Los tres mejores sazonadores para prolongar tu vida (y vivirla mejor)

Las especias son nuestras aliadas para lograr los sabores más exquisitos y algunas de ellas alargarán tu paso por esta vida, según el libro “Secrets of Longevity”.

Foto:atletas.info

Generalmente cuando elegimos los sazonadores que darán sabor a nuestra comida, lo hacemos guiados exclusivamente por el tipo de sensaciones gustativas que queremos experimentar. Sin embargo, diversas tradiciones nos han enseñado que es posible combinar, a la hora de cocinar, los fines gustativos con argumentos saludables. En culturas orientales como la China o la Indú, las especias y hierbas sazonadoras han sido utilizadas, desde hace milenios, como recursos medicinales.

A continuación algunos de las propiedades poco conocidas de las populares especias y hierbas sazonadoras:

 

 

La hoja de perenne te da vitalidad.
 
En la cultura China el pino, se ha convertido en símbolo de longevidad. Este árbol contiene antioxidantes, es un antiinflamatorio, preserva la salud en la piel y protege las células cerebrales.

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El jengibre es digestivo:

Uno de los remedios botánicos más usados en el mundo. Funciona como desintoxicante y es un potente anticancerígeno. Tiene propiedades antiinflamatorias y actúa como analgésico, previene la coagulación sanguínea e inhibe dolores de migraña. Los psíquicos chinos la toman tradicionalmente en té para mantener su vitalidad.

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El ajo brinda fortaleza

El ajo es muy saludable, previene la arterioesclerosis, reduce el colesterol y la formación de coágulos sanguíneos, estimula la glándula pituitaria, regula el azúcar en la sangre y también previene el cáncer. Es un antibacterial, por lo que se usa para tratar infecciones menores.

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Las cualidades nutritivas en los alimentos que permiten prolongar la vida, a su vez mejoran sustancialmente la misma –recordemos que no solo se trata de vivir más tiempo sino de vivirlo de la mejor manera–. La posibilidad que tenemos diariamente de afinar nuestra calidad de vida es latente, únicamente requiere un poco de atención, disciplina y, en particular, conciencia.



Amarnos a nosotros mismos en tiempos ensimismados

¿Será posible reinventar al amor propio y llevarlo más allá del culto al individuo?

Amar es desgarrarnos para cosernos; rompernos para pegarnos. Amar es alejarnos para volver, dañarnos para curar. Amar es el más extravagante de los hábitos: un acto efímero en su eternidad. Un péndulo de Foucault oscilando infinitamente.

De entre estas ambivalencias e incertidumbres que constituyen la esencia de esta pasión humana, se alza un aparente antagonismo entre el amor al otro, por un lado, y el de aquel que guardamos para nosotros mismos, por otro.

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Ilustración: Henn Kim

Ambos pasan en nuestros tiempos por una crisis que los hace parecer irrealizables y, en ocasiones, también irreconciliables: no hay tiempo de amar a otros porque estamos muy ocupados procurándonos a nosotros mismos. O no nos amamos porque estamos muy ocupados salvando el mundo.

No obstante, amarnos a nosotros parece ser, verdaderamente, el principio desde el cual se desdobla el resto de nuestros actos. Por eso Ron Padgett, nuestro Paterson de carne y hueso, escribe:

Take care of things close to home first. Straighten up your room before you save the world. Then save the world.

(Encárgate de las cosas cercanas a casa primero. Arregla tu cuarto antes de salvar el mundo
Luego salva el mundo)

Parece urgente amarnos si queremos ser capaces de amar a otros en algún momento. Porque si no nos amamos, ¿cómo amar a otros? Tal parece la aritmética de las relaciones humanas: su lógica intrínseca.

Pero el amor no es reductible a operaciones matemáticas. Recuperar el amor propio en estos tiempos es más difícil, quizá, que nunca en la historia. Somos presa fácil de los vacuos discursos sobre el amor, cuya retórica cínica invita a amarnos desde el narcisismo y la mezquindad. Existen también los sustitutos inverosímiles: en lugar de amar, nos sumimos en nuestra psique depresiva y cultivamos un odio que poco a poco nos carcome.

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Ante esas condiciones decadentes, es urgente plantear hipótesis radicales. ¿Qué tal si la única forma de recuperar el amor propio fuera admitiendo que no hay una hoja de ruta que nos marque cómo hacerlo? Suena desolador: si algo buscamos son respuestas tangibles, concretas y que nos den soluciones inmediatas.

