19 insólitas imágenes que evidencian la contaminación y el deterioro del medio ambiente

Si bien este hecho, el de la invasión empresarial, no ha tenido un eco de consciencia colectiva, tiene numerosas posibilidades para motivar a las personas a buscar alternativas ecosustentables y así reducir su impacto en el medio ambiente.

Las cámaras de artistas y activistas han puesto en evidencia las manifestaciones del neoliberalismo capitalista, en donde las empresas transnacionales han mermado los recursos naturales del planeta.

Entre las manifestaciones más evidentes de la crisis capitalista se encuentra el conflicto ambiental, generalmente desconocido por los ciudadanos promedio de las urbes. Sin embargo existen instituciones y activistas que buscan resaltar el saqueo de las empresas poderosos que han provocado un deterioro ambiental y social.

Por ejemplo, México ha sufrido en las últimas décadas una innumerable serie de apropiaciones de los recursos naturales por parte de las corporaciones. La corrupción ha generado que los empresarios tanto nacionales como extranjeros inunden de su ambición los espacios de la naturaleza y de sus habitantes rurales.

Si bien este hecho, el de la invasión empresarial, no ha tenido un eco de consciencia colectiva, tiene numerosas posibilidades para motivar a las personas a buscar alternativas ecosustentables y así reducir su impacto en el medio ambiente. Por ello, busca información, cambia tu estilo de vida por uno más ecoresponsable, goza de una relación más integrativa con la naturaleza, conscientiza que esto, las 19 fotografías, es lo que sucede si no nos volvemos más activos a favor de nuestro planeta: 



La gran decepción: el desprecio del gobierno de México por el medioambiente

El gobierno de López Obrador ha sorprendido a los mexicanos menospreciando al medioambiente y cultivando nefastos paradigmas de progreso.

No se trata de ideologías o rivalidades, y nada tiene que ver con celebrar o atacar a un gobierno. En realidad, estamos hablando simplemente del mayor reto que enfrenta hoy la humanidad. Por eso, las medidas efectivas contra el cambio climático, el uso sustentable de los recursos naturales, y el reconocimiento de que el medioambiente es indisociable del desarrollo y bienestar de las sociedades son, quizá más que cualquier otro, un asunto de todos.

Lamentablemente, el actual gobierno de México parece no estar enterado de lo anterior. No importa que el cambio climático ya sea considerado como la principal amenaza para nuestra especie –dicho por las Naciones Unidas–, y tampoco las evidencias que relacionan las condiciones medioambientales a la salud pública, el desarrollo económico y el bienestar social en general; menos aún, los innumerables indicadores que advierten una situación crítica, a nivel mundial y sin excepción geográfica, en materia de medioambiente. El menosprecio del gobierno mexicano frente a las exigencias y oportunidades implícitas en la agenda medioambiental ha sido, hasta ahora, rotundo.

 

Carbón y petróleo (el antifuturo)

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Quizá México tenga algo parecido a una deuda pendiente con el petróleo. Sin duda, se antojaría haber aprovechado la enorme riqueza implícita en los yacimientos mexicanos. A la épica expropiación petrolera siguió una innegable secuencia de derroche, corrupción e ineptitud. Pero eso está lejos de justificar que en pleno 2019 el gobierno en turno tenga casi toda su apuesta energética en los hidrocarburos y el carbón –dos de las actividades que más contribuyen al calentamiento global–.

Un par de datos curiosos:

Según una reciente advertencia del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, los siguientes 11 años, hasta 2030, serán decisivos para definir la lucha mundial contra el cambio climático (y mientras tanto el gobierno de México pareciera atrapado en un malviaje hidrocarbúrico de hace 5 décadas).  

Petróleos Mexicanos (Pemex), la paraestatal que se ha convertido en una especie de lábaro patrio, se encuentra entre las 10 empresas más contaminantes del mundo.

