar sobre dónde está parado, o hacia dónde desemboca este tren del progreso.

La impronta de nuestro tiempo parece ser, como bien apunta Douglas Rushkoff, “programa o prepárate para ser programado”: ¿en qué lugar de la balanza nos colocaremos? ¿Dónde te situarás tú?

 

*Fotografías: Nirav Patel