¿El maíz azul de México podría prevenir el cáncer?

A partir del consumo diario de seis a ocho tortillas azules, se estaría cubriendo la dosis preventiva del día contra el cáncer.

La biodiversidad en México es una de las más grandes que existen en el mundo; inclusive se ha llegado a decir que en este país existen más de 60 variedades de maíz, con sabores y propiedades distintas entre sí. Como lo es el maíz azul mixteco, el cual, de acuerdo con la investigación de la estudiante de doctorado Mónica Yazmín Herrera Sotero, posee propiedades anticancerígenas.

Esto quiere decir que a partir del consumo diario de seis a ocho tortillas azules, se estaría cubriendo la dosis preventiva del día. Esto se debe a que el maíz azul contiene una cantidad alta de antocianinas, una sustancia con propiedades antioxidantes –vitamina A, niacina y tiamina que provee el color azul y bloquea el desarrollo del cáncer.

Herrera Sotero descubrió que las antocianinas tienen la capacidad de modular el gen supresor tumoral p53, y así reducir la probabilidad de que una célula se transforme en cancerígena. Además esta sustancia ayuda también a disminuir los niveles de colesterol, mejora la visión, funge como antimutagénico y antiproliferativo en las células invasivas.

El maíz azul, oriundo de la zona mixteca en México, podría ser la clave para reducir los efectos y dolencias del padecimiento cancerígeno.

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El amor propio no es inalcanzable como te han dicho (de hecho, todos lo practicamos a diario)

¿Será posible reinventar al amor propio y llevarlo más allá del culto al individuo?

Amar es desgarrarnos para cosernos, rompernos para pegarnos. Amar es alejarnos para volver, dañarnos para curar. Amar es el más extravagante de los hábitos: un acto efímero en su eternidad. Un péndulo de Foucault oscilando infinitamente.

De entre estas ambivalencias e incertidumbres que constituyen la esencia de esta pasión humana, se alza un aparente antagonismo entre el amor al otro, por un lado, y el de aquel que guardamos para nosotros mismos, por otro.

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Ambos pasan en nuestros tiempos por una crisis que los hace parecer irrealizables y, en ocasiones, también irreconciliables: no hay tiempo de amar a otros porque estamos muy ocupados procurándonos a nosotros mismos. O no nos amamos porque estamos muy ocupados salvando el mundo.

No obstante, amarnos a nosotros parece ser, verdaderamente, el principio desde el cual se desdobla el resto de nuestros actos. Por eso Ron Padgett, nuestro Paterson de carne y hueso, escribe:

Take care of things close to home first. Straighten up your room before you save the world. Then save the world.

(Encárgate de las cosas cercanas a casa primero. Arregla tu cuarto antes de salvar el mundo
Luego salva el mundo)

Parece urgente amarnos si queremos ser capaces de amar a otros en algún momento. Porque si no nos amamos, ¿cómo amar a otros? Tal parece la aritmética de las relaciones humanas: su lógica intrínseca.

Pero el amor no es reductible a operaciones matemáticas. Recuperar el amor propio en estos tiempos es más difícil, quizá, que nunca en la historia. Somos presa fácil de los vacuos discursos sobre el amor, cuya retórica cínica invita a amarnos desde el narcisismo y la mezquindad. Existen también los sustitutos inverosímiles: en lugar de amar, nos sumimos en nuestra psique depresiva y cultivamos un odio que poco a poco nos carcome.

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Ante esas condiciones decadentes, es urgente plantear hipótesis radicales. ¿Qué tal si la única forma de recuperar el amor propio fuera admitiendo que no hay una hoja de ruta que nos marque cómo hacerlo? Suena desolador: si algo buscamos son respuestas tangibles, concretas y que nos den soluciones inmediatas.

Pero amar es precisamente lo contrario a todo ello. Amar –afortunadamente– no es una ciencia, y por ello no existen métodos para aprender a amarnos ni para amar a otros. Por eso, aún en nuestros tiempos ensimismados, el amor sigue siendo un resquicio de libertad para quien se atreve a mirar desde ahí.

