6 alimentos esenciales para tu salud vaginal

Millones de mujeres sufren infecciones sistemáticas, ya sea urinarias y vaginales. Algunos alimentos te protegerán.

 Foto: primerahora.com

Aunque no se hable mucho de, millones de mujeres, todos los días, sufren de infecciones vaginales o urinarias. La salud del área reproductiva femenina es muy delicada, y aunque no parecieran un asunto mayor, las infecciones en tal área son incomodísimas y comunes.

Las infecciones vaginales o urinarias, el papiloma, o la candidiasis (inflamación genital), pueden estar ligadas en ocasiones a aspectos que de algún modo son ajenos a la mujer, como el caso de baños públicos donde hay ciertas bacterias o virus. Es una realidad, es poco probable que siempre tengas el control de lo que te pasa allá abajo. Pero una manera de cuidar tu vagina y esta área en general, es a partir de alimentos que regulen tu PH en los niveles óptimos como una defensa continua para ti.

Acá algunos alimentos esenciales para cuidar tu area vaginal:

 

Frutas y verduras

Sobre todo aquellas que contengan Vitamina C fortalecerán tu sistema inmunológico para cuidarte de infecciones. Es muy recomendado comer también espinacas, col, y en general las verduras de hojas verdes.

 

Ajo

Sabemos que tiene propiedades antiinfecciosas y antihongos. Es muy útil en caso de que tengas candidiasis.

 

Probióticos y yogurth natural

Ayudará a balancear tu pH manteniendo sus niveles ácidos bajos. Además te proveerán de bacterias benéficas que te defenderán.

 

 

Jugo de arándano

Tiene efectos benéficos para tu riñón, por ello previene y alivia los síntomas de las comunes infecciones urinarias. El arándano acidifica la orina y balancea el pH en el área vaginal. Sus ácidos compuestos, ademas, no se rompen cuando viajan por el sistema digestivo, lo que combate a las bacterias nocivas que han causado la infección.

 

Semillas y nueces

La vitamina E que contienen, previene la sequedad en la vagina. Además, su zinc, es un excelente regulador del ciclo mensual femenino.

 

Agua

Toma los dos litros recomendados al día por que ello ayudará a que tus secreciones de fluidos sean normales, lo que ayudará a mantenerte protegida allá abajo. Recuerda, además, que una vagina seca es más propensa a las enfermedades.



Nuestros padres y abuelos vivían sin plástico, ¿qué podemos aprender de ellos?

Si queremos saber cómo vivir sin plástico, debemos voltear al pasado.

El plástico sintético lleva mucho tiempo entre nosotros. O por lo menos eso aparenta, ya que su presencia es tan omnipresente que pareciera haber estado ahí desde siempre. No obstante, a mitades del siglo XX este material era visto todavía como toda una novedad, y la gente ―nuestros padres y abuelos― se las arreglaban para vivir sin plástico.

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Ahora el plástico es un material cualquiera. Es sin duda muy poco estético: tan feo y corriente que ya sólo lo asociamos con la basura ―ya que el uso que más se le da a este material es para la fabricación de objetos desechables que terminan, la mayoría, en el mar.

Pero no podemos imaginarnos vivir sin plástico, ¿cierto?

¿Cómo reemplazar bolsas, envases, piezas de motores, materiales de construcción, fibras textiles, muebles y todo lo que se hace con este feo material?

Muchas veces buscamos soluciones a nuestros problemas viendo hacia el futuro. En el caso del problema de la contaminación plástica, existen muchos esfuerzos por creas sustitutos al plástico, innovando con tecnología y mucha creatividad ―incluso existen cubiertos comestibles y otros objetos biodegradables por el estilo.

Pero, ¿y si la solución está mirando hacia atrás, al pasado?

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Nuestros padres ―y sus padres antes que ellos― sabían vivir sin plástico. ¿Cómo lo hacían? No necesitaban de mucha tecnología ni de grandilocuentes inventos. Así que podríamos aprender mucho de quienes supieron vivir sin plástico toda su vida ―y también de los que ya están viviendo sin plástico en el presente.

