10 cuentos esenciales para inculcar en tus hijos el amor a los animales

La conciencia más profunda puede cultivarse desde las actividades más sencillas.

Las redes sociales son una muestra de cómo la conciencia sobre los derechos de los animales ha ido creciendo en las últimas décadas. Más allá de una búsqueda evidente por comer más sano, también en el terreno de los animales las campañas para su respeto son más populares.

Lo anterior es afortunado, pues esto mismo genera cultura, aunque es verdad que la cultura más arraigada inicia en casa.

Hoy te presentamos un compendio de libros imprescindibles para que tus hijos crezcan su conciencia sobre el bienestar de los animales como parte de un todo que merece respeto básico. La selección ha sido hecha por Historias Vegetarianas y entre princesas, caballeros, animales, granjas, bosque encantados y reinos lejanos, estas historias nos dejan lecciones mucho más arraigadas.

 

1. El cuento de Ferdinando, de Munro Leaf

Es un cuento que nos habla de la naturaleza instintiva asociada a Ferdinando, un toro salvaje que, sin embargo, nunca ha pensado en atacar a nadie.

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2. Dilo por mí, de Rocío Buzo

Cuando Oil, de 9 años, un día comía en casa de sus abuelos un filete, este último comenzó a cantar una canción que les cambiaría la vida para siempre.

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3. El sapito vegetariano, de Ana María Romero Yebra

La historia del sapito que por cuenta propia decidió que no comería más animales.

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4. El pez que sonreía, de Jimmy Liao

Un hombre camino al trabajo siempre pasaba por un acuario. Ahí vivía un simpático pez que siempre le sonreía. Un día decidió comprarlo…

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5. Adiós Manoplas, de Benjamin Chaud

La historia de un conejo que era el mejor amigo de un niño. Luego ese niño decide abandonarlo…

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6. El destino de Cartucho, de Ana Sánchez Rodríguez

Es un perro de caza, ¡aunque no se identifica con nada de eso!

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7. Como tú, de Guido van Genechten

Este libro nos habla de la gran similitud de los animales con nosotros. ¡Te sorprenderás!

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8. Palabras de Caramelo, de Gonzalo Moure

Un niño sordo es un gran sabio de las emociones, tanto así, que es capaz de comunicarse como nadie con su camello Caramelo. Un día, cuando crece, se entera de que quieren sacrificarlo, y entonces huye con él…

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9. Los animales también lloran: Historias sobre el abandono, de Raúl Mérida y Pablo Santana

Un libro para recordar que un animal no es un juguete.

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10. Platero y yo de Juan Ramón Jiménez, contado a los niños, de Rosa Navarro Durán

El enternecedor libro que cuenta con admiración las particularidades bellas de un burro.

Platero



Por qué una educación sin conciencia ecológica tiene ya poco sentido

Por estas razones, toda pedagogía puede (y debe ser) una ecopedagogía.

Construir sociedades más conscientes de la crisis ambiental a la que nos enfrentamos es un reto. Sin embargo, no es imposible, pues hoy en día gozamos de múltiples herramientas de comunicación y conocimiento para lograrlo; por ejemplo, la educación, ya sea como institución o como una formación de valores adquiridos en casa. 

Decía el pedagogo Paulo Freire que “la cabeza piensa donde los pies pisan”, y en este sentido, podríamos pensar que si una cabeza piensa, con conciencia, en dónde está parada, probablemente lo primero que perciba será la tierra, su entorno natural. Por el contrario, una pedagogía que no genera conciencia ecológica sobre el medio en que se desenvuelve la sociedad carece de todo sentido. La conciencia de este hecho es lo único que puede salvarnos de una catástrofe, y la conciencia, sin duda alguna, sólo puede cultivarse a partir de la educación.

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Es ahí donde surge la necesidad de hacer las preguntas correctas y cambiar nuestros paradigmas educativos. Pero, para ello, la  sustentabilidad, la sensibilidad ecológica y el llamado a la acción deben estar asociados a los programas educativos y a las formaciones familiares (la Tierra como un nuevo paradigma). De estos parámetros fue que nació la ecopedagogía que, según la epistemología de Freire, busca que tanto las personas responsables de la formación educativa como los alumnos contemplen: 

1. La diversidad e interdependencia de la vida
2. La preocupación por todos los seres del planeta
3. El respeto a los derechos humanos
4. El desarrollo sustentable
5. La justicia, equidad y comunidad
6. La prevención de lo que puede causar daño

Una opción que se encontró en Venezuela para llevar estos puntos adelante fue la de crear Escuelas Ecológicas Alternativas, que se han articulado desde el 2009 a los planes de estudio de todos los niveles y que han generado una respuesta reflexiva, crítica y ética en los alumnos, respecto al medioambiente. Por otro lado, existen loables ejemplos que han tenido éxito en estos objetivos, como la escuela en Bali, Indonesia, un modelo de sustentabilidad integral que está formando agentes de cambio conscientes del entorno ambiental y social.