Pero amar es precisamente lo contrario a todo ello. Amar –afortunadamente– no es una ciencia, y por ello no existen métodos para aprender a amarnos ni para amar a otros. Por eso, aún en nuestros tiempos ensimismados, el amor sigue siendo un resquicio de libertad para quien se atreve a mirar desde ahí.

Aunque quizá una de las pocas cosas que se pueda afirmar sobre esa cosa contradictoria que es el amor (cuya semántica, por cierto, es el mayor reto de los lingüistas) es que, tanto aquel amor que nos profesamos a nosotros mismos, como el que profesamos a los demás, son indisociables. Ambos tienen una autonomía relativa, tanto como nosotros la tenemos de los demás. Pero su aparente antagonismo o dualidad es producto de nuestra época, y no es sino una ilusión, como muchas de las que sustentan nuestras creencias.

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El amor es una totalidad que sólo puede sobrevivir como tal, retroalimentandose cada una de sus partes de lo uno y lo otro. Hay necesidad mutua, incluso cósmica, entre los tipos de amor, tal y como la hay en el individuo para con los otros, a quienes necesita para poder ser y desdoblarse en sus infinitas posibilidades.

Si algo resume esta idea en una cotidianidad sólo aparentemente sencilla, pero en realidad sumamente compleja, es esta otra metáfora de Padgett en su poema Love:

That is what you gave me

I become the cigarette and you the match

Or I the match and you the cigarette

Blazing with kisses that smoulder towards heaven

(Eso fue lo que me diste: yo me convertí
en cigarrillo y tú en fósforo
o yo en fósforo y tú en cigarrillo
brillando con besos ardiendo hacia el cielo)

El amor propio sólo puede cultivarse cuando aprendemos a ser ya sea el cigarrillo o el fósforo. Es una relación dinámica que ocurre todo el tiempo, todos los días. No hay principios ni finales. No hay identidades definidas permanentemente. Sólo fósforos, cigarrillos y las chispas que simbolizan la valentía que implica amarnos y amar en un mismo tiempo.  

 

*Ilustración principal: Sivan Karim 

 



Sustituye la sal al cocinar con estos sazonadores naturales

Prescinde de la sal y cuida tu salud con sustitutos y condimentos inesperados

La sal, ese condimento blancuzco que alcanza a la mayoría de nuestros platillos diarios, es el encargado de darle este sazón sorprendentemente variado a nuestra vida. Sin darnos cuenta, ese sencillo condimento nos brinda una perspectiva variada de las experiencias y vivencias en nuestro día a día. Con agregarle un poco de sabor a nuestros alimentos, estaremos dándole un nouveau goût y perspectiva a la vida.

Por ello, es indispensable tomar consciencia de los niveles de salinidad que le agregamos tanto al cuerpo como a las experiencias autobiográficas. ¿Qué tanto es demasiado o poco? ¿Qué tanto se puede disfrutar de nuevos sabores y conocimientos?

Por ello y para variarle a las sensaciones de la monotonía y  cuidar simultáneamente tu salud, te compartimos otros condimentos que pueden formar parte de las nuevas experiencias vivenciales:

 

– Cúrcuma. Indispensable en recetas con curry, este condimento es un antioxidante y antiinflamatorio natural. Es rico en vitamina C; útil para remedios caseros para la tos, la digestión y la circulación. Protege contra el Alzheimer y la proliferación de células cancerígenas.

– Orégano. Útil para platillos como pastas o pizzas, el orégano es rico en vitamina C y antioxidantes. Además es benéfico para el sistema respiratorio, reduce la proliferación de células cancerígenas y protege a las células sanas.

– Ajo. Además de darle un sabor único a los platillos, este condimento es el ideal para combatir bacterias y parásitos. Es considerado como medicina natural con propiedades antifúngicas, antibióticas naturales y antibacteriales.

– Jengibre. Útil para combatir mareos y problemas digestivos, el jengibre cuenta con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Puedes usarlo fresco, molido o encurtido.

– Pimienta de Cayena. Rica en antioxidantes, mejora la circulación y moviliza el metabolismo. Se utiliza principalmente en el tratamiento de hemorroides, mitigando el dolor; también destruye las células cancerígenas.

– Albahaca y romero. Ambos mejoran el sistema digestivo, desodorando el tracto intestinal. Además de ser increíblemente deliciosas, también ayudan a tratar enfermedades respiratorias, funcionando como antibióticos y antiinflamatorios naturales.