Remedios naturales y caseros para la piel seca

De lo más asequibles y económicos; es cosa de aplicar la mayoría de estas opciones a tu piel antes de bañarte.

Para la piel, la mayoría necesitamos aplicar de vez en cuando humectantes. Muchas personas detestan la crema, y este producto suele además estar formado por químicos no muy recomendables.

Los remedios naturales para la piel seca son tan antiguos como la civilización misma… Sobre todo en las esferas de poder, estos aditamentos eran tan necesarios como los rituales. Desde esas mismas épocas milenarias nos vienen remedios naturales y caseros de lo más finos para cuidar tu piel.

Acá algunos:

Gel del Aloe Vera: una de las plantas más maravillosas que existen para la piel. Corta un pedazo y saca el gel que contiene, espárcelo luego en tu piel; sus ácidos son capaces incluso no sólo de humectar tu piel, también de “comerse” las células muertas.

Duchas pequeñas y tibias: si pasas más de 15 minutos en la regadera, entonces los aceites naturales de tu piel se irán perdiendo. También, si el agua es caliente, el aceite natural de tu piel, así mismo, se irá diluyendo.

Aceite de oliva: contiene ácidos grasos y antioxidantes buenísimos para tu piel. Una media hora antes de tomar una ducha esparce un poco de este con un ligero masaje en las áreas que deseas humectar. Una vez que te has duchado agrega solo un poco de tu humectante habitual a tu piel.

Miel: milenariamente es de los mejores aditivos contra la resequedad en tu piel. Es antioxidante, antimicrobiana y humenctante; además ayuda a que tu piel quede lisa y fuerte; también tiene vitaminas y minerales. Antes de tomar una ducha esparce miel natural en tu piel y déjala actuar durante 10 minutos.

Yogurt: sus propiedades hidratantes y antiinflamatorias, así como su ácido láctico, ayudan ayudan a que te deshagas de las bacterias y gérmenes que causan la piel seca. Pon yogurt en tus manos y masajéalo en las zonas secas, déjalo reposar durante diez minutos y luego toma una ducha.

Un baño de leche: el ácido láctico de la leche exfolia las células muertas y ayuda a la piel a restaurar su humedad. Remoja un paño en leche fría y colócalo sobre tu piel seca durante 8 minutos, luego lava gentilmente con agua tibia y pasa un paño  con agua tibia también en la misma zona. Puedes hacerlo cada día.



Amarnos a nosotros mismos en tiempos ensimismados

¿Será posible reinventar al amor propio y llevarlo más allá del culto al individuo?

Amar es desgarrarnos para cosernos, rompernos para pegarnos. Amar es alejarnos para volver, dañarnos para curar. Amar es el más extravagante de los hábitos: un acto efímero en su eternidad. Un péndulo de Foucault oscilando infinitamente.

De entre estas ambivalencias e incertidumbres que constituyen la esencia de esta pasión humana, se alza un aparente antagonismo entre el amor al otro, por un lado, y el de aquel que guardamos para nosotros mismos, por otro.

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Ambos pasan en nuestros tiempos por una crisis que los hace parecer irrealizables y, en ocasiones, también irreconciliables: no hay tiempo de amar a otros porque estamos muy ocupados procurándonos a nosotros mismos. O no nos amamos porque estamos muy ocupados salvando el mundo.

No obstante, amarnos a nosotros parece ser, verdaderamente, el principio desde el cual se desdobla el resto de nuestros actos. Por eso Ron Padgett, nuestro Paterson de carne y hueso, escribe:

Take care of things close to home first. Straighten up your room before you save the world. Then save the world.

(Encárgate de las cosas cercanas a casa primero. Arregla tu cuarto antes de salvar el mundo
Luego salva el mundo)

Parece urgente amarnos si queremos ser capaces de amar a otros en algún momento. Porque si no nos amamos, ¿cómo amar a otros? Tal parece la aritmética de las relaciones humanas: su lógica intrínseca.

Pero el amor no es reductible a operaciones matemáticas. Recuperar el amor propio en estos tiempos es más difícil, quizá, que nunca en la historia. Somos presa fácil de los vacuos discursos sobre el amor, cuya retórica cínica invita a amarnos desde el narcisismo y la mezquindad. Existen también los sustitutos inverosímiles: en lugar de amar, nos sumimos en nuestra psique depresiva y cultivamos un odio que poco a poco nos carcome.

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Ante esas condiciones decadentes, es urgente plantear hipótesis radicales. ¿Qué tal si la única forma de recuperar el amor propio fuera admitiendo que no hay una hoja de ruta que nos marque cómo hacerlo? Suena desolador: si algo buscamos son respuestas tangibles, concretas y que nos den soluciones inmediatas.

