Las hermosas e hipnotizantes anormalidades de la naturaleza que no creerías reales (FOTOS)

La superficie terrestre se ha expandido en continentes, islas, lagos, ríos, océanos que están constantemente activos como si fueran las células y órganos de Terra funcionando para existir.

Terra, la diosa romana de la feminidad y fecundidad, es la hermosa representación del planeta Tierra en el Sistema Solar. En ella habita una biosfera que cuenta historias de su geología, biología, física y cultura, y que le permite ser capaz de sustentarse durante más de 4 550 millones de años y crear vida unos mil millones de años después. 

Desde entonces, la superficie terrestre se ha expandido en continentes, islas, lagos, ríos, océanos que están constantemente activos como si fueran las células y órganos de Terra funcionando para existir. Hay que observar atentamente estos asombrosos e insólitos detalles para reconocer las extravagancias del planeta y su naturaleza. Seguramente descubriremos recuerdos fuera de lógica y que, a pesar de ello, simplemente forma parte de lo natural. ¿Te atreves a (re)conocerlos? 



Fotografía del día: así brilla una preciosa cueva en Islandia

Esta cueva en Islandia brilla con un misterioso fulgor.

Islandia es una tierra de paisajes oníricos. En esta isla helada, la naturaleza adquiere una visión realmente mágica. Las fotografías que retratan su descomunal belleza son un recordatorio de los misterios que un territorio virgen puede revelar a la mirada. Un ejemplo es esta cueva, que esconde un fulgor portentoso en sus adentros.

Su brillo pareciera provenir de otro planeta o ser fruto de una manipulación digital, pero no es así. Esta imponente imagen es el fruto de los viajes de Sarah Bethea, una fotógrafa que se dedica a aventurarse por los gélidos panoramas de Islandia. La curiosidad la llevó a entrar a una cueva para descubrir que había elegido el instante exacto para hacerlo.

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Sarah Bethea

En su visita a la cueva, Bethea notó que los rayos de sol se colaron repentinamente por la entrada. Las paredes heladas se iluminaron con un fulgor que ella describe como “mágico”. El efecto duró aproximadamente 5 minutos, en los que el hielo brilló con un poderoso color ámbar. El resultado es impactante: pareciera que un río de lava late debajo de los glaciares de esta cueva.

Este espectáculo sin igual es una muestra patente del esplendor que Islandia ha conservado desde tiempos ancestrales. Un evento de esta rareza se revela sólo ante quien tiene la curiosidad para encontrarlo, pero no es necesario ir tan lejos. La naturaleza es igual de imponente en cualquier lugar del mundo que aún le guarde respeto. Sólo es necesario estar en el momento y el tiempo exactos para contemplarla. 

Por más que se fotografíen, los glaciares de este país siempre tienen una manera de sorprender. Parece ser que nunca encontraremos suficientes palabras para describir su imponente presencia. Solo las imágenes que artistas como Sarah Bethea se dedican a captar parecen hacerle justicia a estos titanes congelados en el tiempo. 

¿Qué otros misterios ocultará este paisaje?

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Sarah Bethea

 

* Fotografías: Sarah Bethea



Otra forma de civilización es posible: lecciones de democracia, cortesía de las hormigas

Otra forma de civilización es posible: las hormigas utilizan la memoria colectiva para sobrevivir y, aunque tienen reina, no necesitan de nada semejante a un gobierno.

Muchos insectos son capaces de hacer cosas que nosotros, en nuestra vanidad, creemos ser los únicos capaces de hacer. Las abejas, por ejemplo, parecen ser capaces de comprender el concepto del 0, mientras que las termitas son arquitectas de complejos túneles subterráneos.

Pero quizá uno de los insectos más asombrosos sean las hormigas: no sólo son grandes arquitectas también, sino que inventaron la agricultura antes que nosotros y saben utilizar antibióticos naturales, algo que los humanos aprendimos a hacer hace menos de 1 siglo. Y por si fuera poco, las colonias de hormigas son un ejemplo de que otras formas de civilización son posibles.

 

Lecciones de democracia directa, cortesía de las hormigas

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Una colonia de hormigas opera sin un control central: son más como un cerebro que como una sociedad humana. Cada hormiga es como una neurona y juntas, intercambiando información entre sí, forman una suerte de memoria colectiva que es de suma importancia para la supervivencia de la colonia entera.

Este mecanismo varía de especie a especie. La colonia de hormigas de madera roja, por ejemplo, recuerda el sistema de senderos que la lleva a los mismos árboles a los que cada año debe ir para conseguir alimento. Pero las hormigas por separado no son capaces de llegar hasta los árboles.

La bióloga Deborah Gordon es quien ha llegado a estas conclusiones. Entre otras cosas, Gordon realizó una serie de experimentos en los cuales perturbó el orden habitual de un grupo específico de hormigas trabajadoras al interior de una colonia. Al hacerlo, la actividad del grupo perturbado se vio modificada, mientras que la actividad de otros grupos no paró, pero se modificó a partir de la interrupción en otro espacio de la colonia. Esto demuestra el grado de organización en las colonias de hormigas, y cuán específico es el rol de cada hormiga al interior de éstas.

Además, Gordon repitió el experimento varias veces, lo que generó una memoria colectiva sobre las perturbaciones que hizo que las hormigas cambiaran sus tareas de la manera más óptima cada vez que la perturbación volvía a ocurrir.

Individualmente, las hormigas no generaban la memoria de lo sucedido, pero colectivamente sí.

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Otro hallazgo de Gordon fue que las hormigas más viejas reaccionaban a las perturbaciones de manera más estable, concentrándose en su trabajo más que en responder a las perturbaciones directamente. En cambio, las hormigas jóvenes reaccionaban de manera más visceral y no siempre precisa, lo que demuestra que siempre es necesaria la sabiduría de los que han estado más tiempo en este mundo.

De esta manera, algunos de los insólitos comportamientos de las hormigas nos demuestran que una sociedad puede ser más horizontal, con un mecanismo que no vaya de arriba hacia abajo, sino que se base en el apoyo mutuo y que se sustente en la memoria colectiva. Algo así deben ser las bases de una democracia directa, lo que nuestra civilización debe poner en práctica cada vez más si es que queremos sobrevivir y, más aún, si queremos evolucionar colectivamente.