Los perros también tienen conciencia sobre sí mismos: un estudio

Contrario a la premisa de que el espejo es un vehículo para el autoreconocmiento, este estudio muestra que los perros se reconocen por el olfato.

 

Foto:mascotas.facilisimo.com

La conciencia es un tópico que siempre ha intrigado al humano, no es tema menor, por ser  la capacidad de darse cuenta de su existencia propia y de las demás cosas. En la conciencia, vinculada enormemente a la capacidad de autopercibirnos, es esencial el autoreconocimeinto, lo que involucra que somos capaces de saber que ese que vemos o sentimos somos nosotros.

Numerosos estudios se han hecho con animales; muchos, como los chimpancés mayormente, son capaces de reconocerse en el espejo y ello habla del autoreconocimiento como individuos. En otros casos se ha observado que algunos delfines y hormigas son capaces de hacerlo.

En el caso de los perros a estos no suele llamarles la atención su imagen frente al espejo, sin embargo el investigador Roberto Cazzolla Gatti advierte que este indicador está mal enfocado dado que no son una especie visual.

Los caninos son una especie olfativa. A partir de este sentido es que son capaces de demostrar muchas de sus cualidades, y según un experimento de Cazzolla, con él es a través del sentido por el cual tienen la capacidad de autoreconocerse.

Cazolla ha hecho un estudio a partir de restos urinarios de los perros. Las muestras de orinas de cuatro perros son colocadas al mismo tiempo. En todos los casos, estos prestaron más atención a la orina de los otros que a la propia. Lo anterior muestra que son capaces de reconocer su propia orina y por ello prestan más atención a la ajena en una especie de curiosidad: este experimento es una muestra de un autoreconocimiento de los mismos.

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Cuando llega la hora: miden la velocidad exacta con la que se propaga la muerte

Por primera vez, la ciencia atestigua el proceso exacto bajo el cual se materializa la muerte (y mide su velocidad).

Memento mori

Cuando llega la hora, la muerte no negocia. Pero, más allá de suspender la oscilación respiratoria y cerrarnos los ojos, ¿cómo se propaga la muerte en nuestro interior y cuánto tiempo tarda en tomarnos?

Un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford ha atestiguado y medido este minucioso proceso. La muerte nos abraza siguiendo la dinámica de una “ola de activación”. Es decir, va envolviéndonos mediante una especie de reacción en multicadena; se propaga irrefrenable y armónica, perfecta.  

Para comprobarlo, los científicos utilizaron citoplasma (el líquido al interior de una célula, extraído de óvulos de rana). Una vez que detonaron la apoptosis o muerte celular, el trayecto de esta “señal de muerte” fue evidenciado mediante una técnica de fluorescencia. Así pudieron no sólo contemplar el desdoblamiento de la ausencia de vida, sino también medir su ritmo.

El estudio fue publicado este 1o de agosto del 2018 en la revista científica Science (y puedes consultarlo aquí).

 

2 milímetros por hora   

La muerte avanza 30 micrómetros por minuto, algo más o menos equivalente a 2 milímetros por hora. Al menos esa es la velocidad con la cual se propaga al interior de una célula de óvulo de rana –que mide en promedio 1.2 milímetros–. Y aunque seguramente varía en otros tipos de células –¿o es que la velocidad de la muerte, como la de la luz, es una constante?–, esta es la primera vez que se logra medir el tiempo en que se materializa el instante fatal y, sobre todo, entender cómo se propaga la muerte, de manera similar al fuego en un bosque

 

Ciencia poética

Cuando la ciencia se encuentra con la poesía, y juntas discurren sobre la existencia, se revelan algunos de los ingredientes más arrobadores de “la realidad”.  



Una explicación extraordinaria de lo que es la conciencia

¿Entender qué es la conciencia nos puede ayudar a evolucionar como seres humanos?

La idea de “tener conciencia” ha permeado en la sociedad actual. Pero, ¿qué es eso que llamamos “conciencia”? Curiosamente, la mejor explicación nos la podría dar la ciencia, algo que a la postre resulta útil para responder preguntas que surgieron en las postrimerías del siglo XX (de la mano de la ciencia ficción) y que siguen sin respuesta. Por ejemplo: ¿puede un robot tener conciencia?

