Descubre cómo hacer un delicioso snack de frutas secas caseras

La fruta seca resulta ser ideal para reducir los síntomas del estreñimiento, entre otras enfermedades del hígado.

Gracias a las propiedades que la fruta seca provee al organismo, este tipo de alimentos consiste en grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas que ayudan a reducir y combatir los niveles de colesterol en el cuerpo. De hecho, como snack resulta ser ideal para reducir los síntomas del estreñimiento, entre otras enfermedades del hígado.

En caso que se desee hacer fruta seca casera –en vez de comprarla o esperar fechas navideñas–, te compartimos métodos sencillos y económicos para contar con una bolsa de fruta seca en casa:

– Seca las frutas al sol. El calor solar evitará consumir energía en el hogar, permitiendo conservar los frutos en frascos de vidrio herméticamente sellados. Principalmente, un día soleado por encima de los 30ºC, en un espacio ventilado –pero no húmedo–.

–Elige la fruta fácil de disecar; entre ellos: higo, ciruelas, albaricoques, fresas, manzanas, piña, moras, peras, cerezas, naranjas, frambuesas, plátano, etcétera.

– También selecciona una variedad de verduras. Entre los productos ideales son las zanahorias, chiles, jamaica, pepinos y calabazas; mientras que de hierbas, puedes elegir el perejil, romero, salvia, albahaca, orégano, laurel y tomillo.

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– Utiliza materiales para evitar insectos. Durante la noche, recoge y almacena la fruta, colocándola debajo de un panel de metal o rejilla de acero inoxidable. Esto no afectará la presencia de nutrientes, pero sí evitará que se infeste de insectos sobre las bandejas.

– Para disecar en invierno, usa un horno. Establece la temperatura promedio de 60ºC para disecar las frutas al menos durante cuatro horas –y no mayor a las 12–. El horno requiere una ventilación para que la fruta no se queme en el horno.



Tu nariz puede captar las buenas y malas vibras (la 💯cia te dice cómo)

Percibir las “buenas” y “malas” vibras puede ser una forma de comunicación inconsciente, e incluso una ventaja evolutiva.

¿Has sentido un extraño escalofrío al entrar a una casa o habitación, como si de pronto algo cambiara en el ambiente, pero no puedes explicar por qué? Muchas veces la gente nos agrada o nos disgusta sin que medien palabras, y lo mismo pasa con ciertas situaciones o lugares: despiertan en nosotros una breve aunque potente reacción emocional

La “energía” de los lugares o personas (la “vibra” o la energía de las cosas, si prefieren un enfoque mágico) podría explicarse científicamente como un conglomerado de señales químicas mediante el cual los humanos transmitimos y recibimos señales de otros a través del olfato y los aromas, incluso a través del tiempo. 

Esas vibras son algo así como fantasmas de las emociones de alguien más, captadas a través del olfato. Las reconocemos, incluso pueden afectarnos psicosomáticamente, pero no podemos explicar de dónde salieron.

Esta es la hipótesis publicada en la revista Psychological Science por un equipo de investigadores de la Universidad de Utrecht, en Holanda. Desde 2012 intentan determinar si los humanos producimos señales químicas que, a su vez, otros pueden detectar e interpretar.

Sincronización emocional olfativa

Los aromas son capaces de despertar en nosotros todo tipo de emociones, de la atracción al asco. Tomando eso en cuenta, los investigadores hicieron un experimento en el que un grupo de hombres observaba una serie de videos aterradores o desagradables, utilizando un tipo de playera particular (o remera, para nuestrxs lectorxs fuera de México).

Previo al estudio, cada hombre recibió un estricto protocolo de aseo corporal. Esto para no enmascarar el aroma particular que cada persona produce como resultado de un estímulo o refuerzo negativo, como ver una serie de imágenes desagradables.

Después, los investigadores le dieron las playeras a un grupo de mujeres, con el fin de captar sus reacciones inmediatas al olerlas. El estudio mostró una relación directa entre el gesto de las mujeres y el tipo de videos que habían visto los hombres. En palabras del propio estudio, las mujeres se “sincronizaban emocionalmente” con la emoción que había experimentado el portador de cada playera.

