10 consejos para principiantes en meditación

Potencia los beneficios con algunos tips que te ayudarán a profundizar en esta ancestral para el espíritu.

Foto:imujer.com

Sabemos ya que la meditación más allá de sus asociación (de hecho enormemente reduccionista) de aliviar tu estrés, es un método que nos conecta con otro ritmo; y ello nos da pistas sobre una sensación de paz que habríamos de buscar de una manera humilde.

Entre otros beneficios está comprobado que al hacer rutinariamente meditación, incluso solo por 8 semanas, genera cambios en el cerebro en áreas asociadas al aprendizaje, cognición, memoria, emociones; también desarrolla la zonas vinculadas a la empatía y compasión.

Si eres un principiante, o incluso si eres ya un iniciado, aquí algunos consejos para que tu meditación sea más provechosa:

Identifica tu propósito:

Muchas personas deciden meditar sobre todo para atenuar sus problemas de estrés o ansiedad pero ello es un tanto frívolo. Recuerda que la meditación es una herramienta de una búsqueda espiritual por la liberación (nirvana). Siempre dale el sentido más profundo que tengas al alcance como una manera de honrarla.

Identifica tu rutina:

Lo mejor sería que antes de iniciar hables con un instructor para que te recomiende el mejor tipo de meditación según tu personalidad, gustos e inclinaciones. Luego de que tengas clara la rutina que estarás haciendo, también conoce cuál será el tiempo (número de sesiones) que estarás practicándola.

Practica antes con respiraciones profundas:

Como sabrás, poner tu atención en la respiración es el medio por el cuál es posible meditar. Haz algunos ejercicios antes para que puedas identificarte con este ejercicio; concéntrate únicamente en tu respiración, si a tu mente llega un pensamiento déjalo pasar y vuelve a tu respiración.

Haz estiramientos antes de meditar:

Ello relajará tus músculos y articulaciones. Asimismo te servirá como un ritual para que tu mente se prepare para algo importante, como un preámbulo valioso.

Elige un momento del día que vayas a respetar (y en el que nadie te interrumpa):

Debes darle la importancia debida. Para disfrutar las bondades de la meditación habrías de adoptarla verdaderamente como un acto de relevancia crucial en tu día. Es curioso, porque seguramente una vez que inicies, sus propios resultados harán que te enamores de ella.

Encuentra el mejor espacio para meditar:

Si lo harás en casa, elige uno donde haya ventilación y no mucho ruido. Si es uno donde puedas acoplar alguna vela, mejor entonces.

Experimenta:

Aunque el tipo de meditación que te hayan recomendado esté funcionando para ti, siempre es bueno que pruebes con más tipos de meditación que quizá puedan sorprenderte aún más.



Lo que los monjes budistas le enseñan a la neurociencia (Estudios)

El budismo y la neurociencia mantienen un diálogo donde los científicos y los monjes aprenden unos de otros.

Tal vez ninguna práctica espiritual se haya ocupado tanto de la mente como las diferentes ramas del budismo. La mente no es externa al cuerpo ni es el cuerpo: es la naturaleza de todas las cosas. La mente, nos dice una antigua enseñanza, es como el viajero que se hospeda en la posada del cuerpo. Al morir el cuerpo, la mente viaja a un nuevo aposento y continúa su viaje por subsecuentes ciclos vitales.

Aunque el aspecto religioso del budismo sea muy distinto al de las creencias predominantes en Occidente, lo cierto es que desde los años 60 del siglo pasado el budismo ha gozado de una enorme popularidad. Esto también produjo una ola de interés científico por las aparentes proezas que los monjes budistas son capaces de realizar.

 

Rompiendo la barrera del yo

Zoran Josipovic es investigador en neurología de la Universidad de Nueva York y monje budista. Para él, la investigación sobre la meditación “es muy promisoria, porque señala la capacidad del cerebro para cambiar y optimizarse de maneras que no sabíamos que eran posibles”. Durante su investigación pionera, Josipovic analizó los cerebros de 20 monjes experimentados mediante un aparato de resonancia magnética. En términos normales, los cerebros humanos se organizan en dos sistemas diferentes: la red neuronal extrínseca, activa cuando nos enfocamos en tareas sociales o que involucran movimientos, y la red neuronal intrínseca (o por defecto), que sirve para la gestión emocional. 

