¿Tienes mucha ansiedad? quizá este mineral te está haciendo falta

Muchas personas se han sorprendido al encontrar que sus conflictos de ansiedad son más tratables de lo que esperaban.

Hoy la celeridad de la vida ha hecho que estemos más concentrados en el trabajo y otras exigencias del sistema capitalista que en nuestras dietas. Pero como milenariamente se conoce, la salud comienza con tus alimentos.

En tiempos ancestrales los antepasados tenían acceso a una alimentación más natural y sana; y de algún modo, el estrés de la vida actual ha hecho que millones de personas caigan en enfermedades anteriormente no tan comunes como la depresión.

La Dr. Emily Deans, experta en la relación ente psicología y nutrición apunta a que quizá, si tienes mucha ansiedad, tengas una deficiencia de magnesio. Este mineral es esencial no solo para el buen desarrollo y crecimiento celular y la apropiada función de los músculos y tu sistema nervioso, también está encargado de mantener los óptimos niveles de serotonina en tu cerebro.

La deficiencia de serotonina, causa depresión y ansiedad, y se convierte en un círculo vicioso, porque cuando tienes estrés, tu organismo consume más magnesio. Así, si te está haciendo falta este último, es también mayormente consumido.

¿ Cómo saber si te está haciendo falta magnesio?

Generalmente los test se hacen vía sanguínea, pero la mayor parte de tu magnesio no se encuentra en tu sangre, lo que hace poco eficiente esta prueba. Por ello, es necesario que ubiques si tienes los siguientes síntomas:

Insomnio

Irritabilidad

Calambres o espasmos musculares

Depresión

Ansiedad

Ritmo cardíaco irregular

Desbalances hormonales

Es importante que comas los alimentos que más tienen magnesio y que son los siguientes, pero en caso de sufrir los síntomas anteriores, y de ser diagnosticado con déficit de este mineral, que asimismo tomes suplementos de este.

Nueces y semillas: de girasol, almendras, anacardos, nueces de brasil, semillas de calabaza.

Sandía

Mariscos

Pescados

Cereales

Acelgas

Espinacas

Alcachofas

Perejil

Aguacate

Kiwi

Plátano

Cerezas

Papaya

Piña



El chile: antidepresivo natural (Estudio)

Un nuevo estudio revela que el chile es un remedio natural prometedor para combatir la depresión.

Para buena parte de América, el chile es el alma de la comida. Y es que el efecto exótico, caliente y sin duda picoso que comparte esta clase de pimiento no se compara con ningún otro.

Si bien dicen que los alimentos provocan ciertos estados minúsculos en el cuerpo que los consume, el chile es el ejemplo perfecto para  darnos cuenta de que es cierto. Incluso hay quienes afirman que ciertos chiles altamente picosos pueden llegar a alterar la conciencia de formas alucinógenas. De ahí que no sorprende la íntima relación entre las propiedades benéficas del chile y la depresión. 

La depresión no ataca únicamente a la mente; también perjudica al cuerpo y, por supuesto, al mundo que lo rodea. Insomnio, debilidad y fatiga son sólo algunos de los síntomas que afectan fuertemente a nuestra sensación de bienestar, sin mencionar que la transformación de la realidad por una más tormentosa es agobiante. 

Pero apenas hace no mucho se descubrió, en el rubro científico, que existen propiedades dentro del chile que resultan altamente favorables para aliviar los síntomas de la depresión. 

Un estudio de la Universidad Estatal de Kaduna, en Nigeria, reveló el poderoso efecto antidepresivo del capsicuum annum, nombre científico que engloba varias variedades de chile (como el serrano, el morrón y el jalapeño).

En el experimento, se buscó comparar los efectos del extracto de chile frente a antidepresivos farmacéuticos como la imipramina y el diazepam. Los resultados fueron sorprendentes: los ratones que consumieron el extracto presentaron una mejoría tan grande como los que recibieron medicamentos. 

Sus efectos curativos se midieron observando un efecto corporal típico de la depresión: la falta de energía. En general, las ratas que consumieron el extracto se mostraron mucho más activas.

Además, sus niveles de pánico se redujeron, lo cual prueba que el chile también puede ser una alternativa para tratar la ansiedad.

¿Por qué el chile es un tratamiento tan prometedor? 

Las pastillas que se recetan para la depresión tienen el respaldo de varias pruebas científicas, pero aún presentan muchos efectos secundarios. 

Según los científicos que llevaron a cabo este experimento, también son difíciles de predecir: no funcionan igual para todas las personas y sus efectos pueden demorar semanas o incluso meses.

Es por eso que nunca está de más acudir a alternativas naturales. El chile también tiene efectos antioxidantes y antiinflamatorios, al igual que un nivel de toxicidad más bajo que el de los farmacéuticos.

Una alimentación saludable es imprescindible para mejorar el estado de ánimo.

Además de añadir un poco más de picante a tus platillos, puedes seguir los siguientes consejos:

1. Evita los alimentos procesados. De acuerdo con un estudio publicado en Science Direct, reducir el consumo de alimentos procesados, como las harinas refinadas, se asocia a un menor riesgo de depresión.

2. Minimiza las grasas animales. La Universidad de Harvard recomienda consumir la menor cantidad posible de grasas animales, sobre todo si se trata de carnes rojas.

