Un árbol de 3 mil años ha cambiado de sexo

Este histórico ejemplar escocés ha sorprendido al mundo con su inesperada mutación de género.

Foto:Mogens Engelund/Wikimedia Commons 

En el registro de los árboles más viejos del mundo, Matusalén es el más, con alrededor de 5000 años. Sin embargo hay algunos cuyo nacimiento no es tan sencillo de identificar y que podrían rondar en las fechas de longevidad de Matusalén, uno ejemplo de estos es el del árbol más viejo de Inglaterra, llamado el tejo  Fortingall, localizado en Perthshire, Escocia.

Este árbol tiene entre 3 y 5 mil años; ha sido uno venerable en la historia de Gran Bretaña y los científicos siempre lo han reconocido como un árbol femenino. Esta especie como muchas del reino botánico tiene una distinción entre su tipo de género, hay tejos femeninos y tejos masculinos.

Los científicos, naturalmente, siempre han mostrado un interés en el estudio de este árbol. Pero algo ha sucedido en el último análisis hecho por Max Coleman del Jardín Real Botánico de Edimburgo. Este investigador recién encontró bayas rojas creciendo del árbol, lo que de hecho es una señal de un tejo femenino. Lo curioso, es que en todas las investigaciones anteriores este había resultado como uno masculino.

“Los machos tienen pequeñas y esféricas estructuras que liberan polen cuando maduran.” comparte Coleman en su blog. Por su parte, las hembras germinan bayas rojas desde el otoño hasta el invierno”.

Nadie esperaba el cambio de sexo de esta ejemplar pero es un fenómeno que ha maravillado a muchos y que será profundamente estudiado.

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Suzanne Simard descubre cómo se comunican los árboles entre ellos (VIDEO)

Simard, de la Universidad de Columbia Británica, en Canadá, explica que se trata de una simbiosis en la que las plantas contribuyen al desarrollo y crecimiento mutuo resultando en la biodiversidad del bosque en diferentes regiones del mundo.

Durante años, investigadores a lo largo del mundo han intentado descubrir la ciencia que hay detrás de la ciencia de la comunicación de los árboles. Se sospechaba que estas especies vegetales solían comunicarse a través de una vibración desarrollada y transmitida por las raíces subterráneas. Ahora, con las investigaciones realizadas por la ecólogo forestal Suzanne Simard, se sabe que las plantas interactúan y se comunican a través de una red subterránea de hongos, los cuales unen a las plantas con el ecosistema circundante. 

Simard, de la Universidad de Columbia Británica, en Canadá, explica que se trata de una simbiosis en la que las plantas contribuyen al desarrollo y crecimiento mutuo resultando en la biodiversidad del bosque en diferentes regiones del mundo. Este descubrimiento se produjo durante la observación microscópica de pequeñas bandas de hongos de color blanco y amarillo que se encuentran en el suelo de los bosques, en donde lograron vislumbrar cómo los hongos están conectados a las raíces del árbol y gracias ae sa conexión, logran intercambiar carbono, agua y nutrientes. 

En palabras de Simard, “Los grandes árboles proporcionan subsidios a los más jóvenes a través de esta red de hongos. Sin esta ayuda, la mayoría de las plántulas no se desarrollarían.” Es decir que los árboles más antiguos, más desarrollados y grandes, son “plantas madre” que se encargan de la gestión de los recursos de una comunidad de plantas a través de los hongos: “Esta conexión es tan fuerte que cuando se corta un árbol de este tamaño, la tasa de supervivencia de los miembros más jóvenes del bosque o selva se reduce drásticamente. La conexión existente entre las plantas es comparable con la sinapsis de las neuronas humanas.”

Conoce a continuación un poco más sobre la investigación: 

 



El hombre que ha monetizado el valor de los árboles urbanos

David Nowak ha investigado por veinte años cómo valuar los beneficios de los árboles para gestionar su multiplicación

Generalmente estamos acostumbrados a comparar el valor de los costos y beneficios de casi cualquier cosa en términos económicos. De no ser así, culturalmente es complicado dimensionar las repercusiones positivas o negativas que algún fenómeno tiene en nuestras vidas.

Para la gestión de negocios o cualquier acuerdo, pareciera que las cifras numéricas son las preferidas para dimensionar las ventajas o desventajas de algo. Tomando en cuenta lo anterior, y tras veinte años de un análisis de los árboles de varias ciudades en Estados Unidos, David Nowak creó un sitio web que permite calcular el valor económico de los árboles. Esta estimación toma en cuenta factores como la cantidad de bióxido de carbono procesado, la porción de oxígeno emitido, o bien la cantidad de agua originada por el árbol.

Actualmente el gobierno de Estados Unidos utiliza la creación de Nowak en el U.S. Forest Service, el sitio se llama “i-Tree platform”. La ventaja de valuar a los árboles económicamente, es que incluye a estos en una categoría en la que nunca antes habían estado, lo cual facilita la gestión para que gobiernos y empresas, concientes de sus beneficios, den prioridad al tema.

¿Cuánto vale la naturaleza? ¿Es posible medirla? David Nowak demuestra que si tenemos valores asignados a ciertos recursos naturales como el agua o el gas, resulta viable estimar costos y beneficios en salud, y en repercusiones ambientales, sobre otras expresiones de la naturaleza.

Para lograr cambios en ocasiones es necesario hablar el mismo lenguaje que el sistema maneja, David Nowak lo dedujo y poco a poco su herramienta se convierte en un razonamiento, reconocido globalmente, para la lucha en pro de propagación de árboles dentro de las urbes.