Descubre lo que la meditación hace a tu cerebro (FOTO)

En su aparente no actividad, paradójicamente en realidad tu masa gris está más activa de lo que crees, pero de una manera equilibrada.

Hace apenas unas décadas hablar de meditación en Occidente era considerado parte de una creencia de tipo religiosa que poco tenía que ver con una veracidad contundente. Ello ha ido cambiando, más allá de una conexión a un estado más místico, los beneficios físicos de la meditación han sorprendido a muchos y esta data ha ido incorporándose a la cultura, por ello es cada vez más aceptada en la cotidianidad como una práctica imprescindible para la salud, sobre todo psicológica.

La neurociencia, además, ha conseguido escaneos que nos permite conocer el interesante y magnético estado del cerebro cuando se encuentra meditando.

Según las conclusiones de la neurocientífica Sara Lazar, y quien en un inicio era escéptica al respecto de las bondades de la meditación, ha comprobado luego de iniciar a un grupo de voluntarios en la meditación por 8 semanas (sorpresivamente solo 8 semanas) que el cerebro de estas personas presentó 4 cambios representativos en al menos 4 zonas:

En la corteza cingulada posterior, asociada con la divagación y la importancia de sí.

El lado derecho del hipocampo, asociado con el aprendizaje, la cognición, la memoria y la regulación de las emociones.

La juntura temporoparietal, en donde se procesan la toma de perspectiva, la empatía y la compasión.

El puente troncoencefálico, en donde se produce una buena cantidad de los neurotransmisores con los que funciona nuestro cerebro.

Lazar además había anteriormente estudiado a un grupo que había hecho meditación una buena parte de su vida, en el análisis de los cerebros de estas personas encontró que tenían más desarrollao el córtex frontal en comparación con otro grupo que jamás había meditado. Esta área está vinculada a la memoria y a la toma de decisiones.

La imagen siguiente imagen de quo muestra en colores las zonas que presentan una mayor actividad en el cerebro en comparación con un estado de no meditación; vinculadas estas zonas de coloreadas a un mayor procesamiento de sentimientos y pensamientos.

 

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Es curioso, como si tu cerebro a partir de la aparente no actividad de la meditación, fuese capaz de trabajar procesando aún más información dándote con ello más claridad en tu vida diaria, e incluso herramientas cognitivas para afrontar problemas complejos y completamente lógico-racionales.



Lo que los monjes budistas le enseñan a la neurociencia (Estudios)

El budismo y la neurociencia mantienen un diálogo donde los científicos y los monjes aprenden unos de otros.

Tal vez ninguna práctica espiritual se haya ocupado tanto de la mente como las diferentes ramas del budismo. La mente no es externa al cuerpo ni es el cuerpo: es la naturaleza de todas las cosas. La mente, nos dice una antigua enseñanza, es como el viajero que se hospeda en la posada del cuerpo. Al morir el cuerpo, la mente viaja a un nuevo aposento y continúa su viaje por subsecuentes ciclos vitales.

Aunque el aspecto religioso del budismo sea muy distinto al de las creencias predominantes en Occidente, lo cierto es que desde los años 60 del siglo pasado el budismo ha gozado de una enorme popularidad. Esto también produjo una ola de interés científico por las aparentes proezas que los monjes budistas son capaces de realizar.

 

Rompiendo la barrera del yo

Zoran Josipovic es investigador en neurología de la Universidad de Nueva York y monje budista. Para él, la investigación sobre la meditación “es muy promisoria, porque señala la capacidad del cerebro para cambiar y optimizarse de maneras que no sabíamos que eran posibles”. Durante su investigación pionera, Josipovic analizó los cerebros de 20 monjes experimentados mediante un aparato de resonancia magnética. En términos normales, los cerebros humanos se organizan en dos sistemas diferentes: la red neuronal extrínseca, activa cuando nos enfocamos en tareas sociales o que involucran movimientos, y la red neuronal intrínseca (o por defecto), que sirve para la gestión emocional. 

