El increíble contraste de la parte urbana y el Central Park otoñal de Nueva York

Las ciudades situadas en los hemisferios norte y sur del planeta nos dan un espectáculo sublime cada que llega el otoño.

Cuando llega otoño, los días comienzan a acortarse, y por ello la disminución de horas de luz hace que cambien los pigmentos de las hojas de los árboles: clorofila, carotenoides y antocianinas. No todos los tipos de árboles cambian sus pigmentaciones al mismo ritmo y de la misma manera, por ello, el otoño en ocasiones pinta, en un mismo espacio, una paleta de colores que puede ir desde el amarillo chillante hasta un ocre elegantísimo.

Y quizá este contraste se ve más polarizado que nunca en las ciudades, sobre todo aquellas ubicadas en el hemisferio norte o sur del plantea y que cuentan con amplios espacios verdes en su interior. Nueva York es un ejemplo que embona en las anteriores cualidades, y una fotografía tomada por Kathleen Dolmatch ha atraído singularmente.

El contraste de colores es espectacular y a la vez apacible como lo es el otoño.

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¿Por qué es mejor dejar tiradas las hojas otoñales de tu jardín?

Parece ser que las hojas de otoño en el suelo son capaces de reestructurar el piso y apoyar la salud de la tierra.

Otoño es hermoso. Se trata de una temporada de ensueño en donde la naturaleza se encarga de renovar sus cabellos a través del follaje. Sin embargo, ¿qué tan bueno son las hojas revueltas en el suelo de los jardines y terrenos?

Desde hace años ha permeado un mito acerca de cómo las hojas secas caídas de los árboles matan la yerba del terreno. Sin embargo, de acuerdo con un estudio realizado por David Mizejweski del National Wildlife Federation Naturalist, las hojas caídas brindan un beneficio doble a la tierra: “Las hojas son un mantillo natural que ayuda a eliminar las malas hierbas de la tierra. Por lo que, ¿para qué gastar el dinero en fertilizantes cuando se puede usar uno natural?”

Parece ser que las hojas de otoño en el suelo son capaces de reestructurar el piso y apoyar la salud de la tierra. Esto se debe gracias a que las hojas fungen como una capa física de materiales orgánicos que proveen cobijo a una variedad de vida salvaje de la zona; tales como los insectos. El suelo, por sí solo, recibe una serie de beneficios gracias a las hojas pues también se encargan de alimentar a una gran cantidad de microbios, dandole oportunidad a que crezcan más plantas según la biología del piso. En otras palabras, las hojas generan que la tierra sea fértil, ayudándola a que se vuelva fuerte y llamativa.



¿Por qué las hojas cambian de color en otoño?

Conforme los días comienzan a acortarse, la ausencia de luz de sol en las hojas de los árboles provoca que cambie la producción de tres de sus pigmentos más importantes.

Cada otoño, los árboles se tiñen de tonalidades rojas, amarillas y marrones. ¿Por qué sucede esto?

Conforme los días comienzan a acortarse, la ausencia de luz de sol provoca que cambie la producción de tres de los pigmentos más importantes de las hojas: clorofila, carotenoides y antocianinas.

Clorofila

Se encuentra en las hojas de las plantas, es el compuesto encargado de realizar la fotosíntesis (convertir el CO2 en oxígeno y carbohidratos) y es quien absorbe los rayos rojos y azules de la luz del sol (y refleja las ondas verdes, de ahí el color).

La clorofila es el motor de las plantas, por eso en periodos de crecimiento como la primavera y verano es el pigmento más abundante. Sin embargo, es un compuesto no muy estable. Cuando los días se acortan y las temperaturas bajan, la clorofila se descompone y los pigmentos verdes se comienzan a deslavar.

Carotenoides

Los carotenoides también absorben los rayos de sol y ayudan a la fotosíntesis, sólo que lo hacen a menor escala, absorbiendo una diferente gama de rayos de luz (absorben los azules y verdes, así que reflejan los amarillos). Cuando la clorofila comienza a descomponerse, queda el amarillo de los carotenoides. Cuando éstos también comienzan a desaparecer, queda el color marrón, por ejemplo el de los robles.

Antocianinas

Finalmente, las antocianinas absorben rayos azules y verdes y reflejan una gama de colores como escarlatas, o incluso púrpuras, por eso árboles como los maples o los zumaques (los de las fotos), se ven de color rojo.

Por supuesto hay muchos otros factores que contribuyen al cambio de color de las hojas de los árboles, como la temperatura, humedad, pH y las condiciones del suelo. Pero es la luz (y su ausencia) la que juega el papel más importante en el cambio de colores que adorna cada otoño.

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