La fascinante anatomía de las plumas de las aves

Una obra maestra de la naturaleza, el plumaje de las aves denota no sólo una eufórica estética, sino también una minuciosa funcionalidad.

Desde tiempo remotos, la humanidad ha estado fascinada por el vuelo de las aves. Siempre hemos admirado la manera en que realizan sus desplazamientos, sus trayectorias, e incluso hemos asociado la idea de volar con psicopompos y con la idea de libertad. La mitología griega inmortaliza al “hombre alado” a través de Ícaro, Leonardo da Vinci en varios artefactos para elevarse del suelo, y al fin, en el siglo XX, la humanidad logró despegar, aunque no con alas como se había previsto.

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La estructura de las alas y las plumas, sin embargo, no ha cesado de encender apasionadas discusiones entre los evolucionistas. La discusión se ha centrado especialmente en si la evolución de las aves sucedió en dos secuencias distintas: a) reptil-ave o b) reptil-mamífero, debate que sigue inconcluso hasta el momento, pero estos son los estudios más exquisitos al respecto:

Charles Darwin dedicó casi cuatro capítulos a descifrar la importancia de las plumas, tanto para entender la anatomía de las aves como para comprender su atractivo. El biólogo norteamericano Thor Hanson, en su bellísimo libro Plumas: La evolución de un milagro natural, señala que las plumas son estructuras que definen a las aves como tales desde el momento en el que se separaron de los dinosaurios.

Destin Sandlin, de Smarter Every Day, explica que el diseño de las plumas es tan complejo que el evolucionismo no acaba de comprenderlo del todo. Nos muestra cómo las plumas se juntan cuando las alas se dirigen hacia abajo al planear, evitando que el aire pase entre ellas. A ese fenómeno se le conoce como fuerza de sustentación, que es producida por la corriente de aire que acaricia las alas. La fuerza o presión del aire es ligeramente mayor en la parte inferior del ala que en la superior.

La intrincada estructura de las plumas es casi mágica, pues tienen una perfección inusual para el vuelo: son ligeras, fuertes y aerodinámicas. Las aves se elevan incrementando el aire sobre sus alas y pueden permanecer suspendidas en corrientes de aire suficientemente fuertes, maravillando a todos por igual, sin que hayamos podido dilucidar exactamente su funcionamiento.

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Las aves rapaces de Australia que están aprendiendo a controlar el fuego

Estas aves utilizan el fuego como arma de caza.

Las primeras fogatas marcaron un hito en la evolución de nuestra especie. El dominio del fiero elemento permitió alumbrar, calentar y cazar. Aparte de los humanos, ninguna otra criatura había iniciado un fuego deliberadamente… hasta ahora, pues al parecer, algunas especies de aves rapaces de Australia han aprendido a controlar el fuego.

¿Por qué estas aves están jugando con fuego? Varios observadores han visto al milano negro y al halcón berigora recoger ramas encendidas para luego llevarlas a otros lugares y dejarlas caer. Esta conducta lleva tanto tiempo que ya ha sido estudiada. Según una investigación publicada en el Journal of Ethnobiologyparece relacionarse con un instinto básico de estas especies: la caza. El fuego es un peligro para las lagartijas, víboras y roedores que les sirven de alimento. Para estas aves, sin embargo, el fuego es un arma. 

El milano negro y el halcón berigora provocan un pequeño incendio con las ramas que dejan caer. Después, reciben a las pequeñas especies que emprenden la huida a pocos metros del mismo. Este audaz sentido de la estrategia se asemeja al de los humanos a un nivel sorprendente. Si aprender a controlar el fuego fue la catálisis de toda nuestra civilización, ¿qué significará para estas aves? 

Por el momento, podemos adjudicarlo al impredecible flujo de la evolución. Tiene todo el sentido que las aves naturalmente busquen maneras de alimentarse de forma más eficiente. Pero el punto que sobresale es la inteligencia que estas especies han sido capaces de desarrollar. Hasta hace poco tiempo, la idea de una conciencia animal no estaba en el horizonte. Seguramente esto se debe, más que nada, a nuestra falta de atención. 

Varios animales poseen una sensibilidad impresionante y compleja que abarca todos los ámbitos de la conciencia humana: la comunicación, los lazos sociales, la capacidad de cálculo. Si algo nos acaban de demostrar estas aves es que los humanos no somos -ni seremos- los únicos en constante transformación.

 

* Fuentes

Mark BontaRobert GosfordDick EussenNathan FergusonErana Loveless y Maxwell Witwer “Intentional Fire-Spreading by “Firehawk” Raptors in Northern Australia,” Journal of Ethnobiology37(4), (1 Diciembre 2017). https://doi.org/10.2993/0278-0771-37.4.700



¿Cómo identificar aves? 5 sencillos pasos

Identifica cualquier especie de pájaro con esta guía.

¿Viste un ave hermosa el otro día y no tienes la más remota idea de su nombre? Seguramente te has hallado en este escenario; después de todo, contemplar el vuelo de las aves es una de las experiencias más entrañables que podemos obtener del entorno. Aprender a identificarlas puede convertirse en un pasatiempo que te reconecte con la naturaleza y el instante presente. Aquí te mostramos cinco sencillos pasos para lograrlo.

 

1. Observa su tamaño

Es la característica más sencilla de identificar. Observa el tamaño del pájaro que tienes enfrente: ¿es más grande o más chico que alguna otra especie que conoces? ¿es del tamaño de una paloma o de un pato? Si no estás muy seguro de cómo medirlo, fíjate en los objetos que están a su alrededor: árboles, piedras, plantas. Este ejercicio te dará una idea aproximada del tamaño del ave. 

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2. Mira su forma

Contempla cuidadosamente la silueta del pájaro; puedes hacer un dibujo rápido en una libreta para tener una idea más clara de su forma. ¿Tiene la forma de un carpintero, un búho, una garza? Tómate el tiempo de admirar cada detalle: ¿cuál es la forma y el tamaño de su cola? ¿Es más larga que su cuerpo? ¿Qué tan grueso o plano es su pico? Recuerda que comparar el ave con otras especies que ya conozcas es una de las claves para identificarla

 

3. ¿Cómo se comporta el pájaro? 

Si tienes la suerte de atrapar a uno de estos animales comiendo, fíjate bien en su alimento. ¿Son semillas, gusanos, frutas? El entorno en el que divises el ave es un gran indicador de su especie. Observa si el pájaro se encuentra solo o si forma parte de una parvada. También, presta atención al sitio donde ha decidido posarse: ¿es en la rama de un árbol? ¿cerca de un arbusto? Estos detalles sutiles te ayudarán a determinar la categoría general del ave.

 

4. Registra su hábitat

¿En dónde habita el ave que te está quitando el sueño? Pregúntate si está cerca de un cuerpo de agua, de un bosque templado o si se encuentra en medio de un valle. Muy seguramente no hallarás a un correcaminos en medio de la playa o a un pelícano descansando en el desierto. Si no sabes exactamente en qué clase de entorno te ubicas, puedes consultarlo en Internet y así delimitar especies.

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5. Contempla sus colores

Esta es nuestro paso favorito: no hay nada más disfrutable que hallarse ante un ave llena de color. De hecho, es probable que sus brillantes plumas hayan despertado tu curiosidad en primer lugar. Fíjate si tiene alguna marca de color sobresaliente: tal vez una mota roja cerca del pico o un mechón amarillo. ¿Por qué el paso más evidente es justo el último? Hay una buena razón: hay aves que cambian de color según la temporada. Así que asegúrate de registrar primero todas las características anteriores.