El autor Mark Blackburn, del blog One Brown Planet, pensó en esto, y por eso le preguntó a su madre cómo era su vida sin plástico. Ella le contó cómo eran algunos de sus hábitos en 1950, cuando vivía con una familia de siete en Blackpool, Reino Unido, y el plástico apenas estaba usándose en algunos tejidos y muebles.

De este diálogo pueden surgirte, sin duda, muchas ideas para sustituir objetos de uso diario:

¿Qué tipo de alimentos estaban disponibles y cómo se empaquetaban?

“La mayoría de los alimentos frescos, como papas, zanahorias, guisantes y demás, fueron cultivados localmente y estaban disponibles por temporada. También se podían obtener platano y otras frutas del extranjero durante la mayor parte del año. Cuando un vegetal no estaba en temporada, teníamos que comprarlo en una lata o sustituirlo. También había una gran cantidad de alimentos secos disponibles, generalmente vendidos en grandes recipientes. Lo que sea que necesitaras, lo pesabas en una bolsa de papel marrón. Los artículos de ultramar, como el arroz y la pasta, también eran pesados ​​y luego empacados en una bolsa de papel.

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Para las bebidas, la leche era entregada a la casa en una botella de vidrio. El lechero recogería la botella vacía al día siguiente y la reutilizaba. Las botellas de cerveza y las botellas de refrescos también estaban hechas de vidrio y cuando las devolvías a la tienda obtenías algo de dinero. ¡Siempre andábamos buscando botellas para volver!

También había un hombre de carne que venía con carnes frescas, una vez más envueltas en papel.

En cuanto a los bocadillos y los postres, no había tanta disponibilidad como hoy, pero había papas fritas, galletas y dulces. Nuevamente, venían en grandes recipientes: podías tomarlos y ponerlos en una bolsa de papel o envolverlos en papel de aluminio. También comprábamos conservas y mermeladas en recipientes de vidrio, pero nos asegurabamos de guardarlas para luego usarlas para hacer nuestras propias mermeladas”.

¿Había “comida rápida” disponible?

“Donde vivíamos solo estaba el pub y la tienda Fish & Chips. Todo en la tienda de pescado y papas fritas estaba envuelto en papel a prueba de grasa con periódico en el exterior. Recuerdo que, si guardabas todo el periódico de la semana y lo llevabas a Fish & Chips, ¡te daban una bolsa de papas gratis! ¡Era grandioso!

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¿Hacían muchas cosas en casa o lo compraban todo en la tienda?

“Hacíamos mucho nosotros mismos. Comida, obviamente, pero también ropa. De hecho, tenía casi 13 años antes de que mi madre comprara mi primer vestido nuevo en una tienda. Antes de esto, toda nuestra ropa y ropa interior se fabricaban en casa con el material comprado en la tienda. También tejíamos bufandas y jumpers y sombreros. Las únicas cosas nuevas que comprábamos todos los años eran los zapatos. Tenía un par de zapatos escolares, un par de botas y un par de zapatos deportivos para deportes. Si las suelas se desgastaban, papá las reparaba para que yo pudiera seguir usándolas hasta el próximo año.

Mamá también hacía sus propias mermeladas y conservas, con frutas como moras y ciruelas recolectadas de todo el pueblo. Las mermeladas se almacenaban en los frascos de vidrio que habíamos recolectado durante todo el año”.

¿Y la limpieza de la casa y personal?

“En aquel entonces todos los productos de limpieza venían en cajas de cartón o botellas de vidrio. Usábamos barras de jabón para limpiarnos y el champú venía en baquelita o botella de vidrio. ¡Teníamos que tener cuidado de no romperlos! Recuerdo que incluso nuestra laca para el cabello venía en una botella recargable que llenábamos en la tienda local”

Entonces, ¿qué pasa con el desperdicio, a dónde se iba todo eso? ¿Y cuánto había?