La mente no dual, aquella a la que aspiran los practicantes y en la cual la aversión y el deseo han sido rebasados, podría ser la contraparte del hecho de que las zonas del cerebro responsables del amor y del odio funcionan bajo patrones muy similares

Por su parte, Richard J. Davidson, profesor de psicología y psiquiatría de la Universidad de Winsconsin-Madison, descubrió que quienes practicaron la meditación durante un largo tiempo “mostraron activación cerebral a una escala que nunca habíamos visto antes”, a lo que añade que “su práctica mental está teniendo efectos en el cerebro de la misma forma que la práctica del golf o el tenis mejoran el rendimiento”. Esta metáfora resulta certera en el caso de los futbolistas que practican algún tipo de meditación.

Aprender junto a los monjes budistas sobre ese extraño viajero que es la mente ha permitido que los investigadores comprendan mejor la posada del cuerpo. Aquí algunos de los más destacables descubrimientos:

Es posible modificar el funcionamiento y estructura cerebral

Davidson descubrió que los monjes budistas tibetanos pueden incrementar la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para aprovechar nuevas experiencias para crear cambios duraderos y nuevas conexiones. Sin embargo, no es un logro que sea posible a corto plazo:

Luego de decenas de miles de horas de meditación, los practicantes habían alterado la función y estructura de sus cerebros.

Trycicle.org

 

Es posible alterar la percepción visual y la atención

¿Sabes poner atención? Una persona que no practica meditación es capaz de mantener la atención sobre un objeto durante 2.6 segundos en promedio. Comparado con esto, un monje es capaz de mantener una constante percepción visual de un objeto durante 723 segundos.

Se estableció este dato luego de que un equipo conjunto de la Universidad de Queensland en Australia y de la Universidad de California en Berkeley viajaron al Tíbet a estudiar la percepción visual de 76 monjes budistas, y la compararon con la de un grupo de control.

El estudio se centró en el efecto que tiene la meditación sobre la “rivalidad binocular”, un fenómeno natural que puede potenciarse al presentarle a cada ojo una imagen distinta. Durante un fenómeno de rivalidad perceptual (que también puede ocurrir en otros sentidos, como el oído o el olfato), la atención del cerebro se desplaza imperceptiblemente entre dos estímulos sin enfocarse en ninguno.

La prometedora conclusión es que, luego de años de meditación, un monje es capaz de disminuir e incluso controlar este desplazamiento para no permitir que su atención divague entre dos estímulos. 

 

Es posible ser más feliz

El monje francés Matthieu Ricard ha sido llamado por los medios “el hombre más feliz de laTierra”, y podría haber algo de razón en ello. Ricard posee un doctorado en genética molecular, pero desde los años 70 vive en el Tíbet, y suele acompañar al Dalái Lama como intérprete en países de habla francesa.

En el 2004, Ricard participó junto a Davidson (¿lo recuerdas?, el científico que líneas más arriba afirmó lo de la “activación cerebral a escala nunca vista”) en una investigación para cuantificar los efectos de la meditación en el cerebro. Gracias a dicho estudio se determinó que Ricard produjo niveles de emoción positiva en el córtex prefrontal izquierdo a una intensidad que jamás había sido registrada en la literatura científica.

Sin embargo, para Ricard el secreto de la felicidad es algo muy sencillo: no buscar el amor egoísta, sino la práctica continua y activa de la compasión.

 

Es posible incrementar la empatía

La empatía ocurre cuando sincronizamos nuestro estado de ánimo con las emociones de otra persona. La Universidad de Stanford tiene todo un instituto de investigación dedicado a la empatía y el altruismo, en donde el neuroeconomista Brian Knutson analizó el cerebro de algunos monjes mediante un aparato de imagen por resonancia magnética para medir la respuesta del núcleo accumbens, parte del circuito de riesgo y recompensa del cerebro. Cuando experimentamos emociones placenteras, como tener relaciones sexuales o tener un golpe de suerte, nuestro cerebro secreta serotonina, un neurotransmisor que nos enseña a promover ciertas acciones en lugar de otras.

La investigación de Knutson mostró que “la visión del mundo del budismo puede ofrecer información potencialmente interesante sobre los circuitos de recompensa subcortical involucrados en la motivación”.

Como hemos mencionado en otro artículo, el cerebro no es una computadora, ni funciona exactamente como una. No obstante, los experimentos han mostrado que, hasta cierto punto, es posible programar el cerebro para producir la sensación de bienestar.