 

El impacto ambiental como ficción protocolaria

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Con apenas unos meses en activo, el gobierno actual ha vuelto una constante la activación de megaproyectos, por ejemplo el Tren Maya, el aeropuerto de Santa Lucía o el corredor industrial del istmo de Tehuantepec, sin realizar previamente estudios de impacto ambiental y su correspondiente manifestación –ni siquiera por ser una exigencia legal para este tipo de proyectos–. Otro caso, incluso peor, es el de la refinería Dos Bocas, en donde siendo ya presidente electo AMLO (aunque aún sin asumir oficialmente el mandato), se arrasó con 230 hectáreas de manglar, sin importar la amplia biodiversidad de este ecosistema y que ya en 2011 se advirtió, en una manifestación de impacto ambiental emitida entonces, la poca viabilidad de ubicar infraestructura en esa área.

Vale la pena aclararlo. La evaluación del impacto ambiental de un proyecto no es un simple instrumento para incomodar políticamente un desarrollo o avalar simbólicamente otro. En realidad se trata de un criterio fundamental para definir su viabilidad medioambiental y, con base en eso, permitir o prohibir su realización. Este es un requisito jurídico al cual las obras públicas y privadas deben someterse.

 

¿Y el presupuesto?

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“Los presupuestos expresan visiones nacionales”, dicen Julia Carabias y Enrique Provencio en un artículo reciente publicado en la revista Este País. Difícil no estar de acuerdo, y por eso alarma confirmar, según datos citados en el mismo texto, que el actual gobierno continúa la tendencia que dominó en los últimos 3 años del sexenio anterior: el castigo presupuestal al medioambiente. De 2016 a 2019 se destinó 61% menos presupuesto a este rubro que en el mismo período anterior, y para 2019, ya con nuevo presidente, se contempla todavía un 20% menos de presupuesto que en 2018. 

En cambio, la Secretaría de Energía dispondrá de un presupuesto casi 1,000% superior respecto a 2018, con 27,229.8 millones de pesos, de los cuales, por cierto, el 91% fueron asignados a la Coordinación de la política energética en hidrocarburos. 

 

Lo medioambiental es completamente social

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Hasta hace unos años podría haber parecido frívolo priorizar en el impacto ambiental de proyectos que “darán miles de empleos”, en un país donde al menos 60 millones de personas viven en franca pobreza. Pero eso era antes de que, por un lado, se evidenciara la relación directa entre medioambiente y desarrollo social; y, por otro, antes de que finalmente entendiéramos que nos encontramos en una situación crítica, a más de 1 siglo de castigar intensamente nuestro entorno y recursos naturales.     

 

Economía social

En muchos casos, las políticas medioambientales privilegian la economía de los grupos menos favorecidos. Por ejemplo, en México más de la mitad de la superficie forestal es de propiedad social (tierras comunales y ejidatarias), y se ha comprobado que promover el manejo sustentable de dicho territorio –por encima de los grandes intereses privados que se depositan en sus recursos–, resulta en prácticas económicas que permiten a las comunidades rurales vivir de forma digna. Además, este es probadamente uno de los mejores instrumentos de conservación de bosques, selvas, manglares y otros.

Así que si en lugar de priorizar en megaproyectos que responden a paradigmas caducos, se priorizara en esquemas de este tipo, el cuidado del medioambiente y el desarrollo de la población menos favorecida se potenciarían mutuamente.

 

Salud pública

Otro punto es la salud pública. Las deficiencias en el sistema de salud pública amenazan mayormente a los sectores más vulnerables de la población. Pero está plenamente advertido que existe una relación significativa entre la degradación ambiental y un amplio espectro de la salud humana. En pocas palabras, despreciar el medioambiente tiene repercusiones directas en la salud pública –y esto es peor noticia para quien menos tiene–.

 

Ecosnob

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Considerando lo anterior resulta aún más frustrante percibir que al presidente de México le parezca snob poner el foco en el medioambiente, y en cambio evidencie su falta de visión en este rubro. Ojalá alguien le haga ver que las agendas social y medioambiental no sólo no son excluyentes, sino que pueden, y debieran, ser poderosas aliadas.  

