El cañón más grande del mundo posiblemente se encuentra en la Antártica y nadie lo ha visto aún

Tras un análisis satelital en el Princess Elizabeth Land (PEL) al este de Antártica, los investigadores encontraron trazos de un paisaje subglacial: un gran cañón hecho de hielo y un lago debajo de capas de nieve.

En el mundo hay contados cañones tan espectaculares como el Gran cañón de Arizona, sin embargo, de acuerdo con investigadores de Durham University, hay evidencia que el cañón más largo e insólito se encuentra en el Antártico y se encuentra debajo de gruesas capas de hielo.

Tras un análisis satelital en el Princess Elizabeth Land (PEL) al este de Antártica, los investigadores encontraron trazos de un paisaje subglacial: un gran cañón hecho de hielo y un lago debajo de capas de nieve. Este hallazgo se ha convertido en el mayor descubrimiento geológico de todos los tiempos.

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Stewart Jamieson, líder de la investigación, explica que se trata de la primera evidencia de la existencia de un gran cañón de hielo así como de un lago. La data satelital muestra que el paisaje tiene un largo de 1 1000 km y una profundidad de 1 km por debajo del nivel del mar. Además, de un posible lago profundo de 140×120 km que conecta con el cañón: “Se trata de una región de la Tierra que es más grande que el Reino Unido, y que todavía desconocemos lo que hay debajo del hielo. De hecho, la Antártica es menos conocida que la superficie de Marte.”

Los investigadores tienen la teoría que el sistema del cañón se creó a partir de un flujo acuífero que existió mucho antes que se condensara la capa de hielo sobre la superficie. Inclusive se ha llegado a creer que el flujo pudo estar erosionando el hielo desde su formación: “Si pudiéramos tener un mayor conocimiento sobre el paisaje enterrado, quizá podríamos entender mejor cómo las capas de hielo están reaccionando de esa manera con los cambios climáticos.”

 



¿Por qué los sonidos naturales resultan tan deliciosos y estimulantes? (Prueba un poco aquí)

Existen razones de fondo por las cuales la naturaleza tiene un efecto curativo, relajante y estimulante sobre nosotros.

Antes de la música, y mucho antes de los sonidos de motores, turbinas y estridencia industrial y superficial ahora tan común, el paisaje sonoro se componía de canturreos, sigilosos caudales y otros cientos de sonidos provenientes de los ecosistemas naturales. Eso era a lo que el oído humano estaba acostumbrado.

Ahora se sabe que esos sonidos primigenios son realmente beneficiosos para el organismo, pero poco se ha hablado de las razones científicas que fundamentan por qué, por ejemplo, el cantar de un pájaro y la brisa entre los árboles resulta tan delicioso y estimulante para el organismo humano.

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Aún escuchándolos desde un reproductor de sonido, los sonidos naturales tienen la capacidad de curar nuestro espíritu y relajar nuestra mente casi al instante.

Según un estudio reciente publicado en Scientific Reports, estos sonidos alteran las conexiones neuronales en nuestro cerebro, lo cual promueve una reducción significativa de la tensión en el cuerpo.

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Los participantes escucharon series de cinco minutos de sonidos naturales, así como de paisajes sonoros producidos por el hombre, a intervalos. Durante cada prueba debían realizar pruebas para medir su atención y su tiempo de reacción, mientras que su actividad cerebral y su ritmo cardíaco eran monitoreados en busca de cambios.

Los científicos encontraron que el estado de atención del cerebro y los procesos del sistema nervioso central variaban considerablemente, según el paisaje sonoro que los participantes escucharan.

Los sonidos naturales ayudarón a promover una “atención externa”, mientras que los sonidos urbanos provocaban la excitación de la “atención interna”.

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Pero la atención interna no es mala per se: es aquella que se consigue mediante la meditación consciente, por ejemplo. Pero en condiciones de excesivo ruido urbano puede resultar contraproducente, llevándonos a estados de ensimismamiento, ansiedad y preocupación.

En cambio, la tranquilidad de los paisajes sonoros naturales parece activar una “atención externa” positiva: un enfoque del cerebro en los sonidos naturales que nos sintoniza con el exterior de manera relajante, y que además ayuda a nuestra concentración y potencia nuestras habilidades motrices.

Por si fuera poco, los sonidos naturales activan el sistema nervioso parasimpático, que ayuda a restablecer la energía corporal. Y como el estudio comprobó, quienes estaban más estresados consiguieron relajarse más rápidamente con los sonidos naturales, lo que comprueba que son una terapia eficaz y contundente incluso en aquellos que manejan altos niveles de estrés.

Así que acerca la naturaleza a tu oído: déjate envolver por sus sonidos, ya sea escapándote al bosque cada fin de semana, o escuchando increíbles álbumes como Environments, una colección de 22 paisajes sonoros recopilados por Irv Teibel y que están disponibles en iTunes.

La naturaleza está ahí. Sólo tienes que escucharla.

 

Escucha más sonidos ambientales en este mapa interactivo.

 

 

*Imágenes: 1) Caitlin Worthington, edición Ecoosfera; 2) cc edición Ecoosfera; 3) cc



Descubren un desfiladero más profundo que el Gran Cañón, escondido bajo el hielo de la Antártica

Bajo las grandes capas de hielo antártico se encuentra un desfiladero más profundo que el Gran Cañón

Un equipo de dirigido por Neil Ross, de la universidad de Newcastle, utilizó un radar e imágenes satelitales recolectadas en colaboración con la misión IceBridge de la NASA para hacer un plano de un sistema montañoso prehistórico llamado Ellsworth.

Al hacer la investigación para mapear el sitio, los científicos descubrieron un cañón de 1.8 millas de profundidad, 186 millas de longitud y, en algunas partes, 15 millas de ancho.

El Gran Cañón es más ancho y más largo que el desfiladero antártico pero la profundidad de éste supera al Gran cañón, en algunas partes, hasta doblemente.

En el último número de Geological Society of America Bulletin, Ross y equipo dicen que el sistema montañoso subglacial Ellsworth podría haberse formado hace unos 80 millones de años, cuando la Antártica se separó de la Pangea, y fue cubierto después por glaciares eventualmente escondieron las tierras.

“Para mí, esto demuestra qué tan poco sabemos aún sobre la superficie de nuestro propio planeta” dijo Ross, “el descubrimiento y la exploración de paisajes escondidos y previamente desconocidos es aún posible e increíblemente emocionante.”

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