Cuando una dieta saludable es síntoma de un trastorno psicológico…

Existen ciertos criterios para diagnosticar a una persona con orthorexia nerviosa.

Orthorexia nervosa, esta condición psiquiátrica que conlleva una obsesión patológica para una nutrición pura, orgánica y saludable, se mantiene al límite entre un estilo de vida in vogue y un trastorno psicológico.

Si retomamos la conducta cultural de los últimos años, ha surgido un fanatismo por productos libres de transgénicos, suplementos con superalimentos, apps para el conteo específico de carbohidratos y listas de ingredientes orgánicos, etcétera. Como si se tratara de una fobia a lo insalubre y a la comida chatarra, esta nueva ola se ha posicionado en un pilar de la nutrición actual.

Tener cierta higiene en la alimentación es recomendable; sin embargo, y como dice la sabiduría popular, todo en exceso es malo. De acuerdo con un estudio realizado por psicólogos conductistas, la comida excesivamente sana puede volverse peligrosa si un individuo se queda “fijado” en ciertos tipos de ingredientes, en la manera en que tienen que estar cocinados, en los materiales que se usan para su preparación. Ahora imaginemos el tiempo invertido tanto en reflexionar sobre los alimentos que consumirán como en su proceso de preparación.

Esta ola de excesiva salud nutricional nació de la expansión de los alimentos procesados, los cuales conllevan a un alto nivel de diabetes, enfermedades cardiovasculares, cáncer y obesidad. No obstante, de acuerdo con un estudio realizado por Thomas Dunn, profesor asociado de psicología en la University of Northern Colorado, la orthorexia nerviosa también puede ser negativa para el cuerpo:

En este tipo de dietas draconianas pueden llegar a faltar nutrientes esenciales, y provocan que las vitaminas y minerales que una persona absorbe de plantas verdes sean imposibles de absorber por el cuerpo. Esto provoca que los huesos se vuelvan más frágiles, se sufra de alteraciones hormonales y de problemas cardiacos, en conjunto de estrés y abrumo psicológico y pensamiento delirante.

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Las empresas de la industria alimenticia han lanzado productos procesados como “naturales”, “saludables” y “nutritivos”; sin embargo, son alimentos que no cumplen con ninguna de estas características. Por lo que las personas que siguen esta ola de dieta saludable están teniendo dificultades en ser saludables porque la comida que se vende no es precisamente lo que están buscando. Por ello, las personas que sufren de orthorexia nerviosa buscan con mayor énfasis la perfección en su dieta…

Sin embargo, ¿cómo saber cuando un individuo sufre de este amor obsesivo por la salud alimenticia? De acuerdo con el DMS V –Manual de diagnósticos y estadísticas 5, por sus siglas en inglés–, existen ciertos criterios para diagnosticar a una persona con orthorexia nervosa:

  • La persona consume una dieta nutricionalmente desbalanceada al preocuparse por la “pureza de la comida”
  • La persona está preocupada acerca de la impureza o insalubridad de sus alimentos, y sobre cómo éstos afectarán a su salud tanto física como emocional.
  • La persona es rígida a la hora de evitar comida “insalubre”, principalmente aquellas que contienen grasa, preservativos, aditivos o productos animales.
  • La persona invierte al menos tres horas del día leyendo, consiguiendo y preparando todo tiempo de alimentos que considera “puros”.
  • La persona se siente culpable al consumir alimentos “impuros”.
  • La persona es intolerante a la creencia nutricional de otras personas.
  • La persona gasta la mayor parte de su economía en alimentos “puros”.

Si bien la psiquiatría y la industria farmacéutica no gozan de una popularidad pura, la realidad es que un trastorno es considerado como tal cuando la conducta –derivada del trastorno en sí– ya no es funcional para la persona. Por ejemplo, en el momento en que un paciente con orthorexia nervosa tenga dificultades en su vida laboral, familiar, de pareja y amistades debido a su excesivo cuidado en su alimentación, es el momento entonces de solicitar apoyo psicológico –pues en vez de hacerle sentir bien y cómodo, lo lleva a una crisis en su vida general–.



El origen de la vida es poesía pura y demuestra que todo está conectado

Un experimento demostró cómo la vida se originó en el fondo del mar (a partir de moléculas provenientes del espacio).

Tenemos cuentas pendientes con nuestro más remoto pasado. La idea de encontrar nuestros orígenes nos sigue fascinando, quizá porque simbólicamente sería como un regreso a lo natural. Y vaya que nos hace falta reconectarnos con todo eso que fuimos hace mucho, mucho tiempo. Porque además, en nuestros orígenes está la prueba de que todo está conectado.

Pero, ¿cómo empezó todo?
No sólo la vida humana, sino la vida en la tierra.

Al parecer, la respuesta está en el fondo del mar. Un estudio publicado en la revista Proceedings imitó las condiciones del océano para observar cómo las moléculas inertes cobraban vida.

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El agua caliente que generaban estos respiraderos hidrotermales en el océano antiguo crearon condiciones químicas que permitieron la formación de aminoácidos. Estos fueron los componentes básicos de las proteínas, encargadas de las primeras funciones metabólicas. Tales condiciones, así como la composición del océano, es lo que los investigadores de la University of Southern Denmark imitaron.

Su maqueta era una mezcla de agua alcalinizada, calentada a 70 grados y que constaba de minerales y moléculas como el piruvato y el amoníaco, que fueron precursores de los aminoácidos y abundaban en la Tierra primitiva. También agregaron “óxido verde”, el término común para el hidróxido de hierro.

El equipo pudo observar la formación de un par de aminoácidos tan pronto como se introdujeron pequeñas cantidades de oxígeno en el agua, un elemento escaso en aquel entonces.

Así, podemos saber de qué tipo de entornos específicos surgió la vida.

Si el océano tuvo tanto que ver con la formación de primigenias moléculas orgánicas, estaríamos ante un fenómeno por demás poético y casi mitológico. Una correlación de sucesos que demostraría cómo todo ha estado conectado desde el origen.

Y es que tanto el cielo –la atmósfera– como lo más profundo de la Tierra –el océano– hubieron de trabajar en conjunto para que surgiera la vida. Incluso el universo conspiró para crear vida en nuestro planeta, ya que más de la mitad de los átomos que conforman nuestro cuerpo podrían provenir de galaxias más allá de la Vía láctea. En eso acuerdan la mayoría de los astrónomos. Así también, es probable que el origen del agua sea cósmico. De hecho, este líquido vital es más antiguo que el sol y la luna, y podría tener más de 4 mil millones de años en caso de que esta teoría esté en lo correcto.

Es así que la vida no puede pensarse sino como un auténtico milagro natural, cuyos orígenes nos hacen pensar que si todo nació conectado, el futuro depende de que todo siga en sintonía.

 

 

*Imágenes: 1) un modelo de protocélula, NSF (edición Ecoosfera); 2) Richard Bizley/SPL