Finalmente, tras entender que lo medioambiental es plenamente social, no podemos dejar de referir el derecho a la consulta previa, libre e informada, de las comunidades indígenas del país, ante proyectos que puedan afectar sus grupos y territorio. Este es otro de los requisitos jurídicos, tanto en el marco nacional como internacional, que la “Cuarta Transformación” ha decidido ignorar o ha utilizado, con aires caricaturescos y que nada tienen que ver con el derecho de las comunidades a opinar, para justificar sus arrojos infraestructurales. Este, por cierto, es uno de los ingredientes que forman parte de una actitud gubernamental acusada de “indigenismo simulado”

 

Un gobierno realmente consciente

Se antojarían decisiones más informadas y menos ideológicas, más sensatas y menos viscerales, abiertas y vigentes, no anacrónicas y soberbias. Se antojaría una estrategia más consciente y responsable, menos petróleo y más conservación del territorio, más presupuesto para la investigación, vigilancia, evaluación y fortalecimiento de los programas y actividades relacionadas al medioambiente. 

Se antojaría un “nuevo” México que destaque por su inteligencia y sensibilidad medioambiental frente al mundo, pero por ahora, las refinerías, la deforestación, los performances neoétnicos y, en resumen, la ignorancia, aparentemente sobrevivirían a la prometida transformación del país. 

 

* Nota del autor:

Desde las elecciones que se llevaron a cabo en 2018 notamos que ninguno de los candidatos ni partidos daba al medioambiente un lugar prioritario. ¿Por qué? Pues es muy probable que algo tenga que ver con la poca importancia que los electores dimos a esos temas. Si como sociedad priorizamos realmente la sustentabilidad y el cuidado del medioambiente, tarde o temprano el gobierno en turno, y los que le sigan, tendrán que hacerlo. Ellos aún no, ¿pero tú ya empezaste?  

Javier Barros del Villar
Autor: Javier Barros del Villar
Editor digital. Toma té.


Bicicletas que limpian el aire: ¿cómo funcionan?

Esta iniciativa podría no sólo incentivar el uso de la bicicleta, sino limpiar las atmósferas tóxicas de nuestras ciudades.

Entre los muchos artefactos que se han diseñado para eliminar la odiosa y mortífera contaminación atmosférica de las ciudades, el más original y estimulante es la bicicleta que filtra esmog y purifica el aire, creada por el diseñador holandés Daan Roosegaarde.

Se trata de una fase más del Smog Free Project, con residencia en Pekín y Rotterdam, el cual se ha dedicado a crear obras de ingeniería y tecnología para combatir la contaminación. Este proyecto no sólo busca limpiar la atmósfera, sino incluso el espacio exterior, que es lo que pretende otra fase muy estimulante llamada Space Waste Lab.

Pero dejando de lado las alturas cósmicas y la contaminación en el universo, y volviendo a nuestras ciudades y sus atmósferas tóxicas, lo cierto es que la bicicleta antiesmog parece ser el arma perfecta para combatir la contaminación. Porque es tan sencilla como útil, y cumple varios propósitos en uno.

¿Cómo funciona?

La bicicleta antiesmog funciona con la llamada “ionización positiva”, un proceso que remueve partículas del aire y las filtra para purificarlo.

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Con este invento no sólo se incentiva el uso de la bicicleta –el transporte más sustentable y liberador que existe–, sino que además se hace de los ciudadanos sujetos activos en el combate contra la contaminación, ya no sólo a partir de las acciones cotidianas que todos podemos adoptar, sino a través de un dispositivo tan sencillo como una bicicleta a la cual se le adapta tecnología purificante.

Así, cada pedaleada suma una bocanada de aire limpio.

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Roosegaarde y su equipo buscan innovar con estas bicicletas antiesmog en ciudades de China, donde paradójicamente, la cultura de la bicicleta está tan arraigada como alarmante es la contaminación atmosférica –que ocasiona más de 1 millón de muertes al año–. Aún no han logrado que el gobierno chino implemente su tecnología, pero según contó el diseñador a The Guardian, es muy probable que la adopten como parte de los programas de renta de bicicletas que se han implementado en todo el país.

O por lo menos, eso sería lo más sensato. De hacerlo, serán una inspiración de lo que el civismo tecnológico es capaz de hacer, en aras no sólo de la civilidad, sino también de la sustentabilidad.

 

* Imágenes: 1 y 2) Smog Free Project; 3) Gidaokeji