El hombre tailandés que con su moto molestó a unos elefantes y luego se disculpó con ellos (FOTOS)

El respeto con el que se dirige a los animales ha causado admiración.

En Tailandia los elefantes son una parte medular de su cosmogonía. Asociados milenariamente a la sabiduría, cuenta su mitología que una princesa llamada Maya soñó que un elefante blanco entraba dentro de ella; ella sería la madre de Buda, y muchos sabios sabían lo que significaba. El elefante en Tailandia es símbolo de la realeza, y era la figura principal de su bandera más antigua.

También existe una conocida anécdota sobre una camada de elefantes que antes del tsunami de 2004 comenzaron llorar y empujaban a los turistas hacia sus lomos, luego estos se adentraron en tierra y así salvaron a estas personas.

Asociados siempre a la sabiduría, en la zona de Surín existe incluso un festival dedicado al elefante cada año. No es extraño, así, que este animal merezca el respeto de los tailandeses desde hace milenios y una fotografía que ha circulado desde hace días tomada en el Parque Nacional Khao Yhai ha conmovido a miles.

En este parque, en una de las rutas migratorias de los elefantes, fue construido un camino; por ello en múltiples ocasiones los transeúntes humanos y estos animales simplemente se encuentran.

Un hombre incomodó con el ruido de su moto a una camada de elefantes que pasaban por ahí: este se orilló e hizo una especie de ritual express en el que se disculpaba con los elefantes. Más que un fanatismo, a los que muchos podrían atribuir el acto, se trata quizá más bien de una manera distinta de ver las cosas, como parte de un sistema de códigos que debe respetar la unidad que somos, quizá como un ritmo que no debe irrumpirse.

man-apologizes-elephants-khao-yai-national-park-thailand-3-1



Los elefantes merecen ser tratados como personas (aquí te explicamos por qué)

Como nosotros, los elefantes sienten, se comunican de forma compleja y forman lazos sociales.

Según un ensayo publicado por el doctor Don Ross en la revista Aeon, los elefantes tienen todo el potencial para ser considerados personas; si no lo expresan, es porque carecen de las herramientas para hacerlo. Esta aseveración no surge de la mente de algún romántico o de un loco: está basada en décadas de estudios científicos.

Al igual que un puñado de otros animales (entre ellos los cuervos, delfines, chimpancés y gorilas), los elefantes poseen una sensibilidad impresionante que los separa del resto del reino animal. Aunque claramente no pertenecen a la especie humana ni escribirán tratados filosóficos pronto, sí que cumplen con las características que los hace merecer el respeto y la empatía que conferimos a las personas.

 

 

¿Por qué podrían ser como personas? 

Si todo esto parece un poco absurdo, tal vez serviría considerar la definición de persona. Legalmente, se trata de quien puede adquirir derechos y contraer obligaciones. Bajo esa idea, ni los niños ni los humanos con capacidades intelectuales diferentes son considerados personas según la ley.

La legalidad no es lo único que define a quiénes tratamos con el cuidado que merece una persona. ¿Cuál es la clave, entonces? 

Los atributos principales de una persona que menciona el doctor Ross, basándose en la antropología y la filosofía, son el uso del lenguaje y la hipersocialidad. Para ser considerados personas, los elefantes deben poseer un lenguaje complejo, además de la capacidad (y necesidad) de utilizarlo en sociedad. 

 

Los elefantes se comunican de forma compleja

Usan una serie de bufidos, golpes en el suelo y caricias para transmitir mensajes variados. Su habilidad comprensiva es impresionante: pueden entender las reglas de la lotería (y jugarla) y saben distinguir entre las tribus de humanos que los cazan y aquellas que los dejan vivir en paz. 

Según lingüistas como Charles F. Hockett, estas cualidades no son suficientes para considerar que su forma de comunicación clasifica como un lenguaje tan complejo como el humano, pero los elefantes sí podrían cumplir con una importante característica: son capaces de hablar sobre eventos que no han ocurrido todavía.

El doctor Ross relata que los elefantes planifican sus viajes a través de manadas diferentes: le comunican a otros elefantes los peligros que podrían encontrar una vez que crucen ciertas fronteras. 

Esta manera de comunicarse tiene que ver con el fenómeno de la evolución. Los elefantes saben comunicarse tan bien porque han crecido en conjunto y se han visto en la necesidad de crear lazos sociales. Esto nos lleva al siguiente punto…

 

Ellos también padecen traumas (y los superan)

Como nosotros, los elefantes parecen tener cierta conciencia de sí mismos: incluso se reconocen en los espejos. Esto podría apuntar a que tienen el potencial de actuar más allá de su instinto. 

Se ha demostrado que los elefantes pueden padecer traumas que afectan su modo de actuar. Cierto grupo de machos, después de ver como asesinaron a sus padres enfrente de ellos, atacaron con violencia inexplicable a un grupo de rinocerontes. Las hembras, también huérfanas, sufrieron síntomas de estrés postraumático y se volvieron más retraídas.

Ambos comportamientos mejoraron ante la presencia de una figura adulta que se insertó de manera natural en sus manadas, lo cual revela que los elefantes elefantes forman entre sí lazos sólidos de cooperación que los ayudan a sanar.

 

¿Son como nosotros?

