Lo que una Big Mac hace en tu cuerpo a una hora de haberla comido (INFOGRÁFICO)

Además el sodio y el jarabe de maíz con altos niveles de fructosa son adictivos, lo cual pueden convertirse en factores influyentes en la obesidad.

Aunque sabemos que la comida chatarra es realmente nociva para el cuerpo, la realidad es que a veces tenemos antojo de pecar con esos grasosos y suculentos platillos. Como por ejemplo, una hamburguesa de McDonald’s –dígase, una Big Mac–. Sin embargo, ¿sabes qué provoca este junk food en tu cuerpo?

De acuerdo con el infográfico hecho por fastfoodmenuprice.com, a los diez minutos de haber ingerido este alimento, el cuerpo libera una serie de neuroquímicos como la dopamina –la cual se encarga de brindarle placer al cuerpo, y funciona de manera similar que las drogas como la cocaína–, y recibe 540 calorías que aumentan a niveles anormales de azúcar.

A los 30 minutos, los niveles de sodio se elevaron al grado que puede desencadenar una deshidratación con síntomas de similares al hambre –obligándote a creer que tienes hambre de nuevo. Esto sucede también dado que la hamburguesa tarda más tiempo en digerirse que otros alimentos dado sus altos niveles de grasa –una Big Mac tiene 1.5 gramos de grasas trans, lo cual toma 51 días en digerirse–.

Después de los 40 minutos, el cuerpo está demandando por más comida, debido a que se ha perdido el control sobre la glucosa en la sangre. Mientras tanto, el jarabe de maíz con alta fructosa hace que desees comer más al ser absorbido por el tracto GI causando que la insulina aumente.

Además el sodio y el jarabe de maíz con altos niveles de fructosa son adictivos, lo cual pueden convertirse en factores influyentes en la obesidad –así como la ausencia de actividad y el exceso de calorías. De hecho, una persona saludable no tendría problemas con la glucosa, volviéndola capaz de digerir los carbohidratos en esa comida, a menos que se sufra de diabetes o de una enfermedad cardíaca.

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¿Qué es eso de la revolución de la comida?

Entre las metas del movimiento global es que sean integrados a los planes de estudio para los niños asignaturas sobre la alimentación.

Seguro has escuchado por ahí el nombre de Jaime Oliver, que se ha vuelto muy conocido, sobre todo en el último año. Oliver es un chef británico que inició un movimiento para promover la educación sobre alimentación en las escuelas y el que las familias vuelvan a cocinar. 

La vida ajetreada de las ciudades y el capitalismo pareciera decirnos que lo más importante es trabajar, producir, ser exitosos, y hemos perdido conexión con lo más básico: nuestros alimentos (quizá la relación más primigenia con la naturaleza). Incluso, a veces pareciera que nos estorba la hora de la comida y cumplimos con el requisito de comer como si fuera un deber semi molesto. 

¿Qué sucedió con la ritualización milenaria de la hora de la comida? ¿con los momentos sagrados donde las familias parecían unirse y conocerse más a través de la conversación?

Oliver está consciente de que lo anterior ha sido destruido por un estilo de vida que nos esclaviza y nos exime de los deliciosos momentos que solían darle más profundidad a la vida. Por lo anterior, inició su movimiento Food Revolution, para volver a darle a los alimentos su trascendental valor con objetivos como el que las escuelas del mundo implementen planes de estudio sobre alimentación; que los niños aprendan a cultivar algunos alimentos y mantengan contacto con la tierra, y que los padres vuelvan a cocinar y a inculcar el valor de este ritual a sus hijos: la comida importa, y mucho.

Este 15 de mayo este movimiento tiene su Día de la Revolución de la Comida, en el que se reunirán firmas que serán entregadas en la reunión del G 20 para que los gobiernos implementen planes de estudio que incluyan educación alimenticia. En todo el mundo muchas personas además se unirán para cocinar o hacer eventos comunitarios de alimentación. 

Aquí puedes ver la campaña y empaparte de qué se trata esta iniciativa. Puedes usar también este 15 de mayo el hashtag #FoodRevolutionDay para promoverlo si es que te resuena.



Así es como Latinoamérica se “chatarrizó” en pocos años

Esta situación ha traído como resultado que la dieta tradicional de varias regiones, aquella que tardó siglos en constituirse como parte de la cultura e identidad, está siendo olvidada, entre otros factores, por la publicidad invasiva

Papas o cacahuates con salsa valentina y limón, galletas de chocolate rellenas de una masa misteriosamente considerada como leche, golosinas con grandes cantidades de conservadores y endulzantes artificiales, comida previamente preparada y bombardeada con químicos altos en sodio, como las sopas instantáneas.

En los últimos 20 años, los países de América Latina han aumentado su índice de sobrepeso y obesidad, derivado esto por el alto consumo de productos ultraprocesados ricos en azúcares, grasas y sodio.

De acuerdo con estudios de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las ventas de los productos ultraprocesados (PUP) per cápita se incrementó en los últimos 15 años en 12 países de la zona. En consecuencia, se desplazaron las dietas tradicionales con base en alimentos saludables. Por ejemplo, en México hubo un efecto inversamente proporcional al aumentar el consumo de refrescos, dulces, pasteles y sopas instantáneas y reducirse el uso de productos naturales como el frijol y las frutas y verduras.

Alejandro Calvillo, director de la revista El Poder del Consumidor, explica que “la comida tradicional y el hábito de convivir al comer se está perdiendo”. Esto se debe a la sustitución de los alimentos naturales por los productos realizados mediante “formulaciones creadas a partir de sustancias extraídas de alimentos (grasas, almidones y azúcares). Entre los cuales se encuentran los famosos junk food: los snacks llenos de energía, cereales endulzados, galletas, pasteles, bebidas azucaradas, comida rápida, platillos listos para calentar, etcétera”.

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Esta situación ha traído como resultado que la dieta tradicional de varias regiones, aquella que tardó siglos en constituirse como parte de la cultura e identidad, está siendo olvidada por la publicidad invasiva, los etiquetados, las formulaciones adictivas y la distribución masiva, entre otros factores. Así mismo, los índices de masa corporal de América Latina han ido en aumento, como por ejemplo en México, Chile y Perú.

Las soluciones, más allá de las políticas integrales en la producción de los PUP, incluyen las acciones diarias de cada individuo, desde el consumo en mercados de alimentos locales o regionales hasta la regulación de publicidad en el hogar. Existe una gran cantidad de soluciones para reducir el consumo de productos ultraprocesados y así, disminuir la epidemia de sobrepeso u obesidad en esta región del mundo.