La meditación es más fácil si crees que lo es

En el contexto de la meditación, hay que entender que la sencillez es el principio del bienestar.

A pesar de que existen prácticas de meditación ancestrales, enfocadas en la obtención de estados mentales que requieren del dominio de complejas técnicas, este paradigma se ha ido diluyendo gradualmente a favor de la simplicidad. Recordemos que la meditación nos lleva al estado natural de la mente: de calma, quietud, y conexión con la armonía, dejando atrás deseos, miedos y las preocupaciones que estos conllevan.

Generalmente, quizá como inercia cultural, transitamos preocupados por la vida. Una mente preocupada en consecuencia se encuentra intranquila. Para lograr la concentración necesaria para meditar es requerido que aceptemos la simpleza que esta demanda. Dicha sencillez tiene qué ver con ese no preocuparnos ni siquiera, o mejor dicho particularmente, por alcanzarla.

Hasta los practicantes más especializados en meditación coinciden en que todos experimentamos pensamientos durante la misma. El verdadero reto consiste en volver al presente, no solo estar en el presente, así lo afirma el profesor y estudioso Peter Russell. Para él, ese reto en sí mismo constituye un acto meditativo.

Cualquier persona puede disfrutar de las bondades de conseguir una mente en calma. La meditación es un recordatorio de la armonía que existe –previo al intenso bagaje psicosocial que le añadimos–, y a la cual puede accederse sin más requisito alguno que la sencillez –y la humildad implícita en esta cualidad–. Más allá de buscar la iluminación o cualquier otro logro acequible mediante esta práctica, al dotar nuestra mente con calma ella misma guiará tus ejercicios. No le exigas nada, no generes expectativas, simplemente dejate llevar por la simplicidad original que reina en todo. Respira y observa.



Meditando en una sociedad hiperconectada: cómo hacerlo sin desconectarse

El budismo reúne prácticas y conocimientos que pueden ayudarnos a lidiar con nuestras manías de Internet.

Es cierto: en una sociedad hiperconectada, no es muy viable desconectarse de por vida. Pero podemos utilizar los medios digitales a nuestro favor, si nos hacemos de un gran hábito: la meditación

Vivimos en una sociedad de sujeción a las pantallas. Éstas nos iluminan con destellos azules que, se ha comprobado, inhiben procesos fundamentales para nuestro equilibrio psíquico y corporal. No es, por lo demás, una iluminación como podemos entenderla según las enseñanzas y prácticas del budismo, la cual lleva a la sabiduría y a la felicidad.

Muy al contrario, las pantallas nos están volviendo miserables. Tan sólo en México, las personas pasan un promedio de 8 horas diarias en Internet, una red digital que, si bien ha revolucionado nuestras vidas para bien, también se ha convertido paulatinamente en un desorden mental cada vez más grave a nivel mundial.

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Ilustración: Kilian Eng

Pero aunque los gadgets pueden modificar la química de nuestro cerebro para mal, todo depende de cómo nos relacionemos con ellos y qué prácticas tengamos afuera del mundo digital.

El budismo como filosofía, y la meditación como práctica que lo acompaña –a través del yoga, el zazen o el mindfulness–, son los santuarios perfectos para poner en equilibrio nuestras vidas, en momentos donde no parece haber sitios disponibles para refugiarnos de la hiperconectividad que nos asola y de nuestra cada vez más fuerte adicción a los celulares.

De esta forma, el budismo es un atisbo milenario de sabiduría, que se ha reactualizado para ayudarnos a sobrellevar los problemas de un mundo digital hiperconectado.

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Como pudo dar a conocer NPR, en la congregación budista All Beings Zen Sangha se realizan interesantes ejercicios durante las sesiones de meditación para ayudar a los participantes a tener una experiencia online más consciente.

Mark Stone, uno de los monjes que dirigen las sesiones, recomienda alejar los celulares lo más que podamos de nuestras rutinas cotidianas. Pero, consciente de que la mayoría no podemos prescindir de estos gadgets, Stone llama a que al usarlos seamos conscientes de nuestra postura, nuestra respiración y, sobre todo, el tiempo que pasamos en ellos.

La cuestión no es tanto desconectarse del mundo digital sino aprender a estar conectado siempre, no sólo al Internet, sino primordialmente al mundo real. Se trata de usar cosas como los celulares de manera consciente, como de hecho lo hacen los monjes en monasterios del Tíbet, donde más de 700 miembros tienen ya tablets y smartphones.

Con los celulares, como con todo en la vida, la clave está en mantener la sabiduría y la voluntad por sobre cualquier otro poder negativo que pueda perjudicarnos. Así que la próxima vez que medites, checa tus notificaciones… pero con conciencia.

 

* Imágenes: 1) edición Ecoosfera; 2) Kilian Enf; 3) Nola Lee Kelsey