Árbol de 150 años de edad se convierte en una hermosa escultura biodegradable

A lo largo de los casi 30 metros de altura de Middle Fork, se encuentran miles de pequeñas piezas de madera que cuentan las historias del bosque y la naturaleza.

Middle Fork, una enorme escultura compuesta de una madera de casi 140 años de edad, es el último proyecto de John Grade. Impactante y valioso, este proyecto ambientalista pretende inspirar a la consciencia hacia el medio ambiente; por lo que Grade usó pedazos del tronco de un árbol viviente Western Hemlock y así formar su magnífica escultura.

Actualmente la obra de Grade se encuentra en Renwick Gallery of the Smithsonian American Art Museum; sin embargo, cada proyecto del artista y activista ecológico se ha puesto en la mirada de galerías, museos, espacios urbanos y de la naturaleza misma. Esto se debe a que Grade tiene el objetivo de establecer un sentido, diferente y verdadero, de la vida dentro del arte de manera que cada individuo forme parte de la transformación activista.

Middle Fork sculpture from John Grade on Vimeo.

A lo largo de los casi 30 metros de altura de Middle Fork, se encuentran miles de pequeñas piezas de madera que cuentan las historias del bosque y la naturaleza. Una vez que la exhibición termine, la escultura se transportará de nuevo al árbol de donde se sacaron las piezas, permitiendo que el diseño biodegradable se desintegre y regrese al piso del bosque. Te compartimos el siguiente video sobre Middle Fork de John Grade.

 



El origen de la vida es poesía pura y demuestra que todo está conectado

Un experimento demostró cómo la vida se originó en el fondo del mar (a partir de moléculas provenientes del espacio).

Tenemos cuentas pendientes con nuestro más remoto pasado. La idea de encontrar nuestros orígenes nos sigue fascinando, quizá porque simbólicamente sería como un regreso a lo natural. Y vaya que nos hace falta reconectarnos con todo eso que fuimos hace mucho, mucho tiempo. Porque además, en nuestros orígenes está la prueba de que todo está conectado.

Pero, ¿cómo empezó todo?
No sólo la vida humana, sino la vida en la tierra.

Al parecer, la respuesta está en el fondo del mar. Un estudio publicado en la revista Proceedings imitó las condiciones del océano para observar cómo las moléculas inertes cobraban vida.

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El agua caliente que generaban estos respiraderos hidrotermales en el océano antiguo crearon condiciones químicas que permitieron la formación de aminoácidos. Estos fueron los componentes básicos de las proteínas, encargadas de las primeras funciones metabólicas. Tales condiciones, así como la composición del océano, es lo que los investigadores de la University of Southern Denmark imitaron.

Su maqueta era una mezcla de agua alcalinizada, calentada a 70 grados y que constaba de minerales y moléculas como el piruvato y el amoníaco, que fueron precursores de los aminoácidos y abundaban en la Tierra primitiva. También agregaron “óxido verde”, el término común para el hidróxido de hierro.

El equipo pudo observar la formación de un par de aminoácidos tan pronto como se introdujeron pequeñas cantidades de oxígeno en el agua, un elemento escaso en aquel entonces.

Así, podemos saber de qué tipo de entornos específicos surgió la vida.

Si el océano tuvo tanto que ver con la formación de primigenias moléculas orgánicas, estaríamos ante un fenómeno por demás poético y casi mitológico. Una correlación de sucesos que demostraría cómo todo ha estado conectado desde el origen.

Y es que tanto el cielo –la atmósfera– como lo más profundo de la Tierra –el océano– hubieron de trabajar en conjunto para que surgiera la vida. Incluso el universo conspiró para crear vida en nuestro planeta, ya que más de la mitad de los átomos que conforman nuestro cuerpo podrían provenir de galaxias más allá de la Vía láctea. En eso acuerdan la mayoría de los astrónomos. Así también, es probable que el origen del agua sea cósmico. De hecho, este líquido vital es más antiguo que el sol y la luna, y podría tener más de 4 mil millones de años en caso de que esta teoría esté en lo correcto.

Es así que la vida no puede pensarse sino como un auténtico milagro natural, cuyos orígenes nos hacen pensar que si todo nació conectado, el futuro depende de que todo siga en sintonía.

 

 

*Imágenes: 1) un modelo de protocélula, NSF (edición Ecoosfera); 2) Richard Bizley/SPL