Cuando los monjes meditan sobre “amor incondicional, amabilidad y compasión” sus cerebros generan ondas gamma, las ondas cerebrales con oscilación de aproximadamente 40 ciclos por segundo, que son indicadoras de una altísima atención y difícilmente captables. A pesar de ello, las ondas gamma de monjes como Ricard son fácilmente captables incluso en un encefalograma.

Esto se traduce en que podemos enseñar a nuestro cerebro a secretar serotonina (es decir, a ser más feliz) simplemente al meditar y ejercitar la amabilidad y la compasión, lo cual reafirma la idea de que la meditación podría revertir o ayudar a paliar los efectos de la depresión y otros padecimientos psiquiátricos.

El diálogo entre la religión y la ciencia no tiene una historia muy amable. Sin embargo, el mutuo interés de los practicantes de budismo por dar a conocer al mundo los beneficios de su práctica, así como la curiosidad de los científicos por comprender y cuantificar dichos beneficios, han producido un intercambio luminoso que nos invita a un nuevo enfoque sobre la mente humana: un enfoque donde las emociones no sean descartadas, ni donde la razón tenga la última palabra.

 

 

* Imagen de portada: Lion’s Roar



Los beneficios de la meditación se quedan contigo hasta por 7 años

Esta práctica trasciende el tiempo que pasas inmerso en ella.

Meditar es una práctica que impacta inmediatamente en nuestra psique y cuerpo: en cuanto cerramos los ojos y nos dejamos llevar por los caminos de la meditación, un nuevo e inusitado mundo se abre ante nosotros. Transitar dichos caminos es, sin duda, una forma de vivir el momento y de alcanzar rápidamente estados de paz interior que en el ajetreo cotidiano suelen ser inaccesibles para nosotros.

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Foto: Hayden Williams

Sin embargo, en un estudio reciente realizado a 60 voluntarios se comprobó que la meditación es más que mera inmediatez: sus portentosos beneficios a la salud pueden permanecer años con nosotros.

Los investigadores de la Universidad de California encargados de este estudio ya habían comprobado, en el 2007, que el mejor rendimiento cognitivo que proporcionan las sesiones de meditación constantes –específicamente, de meditación mindfulness– dura hasta por 3 meses. Dando seguimiento a dicho resultado, los investigadores confirmaron ahora que este tiempo se extiende hasta por 7 años.

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En ambas investigaciones quedó clara una cosa: no sólo los beneficios cognitivos de la meditación permanecen más allá del momento de meditar, sino que una práctica constante mantiene las funciones del cerebro en un estado óptimo durante toda la vida. De esta manera, se pueden prevenir todo tipo de enfermedades y tener mayor salud incluso en edades avanzadas.

 

En cuanto salgo de mi sesión de meditación siento que el mundo me devora otra vez… ¿por qué?

Si ya practicas o has practicado meditación, puede ser que hayas sentido que la paz que te proporciona una sesión se desvanece rápidamente. Lo cierto es que nada puede hacer desaparecer el estrés, la ansiedad o la fatiga de manera definitiva: precisamente por eso, la meditación es una práctica que demanda constancia y disciplina.

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No obstante, los participantes del estudio mencionado dijeron sentir también una mejora en la habilidad para manejar el estrés, y una menor tendencia a la depresión. Esto podría ser vital para combatir ciertas condiciones como la depresión, que padece por lo menos el 5% de los latinoamericanos, muchos de los cuales no están bajo tratamiento. Ahora bien: aunque lo estuvieran, el problema es que los fármacos antidepresivos suelen dejar de surtir efecto con el tiempo y generan una gran dependencia. Contrario a ello, la meditación es una fuente inagotable de bienestar que jamás pierde su poder.

Si a partir de investigaciones como esta –entre otras que ya han comprobado los beneficios de la meditación– la comunidad médica mundial comienza a tomar más en serio prácticas como el tao o el mindfulness, no cabe duda de que la salud colectiva mejorará como nunca antes.

 

* Imágenes: 1) CC; 2) Flickr Ian Burt; 3) Xataka