¿Y si la cerveza fuera el remedio para prevenir Alzheimer?

De acuerdo con un estudio realizado por la Asociación Española de Toxicología, el consumo de la cerveza es una fuente de ácido silícico, el cual reduce la presencia del aluminio.

Clásica y deliciosa, la cerveza es la bebida de excelencia para una tarde calurosa en fin de semana. Además las cervezas gozan de una numerosa cantidad de beneficios para el cuerpo –y la psique–; en especial las cervezas artesanales.

Inclusive, de acuerdo con un estudio realizado por la Asociación Española de Toxicología, el consumo de la cerveza es una fuente de ácido silícico, el cual reduce la presencia del aluminio que, al ser metal en un cuerpo humano, desencadena una neurotoxicidad.   

En este estudio se resaltó que la cerveza con alcohol y en dosis moderada alta parece influir sobre la toxicocinética del aluminio, disminuyendo la presencia de este metal en el tracto gastrointestinal y eliminarlo por completo a través de la excreción por la vía fetal. En consecuencia, la cerveza podría llegar a fungir un papel protector frente a la toxicidad del aluminio.

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Si bien el estudio se realizó en una población de ratones, los resultados obtenidos confirmaron que los niveles moderados altos de la cerveza en el cuerpo, reduce la absorción del aluminio en el tracto digestivo. En otras palabras, se trata de un factor preventivo de enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer

Ante el contacto constante de factores tóxicos ambientales –como el aluminio, metales pesados, disolventes orgánicos–, el riesgo de contraer numerosas enfermedades neurodegenerativas es realmente alto. Principalmente desde el descubrimiento de la influencia predominante del aluminio en enfermedades tales como el Alzheimer, osteomalacia, anemia microcrítica, cirrosis, etcétera. Es decir, el aluminio ejerce una acción tóxica en el cuerpo, principalmente en el cerebro, contribuyendo al desarrollo de patologías; no obstante, de acuerdo con el estudio de la asociación española, la cerveza provee un método preventivo de esta neurotoxicidad y por tanto de la evolución de las enfermedades antes mencionadas.

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El vaso de cerveza que te invita a vivir el momento presente

Con la llegada de los smartphones, la conectividad amenaza nuestro ‘estar en el presente’; este vaso te invita a reflexionar sobre ello.

Con la masificación del uso de smartphones y otros dispositivos, se ha diluido la frontera entre nuestra vida laboral y nuestra vida recreativa. Además, esta hiperconectividad nos da la sensación de poder estar en muchos lugares al mismo tiempo –aunque tal vez, en realidad imposibilita el acto de estar–.

Aunque es cierto que este tipo de herramientas nos permite “regalarnos” una media hora más con un amigo en lugar de, por ejemplo, tener que estar en la oficina para revisar correos electrónicos, también es un hecho que hemos dejado de consagrarnos a vivir el momento.

Hace apenas unos años, por primera vez en el mundo, había más de mil millones de smartphones en circulación, es decir, una de cada siete personas en el mundo utilizaban estos dispositivos. 

Mauricio Perussi, Melissa Pottker y Fischer&Friends se unieron para crear The Offline Glass. Básicamente, se trata de un vaso que mantiene su equilibro por medio del soporte de tu smartphone: si retiras de ahí el teléfono, el vaso caerá inevitablemente. Lo anterior te obliga a entregarte al momento de forma consciente.   

Los creadores han especificado que su invento no busca resolver el problema del ‘ausentismo’ digital, sino provocar una reflexión sobre la sistemática interrupción de la convivencia a causa de los teléfonos. En pocas palabras, se trata de recordarnos nuestra cita con el momento presente, a la que fallamos constantemente por el continuo sentimiento de estarnos perdiendo de algo en la red. 



Parece que se está acabando la cerveza en Europa (y la causa podría afectar a todo el mundo)

Este milenario elixir está escaseando. ¿Por qué?

