Los perros también tienen conciencia sobre sí mismos: un estudio

Contrario a la premisa de que el espejo es un vehículo para el autoreconocmiento, este estudio muestra que los perros se reconocen por el olfato.

 

Foto:mascotas.facilisimo.com

La conciencia es un tópico que siempre ha intrigado al humano, no es tema menor, por ser  la capacidad de darse cuenta de su existencia propia y de las demás cosas. En la conciencia, vinculada enormemente a la capacidad de autopercibirnos, es esencial el autoreconocimeinto, lo que involucra que somos capaces de saber que ese que vemos o sentimos somos nosotros.

Numerosos estudios se han hecho con animales; muchos, como los chimpancés mayormente, son capaces de reconocerse en el espejo y ello habla del autoreconocimiento como individuos. En otros casos se ha observado que algunos delfines y hormigas son capaces de hacerlo.

En el caso de los perros a estos no suele llamarles la atención su imagen frente al espejo, sin embargo el investigador Roberto Cazzolla Gatti advierte que este indicador está mal enfocado dado que no son una especie visual.

Los caninos son una especie olfativa. A partir de este sentido es que son capaces de demostrar muchas de sus cualidades, y según un experimento de Cazzolla, con él es a través del sentido por el cual tienen la capacidad de autoreconocerse.

Cazolla ha hecho un estudio a partir de restos urinarios de los perros. Las muestras de orinas de cuatro perros son colocadas al mismo tiempo. En todos los casos, estos prestaron más atención a la orina de los otros que a la propia. Lo anterior muestra que son capaces de reconocer su propia orina y por ello prestan más atención a la ajena en una especie de curiosidad: este experimento es una muestra de un autoreconocimiento de los mismos.

[neurosciencenews]



Los elefantes merecen ser tratados como personas (aquí te explicamos por qué)

Como nosotros, los elefantes sienten, se comunican de forma compleja y forman lazos sociales.

Según un ensayo publicado por el doctor Don Ross en la revista Aeon, los elefantes tienen todo el potencial para ser considerados personas; si no lo expresan, es porque carecen de las herramientas para hacerlo. Esta aseveración no surge de la mente de algún romántico o de un loco: está basada en décadas de estudios científicos.

Al igual que un puñado de otros animales (entre ellos los cuervos, delfines, chimpancés y gorilas), los elefantes poseen una sensibilidad impresionante que los separa del resto del reino animal. Aunque claramente no pertenecen a la especie humana ni escribirán tratados filosóficos pronto, sí que cumplen con las características que los hace merecer el respeto y la empatía que conferimos a las personas.

 

 

¿Por qué podrían ser como personas? 

Si todo esto parece un poco absurdo, tal vez serviría considerar la definición de persona. Legalmente, se trata de quien puede adquirir derechos y contraer obligaciones. Bajo esa idea, ni los niños ni los humanos con capacidades intelectuales diferentes son considerados personas según la ley.

La legalidad no es lo único que define a quiénes tratamos con el cuidado que merece una persona. ¿Cuál es la clave, entonces? 

Los atributos principales de una persona que menciona el doctor Ross, basándose en la antropología y la filosofía, son el uso del lenguaje y la hipersocialidad. Para ser considerados personas, los elefantes deben poseer un lenguaje complejo, además de la capacidad (y necesidad) de utilizarlo en sociedad. 

 

Los elefantes se comunican de forma compleja

Usan una serie de bufidos, golpes en el suelo y caricias para transmitir mensajes variados. Su habilidad comprensiva es impresionante: pueden entender las reglas de la lotería (y jugarla) y saben distinguir entre las tribus de humanos que los cazan y aquellas que los dejan vivir en paz. 

Según lingüistas como Charles F. Hockett, estas cualidades no son suficientes para considerar que su forma de comunicación clasifica como un lenguaje tan complejo como el humano, pero los elefantes sí podrían cumplir con una importante característica: son capaces de hablar sobre eventos que no han ocurrido todavía.

