¿Podemos aprender mientras dormimos?

Se cree que las ondas lentas que se registran en el cerebro mientras dormimos, actúan como un eco en la data de la memoria que se retoma a la hora de despertar.

Dormir no sólo brinda un placer excesivo, sino también una diversa lista de beneficios para el cuerpo y la mente: renueva las células corporales, refuerza los procesos cognitivos como la memoria y el aprendizaje, regula las emociones y el estado de ánimo, e inclusive reduce el riesgo de contraer enfermedades graves.

De acuerdo con las últimas investigaciones del neurocientífico Jordan Lewis, dormir ayuda tanto a recuperar energía invertida en las actividades diurnas como a potencializar el aprendizaje y la memoria mientras se está en los brazos de Morfeo. Se cree que las ondas lentas que se registran en el cerebro mientras dormimos, actúan como un eco en la data de la memoria que se retoma a la hora de despertar.

En palabras de Lewis, las ondas lentas durante el sueño profundo forman una especie de consolidación de la memoria de corto y largo plazo:

Durante el sueño profundo, el cual suele suceder durante la primera mitad de la noche, las células del cerebro están altamente sincronizadas. Cuando se mide el sueño con electrodos pegados al cuero cabelludo, el sueño profundo aparece con oscilaciones de amplitudes largas y lentas.

Esto es un fenómeno ideal para el proceso del aprendizaje.

Por decirlo de algún modo, el cerebro desarrolló un mecanismo increíble que facilita numerosos procesos cognitivos, principalmente el del aprendizaje y la memoria. Así que si estás en época de exámenes académicos o entregas importantes en el trabajo, lo indispensable será dormir las horas con las que tu cuerpo pueda estar cómodo y sentirse vital.

 

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Si despiertas a mitad de la noche, tu cuerpo te está diciendo algo…

Y es que que debes modificar algunos hábitos con urgencia.

Descansar bien es tan importante que se ha comprobado que reponer las horas de sueño el fin de semana puede evitarnos una muerte prematura. Además, dormir es una experiencia a la que nadie osaría negarse si no fuera por las turbulentas dinámicas de la vida contemporánea.

Pero si de por sí es difícil tener más de 6 o 7 horas de sueño, ¿te imaginas lo malo que puede ser interrumpirlas?

Despertarse a la mitad de la noche es algo que a todos nos ha pasado, e incluso hay para quienes ya es muy común. Tanto es así, que tendemos a normalizarlo. Pero en realidad, nuestro organismo está programado sólo para despertarse bajo situaciones muy concretas que –tenlo por seguro– no enfrentamos en la seguridad de nuestra alcoba.

Sucede que algunos hábitos que adoptamos de manera inconsciente son disruptores del sueño. Claro, seguro has escuchado que la cafeína es el peor enemigo de un buen descanso, y es verdad –por eso es mejor tomar yerba mate–; pero existen muchos otros hábitos que podrían estar interfiriendo con tu descanso. Incluso es probable que no estén provocando que te despiertes a la mitad de la noche, pero aun así te estén ocasionando amanecer cansado, como si no hubieses dormido.

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Si algo de todo esto te suena familiar, presta atención a lo que tu cuerpo podría querer decirte, y modifica cuanto antes tus hábitos diurnos.

 

1. Bebes mucha agua antes de acostarte

Esto ocasiona que te despiertes para ir al baño. Procura tomar agua 2 horas antes e ir al baño antes de dormir. Si aun así te sigues despertando con ganas de orinar, puede que tengas nicturia, una condición en la cual la micción de orina es igual tanto de día como de noche.

 

2. Te da calor y no te percatas

El cuerpo debe permanecer a una temperatura perfecta: entre 18 y 22 grados. Para ello debes tomar en cuenta las variables que pueden subir la temperatura: un cuarto muy caliente, el material del colchón, tu piyama e incluso si usas calcetines o no. Aprende a cuidar estos detalles y, si te despiertas en la noche, verifica si no es porque tienes calor.

 

3. Tu medicamento es un disruptor

Algunas medicinas, por ejemplo los antidepresivos, afectan nuestros ciclos. Lo que puedes hacer es tomar tu medicamento más temprano.

 

4. Estás estresado

Esto es de lo más común, y también puede interrumpir tu descanso aunque estés dormido. Algunas veces la razón del estrés es obvia –un examen, una entrevista de trabajo–, pero otras no lo es. Así que siempre practica un poco de meditación: por lo menos 5 minutos antes de acostarte, y si encuentras que estás estresado, toma una taza de té de manzanilla o valeriana para tranquilizarte.

 

5. No despegas tus ojos de la pantalla

Las luces de las pantallas –celulares, laptops– activan a nuestro cerebro, y sus tonos azules ponen a nuestros ritmos circadianos fuera de control. Esto, otra vez, puede hacer que te despiertes, pero sin duda repercutirá en tu descanso incluso aunque duermas. Lo mejor es no ver ninguna pantalla por lo menos 2 horas antes de dormir. Si no, también puedes usar anteojos con bloqueo azul.