Por qué una educación sin conciencia ecológica tiene ya poco sentido

Pero, ¿cómo involucrarse?

Estamos ante un reto que no sólo involucra a los diversos Estados sino a los individuos de todos los países, pues la educación empieza en casa. Así que debemos empezar por involucrar, de entrada, a los más pequeños, pues en las edades más tempranas es cuando se puede “moldear” la conciencia del individuo, al mismo tiempo que va adquiriendo conocimientos que le serán útiles de por vida. Por otro lado, las personas que queremos involucrarnos activamente y no sabemos cómo, podemos comenzar de la siguiente manera:

 

Leer al respecto

No podemos combatir el problema si no conocemos sus pormenores. Encontrar material para autoeducarnos o para educar a los niños es fundamental, pues sólo así podremos empezar desde la raíz, que es discutir las causas que generan, por ejemplo, el cambio climático (y reconocer el impacto que tenemos como individuos), las medidas que cada persona puede tomar en su calidad de ciudadano o individuo y desarrollar la sensibilidad ecológica en la familia, lo que puede comenzar por hacer conscientes a los más pequeños del cuidado que requieren tanto las plantas como los animales. Estas medidas también pueden llevarse más lejos e impulsarse en las escuelas, algo que los padres de familia deben buscar que suceda.

 

Ligarlo con nuestra vida cotidiana

A veces, una palabra como “crisis climática” resulta demasiado abstracta y suena lejana a nosotros. Pero si nos detenemos un segundo, veremos que los impactos de dicha crisis se hacen presentes y nos perjudican día a día. Un ejemplo es la polución en las ciudades, por la cual sufrimos de alergias e irritaciones y, en el peor de los casos, enfermedades pulmonares. Asimismo, los fenómenos naturales se han transformado y resultan más constantes y cada vez más mortíferos, como los tsunamis, huracanes y terremotos.

En ese sentido, la conciencia se activará cuando veamos que somos también afectados por la crisis ambiental, lo que puede disparar procesos no sólo de toma de conciencia sino de acción, tanto individual como colectiva.

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Acercarnos a organizaciones locales

Nos referimos a locales porque, existen organizaciones internacionales ambientalistas que surgieron desde los años 50 del siglo XX con el fin de proteger reservas naturales, pero que en realidad usan el discurso ecológico para privatizar y extraer recursos de grandes áreas naturales como la Amazonía. A eso se le llama “capitalismo verde”, y es sumamente peligroso por su doble moral.

Así que lo mejor que puedes hacer es buscar en tu país organizaciones independientes que puedas conocer de primera mano y que se dediquen al cuidado de la naturaleza, a su defensa y a la educación ecológica. Por ejemplo, las organizaciones que llevan a cabo programas de reforestación, las que defienden las semillas autóctonas (como el caso del maíz en México), las que se dedican a la defensa del agua contra la privatización o a denunciar grandes proyectos de infraestructura que contribuyen a romper el equilibrio ecológico y despojar a comunidades originarias.

 

Jamás dejar de poner el ejemplo

Indudablemente esto es básico: sólo la congruencia puede hacernos dignos educadores y alumnos de otros. Así que siempre debes intentar llevar a tu vida cotidiana hábitos ético-ecológicos, como el reciclaje, el cuidado del agua o incluso cuidar lo que consumes, pues la producción de muchos productos contribuye a la debacle ambiental. También, sembrar una planta y acompañar su crecimiento puede vincularnos afectivamente con la naturaleza.

Sólo así podremos arribar a lo que el director del Instituto Paulo Freire de Brasil, Moacir Gadotti, llama la “pedagogía de la tierra”, y que destaca como la única educación que puede salvar nuestro futuro.

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Bibliografía

Pedagogía de la Tierra y cultura de la sustentabilidad
Proyecto de escuelas alternativas, escuelas ecológicas