Aunque pueden ser entrenados para delinear diseños predibujados, los elefantes no cuentan con una producción creativa que perdure a través del tiempo. Según Ross, esto podría deberse a dos factores: no tienen las herramientas para hacerlo, o simplemente no les interesa.  

Se podría objetar que tampoco razonan en el mayor sentido de la palabra, pero hacer esta afirmación es más difícil de lo que parece. Los humanos tampoco racionalizamos cada una de nuestras actividades.

Según algunos filósofos de Harvard, muchas de las grandes decisiones de nuestra vida no las tomamos tras una extensa deliberación metafísica, sino porque se adhieren a lo que nuestras sociedades esperan de nosotros. Esta manera de actuar no se aleja tanto de la de los elefantes.

Estamos de acuerdo en que no hay forma de saber qué es lo que ellos harían si pudieran razonar. Tal vez aún haya dudas sobre qué tan parecidos son a nosotros, pero está clarísimo que son seres sensibles, conscientes de sí mismos, capaces de comunicar un amplio espectro de cariño y de experimentar dolor psicológico.

Esto quizá arroja una luz sobre una cuestión muy relevante para la vida: ellos merecen la bondad y la empatía que le debemos a todos los seres, aunque no sean humanos

 

* Imagen 2): Haut de Gamme



5 maneras en las que los elefantes son como nosotros, pero mejores

Además de ser el mamífero terrestre más grande del mundo y uno de los más poderosos del planeta, es también uno de los más nobles. Aquí te decimos qué puedes aprender de ellos.

El 12 de agosto fue el Día Mundial de los Elefantes. Para celebrar a estos paquidermos, les presentamos una lista que nos demuestra que estos seres tienen una naturaleza verdaderamente sensible, la cual pone en evidencia las limitaciones de la humanidad.

Mom-and-baby-elephants-holding-hands-or-trunks

1.Fortísimos lazos maternales: Si bien son muchas las madres del reino animal que protegen a sus crías recién nacidas, no son muchas las que les prestan tanta atención y por periodos tan largos. Una madre elefante protegerá a su cría de depredadores y le proveerá sombra. Especialistas han observado que cuando un elefante está a punto de nacer, las hembras de la manada se reúnen a hacer llamados. Cómo si no fuera suficiente, las elefantas tienen un periodo de gestación de 22 meses, el tiempo más largo del reino mamífero.

B369070_fr9.tif

2. Complejos sistemas sociales: Como los humanos, los elefantes conviven en sociedades, aunque las suyas siempre son matriarcados. La elefanta más vieja tiende a ser la que domina al grupo, el resto de la manada consiste de sus hijas y sus crías. Los machos abandonan este núcleo cuando alcanzan la madurez, alrededor de los quince años de edad. Después caminaran solos y se aparearan con hasta doce hembras de diferentes grupos así maximizando la supervivencia de sus genes. De esta manera, mientras que hay una manada núcleo, también existe cierta libertad que garantiza la una mayor variedad genética.

3. Lamentan la muerte de sus familiares: Cuando un miembro de la manada muere, el resto se mantiene a su lado por periodos largos, algunos de ellos lo acarician y los huelen. Tras la muerte de su cría, las madres llegan a pasar días enteros junto al cuerpo y además pueden llegar a experimentar una depresión después, caminando lento y comiendo menos. En ciertas ocasiones ponen pasto o ramas sobre el cuerpo, llevando a especialistas a inferir que los elefantes entienden —hasta cierto grado— la muerte, por lo que pasan un periodo de duelo.

Marina Cano

4. Disfrutan el momento: Por alguna razón muchos consideramos que esta especie es de las más serias del reino animal, sin embargo, son todo lo contrario. Los elefantes son capaces de demostrar muchas emociones, entre ellas felicidad y empatía. Los elefantes pequeños tienden a disfrutar jugar, “chapotear” y corretearse los unos a los otros. Por otro lado, los elefantes adultos se ven aliviados una vez que son liberados y participan en juegos para comunicarse con otros. 

Marina Cano

5. Pueden entender varios idiomas: De acuerdo a un estudio conducido por la Universidad de Sussex en Inglaterra, los elefantes pueden reconocer diferentes idiomas, reaccionar a los que conocen, diferenciar voces de hombres, mujeres y niños y además pueden comprender cuando una persona señala algo, cosa que muchos primates no hacen. También pueden inferir cuando un tono los amenaza, y los grupos con matriarcas mayores reaccionan más rápido a estas situaciones, agrupándose buscando protección.

Sin duda alguna, habrá muchas razones más por las cuales los elefantes (y quizá otros animales) a veces parecen ser mejores personas que nosotros. La inteligencia que demuestran, así como su sensibilidad y los fuertes lazos afectivos que forman nos recuerdan que debajo de esa dura y aparentemente impenetrable piel, hay seres sabios, juguetones y amorosos. Comprenden la importancia de la colaboración, saben que hay mayor seguridad en grupos y defienden siempre a los más jóvenes. Quizá es hora de recordar que, aunque muchas veces es más fácil pensar lo contrario, no somos los únicos animales que son capaces de sentir un amplio espectro de emociones y ahora, más que nunca, su supervivencia depende de nosotros.

Autor: Adriana Morales
Graduada de la Universidad de Edimburgo en Letras Inglesas con Historia del Arte. Publicada en el catalogo de exhibición de Guillermo Ruiz y la Escuela de Escultura y Talla Directa. Amante de la jardinería, viajes y animales.