Pero eso no es todo. Unos años después reprodujeron el experimento, esta vez utilizando refuerzos positivos en los hombres. Como esperaban, las mujeres tuvieron una expresión positiva, acorde con el estímulo recibido por los hombres. En palabras del doctor Jasper H. B. de Groot, uno de los coautores:

“Nuestros descubrimientos sugieren que tanto los estados negativos como los positivos (como la felicidad) pueden transferirse a través de los aromas.”

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Las reacciones emocionales espontáneas (o “vibras”) pueden ser mensajes codificados que nuestro olfato detecta.

Más allá de la dicotomía buena/mala vibra

Este proceso es menos místico de lo que podríamos pensar, pero igualmente interesante. Tendemos a creer que somos “visuales” o “auditivos” según nuestra personalidad, pero nuestra impresión inmediata e inconsciente del mundo se compone de más cosas de las que vemos y escuchamos. De hecho, parece ser resultado de un escaneo constante de nuestro entorno, tanto en la vigilia como durante el sueño. A diferencia de nuestros ojos y nuestra boca, la piel, nariz y los oídos no tienen algo que los cierre del todo frente a estímulos exteriores. 

Cada sentido desencadena señales que nuestras neuronas interpretan como imágenes, sonidos, sabores y aromas, según sea el caso. El problema es que no es sencillo describir los aromas, mucho menos las sensaciones que nos producen. Piensa en tus reacciones corporales al oler olores agradables y desagradables.

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Los animales reciben mucha información de su entorno a través del olfato.

Las señales químicas de De Groot y sus colegas encontraron, son apenas la punta del iceberg para entender el sentido de este tipo de comunicación o transmisión de información entre humanos. Los científicos sospechan que el olfato nos aporta un panorama perceptual que pudo ser relevante en la prehistoria de nuestra especie.

En la naturaleza se ha observado que muchos animales muestran respuestas colectivas frente a los peligros de su entorno. La presencia de un depredador se aprecia con el olfato antes que con la mirada. La reacción de alerta de un simio comienza con estímulos sensoriales: probablemente el olor de la leona fuera más fuerte que el ruido de sus zarpas entre la hierba. Además, al oler una señal de peligro, un individuo alerta al resto de los suyos, lo que aumenta las posibilidades de supervivencia colectiva.

Queda mucho por conocer todavía acerca del mecanismo de la “sincronización emocional” y las señales químicas que enviamos y recibimos. Tal vez lo que necesitamos es un lenguaje para comprender qué es lo que nuestro olfato trata de decirnos.



Conoce algunas técnicas para secar de manera natural algunos alimentos

Para cuidar tanto la cartera como al medio ambiente, te compartimos estos sencillos métodos

En los últimos años, el movimiento “Hágalo usted mismo” (DIY, por sus siglas en inglés) ha formado parte de una cultura revolucionaria en pos del cuidado personal y medio ambiente. Por ello, cientos de blogueros han expuesto técnicas para realizar cualquier tipo de producto: desde huertos urbanos hasta ropa realizada con otra reciclada.

Ahora, para cuidar tanto la cartera como al medio ambiente, te compartimos estos sencillos métodos de Katherine Martinko para secar tanto hierbas como algunos frutos, para usarlos en deliciosas recetas:

– Al Sol. Además de mantener sus cualidades químicas, esta técnica funciona siempre y cuando haya aire que circule alrededor. Usa una red sobre unos ladrillos; coloca una hoja de aluminio debajo para que refleje el calor y cubre los alimentos con una estopilla para mantener lejos a los insectos. También puedes colocar las rebanadas de frutas y verduras en la salpicadera del coche, con las ventanas cerradas, y dejarlas durante mucho tiempo.

– En el horno. Funciona para la carne, frutas, verduras y hierbas. Coloca el alimento en las rejillas del horno, a una temperatura muy baja. Deja que el fuego haga su deber durante media hora para las verduras y frutas, y unas cuantas horas para la carne.