Hasta ahora ningún robot ha superado la prueba de Turing, que evalúa la “conciencia” en la inteligencia artificial desde 1950. Pero es innegable que la tecnología en la actualidad es una extensión de nuestro cerebro; tanto así que, como algunos aseguran, el Internet podría cobrar una especie de conciencia de sí mismo en un futuro cercano.

Pero para saber si esto podría ocurrir, tenemos que saber antes qué es la conciencia según la ciencia. Para Michio Kaku, profesor del City College en Nueva York y gurú de física en los medios digitales, definir la conciencia científicamente es posible

Para Kaku, la conciencia es un producto de la evolución. Pero, ¿en qué basa tal aseveración?

 

La física de la conciencia

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En una una entrevista concedida a Nautilus, Kaku se pregunta lo siguiente:

Los físicos hemos estado fascinados por la conciencia desde siempre […] ¿Hay una conciencia cósmica?

Para responder a esto, el científico aplica los mismos principios de la física que se utilizan para saber más del universo. Se trata de estudiar las correlaciones entre lo micro y lo macro y buscar comprender ciertos comportamientos para saber cómo funcionan en el tiempo. A partir de estas correlaciones, Kaku cree que la física puede indagar los misterios de la conciencia.

 

La conciencia: ¿producto de la evolución?

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Si la conciencia tiene ciertas “leyes”, las mismas están influenciadas por el espacio y el tiempo, como lo puede estar una molécula. A esto Kaku le llama “teoría de la conciencia en el espacio-tiempo”. Y para él, puesto que la conciencia podría estar alojada en el cerebro (más específicamente, en la corteza prefrontal, que se activa cuando tomamos decisiones o nos preguntamos dónde estamos), entender la conciencia y estudiarla requiere de comprender el cerebro y sus leyes en el espacio-tiempo:

“Mañana” es un concepto que tu gato no entiende […] Nosotros entendemos el tiempo de una manera que los animales no.

Y es ahí donde podemos rastrear la conciencia: en nuestra –valga la redundancia– conciencia del tiempo, o los tiempos. Porque nuestra conciencia de nosotros y los otros es también una conciencia de que estamos en un tiempo que va siempre hacia adelante.

Eso no significa que seamos sólo máquinas biológicas que se reproducen y buscan sobrevivir –aunque fundamentalmente sí lo somos, según Kaku–. Pero la naturaleza nos dio nuestras emociones como parte de una necesidad evolutiva. Esas emociones son parte de la conciencia humana. Es la conciencia la que nos despliega las posibilidades que la propia vida nos presenta, más allá de la supervivencia o la reproducción. Por eso somos distintos a nuestro gato.

 

¿Entonces, puede un robot o Internet cobrar conciencia de sí mismos?

Incluso si un robot fuera capaz de saber más que nosotros y hacer planes, no sería más consciente, según la definición de Kaku, porque no sería consciente de sí sólo por tener mucho conocimiento. Lo que nos hace conscientes no es el conocimiento, sino todos los procesos que nos hacen humanos, incluidas las emociones. Éstas no son sólo un cúmulo de conocimiento, sino parte de un proceso evolutivo que se ha extendido durante milenios.

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Arte: Trash Riot

Así, de acuerdo con la definición de Kaku, los robots no pueden tener conciencia porque la conciencia es fundamentalmente producto de la evolución, específicamente, la humana (porque los animales no han evolucionado como nosotros). Por eso el método de la física se puede aplicar al entendimiento de lo que es la conciencia, por lo menos si queremos entenderla a un nivel científico e histórico.

A la definición científica que hace Kaku de la conciencia no le falta belleza. Lo que se desprende de dicha definición es que el ser humano es realmente único. Pero no debemos sentirnos superiores por ello, sino al contrario; debemos tomar con humildad y responsabilidad lo que, según Kaku, la evolución nos ha dado: la conciencia.