¿Sabías que esto les sucederá a las tortillas en México?

El Cinevstav se encuentra actualmente tramitando la patente para transferir este desarrollo a una escala industrial para enriquecer las tortillas de harina o maíz.

México posee una de las grandes diversidades culinarias en el mundo, en especial cuando se trata de los platillos que se realizan a partir de las tortillas. Sin embargo, ¿no que las tortillas engordan?

El Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional desarrolló un proceso para enriquecer con hierro y ácido fólico a las tortillas, y así reducir la población de anemia y enfermedades cardiovasculares digestivas.

En palabras de Alejandro Cruz Sánchez, miembro del equipo, “el sistema consiste en adicionar microcápsulas de fumarato ferroso y ácido fólico, obtenidas  de almidones modificados de maíz”. A diferencia de otros métodos, este sistema reduce el impacto sobre el sabor, color y textura de las tortillas; “Mediante este proceso podemos enriquecer las harinas de nixtamal para que una vez procesadas lleguen a niveles de 40 miligramos de hierro y dos de ácido fólico por cada kilogramo de alimento, como marca la Norma Oficial Mexicana.”

Actualmente, la tortilla de maíz se realiza a través de procesos industriales que provocan la perdida de nutrientes adicionales. No obstante, gracias a las microcápsulas del sistema nuevo, se prolonga el tiempo de retención de nutrientes y se facilita su transporte, manejo y almacenamiento sin afectar las propiedades de la harina.

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Nuestros padres y abuelos vivían sin plástico, ¿qué podemos aprender de ellos?

Si queremos saber cómo vivir sin plástico, debemos voltear al pasado.

El plástico sintético lleva mucho tiempo entre nosotros. O por lo menos eso aparenta, ya que su presencia es tan omnipresente que pareciera haber estado ahí desde siempre. No obstante, a mitades del siglo XX este material era visto todavía como toda una novedad, y la gente ―nuestros padres y abuelos― se las arreglaban para vivir sin plástico.

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Ahora el plástico es un material cualquiera. Es sin duda muy poco estético: tan feo y corriente que ya sólo lo asociamos con la basura ―ya que el uso que más se le da a este material es para la fabricación de objetos desechables que terminan, la mayoría, en el mar.

Pero no podemos imaginarnos vivir sin plástico, ¿cierto?

¿Cómo reemplazar bolsas, envases, piezas de motores, materiales de construcción, fibras textiles, muebles y todo lo que se hace con este feo material?

Muchas veces buscamos soluciones a nuestros problemas viendo hacia el futuro. En el caso del problema de la contaminación plástica, existen muchos esfuerzos por creas sustitutos al plástico, innovando con tecnología y mucha creatividad ―incluso existen cubiertos comestibles y otros objetos biodegradables por el estilo.

Pero, ¿y si la solución está mirando hacia atrás, al pasado?

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Nuestros padres ―y sus padres antes que ellos― sabían vivir sin plástico. ¿Cómo lo hacían? No necesitaban de mucha tecnología ni de grandilocuentes inventos. Así que podríamos aprender mucho de quienes supieron vivir sin plástico toda su vida ―y también de los que ya están viviendo sin plástico en el presente.

El autor Mark Blackburn, del blog One Brown Planet, pensó en esto, y por eso le preguntó a su madre cómo era su vida sin plástico. Ella le contó cómo eran algunos de sus hábitos en 1950, cuando vivía con una familia de siete en Blackpool, Reino Unido, y el plástico apenas estaba usándose en algunos tejidos y muebles.

De este diálogo pueden surgirte, sin duda, muchas ideas para sustituir objetos de uso diario:

¿Qué tipo de alimentos estaban disponibles y cómo se empaquetaban?

“La mayoría de los alimentos frescos, como papas, zanahorias, guisantes y demás, fueron cultivados localmente y estaban disponibles por temporada. También se podían obtener platano y otras frutas del extranjero durante la mayor parte del año. Cuando un vegetal no estaba en temporada, teníamos que comprarlo en una lata o sustituirlo. También había una gran cantidad de alimentos secos disponibles, generalmente vendidos en grandes recipientes. Lo que sea que necesitaras, lo pesabas en una bolsa de papel marrón. Los artículos de ultramar, como el arroz y la pasta, también eran pesados ​​y luego empacados en una bolsa de papel.

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Para las bebidas, la leche era entregada a la casa en una botella de vidrio. El lechero recogería la botella vacía al día siguiente y la reutilizaba. Las botellas de cerveza y las botellas de refrescos también estaban hechas de vidrio y cuando las devolvías a la tienda obtenías algo de dinero. ¡Siempre andábamos buscando botellas para volver!

También había un hombre de carne que venía con carnes frescas, una vez más envueltas en papel.

