De cómo ha crecido el número de ataques a activistas ambientales en México

El Centro Mexicano de Derecho Ambiental ha documentado este tipo de incremento en los últimos años.

Uno podría pensar que cuando la violencia crece esta permea todas las áreas sociales existentes. Lo cierto es que lo anterior de hecho hace que con ello sean justificados en ocasiones algunos fenómenos que no necesariamente son un resultado directo de esa violencia.

Un ejemplo de ello son los ataques a los activistas ambientales que han ido creciendo en México notablemente en los últimos años. No es tan descabellado si conocemos que existe una política de libre mercado, donde en realidad las agendas comerciales suelen ser más importantes para el Estado que las sociales, entonces encontramos que las corporaciones son, generalmente gracias al lobbing, las verdaderas hacedoras de agendas en pro del libre mercado que les permite llegar a todos los países.

Luego, si encontramos que los recursos naturales son la materia prima de muchas corporaciones poderosas, entonces el zoom de la foto nos dice que el verdadero juego de poder, de algún modo, es por los recursos naturales.

Así, los conflictos ambientales, ahí donde se hacen los megaproyectos concesionados generalmente a allegados de los políticos, o a las mineras transnacionales por ejemplo, son un espacio micro, aparentemente alejado de la política, pero donde verdaderamente intereses muy poderosos son puestos en juego.

Por ello los conflictos ambientales hay que verlos con lupa y quizá esos activistas que luchan por un cambio de paradigma de sustentabilidad y no de negocio, así como del respeto a las cosmovisiones indígenas y campesinas y su no marginación de sus propios recursos, son verdaderos contrincantes de los políticos y empresarios más poderosos.

La situación del incremento de la violencia en contra de activistas ambientales en México ha sido documentada por el Centro Mexicano de Derecho Ambiental desde el 2010. Este año en estos días justo ha sacado los resultados del último año:

Número de ataques a defensores ambientales de mayo de 2014 a junio de 2015: 109 casos

 

En comparación número de casos:

2010: 10

2011: 16

2012: 23

2013: 53

2014: 79

Es decir, de 2010 al 2015 han aumentado en un 91% los ataques a defensores ambientales.

 

Los estados donde más hubieron este 2015:

Sonora con 16 agresiones

Oaxaca con 13 casos

Estado de México con 12

Guerrero con 9 casos;

Chiapas, Chihuahua, Colima y Puebla con 8 casos

Distrito Federal con 6

Morelos con 5 casos

Veracruz con 4 casos

Sinaloa con 3 casos;

Michoacán con 2 casos

Baja California Sur

Durango, Jalisco, Nayarit, Nuevo León, Yucatán y Tlaxcala con 1 caso.

 

Twitter de la autora: @anapauladelatd

Autor: Ana Paula de la Torre
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional


La baronesa rampante: la joven que vivió 2 años en una secuoya para evitar que la talaran

Julia “Butterfly” Hill acampó a 50 metros de altura durante 2 años para impedir que un árbol de más de 1,000 años de edad fuera talado.

En El barón rampante, Italo Calvino cuenta la historia ficticia de Cosimo, un niño aristócrata de 12 años que sube a un árbol como gesto de rebeldía frente a la autoridad paterna y promete quedarse ahí hasta su muerte. En la vida real, la rebeldía puede servir para inspirar a otros y cambiar el estado de cosas.

La historia de Julia “Butterfly” Hill, una joven de 23 años, quedó inevitablemente unida a la de “Luna”, una secuoya de más de 1,000 años de edad, residente del parque estatal Grizzly Creek Redwoods de California, EE.UU., cuando a finales de 1997 una compañía maderera amenazó con derribar los majestuosos árboles del parque.

“Butterfly”, como es apodada Julia por su amor a las mariposas, formaba parte de la organización ecologista Earth First. Los ecologistas decidieron poner sus cuerpos entre los árboles y las máquinas de la compañía maderera para evitar el ecocidio. En un acto extremo, Julia y otros de sus compañeros eligieron algunos árboles para subir a ellos e instalar pequeños campamentos en las alturas, como medida para atraer la atención mediática. Pero lo que sería una acampada de 2 semanas, para “Butterfly” se convirtió en una expedición inmóvil de más de 2 años.

En ocasiones, no hacer nada es lo más violento que se puede hacer.
(Slavoj Zizek)

Julia Lorraine Hill nació el 18 de febrero de 1974 en Arkansas, y estudió en su propia casa hasta los 12 años. Un accidente de tránsito a los 22 años le supuso una larga rehabilitación, en la que fortaleció su mente a la vez que su cuerpo. Durante ese duro trance, se acostumbró a observar y pasear cerca de las secuoyas, quienes la inspiraron para recuperar el control de su propio cuerpo luego de las secuelas del accidente. En su autobiografía, Julia cuenta:

Me adentré en el bosque y por primera vez experimenté lo que significa de verdad estar vivo. Entendí que yo formaba parte de aquello. Poco después supe que la Pacific Lumber Maxxam Corporation estaba talando esos bosques y mi confusión fue total. Contacté con la asociación Earth First, que hacía sentadas en los árboles para impedir su tala. Así fue como conocí a “Luna”.

La idea de Earth First era que otro integrante de la asociación relevara a Julia luego de un par de semanas. Pero el relevo nunca llegó. Un equipo le suministraba víveres para sobrevivir en las alturas a través de un sistema de poleas. Julia cuenta que cargaba su celular mediante unos paneles solares en su campamento a 50 metros de altura, sobre una lona de 3 metros cuadrados organizados para cubrir necesidades higiénicas, alimenticias y de descanso.

 

Con las raíces en el cielo

En una entrevista, Julia afirmó que la compañía Pacific Lumber hizo todo lo posible por sabotear su expedición: quemaron árboles a su alrededor, hicieron pasar helicópteros que le disparaban chorros de agua, sin contar las duras condiciones de vida en las alturas, que le ocasionaban ampollas y heridas frecuentes.

“Respeta a tus mayores”

Pero la prueba de fuego llegó en el invierno de 1998, cuando una poderosa tormenta azotó el parque durante 2 semanas. Fue entonces cuando Julia afirma haber escuchado “la voz de Luna”, recordándole que “las ramas rígidas se rompen, sólo las ramas flexibles sobreviven”. Siguiendo esta misteriosa intuición, Julia se aferró a las ramas jóvenes y flexibles, y así logró salvar su vida.

Su proeza no fue en vano: el 18 de diciembre de 1999, Julia descendió de “Luna” después de que la compañía maderera acordara respetar a las secuoyas e incluir políticas de cuidado al medioambiente en todas sus expediciones posteriores. La compañía maderera recibió de los activistas 50 mil dólares por concepto de ganancias perdidas, que luego serían donados para preservar la zona.

 

Al bajar de “Luna”, Julia le dijo a la prensa:

Entiendo que para algunas personas sólo soy una sucia hippie abraza-árboles. Pero no puedo imaginarme que alguien quiera ponerle una motosierra encima a algo así [Luna].

Los 738 días que Julia pasó en las alturas inspiraron muchos movimientos en favor de la tierra, y desde entonces no ha dejado de participar en proyectos ecologistas mediante su organización no lucrativa Circle of Life

La historia de Julia y “Luna” nos inspira para aferrarnos a amar al planeta, así como a tomar partido por nuestros ideales sin importar las condiciones en las que nos encontremos. ¿Cuál es tu árbol?