“Bueno, todo el papel de la comida se colocaba en la chimenea y se quemaba para mantener la casa caliente en el invierno o para calentar la caldera de agua para los baños. En ese entonces, solíamos tomar solo un baño a la semana y, por supuesto, ¡teníamos que luchar para conseguir el agua limpia!

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Como mencioné anteriormente, todas las botellas de vidrio se devolvían por dinero en efectivo y teníamos nuestras propias bolsas de compras que reutilizábamos cada semana.

Nuestras sobras de alimentos nunca se desperdiciaron, se usaban principalmente para hacer caldos de verduras o carne. Todos los huesos sobrantes se los dábamos al perro o los quemábamos en el fuego.

Las latas se aplastaban y se ponían en el contenedor, porque no podíamos reciclarlas. Recuerdo que el papel, que originalmente envolvía el pan, se usaba para envolver los sándwiches. Luego lo quemábamos, pero con las cenizas del fuego solíamos hacer senderos, o en el invierno lo usábamos como arenilla para evitar derrapes.

Una familia como la nuestra de 7 personas tiraría alrededor de la mitad de un contenedor por semana de cosas que no podían usarse o devolverse.”

 

 

 

 

 

 



Los espejos medicinales de la naturaleza, cuídate observando la forma de tu alimento

La naturaleza tiene sus analogías explícitas con el cuepo humano, tanto que muchas frutas y vegetales dialogan directamente con alguna parte específica de nuestro cuerpo. Baste ver las semejanzas en las formas para saber en qué nos benefician.

La naturaleza habla por medio de la forma, y apela a un sentido que todos los animales tenemos en común: la asociación. Así, cuando a nuestro cuerpo le falta potasio tenemos un súbito antojo por comer plátanos y jitomates; cuando le falta energía, recuerda la existencia de los chocolates. De acuerdo a su estado de balance, el cuerpo hace asociaciones entre las cosas que conoce y las cosas que en ese momento necesita. Pero el fenómeno es aún más fascinante. Mucho tienen que ver las formas y colores de lo que comemos con los beneficios específicos que otorga cada alimento; como si el mundo de las frutas y vegetales nos hablara directamente.

La zanahoria, por ejemplo, se parece a los ojos. La forma del ojo, la pupila, el iris y las líneas dentro del iris se ven muy parecidas. Alimentarnos con zanahorias sana la visión y ayuda a fortalecerla.

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Las nueces, por su parte, semejan al cerebro, y son una de las mejores fuentes de Omega 3, Omega 6 y Omega 9, mismos que son absolutamente necesarios para su buen funcionamiento.

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Los tallos del apio podrían recordarnos al radio y al cúbito humanos. Son una fuente de calcio indispensable para nuestros huesos.

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Los higos realmente se parecen a los órganos sexuales tanto masculinos como femeninos (vagina y testículos), y ayudan a la fertilidad. Contienen vitamina B6, la cual responde a la serotonina: la hormona de la felicidad.

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Los plátanos son como una mano humana. Sobra decir lo que el potasio hace por los huesos y articulaciones, y ninguna parte de nuestro cuerpo tiene más huesos y articulaciones que la mano.

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La papaya, cortada transversalmente, tienen un gran parecido con los intestinos, tanto en el color como en las vellosidades y la forma. Esta, como bien se sabe,  ayuda a limpiar el colon y permite el buen funcionamiento del aparato digestivo.

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La estructura de la guanábana Cimarrona, mejor conocida como “Noni”, es similar a las células y, de hecho, actúa en su beneficio. Se utiliza popularmente como una terapia contra el cáncer.

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Las fresas rebanadas podrían semejar dientes. Y estas no sólo los blanquean al ser frotadas contra ellos, sino que ayudan a mantener la dentadura fuerte y sana. Su color rojo también indica su parte homóloga para la salud de las encías.

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Los cítricos en general se parecen mucho a las glándulas mamarias y es sabido que ayudan a la buena lactancia y fijan el calcio, que es indispensable para el bebé.

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