La mente no dual, aquella a la que aspiran los practicantes y en la cual la aversión y el deseo han sido rebasados, podría ser la contraparte del hecho de que las zonas del cerebro responsables del amor y del odio funcionan bajo patrones muy similares

Por su parte, Richard J. Davidson, profesor de psicología y psiquiatría de la Universidad de Winsconsin-Madison, descubrió que quienes practicaron la meditación durante un largo tiempo “mostraron activación cerebral a una escala que nunca habíamos visto antes”, a lo que añade que “su práctica mental está teniendo efectos en el cerebro de la misma forma que la práctica del golf o el tenis mejoran el rendimiento”. Esta metáfora resulta certera en el caso de los futbolistas que practican algún tipo de meditación.

Aprender junto a los monjes budistas sobre ese extraño viajero que es la mente ha permitido que los investigadores comprendan mejor la posada del cuerpo. Aquí algunos de los más destacables descubrimientos:

Es posible modificar el funcionamiento y estructura cerebral

Davidson descubrió que los monjes budistas tibetanos pueden incrementar la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para aprovechar nuevas experiencias para crear cambios duraderos y nuevas conexiones. Sin embargo, no es un logro que sea posible a corto plazo:

Luego de decenas de miles de horas de meditación, los practicantes habían alterado la función y estructura de sus cerebros.

Trycicle.org

 

Es posible alterar la percepción visual y la atención

¿Sabes poner atención? Una persona que no practica meditación es capaz de mantener la atención sobre un objeto durante 2.6 segundos en promedio. Comparado con esto, un monje es capaz de mantener una constante percepción visual de un objeto durante 723 segundos.

Se estableció este dato luego de que un equipo conjunto de la Universidad de Queensland en Australia y de la Universidad de California en Berkeley viajaron al Tíbet a estudiar la percepción visual de 76 monjes budistas, y la compararon con la de un grupo de control.

El estudio se centró en el efecto que tiene la meditación sobre la “rivalidad binocular”, un fenómeno natural que puede potenciarse al presentarle a cada ojo una imagen distinta. Durante un fenómeno de rivalidad perceptual (que también puede ocurrir en otros sentidos, como el oído o el olfato), la atención del cerebro se desplaza imperceptiblemente entre dos estímulos sin enfocarse en ninguno.

La prometedora conclusión es que, luego de años de meditación, un monje es capaz de disminuir e incluso controlar este desplazamiento para no permitir que su atención divague entre dos estímulos. 

 

Es posible ser más feliz

El monje francés Matthieu Ricard ha sido llamado por los medios “el hombre más feliz de laTierra”, y podría haber algo de razón en ello. Ricard posee un doctorado en genética molecular, pero desde los años 70 vive en el Tíbet, y suele acompañar al Dalái Lama como intérprete en países de habla francesa.

En el 2004, Ricard participó junto a Davidson (¿lo recuerdas?, el científico que líneas más arriba afirmó lo de la “activación cerebral a escala nunca vista”) en una investigación para cuantificar los efectos de la meditación en el cerebro. Gracias a dicho estudio se determinó que Ricard produjo niveles de emoción positiva en el córtex prefrontal izquierdo a una intensidad que jamás había sido registrada en la literatura científica.

Sin embargo, para Ricard el secreto de la felicidad es algo muy sencillo: no buscar el amor egoísta, sino la práctica continua y activa de la compasión.

 

Es posible incrementar la empatía

La empatía ocurre cuando sincronizamos nuestro estado de ánimo con las emociones de otra persona. La Universidad de Stanford tiene todo un instituto de investigación dedicado a la empatía y el altruismo, en donde el neuroeconomista Brian Knutson analizó el cerebro de algunos monjes mediante un aparato de imagen por resonancia magnética para medir la respuesta del núcleo accumbens, parte del circuito de riesgo y recompensa del cerebro. Cuando experimentamos emociones placenteras, como tener relaciones sexuales o tener un golpe de suerte, nuestro cerebro secreta serotonina, un neurotransmisor que nos enseña a promover ciertas acciones en lugar de otras.

La investigación de Knutson mostró que “la visión del mundo del budismo puede ofrecer información potencialmente interesante sobre los circuitos de recompensa subcortical involucrados en la motivación”.

Como hemos mencionado en otro artículo, el cerebro no es una computadora, ni funciona exactamente como una. No obstante, los experimentos han mostrado que, hasta cierto punto, es posible programar el cerebro para producir la sensación de bienestar.