El doctor Ross relata que los elefantes planifican sus viajes a través de manadas diferentes: le comunican a otros elefantes los peligros que podrían encontrar una vez que crucen ciertas fronteras. 

Esta manera de comunicarse tiene que ver con el fenómeno de la evolución. Los elefantes saben comunicarse tan bien porque han crecido en conjunto y se han visto en la necesidad de crear lazos sociales. Esto nos lleva al siguiente punto…

 

Ellos también padecen traumas (y los superan)

Como nosotros, los elefantes parecen tener cierta conciencia de sí mismos: incluso se reconocen en los espejos. Esto podría apuntar a que tienen el potencial de actuar más allá de su instinto. 

Se ha demostrado que los elefantes pueden padecer traumas que afectan su modo de actuar. Cierto grupo de machos, después de ver como asesinaron a sus padres enfrente de ellos, atacaron con violencia inexplicable a un grupo de rinocerontes. Las hembras, también huérfanas, sufrieron síntomas de estrés postraumático y se volvieron más retraídas.

Ambos comportamientos mejoraron ante la presencia de una figura adulta que se insertó de manera natural en sus manadas, lo cual revela que los elefantes elefantes forman entre sí lazos sólidos de cooperación que los ayudan a sanar.

 

¿Son como nosotros?

Aunque pueden ser entrenados para delinear diseños predibujados, los elefantes no cuentan con una producción creativa que perdure a través del tiempo. Según Ross, esto podría deberse a dos factores: no tienen las herramientas para hacerlo, o simplemente no les interesa.  

Se podría objetar que tampoco razonan en el mayor sentido de la palabra, pero hacer esta afirmación es más difícil de lo que parece. Los humanos tampoco racionalizamos cada una de nuestras actividades.

Según algunos filósofos de Harvard, muchas de las grandes decisiones de nuestra vida no las tomamos tras una extensa deliberación metafísica, sino porque se adhieren a lo que nuestras sociedades esperan de nosotros. Esta manera de actuar no se aleja tanto de la de los elefantes.

Estamos de acuerdo en que no hay forma de saber qué es lo que ellos harían si pudieran razonar. Tal vez aún haya dudas sobre qué tan parecidos son a nosotros, pero está clarísimo que son seres sensibles, conscientes de sí mismos, capaces de comunicar un amplio espectro de cariño y de experimentar dolor psicológico.

Esto quizá arroja una luz sobre una cuestión muy relevante para la vida: ellos merecen la bondad y la empatía que le debemos a todos los seres, aunque no sean humanos

 

* Imagen 2): Haut de Gamme



Estos son los animales más inteligentes del planeta (y su conciencia nos causa dudas existenciales)

La inteligencia de algunos animales pone en entredicho nuestra noción de conciencia (y muchos de nuestros hábitos).

Nuestra inteligencia es lo que nos distingue del resto de los animales. Aunque para la filosofía, trátese de Descartes o del budismo, la clave no está en la inteligencia sino, fundamentalmente, en la conciencia. Pero eso que llamamos “conciencia” sigue siendo objeto de discusión. Y últimamente los animales más inteligentes nos han generado las más estremecedoras dudas existenciales, porque al parecer, inteligencia y conciencia tienen más que ver de lo que creíamos.

Entre las especies más inteligentes están los cefalópodos –entre ellos los pulpos–, cuya evolución tomó un camino distinto al de cualquier otra especie. Su inteligencia se ha desarrollado de manera paralela pero radicalmente distinta a la de cualquier otro animal. Por eso, el intelecto de estas especies marinas sigue siendo estudiado: pero cuanto más se indaga en él, más parece removerse el piso de nuestras creencias, las cuales han justificado crueles actitudes hacia la naturaleza y sus formas de vida.

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Aunque animales como el pulpo hayan evolucionado paralelamente a nosotros, se ha descubierto que la mayoría cuenta con una inteligencia que funciona bajo las mismas premisas que la nuestra: esto es, mediante redes neuronales. Y como cada vez más el estudio de la conciencia de aquello que experimentamos se ha ligado al funcionamiento del cerebro ­–con las limitaciones y posibilidades que ello implica–, es indudable que hemos avanzado hacia nuevas concepciones de conciencia que pueden revolucionar la existencia –y no sólo la metafísica–.