El proceso de producción de la cerveza incluye el uso de germinados y otros cereales, así como de levadura. Por eso es tan deliciosa y nutritiva, e incluso ayuda a contrarrestar los procesos neurodegenerativos. Pero hay otro ingrediente fundamental: el CO2, el cual le da su cuerpo burbujeante a la cerveza.

Si bien podríamos imaginarnos que el cambio climático es lo que estaría poniendo en peligro la existencia de la cerveza –al afectar las cosechas de los granos que se utilizan en su elaboración–, lo cierto es que esta bebida está en riesgo (por ahora sólo en Europa) debido a una crisis en el suministro de CO2, lo cual afecta también a la producción de otras bebidas, como los refrescos o la sidra.

 

¿Cómo puede haber escasez de CO2, un gas que se encuentra en la atmósfera?

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La industria alimenticia no saca este gas de la atmósfera, sino que existen plantas manufactureras –por ejemplo, de amoníaco– que como subproducto generan CO2, el cual es disuelto en líquido para ser vendido a las refresqueras y cerveceras.

Así que ahora mismo la cerveza escasea en el viejo mundo porque los mayores productores de gas en el norte del continente han cerrado por problemas de mantenimiento, lo que coincidió –en una especie de complot contra los amantes de la cerveza– con el cierre temporal de plantas productoras de bioetanol y otros químicos que también producen CO2. No obstante, se trata de una crisis que pronto verá su final, y ante la cual ya se han tomado medidas para que la escasez de cerveza y otros productos no afecte a los consumidores europeos.

 

Pero, ¿y si vuelve a pasar?

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Como sea, lo interesante es pensar que una bebida tan cotidiana como la cerveza depende de plantas químicas de todo tipo para existir, pues sin los debidos suministros de CO2 que éstas proveen a la industria, la cerveza no tendría el cuerpo burbujeante que nos deleita, ya que según el método de fermentación puede perder todo el gas después del proceso de producción.

Pero, en un futuro, ¿seguirá siendo necesario que la producción de cerveza esté sujeta a la existencia de plantas donde se generan sustancias tan nocivas como el amoníaco? Lo ideal sería que no, pues aunque hay un gran debate acerca del amoníaco, lo cierto es que es malo a nivel medioambiental, sobre todo para los ecosistemas marinos, pero también para los suelos vegetales (mismos que, aunque lo contienen de manera natural, no soportan el exceso de esta sustancia).

Es por eso que el amoníaco ha sido incluido en

la lista de la Agencia Europea de Medio Ambiente, de contaminantes que es preciso restringir al máximo.

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Así que podríamos pensar que en algún momento no existirán las plantas que hacen el subproducto del CO2 para la industria cervecera. Habrá que aprender entonces de otras formas de elaboración, como por ejemplo, la de la cerveza artesanal. La fabricación casera o artesanal de la cerveza tiene varios métodos para conseguir CO2 no industrial; uno de ellos es usar fermentadores isobáricos que hacen posible conservar el CO2 que se produce naturalmente antes y durante la fermentación, para que se mantenga hasta que sea embotellada la bebida.

No hay que esperar a que haya escasez de cerveza por falta de CO2 industrial, sino comenzar a pensar en otras formas de elaborar y consumir la cerveza que hagan innecesario el uso de este recurso. Por eso aquí la cuestión es si brindamos con cervezas artesanales o con cervezas industriales; las primeras son de gran calidad, mejores para nuestra salud y para el planeta, mientras que las segundas utilizan un subproducto de plantas nocivas y poco ecológicas, así como monstruosas cantidades de agua, y algunas –sobre todo las más “famosas”– usan cultivos transgénicos.

Nuestra recomendación es que no esperemos a la crisis: comencemos a cambiar la manera en la que nos relacionamos con la cerveza, la cual debe ser consumida de manera responsable no sólo por su cantidad de alcohol, sino por su impacto en el planeta. En México ya hay muchas marcas comprometidas tanto con el medioambiente como con nuestra salud, que puedes consumir con tranquilidad.