 

6. Te ejercitaste mucho

El ejercicio físico sube la temperatura del cuerpo, lo cual nos activa por al menos 2 horas. Así que evita hacer ejercicio cuando estás cerca de acostarte, pues además será más difícil regular la temperatura de tu cuerpo.

 

7. Comiste antes de dormir, o tu última comida fue muchas horas antes

Comer mucho pone a trabajar al sistema digestivo, y ocasiona reflujos ácidos que fluyen incómodamente del estómago a la garganta durante la noche. Por otro lado, no comer por lo menos 3 horas antes de acostarse provoca insomnio: sobre todo en la madrugada, que es cuando el organismo se empieza a percatar de que no le has dado alimento, debido sobre todo a una radical baja en el azúcar en sangre. Intenta comer 2 horas antes de acostarte, y que no sea muy pesado.



Las personas más inteligentes se duermen más tarde (pero las más felices se despiertan más temprano)

La psicología evolutiva cree que las personas inteligentes duermen menos, pero dormir mal puede provocar obesidad, diabetes y menor control emocional.

Todos los seres vivos presentan ciclos vitales que alternan entre los períodos de actividad y los de descanso. Los mamíferos humanos, naturalmente, no somos la excepción. Sin embargo, con el desarrollo tecnológico de nuestras sociedades, los hábitos diurnos y nocturnos, así como las actividades que desarrollamos tanto en el día como en la noche, han cambiado con respecto a las de nuestros ancestros.

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El psicólogo evolutivo Satoshi Kanazawa lleva muchos años estudiando la relación entre el sueño y la inteligencia. Él explica que los hábitos de actividad y descanso dependen del ritmo circadiano, el cual se regula en los núcleos supraquiasmáticos dentro del hipotálamo cerebral.

El doctor Kanazawa también señala que en cuanto a las épocas previas a la invención de la iluminación artificial, la evidencia antropológica muestra que había una mayor tendencia de los grupos humanos a levantarse al amanecer e irse a acostar poco después del atardecer. Las únicas actividades nocturnas de nuestros ancestros eran ciertos cultos religiosos y las relaciones sexuales.

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A pesar de que existen indicios para creer que los ciclos circadianos están regulados por la genética, Kanazawa cree que nuestro moderno estilo de vida permite a cada persona “reprogramar” su propio ciclo de actividad de acuerdo a sus necesidades. Después de estudiar los hábitos de sueño de un grupo de participantes desde la infancia hasta la adultez, Kanazawa encontró que los niños más inteligentes tienden a convertirse en adultos noctámbulos.

Por ejemplo, dice Kanazawa, aquellos con un coeficiente intelectual (IQ) infantil menor a 75 (‘poco brillantes’) se van a la cama alrededor de las 23:41 en las noches de entre semana durante el principio de la adultez, mientras que aquellos con un IQ infantil mayor a 125 (‘muy brillantes’) se van a la cama alrededor de las 00:29.

La hipótesis es que las personas más inteligentes pueden lidiar mejor con actividades nuevas dentro de nuestro esquema evolutivo, aunque por el momento es difícil comprobarlo.

Sin embargo, mantener un estilo de vida con pocas horas de sueño puede ser perjudicial para el ánimo y la salud en general.

 

El sueño es la medicina universal

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La doctora en psicología Dona Matthews nos recuerda que la inteligencia no lo es todo. Factores como la atención, la memoria, la regulación de emociones y la creatividad también se asocian a un buen esquema de sueño. El consenso dentro de la comunidad científica parece avalar esta premisa.

En los niños, una buena rutina de sueño está ligada a diversos beneficios físicos y sociales: un mejor desempeño académico, juicios más racionales (opuestos a juicios o acciones impulsivas provocados por falta de sueño), además de una mejora en el sistema inmunológico.

 

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Durante el sueño, nuestra glándula pituitaria lleva a cabo muchas reparaciones mayores: promueve el crecimiento en los niños, el procesamiento de grasa y nos ayuda a aliviarnos más rápido de las enfermedades. El sueño también ejerce un efecto benéfico sobre el control del peso, pues el sistema neuroendocrino y la metabolización de la glucosa también ocurren en este período nocturno, por lo que la falta de sueño puede asociarse a obesidad y favorece el desarrollo de diabetes.

Una mejor salud física también está ligada a un mejor desempeño intelectual. Y si bien la inteligencia es un rasgo de carácter importante e incluso deseable, es más relevante la regulación de las emociones y un mejor control sobre ellas, todo lo cual se da mejor en individuos que gozan los beneficios del sueño reparador.

Así que ya lo sabes: las personas inteligentes tienen hábitos solitarios y nocturnos, pero las personas que duermen mejor generalmente son las más felices.