¿Podemos aprender mientras dormimos?

Se cree que las ondas lentas que se registran en el cerebro mientras dormimos, actúan como un eco en la data de la memoria que se retoma a la hora de despertar.

Dormir no sólo brinda un placer excesivo, sino también una diversa lista de beneficios para el cuerpo y la mente: renueva las células corporales, refuerza los procesos cognitivos como la memoria y el aprendizaje, regula las emociones y el estado de ánimo, e inclusive reduce el riesgo de contraer enfermedades graves.

De acuerdo con las últimas investigaciones del neurocientífico Jordan Lewis, dormir ayuda tanto a recuperar energía invertida en las actividades diurnas como a potencializar el aprendizaje y la memoria mientras se está en los brazos de Morfeo. Se cree que las ondas lentas que se registran en el cerebro mientras dormimos, actúan como un eco en la data de la memoria que se retoma a la hora de despertar.

En palabras de Lewis, las ondas lentas durante el sueño profundo forman una especie de consolidación de la memoria de corto y largo plazo:

Durante el sueño profundo, el cual suele suceder durante la primera mitad de la noche, las células del cerebro están altamente sincronizadas. Cuando se mide el sueño con electrodos pegados al cuero cabelludo, el sueño profundo aparece con oscilaciones de amplitudes largas y lentas.

Esto es un fenómeno ideal para el proceso del aprendizaje.

Por decirlo de algún modo, el cerebro desarrolló un mecanismo increíble que facilita numerosos procesos cognitivos, principalmente el del aprendizaje y la memoria. Así que si estás en época de exámenes académicos o entregas importantes en el trabajo, lo indispensable será dormir las horas con las que tu cuerpo pueda estar cómodo y sentirse vital.

 

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Las personas más inteligentes se duermen más tarde (pero las más felices se despiertan más temprano)

La psicología evolutiva cree que las personas inteligentes duermen menos, pero dormir mal puede provocar obesidad, diabetes y menor control emocional.

Todos los seres vivos presentan ciclos vitales que alternan entre los períodos de actividad y los de descanso. Los mamíferos humanos, naturalmente, no somos la excepción. Sin embargo, con el desarrollo tecnológico de nuestras sociedades, los hábitos diurnos y nocturnos, así como las actividades que desarrollamos tanto en el día como en la noche, han cambiado con respecto a las de nuestros ancestros.

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El psicólogo evolutivo Satoshi Kanazawa lleva muchos años estudiando la relación entre el sueño y la inteligencia. Él explica que los hábitos de actividad y descanso dependen del ritmo circadiano, el cual se regula en los núcleos supraquiasmáticos dentro del hipotálamo cerebral.

El doctor Kanazawa también señala que en cuanto a las épocas previas a la invención de la iluminación artificial, la evidencia antropológica muestra que había una mayor tendencia de los grupos humanos a levantarse al amanecer e irse a acostar poco después del atardecer. Las únicas actividades nocturnas de nuestros ancestros eran ciertos cultos religiosos y las relaciones sexuales.

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A pesar de que existen indicios para creer que los ciclos circadianos están regulados por la genética, Kanazawa cree que nuestro moderno estilo de vida permite a cada persona “reprogramar” su propio ciclo de actividad de acuerdo a sus necesidades. Después de estudiar los hábitos de sueño de un grupo de participantes desde la infancia hasta la adultez, Kanazawa encontró que los niños más inteligentes tienden a convertirse en adultos noctámbulos.

Por ejemplo, dice Kanazawa, aquellos con un coeficiente intelectual (IQ) infantil menor a 75 (‘poco brillantes’) se van a la cama alrededor de las 23:41 en las noches de entre semana durante el principio de la adultez, mientras que aquellos con un IQ infantil mayor a 125 (‘muy brillantes’) se van a la cama alrededor de las 00:29.

La hipótesis es que las personas más inteligentes pueden lidiar mejor con actividades nuevas dentro de nuestro esquema evolutivo, aunque por el momento es difícil comprobarlo.

Sin embargo, mantener un estilo de vida con pocas horas de sueño puede ser perjudicial para el ánimo y la salud en general.

 

El sueño es la medicina universal

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La doctora en psicología Dona Matthews nos recuerda que la inteligencia no lo es todo. Factores como la atención, la memoria, la regulación de emociones y la creatividad también se asocian a un buen esquema de sueño. El consenso dentro de la comunidad científica parece avalar esta premisa.

En los niños, una buena rutina de sueño está ligada a diversos beneficios físicos y sociales: un mejor desempeño académico, juicios más racionales (opuestos a juicios o acciones impulsivas provocados por falta de sueño), además de una mejora en el sistema inmunológico.

 

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Durante el sueño, nuestra glándula pituitaria lleva a cabo muchas reparaciones mayores: promueve el crecimiento en los niños, el procesamiento de grasa y nos ayuda a aliviarnos más rápido de las enfermedades. El sueño también ejerce un efecto benéfico sobre el control del peso, pues el sistema neuroendocrino y la metabolización de la glucosa también ocurren en este período nocturno, por lo que la falta de sueño puede asociarse a obesidad y favorece el desarrollo de diabetes.