3. Come proteínas ligeras. Según ese mismo estudio, las proteínas que se encuentran en el pescado y en el yogurt se relacionan con una menor incidencia de depresión.

4. Prueba el azafrán. De acuerdo con la revista Psychology Today, esta hierba no es sólo un ingrediente delicioso; también equilibra los niveles de dopamina y serotonina en el cerebro, reduciendo los síntomas depresivos. 



¿Por que la vida contemporánea está deprimiendo a tantas personas?

Atravesamos una crisis existencial colectiva que exige reconectar con el inconsciente…

Es curiosa la paradoja contemporánea. Jamás la humanidad había tenido tantos potenciales y capacidades para experimentar la realidad placenteramente, pero quizá nunca la depresión se había hecho tan epidémica, desatando una especie de crisis existencial colectiva.

Contrario a otras cuestiones sociales, es imposible hacer un índice sobre los niveles de depresión en la historia y compararlos con los de hoy. Pero lo cierto es que no es muy arriesgado postular lo anterior, ya que cuando uno piensa en las condiciones de vida de hace 100 o 200 años –o ni se diga 500 años–, es realmente sorprendente lo que podemos hacer: desde alumbrar un cuarto para leer hasta viajar al otro lado del mundo en pocas horas y conectarnos online para acceder un acervo sin límites del conocimiento humano.

Podríamos entender que antes el espíritu fuera más susceptible a la depresión –o a la melancolía, como se conocía a la depresión hasta el siglo XX–. Esto debido a las precarias condiciones de vida, a que las enfermedades eran más mortíferas, a que casi nadie podía acceder al conocimiento o al arte. Pero la verdad es que, al parecer, la depresión es un mal moderno a pesar de que contamos, relativamente, con mejores condiciones de existencia.

Quizá  Freud tenía razón: la depresión ocurre en un individuo cuando el consciente es… demasiado consciente.

O en lenguaje freudiano, cuando el superyó es dominante.

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El superyó es la instancia encargada de reprimir los placeres de nuestro yo y del ello, la parte más primitiva en nosotros. Al parecer, el superyó no es capaz de hacer frente a todos los estímulos que se nos presentan en la actualidad, ni a toda la conciencia que nos otorga esta era de hiperconectividad tecnológica.

Vivimos demasiado conscientes de todo lo que nos rodea, y de lo que no nos rodea también.

Nos enteramos de todo, desde injusticias mediáticas hasta desastres naturales al otro lado del mundo o el ascenso de la ultraderecha en Brasil –no por nada ver noticias se ha vuelto motivo de estrés–. Somos más conscientes, también, de las enfermedades: de lo que produce en el organismo dormir o comer mal. Y sabemos del mal que le ocasionamos al mundo con nuestra cultura del plástico, cuya omnipresencia hace nuestras vidas más fáciles al tiempo que más desechables.

Además, estamos perpetuamente sobreestimulados, lo que está haciendo nuestras expectativas cada vez más difíciles de satisfacer. Los efectos especiales nunca dejan de mejorar, hay un infinito catálogo de nuevas series en Netflix y podemos llenar nuestro iPhone de música que jamás escucharemos.

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Por si fuera poco, nos encontramos brutalmente alejados de la naturaleza, escindidos por completo del contacto con ella. Nos hemos dejado absorber por un estilo de vida cada vez más urbano y artificial, alejado de los rituales y lo sagrado que es esencial en la naturaleza, lo que sin duda se resiente en nuestra psique como un estado de permanente duelo. Y los duelos, según Freud, también promueven la depresión, sean reales –por la pérdida de un ser querido– o simbólicos –por la pérdida de la naturaleza–. Pero, ¿cuál es la solución a todo esto?

 

Conectarnos menos a Internet y reconectar con la naturaleza y el inconsciente

Si es un exceso de conciencia lo que nos tiene así, habría que aprender a dejar de estar siempre hiperconectados y tan conscientes de todo. Porque la conciencia no es mala: nosotros creemos que es vital expandir una nueva conciencia contemporánea. Pero ésta implica valorar el inconsciente: dejarse guiar por instintos como la intuición, darle un poco de espacio a la espontaneidad, y regresar a la naturaleza: a sus rituales y sacralidad.

Por eso en estos tiempos se debe buscar quietud, silencio y espacios naturales donde pasar el tiempo. De hecho, reconectarnos con la naturaleza es, según Carl Jung, volver a nuestro inconsciente. Y eso es lo que necesitamos hoy, más que nunca, para aquietar al superyó.

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Esto significa que debemos saber combinar la rutina con el ritual, y el ritual con lo inesperado. Aprender a meditar, usar menos redes sociales, salir a caminar, y nunca subestimar el poder del contacto real con otra persona. Y también aprender a observar y no sólo mirar, a escuchar y no sólo a oír.

Estas son algunas dosis justas de placer, gozo y felicidad que, creemos, pueden contrarrestar los nocivos efectos de la tecnología sobre nuestra psique. Y es urgente ponerlas en práctica para combatir la crisis existencial colectiva por la que atravesamos.

 

* Imágenes: 1) Pinterest; 2, 3 y 4) David Schermann