Cuando los monjes meditan sobre “amor incondicional, amabilidad y compasión” sus cerebros generan ondas gamma, las ondas cerebrales con oscilación de aproximadamente 40 ciclos por segundo, que son indicadoras de una altísima atención y difícilmente captables. A pesar de ello, las ondas gamma de monjes como Ricard son fácilmente captables incluso en un encefalograma.

Esto se traduce en que podemos enseñar a nuestro cerebro a secretar serotonina (es decir, a ser más feliz) simplemente al meditar y ejercitar la amabilidad y la compasión, lo cual reafirma la idea de que la meditación podría revertir o ayudar a paliar los efectos de la depresión y otros padecimientos psiquiátricos.

El diálogo entre la religión y la ciencia no tiene una historia muy amable. Sin embargo, el mutuo interés de los practicantes de budismo por dar a conocer al mundo los beneficios de su práctica, así como la curiosidad de los científicos por comprender y cuantificar dichos beneficios, han producido un intercambio luminoso que nos invita a un nuevo enfoque sobre la mente humana: un enfoque donde las emociones no sean descartadas, ni donde la razón tenga la última palabra.

 

 

* Imagen de portada: Lion’s Roar



Meditando en una sociedad hiperconectada: cómo hacerlo sin desconectarse

El budismo reúne prácticas y conocimientos que pueden ayudarnos a lidiar con nuestras manías de Internet.

Es cierto: en una sociedad hiperconectada, no es muy viable desconectarse de por vida. Pero podemos utilizar los medios digitales a nuestro favor, si nos hacemos de un gran hábito: la meditación

Vivimos en una sociedad de sujeción a las pantallas. Éstas nos iluminan con destellos azules que, se ha comprobado, inhiben procesos fundamentales para nuestro equilibrio psíquico y corporal. No es, por lo demás, una iluminación como podemos entenderla según las enseñanzas y prácticas del budismo, la cual lleva a la sabiduría y a la felicidad.

Muy al contrario, las pantallas nos están volviendo miserables. Tan sólo en México, las personas pasan un promedio de 8 horas diarias en Internet, una red digital que, si bien ha revolucionado nuestras vidas para bien, también se ha convertido paulatinamente en un desorden mental cada vez más grave a nivel mundial.

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Ilustración: Kilian Eng

Pero aunque los gadgets pueden modificar la química de nuestro cerebro para mal, todo depende de cómo nos relacionemos con ellos y qué prácticas tengamos afuera del mundo digital.

El budismo como filosofía, y la meditación como práctica que lo acompaña –a través del yoga, el zazen o el mindfulness–, son los santuarios perfectos para poner en equilibrio nuestras vidas, en momentos donde no parece haber sitios disponibles para refugiarnos de la hiperconectividad que nos asola y de nuestra cada vez más fuerte adicción a los celulares.

De esta forma, el budismo es un atisbo milenario de sabiduría, que se ha reactualizado para ayudarnos a sobrellevar los problemas de un mundo digital hiperconectado.

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Como pudo dar a conocer NPR, en la congregación budista All Beings Zen Sangha se realizan interesantes ejercicios durante las sesiones de meditación para ayudar a los participantes a tener una experiencia online más consciente.

Mark Stone, uno de los monjes que dirigen las sesiones, recomienda alejar los celulares lo más que podamos de nuestras rutinas cotidianas. Pero, consciente de que la mayoría no podemos prescindir de estos gadgets, Stone llama a que al usarlos seamos conscientes de nuestra postura, nuestra respiración y, sobre todo, el tiempo que pasamos en ellos.

La cuestión no es tanto desconectarse del mundo digital sino aprender a estar conectado siempre, no sólo al Internet, sino primordialmente al mundo real. Se trata de usar cosas como los celulares de manera consciente, como de hecho lo hacen los monjes en monasterios del Tíbet, donde más de 700 miembros tienen ya tablets y smartphones.

Con los celulares, como con todo en la vida, la clave está en mantener la sabiduría y la voluntad por sobre cualquier otro poder negativo que pueda perjudicarnos. Así que la próxima vez que medites, checa tus notificaciones… pero con conciencia.

 

* Imágenes: 1) edición Ecoosfera; 2) Kilian Enf; 3) Nola Lee Kelsey