Una mejor salud física también está ligada a un mejor desempeño intelectual. Y si bien la inteligencia es un rasgo de carácter importante e incluso deseable, es más relevante la regulación de las emociones y un mejor control sobre ellas, todo lo cual se da mejor en individuos que gozan los beneficios del sueño reparador.

Así que ya lo sabes: las personas inteligentes tienen hábitos solitarios y nocturnos, pero las personas que duermen mejor generalmente son las más felices.



¿Duermes y despiertas cansado? Aquí las probables razones (y unos cuantos hacks para lograr un sueño reparador)

¿Cansado aunque dormiste toda la noche? Probablemente estés haciendo algo mal.

Nuestros ciclos de vida están regidos por la luz y constituyen un ritmo de vital importancia para nuestro organismo. Respetarlos es fundamental para no entrar en disonancias con la existencia.

Pero tal parece que no es tan sencillo: durante el día, muchas cosas nos impiden tener una vigilia óptima y bien regulada –según los ritmos circadianos de nuestro cuerpo–. Normalmente nos vamos a la cama fatigados y, aun después de pasar toda la noche durmiendo, despertamos al día siguiente con la misma sensación de cansancio.

¿Por qué dormir no disuelve la fatiga ni relaja la mente?

Muchas razones podrían ser las culpables de que dormir no sea sinónimo de descanso, y es probable que más de una haya estado perturbando tus sueños hasta ahora:

 

1. Psique atribulada

Nuestros hábitos y lo que nos sucede durante la vigilia suelen ser elementos disruptores del ciclo circadiano, lo que conlleva que nuestros ritmos tengan irregularidades. Estar permanentemente bajo estrés o ansiedad es quizá una de las cuestiones que perturban el sueño de más personas, las cuales pueden experimentar insomnio, o bien, dormir más de 7 horas sin sentir recuperación alguna.

El problema es que si nuestra mente está inquieta, no se cumplen de la mejor manera cada una de las etapas del sueño. Si éstas son interrumpidas, es casi imposible llegar a la etapa 3 y 4 de sueño profundo –una especie de “coma” cerebral necesario para desconectarnos por completo de la realidad y poder descansar–.

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2. Malos hábitos diurnos

Hay hábitos que pueden arruinar toda nuestra noche si los hacemos poco antes de dormir: está comprobado que el alcohol en exceso y los bocadillos azucarados son dos enemigos acérrimos del buen descanso, como se demostró en un estudio reciente de la Universidad de Columbia.

Otro pésimo hábito es mirar pantallas antes de dormir. El brillo de éstas es nocivo para los ritmos circadianos, no sólo por ser antinatural, sino por su color: las ondas de luz azules son beneficiosas durante el día, pero en la noche inhiben la producción de melatonina, la hormona que regula los ciclos del sueño.

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3. Estomago bajo estrés

La microbiota intestinal, conformada por las “bacterias buenas” que viven en nuestro organismo, es vital para nuestro descanso. ¿Por qué? Porque estas bacterias están encargadas de la producción de hormonas y neurotransmisores que nos ayudan a relajarnos y calmarnos. Si estamos mal del estómago, tenemos una infección o no contamos con suficientes bacterias buenas, no produciremos suficientes de estos químicos para relajarnos durante la noche.

Otras causas de la fatiga pueden estar en algo más que los disruptores directos del sueño, como por ejemplo, una insuficiencia de hierro en el cuerpo, que produce cansancio y una falta general de energía. Este tipo de afecciones deben ser inmediatamente consultadas con especialistas.

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Sencillos hacks para que nada perturbe tu sueño

Despeja tu mente

Meditar es acceder a nuevos territorios en nuestro interior. Es una práctica que es perfectamente aplicable a nuestro aquí y nuestro ahora, aunque vivamos en una sociedad esquizofrénica e hiperconectada. Y son estas condiciones las que de hecho hacen de meditar la medicina perfecta contra el estrés, la ansiedad y la disrupción del sueño que provocan, pues además los beneficios de la meditación se quedan con nosotros durante años.

Si no sabes cómo empezar, conoce los seis básicos que todo primerizo debe saber.

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Mejora tus hábitos diurnos

¿Qué puedes hacer en lugar de comer o estar pegado a una pantalla? Tener una adecuada sesión de respiración puede mejorar dramáticamente tu calidad de sueño. Tomar té puede ser también una mejor idea, pues no sólo te evitará caer en la tentación de comer bocadillos dulces o comidas pesadas, sino que adicionalmente algunas hierbas promueven el sueño y el buen descanso. Por supuesto, debes evitar la cafeína.

¿Y qué tal retomar el libro abandonado en tu cabecera? Está comprobado que leer disminuye el estrés, lo que te ayudará a dormir bien.

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Otros hábitos que te pueden ayudar mucho son:

  • Tener una dieta con horarios fijos, para evitar antojos nocturnos
  • Cuidar nuestro estomago y tomar lactobacilos
  • Recuperar las horas que no hayas podido dormir, para no descompensar tu ciclo
  • Despertar siempre a la misma hora
  • No tomar tanta agua, para no pararte de la cama durante la noche
  • Cuidar tu postura al dormir (sólo hay una que no te perjudica)

Ahora sí: desciende en espiral a ese delicioso e íntimo territorio que es el mundo de los sueños, y disfruta de sus efectos reparadores sobre ti.

 

* Imagen de portada: Hanna Chen