Aunque quizá una de las pocas cosas que se pueda afirmar sobre esa cosa contradictoria que es el amor (cuya semántica, por cierto, es el mayor reto de los lingüistas) es que, tanto aquel amor que nos profesamos a nosotros mismos, como el que profesamos a los demás, son indisociables. Ambos tienen una autonomía relativa, tanto como nosotros la tenemos de los demás. Pero su aparente antagonismo o dualidad es producto de nuestra época, y no es sino una ilusión, como muchas de las que sustentan nuestras creencias.

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El amor es una totalidad que sólo puede sobrevivir como tal, retroalimentandose cada una de sus partes de lo uno y lo otro. Hay necesidad mutua, incluso cósmica, entre los tipos de amor, tal y como la hay en el individuo para con los otros, a quienes necesita para poder ser y desdoblarse en sus infinitas posibilidades.

Si algo resume esta idea en una cotidianidad sólo aparentemente sencilla, pero en realidad sumamente compleja, es esta otra metáfora de Padgett en su poema Love:

That is what you gave me

I become the cigarette and you the match

Or I the match and you the cigarette

Blazing with kisses that smoulder towards heaven

(Eso fue lo que me diste: yo me convertí
en cigarrillo y tú en fósforo
o yo en fósforo y tú en cigarrillo
brillando con besos ardiendo hacia el cielo)

El amor propio sólo puede cultivarse cuando aprendemos a ser ya sea el cigarrillo o el fósforo. Es una relación dinámica que ocurre todo el tiempo, todos los días. No hay principios ni finales. No hay identidades definidas permanentemente. Sólo fósforos, cigarrillos y las chispas que simbolizan la valentía que implica amarnos y amar en un mismo tiempo.  

 

*Ilustración principal: Tomasz Mrozkiewicz

 



Con frijol negro y maíz azul, mexicanos elaboran una bebida que alarga la vida

Las propiedades de este nuevo brebaje son sorprendentes

Llamada por Louis Pasteur como “la vida sin aire”, la fermentación ha sido un experimento que ha permitido transformar algunos alimentos en otras sustancias con propiedades distintas, muchas de ellas buenas para la salud. Luego de un proceso de oxidación causado por la falta de oxígeno, y gracias a a algunos microorganismos, es posible esta técnica.

Recientemente investigadores, en mancuerna con la Universidad Autónoma de Sinaloa, han creado una “Bebida Funcional con Valor Nutricional y Potenciales Antihipertensivo y Antidiabético Altos”, elaborada con frijol negro y maíz azul bioprocesados. Los creadores recibirán el Premio Nacional en Ciencia y Tecnología de Bebidas otorgado por el CONACYT.

Para elaborar la bebida se hizo un proceso de fermentación en estado sólido optimizado previamente, del frijol negro y maíz azul por separado, para obtener dos harinas cuya mezcla, en una proporción 60:40, es el ingrediente principal de la bebida (además de agua, Stevia y vainilla).

Este brebaje ayuda a reducir la incidencia de enfermedades crónico-degenerativas como hipertensión y diabetes, por sus compuestos bioactivos (compuestos fenólicos, péptidos bioactivos). Otro de sus atributos es que puede ser una alternativa a bebidas con valor nutricional/nutracéutico bajo: como las preparadas con agua, azúcares simples, sabor y colorantes artificiales. Puede ser usado para la promoción de la salud y el manejo de enfermedades crónico-degenerativas, principalmente las asociadas al estrés oxidativo.

Una proporción de 200ml de esta bebida cumple con entre 98 y 100% de las recomendaciones diarias de ingesta de antioxidantes que necesitas. Es uno más de esos experimentos que prueban las posibilidades de la fermentación para crear nuevas propiedades sanas, un fenómeno que, aunque tiene muchos años, está creciendo notablemente.