En cuanto a los bocadillos y los postres, no había tanta disponibilidad como hoy, pero había papas fritas, galletas y dulces. Nuevamente, venían en grandes recipientes: podías tomarlos y ponerlos en una bolsa de papel o envolverlos en papel de aluminio. También comprábamos conservas y mermeladas en recipientes de vidrio, pero nos asegurabamos de guardarlas para luego usarlas para hacer nuestras propias mermeladas”.

¿Había “comida rápida” disponible?

“Donde vivíamos solo estaba el pub y la tienda Fish & Chips. Todo en la tienda de pescado y papas fritas estaba envuelto en papel a prueba de grasa con periódico en el exterior. Recuerdo que, si guardabas todo el periódico de la semana y lo llevabas a Fish & Chips, ¡te daban una bolsa de papas gratis! ¡Era grandioso!

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¿Hacían muchas cosas en casa o lo compraban todo en la tienda?

“Hacíamos mucho nosotros mismos. Comida, obviamente, pero también ropa. De hecho, tenía casi 13 años antes de que mi madre comprara mi primer vestido nuevo en una tienda. Antes de esto, toda nuestra ropa y ropa interior se fabricaban en casa con el material comprado en la tienda. También tejíamos bufandas y jumpers y sombreros. Las únicas cosas nuevas que comprábamos todos los años eran los zapatos. Tenía un par de zapatos escolares, un par de botas y un par de zapatos deportivos para deportes. Si las suelas se desgastaban, papá las reparaba para que yo pudiera seguir usándolas hasta el próximo año.

Mamá también hacía sus propias mermeladas y conservas, con frutas como moras y ciruelas recolectadas de todo el pueblo. Las mermeladas se almacenaban en los frascos de vidrio que habíamos recolectado durante todo el año”.

¿Y la limpieza de la casa y personal?

“En aquel entonces todos los productos de limpieza venían en cajas de cartón o botellas de vidrio. Usábamos barras de jabón para limpiarnos y el champú venía en baquelita o botella de vidrio. ¡Teníamos que tener cuidado de no romperlos! Recuerdo que incluso nuestra laca para el cabello venía en una botella recargable que llenábamos en la tienda local”

Entonces, ¿qué pasa con el desperdicio, a dónde se iba todo eso? ¿Y cuánto había?

“Bueno, todo el papel de la comida se colocaba en la chimenea y se quemaba para mantener la casa caliente en el invierno o para calentar la caldera de agua para los baños. En ese entonces, solíamos tomar solo un baño a la semana y, por supuesto, ¡teníamos que luchar para conseguir el agua limpia!

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Como mencioné anteriormente, todas las botellas de vidrio se devolvían por dinero en efectivo y teníamos nuestras propias bolsas de compras que reutilizábamos cada semana.

Nuestras sobras de alimentos nunca se desperdiciaron, se usaban principalmente para hacer caldos de verduras o carne. Todos los huesos sobrantes se los dábamos al perro o los quemábamos en el fuego.

Las latas se aplastaban y se ponían en el contenedor, porque no podíamos reciclarlas. Recuerdo que el papel, que originalmente envolvía el pan, se usaba para envolver los sándwiches. Luego lo quemábamos, pero con las cenizas del fuego solíamos hacer senderos, o en el invierno lo usábamos como arenilla para evitar derrapes.

Una familia como la nuestra de 7 personas tiraría alrededor de la mitad de un contenedor por semana de cosas que no podían usarse o devolverse.”

 

 

 

 

 

 



Regresar al nopal y a la tortilla evitaría la obesidad en México

Juntos aportan minerales, fibra, carbohidratos y calcio.

Con la pérdida del poder adquisitivo en México, casi 80% desde 1987, y la entrada de miles de productos chatarra a precios accesibles (por el libre comercio) se generó un combo explosivo que detonó más que nunca la obesidad en este país. 

Las estrategias de distribución de las grandes  corporaciones inundaron los centros de comercio más comunes como las tienditas de la esquina, los oxxos o demás tiendas medianas; con menos dinero en la bolsa y poca cultura nutricional los mexicanos comenzaron a consumir una cantidad desbordada de comida chatarra. Este país es el principal consumidor de refresco, por ejemplo. 

Sin embargo, en la dieta milenaria del mexicano basada en maíz (tortilla), nopal y frijoles, este tenía un manjar nutricional a la mano que lo mantuvo sano durante años. 

Según el académico e investigador del Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Mario Enrique Rodríguez García:

“La tortilla es una cosa milagrosa y muy importante en la dieta de los mexicanos; yo digo que es la vaca mexicana, pues no se puede explicar de otra manera”..

Rodríguez argumenta que solo con tortilla y nopal se mantenían sanos hasta 250 mil habitantes en Tenochtitlán. Si se consumen de 200 a 400 gramos de tortilla, se tiene garantizado al menos el 50 por ciento del calcio que se necesita en un día. 

“Contrario a lo que sucede con los productos derivados del trigo, como es el pan, la tortilla no engorda y es un producto balanceado con fibra y carbohidratos complementados con calcio”.