Por intuición, sabemos que la naturaleza nos hace mucho bien. A la par, gracias a la ciencia, podemos confirmar los beneficios que el solo hecho de posarnos sobre la naturaleza nos comparte. También intuimos que apreciar momentos hermosos en la natura, como un atardecer o amanecer, es bueno para la salud, sobre todo mental, pero asimismo, algunos estudios han comprobado sus beneficios para el cuerpo.

Más allá de que dedicar momentos a la contemplación y a la relajación de la mente para mitigar el estrés diario es benéfico, en un estudio de la Universidad del Noroeste se encontró que la exposición a la luz temprana del día mejora tu metabolismo e incluso está ligada a la pérdida de peso.

Por otro lado, en el aspecto psicológico, darle tu atención al atardecer y al anochecer hace que hagas consciente el ciclo natural del día; con ello, tus actividades también van acoplándose a esta dinámica que influye en nuestro verdadero reloj, el natural (recordemos que la creación del tiempo es tan sólo una medida aceptada socialmente).

Igualmente, está comprobado que exponerte a la luz del sol mejora tu humor y tu salud, y el atardecer y amanecer son los momentos más amables para recibir los rayos del sol sin que dañes tu piel.

Si a lo anterior le añadimos la experiencia estética de este milenario ritual, su generosidad no demanda más explicaciones.