Pero amar es precisamente lo contrario a todo ello. Amar –afortunadamente– no es una ciencia, y por ello no existen métodos para aprender a amarnos ni para amar a otros. Por eso, aún en nuestros tiempos ensimismados, el amor sigue siendo un resquicio de libertad para quien se atreve a mirar desde ahí.

Aunque quizá una de las pocas cosas que se pueda afirmar sobre esa cosa contradictoria que es el amor (cuya semántica, por cierto, es el mayor reto de los lingüistas) es que, tanto aquel amor que nos profesamos a nosotros mismos, como el que profesamos a los demás, son indisociables. Ambos tienen una autonomía relativa, tanto como nosotros la tenemos de los demás. Pero su aparente antagonismo o dualidad es producto de nuestra época, y no es sino una ilusión, como muchas de las que sustentan nuestras creencias.

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El amor es una totalidad que sólo puede sobrevivir como tal, retroalimentandose cada una de sus partes de lo uno y lo otro. Hay necesidad mutua, incluso cósmica, entre los tipos de amor, tal y como la hay en el individuo para con los otros, a quienes necesita para poder ser y desdoblarse en sus infinitas posibilidades.

Si algo resume esta idea en una cotidianidad sólo aparentemente sencilla, pero en realidad sumamente compleja, es esta otra metáfora de Padgett en su poema Love:

That is what you gave me

I become the cigarette and you the match

Or I the match and you the cigarette

Blazing with kisses that smoulder towards heaven

(Eso fue lo que me diste: yo me convertí
en cigarrillo y tú en fósforo
o yo en fósforo y tú en cigarrillo
brillando con besos ardiendo hacia el cielo)

El amor propio sólo puede cultivarse cuando aprendemos a ser ya sea el cigarrillo o el fósforo. Es una relación dinámica que ocurre todo el tiempo, todos los días. No hay principios ni finales. No hay identidades definidas permanentemente. Sólo fósforos, cigarrillos y las chispas que simbolizan la valentía que implica amarnos y amar en un mismo tiempo.  

 

*Ilustración principal: Tomasz Mrozkiewicz

 



13 efectivas maneras de rehidratar la piel (y combatir la sequedad)

La piel seca puede ser molesta y dolorosa; por ello te compartimos 13 remedios efectivos para combatirla.

– Usa aceite de oliva. Aplica unas gotas de aceite de oliva en un algodón y aplícalo sobre la zona reseca después de lavar tu cara con agua tibia. 

¡–Integra gérmen de trigo en tu dieta. Agrega dos cucharadas de germen de trigo en el desayuno todas las mañanas. Esto elevará el contenido de vitamina E en el cuerpo, beneficiando al cutis seco. 

– Mezcla aceite de oliva, yogur natural y papa. Aplica esta mezcla en el cutis limpio, deja actuar durante 15 minutos y listo. En caso de que la piel esté agrietada, no es recomendable usar el yogur. 

– Toma un baño de avena. Coloca una 1 taza de avena al fondo de uno de los bordes de las medias –de vestir–. Cierra bien el borde y échala en el agua de la tina. 

– Exfolia con suavidad. Esto ayudará a eliminar las células muertas de la piel y para suavizarla. Procura usar un exfoliante no agresivo y de origen natural. Por ejemplo, en lugar de usar un exfoliante facial, usa una toalla de bebé para masajear con suavidad y pequeños círculos. Recuerda hidratar siempre la piel después de exfoliarla. 

– Bebe mucha agua; así se elimina las toxinas del sistema y lleva los nutrientes a las células. Se mantendrá la piel hidratada y cuidada. 

– Cambia los productos de higiene y belleza que puedes estar usando. Quizá son muy agresivos para tu tipo de piel. 

– Reduce la cantidad de comidas saladas y fritas. Y en su lugar, come grasas saludables; como por ejemplo, aguacate, aceitunas, mantequilla de cacahuate, samón, nueces y tofu. 

 

–Aplica aguacate sobre la piel reseca. Aplástalo y añádele 50 gr de miel. Aplícala sobre tu cara y cuello, deja reposar durante 10 minutos y límpialo con agua fría. 

– Una mascarilla de plátano. Aplasta medio plátano y aplícalo sobre tu rostro y cuello; deja reposar la mascarilla durante cinco minutos y lávala con agua tibia. Puedes añadir un poco de miel. 

– Lava tu rostro con leche. Hidrata la piel y reduce las manchas con 85 gr de leche en una taza, usa una toalla suave para masajear. Evita que sea leche descremada y usa la que tiene un 2 por ciento de grasa o la leche entera. 

– Usa aloe vera. Frota una penca de aloe vera sobre la piel limpia. Déjala reposar durante 15 minutos y límpiala. 

– Hielo. Frota un cubo de hielo por todo el rostro para mejorar la circulación sanguínea.