Las nuevas definiciones de conciencia, basadas en el funcionamiento de las redes neuronales del cerebro, dan a los animales el estatus de seres conscientes.

En 2012, después de una reunión de eminentes neurocientíficos de todo el mundo dedicada a la conciencia, Stephen Hawking firmó la Cambridge Declaration of Consciousness. En ella, se declaró a la conciencia animal como oficialmente existente:

Hemos decidido llegar al consenso y hacer una declaración dirigida al público. Es obvio para todos en esta habitación que los animales tienen conciencia, pero no es obvio para el resto del mundo […] La evidencia indica que animales no humanos […] tienen los suficientes sustratos neuronales de conciencia y la capacidad de exhibir comportamientos intencionados.

Según sus investigaciones, emociones y capacidades intelectuales como la atención, el sueño y la toma de decisiones aparecieron en épocas tempranas, antes de que los procesos evolutivos de cada especie tomaran caminos distintos. Por eso compartimos lo fundamental con todos los animales, excepto los ctenóforos, los alienígenas del mar. Y aunque animales como los insectos y los pájaros no cuentan con nuestra corteza frontal, lo importante parece estar en los sustratos neuroanatómicos, neuroquímicos y neurofisiológicos, junto con la capacidad de tener comportamientos intencionados.

Dicho esto, te presentamos a algunos de los animales más inteligentes… y más conscientes:

 

Abejas

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Las abejas son tan inteligentes que, según un estudio reciente, saben distinguir el concepto de “cero”. Y en otros estudios hechos a base de recompensas, han sabido inteligir cuando la tarea a realizar es imposible. Un grupo de investigadores le enseñaron a unas abejas a identificar, de entre dos líneas horizontales, cuál estaba arriba de la otra. Cuando adivinaban, recibían un premio. Pero cuando los investigadores les pusieron líneas verticales, ni siquiera intentaron adivinar: sabían que se trataba de otra cosa completamente distinta.

 

Pulpos

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NatGeo

Algunos pulpos han sabido huir de acuarios, como uno en Nueva Zelanda que escapó por un ducto, como si supiera que dicho ducto conducía al océano. Esto es gracias al aprendizaje cognitivo que les posibilitan sus tentáculos. Además saben hacerse invisibles mediante un fino camuflaje, que algunos científicos han comenzado a dudar de si es sólo instintivo y .como una respuesta al miedo.

 

Cuervos

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Las aves son el animal sobre cuyo nivel de conciencia ha habido más consenso entre los científicos. Y entre ellas, el cuervo es un ejemplo brillante, y por eso ha sido seriamente estudiado por la neurociencia. Se ha descubierto que los cuervos tienen más neuronas que los primates, lo cual está asociado a sus increíbles habilidades, que incluyen la formación de conexiones lógicas y la capacidad de formar juicios.

 

Cabras

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Recientemente se realizó un estudio donde algunas cabras tenían que sacar fruta de una caja utilizando una cuerda para jalar una palanca. Nueve de las 12 cabras lograron superar el reto. Posteriormente se repitió el experimento con las mismas cabras, y todas las que antes habían podido superarlo lo volvieron hacer.

 

Elefantes

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Es sabido que los elefantes tienen una curiosa percepción. Algunos disfrutan de la música e incluso son capaces de tocarla. Pero más aún: también pueden entender la diferencia entre distintos lenguajes e imitar sonidos. Y tienen una memoria envidiable.

 

Chimpancés

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Compartimos 99% del ADN con ellos. Y sin duda, también mucha de la inteligencia. De hecho, a veces los chimpancés son más inteligentes que nosotros: recientemente se comprobó que los chimpancés más jóvenes tienen una memoria más precisa, incluso, que la de los seres humanos adultos. Además, saben fabricar utensilios y usarlos, por ejemplo, para extraer termitas de sus nidos, y son conscientes de su reflejo en un espejo.