El cañón más grande del mundo posiblemente se encuentra en la Antártica y nadie lo ha visto aún

Tras un análisis satelital en el Princess Elizabeth Land (PEL) al este de Antártica, los investigadores encontraron trazos de un paisaje subglacial: un gran cañón hecho de hielo y un lago debajo de capas de nieve.

En el mundo hay contados cañones tan espectaculares como el Gran cañón de Arizona, sin embargo, de acuerdo con investigadores de Durham University, hay evidencia que el cañón más largo e insólito se encuentra en el Antártico y se encuentra debajo de gruesas capas de hielo.

Tras un análisis satelital en el Princess Elizabeth Land (PEL) al este de Antártica, los investigadores encontraron trazos de un paisaje subglacial: un gran cañón hecho de hielo y un lago debajo de capas de nieve. Este hallazgo se ha convertido en el mayor descubrimiento geológico de todos los tiempos.

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Stewart Jamieson, líder de la investigación, explica que se trata de la primera evidencia de la existencia de un gran cañón de hielo así como de un lago. La data satelital muestra que el paisaje tiene un largo de 1 1000 km y una profundidad de 1 km por debajo del nivel del mar. Además, de un posible lago profundo de 140×120 km que conecta con el cañón: “Se trata de una región de la Tierra que es más grande que el Reino Unido, y que todavía desconocemos lo que hay debajo del hielo. De hecho, la Antártica es menos conocida que la superficie de Marte.”

Los investigadores tienen la teoría que el sistema del cañón se creó a partir de un flujo acuífero que existió mucho antes que se condensara la capa de hielo sobre la superficie. Inclusive se ha llegado a creer que el flujo pudo estar erosionando el hielo desde su formación: “Si pudiéramos tener un mayor conocimiento sobre el paisaje enterrado, quizá podríamos entender mejor cómo las capas de hielo están reaccionando de esa manera con los cambios climáticos.”

 



El intestino tiene mente propia: ¿de qué te sirve saberlo?

Cultiva la inteligencia de este extenso órgano (y te sabrá responder en agradecimiento).

Cuando los seres humanos comenzamos a razonar más profundamente fue cuando generamos una especie de idolatría por el cerebro. Por mucho tiempo consideramos que el intelecto era sólo la capacidad, alojada en el cerebro, de usar la razón para aprender y conocer. Pero ahora sabemos que algunos órganos tienen mente propia.

Es el caso del intestino: un órgano que tiene más neuronas que la espina dorsal.

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Por eso lo apodan “el segundo cerebro”, y sus funciones van mucho más allá de procesar la comida que ingerimos. Aunque, contrario a lo que pensaba Leonardo da Vinci, el intestino no nos ayuda a respirar, lo que es cierto es que sí puede interferir en nuestra salud psíquica.

Este órgano está repleto de serotonina… ¡más aún que el cerebro! Aproximadamente el 80% de este neurotransmisor se produce y se encuentra en el intestino: no sólo regula el humor, sino también las funciones digestivas.

Por eso, muchas investigaciones están estudiando la correlación entre la salud del intestino –que depende de las bacterias buenas– con la salud mental, pues además las bacterias interactúan con el sistema nervioso central, el cual comunica directamente con el cerebro.

Existe otra razón por la que el intestino es llamado el segundo cerebro: tiene su propio sistema nervioso

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El intestino puede funcionar solo y tomar decisiones sin la interferencia del cerebro. El intestino es dominado por el sistema nervioso entérico, un tejido que recubre el estómago y que está destinado sólo a dar órdenes al aparato digestivo. 

Esta autonomía intestinal tiene consecuencias insólitas. Según expertos como la doctora Megan Rossi, entrevistada por la BBC, el intestino reconoce cuando comes cosas con miedo de que te hagan daño. Aunque no seas intolerante al alimento en cuestión, tu intestino reaccionará como si lo fueras y tendrás problemas digestivos.

Así que es necesario no mandar señales de estrés a nuestro intestino, por lo cual expertos como Rossi recomiendan realizar meditación o yoga para reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés que afecta directamente al intestino.

Otro factor a considerar sobre la inteligencia intestinal es que el intestino es el hábitat de miles de bacterias: una forma de vida que forma en este largo órgano su propio ecosistema. Tomando eso en cuenta, es importante respetar nuestro reloj biológico y nuestro cronotipo, pues si los alteramos estaremos alterando también la vida de las bacterias y su trabajo en el intestino –y, como ya vimos, esto afecta también al cerebro.

En ese sentido también debemos comer muchos alimentos probióticos –microorganismos buenos para el organismo– del tipo que incluyen las dietas para la longevidad. Algunos de estos son la sopa miso, el yogurt, el pan y los alimentos fermentados. Los probióticos regeneran la flora intestinal, o lo que es lo mismo: equilibra el ecosistema de bacterias en tu aparato digestivo.

Ya lo sabes: alimenta la inteligencia de tu intestino con buenos hábitos –como meditar, dormir a tus horas y comer bien–, y él te sabrá responder en agradecimiento.



Descubren un desfiladero más profundo que el Gran Cañón, escondido bajo el hielo de la Antártica

Bajo las grandes capas de hielo antártico se encuentra un desfiladero más profundo que el Gran Cañón

Un equipo de dirigido por Neil Ross, de la universidad de Newcastle, utilizó un radar e imágenes satelitales recolectadas en colaboración con la misión IceBridge de la NASA para hacer un plano de un sistema montañoso prehistórico llamado Ellsworth.

Al hacer la investigación para mapear el sitio, los científicos descubrieron un cañón de 1.8 millas de profundidad, 186 millas de longitud y, en algunas partes, 15 millas de ancho.

El Gran Cañón es más ancho y más largo que el desfiladero antártico pero la profundidad de éste supera al Gran cañón, en algunas partes, hasta doblemente.

En el último número de Geological Society of America Bulletin, Ross y equipo dicen que el sistema montañoso subglacial Ellsworth podría haberse formado hace unos 80 millones de años, cuando la Antártica se separó de la Pangea, y fue cubierto después por glaciares eventualmente escondieron las tierras.

“Para mí, esto demuestra qué tan poco sabemos aún sobre la superficie de nuestro propio planeta” dijo Ross, “el descubrimiento y la exploración de paisajes escondidos y previamente desconocidos es aún posible e increíblemente emocionante.”

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