Remedios caseros para aliviar exitosamente el reflujo gástrico

Una persona víctima del reflujo estomacal tiende a sufrir, más de dos veces a la semana, de un ardor en el pecho o la garganta, tos seca, síntomas de asma o problemas para pasar la comida.

El reflujo gástrico es causado por un exceso de acidez del estómago que se filtra al esófago, el cual, a su vez, se deriva de una disfunción en la válvula muscular llamada esfínter esofágico inferior –EEI–. Si bien el EEI puede abrirse con frecuencia, puede también no cerrarse bien y en consecuencia permitir que los ácidos del estómago se filtren.

Una persona víctima de este malestar tiende a sufrir, más de dos veces a la semana, de un ardor en el pecho o la garganta, tos seca, síntomas de asma o problemas para pasar la comida. Entre los factores de riesgo más comunes que pueden desarrollar el reflujo, se encuentra un excesivo consumo de alcohol, obesidad, embarazo, esclerodermia, tabaquismo e inclusive hierna de hiato –una afección del músculo que separa el tórax y la cavidad abdominal–.

Para prevenir y reducir los efectos de esta afección, hemos reunido una serie de remedios caseros. Te los compartimos:

Cambiar la manera de comer. Al reducir la cantidad de comida, se bajará la presión del estrés estomacal. Por lo que no comer dos o tres horas antes de irse a la cama puede reducir el riesgo de que los alimentos ejerzan presión en el EEI. Además, procurar comer lentamente permite digerir más fácil y rápidamente.

Jugo de sábila o aloe vera. Gracias a sus propiedades curativas, ambas plantas medicinales reducen el riesgo de contraer reflujo gástrico. Se puede beber poco a poco varias veces al día, sin exceder dos tazas al día.

Vinagre de manzana. Añade una cucharada de vinagre de manzana orgánica a 180 ml de agua. Revuélvelo y bébelo.

Manzana. Comer por lo menos una manzana al día mejora la salud y ayuda a calmar el reflujo gástrico.

Té de jengibre. El efecto antiinflamatorio del jengibre permite usarse como agente calmante para el estómago, reduciendo las náuseas y vómitos. Para hacer el té, corta un jengibre fresco, añadiéndole agua hirviendo. Deja que se mezcle durante cinco minutos, viértela en una taza agregándole miel. Bebe el té alrededor de unos 20 minutos antes de las comidas.



Organizar tu día según la jornada de 8 horas te hace improductivo (y lo contrario te llena de energía)

Está demostrado que debemos tener muchos breaks durante la jornada.

La jornada de ocho horas de trabajo, por increíble que parezca, es el esquema en el que descansa el sentido que le damos al tiempo cada día. Pero, ¿por qué? Básicamente porque durante la Revolución Industrial, el galés Robert Owen concluyó que la fórmula “ocho horas de trabajo, ocho horas de recreo, ocho horas de descanso” era la mejor para fomentar tanto la calidad en el trabajo como la calidad de vida de los trabajadores.

Pero, ¿es esta división en tres todavía funcional? Algunas empresas contemporáneas creen que no…

En un estudio conducido por la compañía tech, Draugeim Group, un grupo de investigadores rastrearon los hábitos de trabajo de empleados de la oficina mediante una aplicación. Ésta midió cuánto tiempo pasaron las personas en varias tareas y lo comparó con sus niveles de productividad.

Descubrieron algo que servirá en el futuro para desmontar la idea anacrónica de que la jornada debe durar estrictamente ocho horas, y que ésta debe llevarse de a cabo de manera consecutiva. Y es que los investigadores pudieron observar que la duración de la jornada no importaba tanto como la manera como los empleados estructuraban su día.

Al parecer, lo mejor es trabajar 1 hora y descansar 15 minutos.

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Esta estructuración del tiempo dio mayor energía y enfoque a los empleados. Y ella implicaba que estuvieran totalmente concentrados en su tarea durante la hora de trabajo, así como totalmente desconectados durante los 15 minutos de descanso. Siguiendo este ciclo, cada hora de trabajo fue mucho más eficaz.

Así que las nuevas dinámicas de trabajo requerirán que esto se tome en cuenta, dejando de ser tan rígidas si lo que quieren las empresas es una mayor productividad, una mayor calidad y cuidar la psique de sus empleados. Se trata de no condenar la procrastinación, pues otros estudios han demostrado que cuando “perdemos el tiempo” en internet –buscando información sobre productos, leyendo o viendo videos– es porque nuestra mente lo necesita. Y es que, en promedio, nuestra concentración no puede durar más de 20 minutos a su máxima potencia.

Eso sí: no podemos disolvernos en el internet y en las nocivas formas que tiene para acaparar nuestra atención. Se trata de estructurar nuestro tiempo y de hacer las cosas cuando debemos hacerlas –y no hacerlas cuando no debemos hacerlas, es decir: saber tomar verdaderos descansos–.

¿Qué hacer en los breaks?

Lo más importante es que te relajes. Si tu trabajo no te permite navegar mucho en internet, y crees que ahí encontraras sosiego, ¡adelante! Pero recuerda no todo son las redes sociales, y que éstas te pueden ocasionar ansiedad. ¿Y si mejor observas la foto del universo del día, cortesía de la NASA? ¿O qué tal si escuchas sonidos naturales de todo el mundo en este mapa interactivo. O descubre más música de los artistas que más te gustan. El punto es que pierdas el tiempo con sentido.

Pero si quieres estar offline, puedes simplemente salir al parque más cercano y sentarte a observar lo que pasa a tu alrededor. O aprovechar para respirar profundo por cinco minutos y oxigenar tu cerebro. Incluso puedes ponerte metas: como aprender origami, o aprender a tejer, pues las manualidades tienen la capacidad de relajar la mente. Verás que esos 15 minutos son mucho más tiempo del que parece.

*Imágenes: Max Löffler