Las increíbles esculturas de Vincent van Gogh hechas con flores (FOTOS)

En el festival de Zundert Flower Parade, cientos de esculturas colosales recorrieron las calles del pueblo dándole vida a los cuadros o imágenes de Vincent van Gogh.

Sí tuviéramos que hablar de un artista comprometido a la belleza de la naturaleza, no podemos voltear a otro lado que hacia el postimpresionista de Vincent van Gogh.

Nacido en Zundert (Países Bajos) hace 162 años, este personaje con un cuadro psíquico de psicosis, creó un legado de símbolos entre la realidad y la fantasía (al menos su fantasía). Y como una manera de homenaje, su pueblo natal le regresa su trabajo a través del recalo más frágil, hermoso y empoderante de la naturaleza: las flores.

En el festival de Zundert Flower Parade, cientos de esculturas colosales recorrieron las calles del pueblo dándole vida a los cuadros o imágenes de Vincent van Gogh, de una manera que sólo el artista es capaz de enaltecer. Te compartimos sus imágenes.

[Boredpanda]



Vincent van Gogh: la naturaleza como reflejo de la vida

Van Gogh tenía la costumbre de hablar con la naturaleza… Ahí encontraba refugio y espejo.

Algunos dudan del talento de Vincent van Gogh; otros se asombran con la trágica vida detrás de cada uno de sus retratos. Pero cuando se conoce a este pintor mediante su cotidianidad, y a través de la intimidad de su correspondencia –publicada bajo el título Even Yours: The Essential Letters–, no cabe duda de que estamos ante un alma peculiar.

Más allá de toda técnica o estética, la obra de Van Gogh logró irradiar esa peculiaridad y todo su ímpetu visionario.

Pero si algo caracterizó a este pintor fue su sintonía con la naturaleza. En ese sentido, la resiliencia es el rasgo más llamativo de Van Gogh, quien aun con todas las dificultades que afrontó –entre desamores, enfermedades, falta de dinero e incomprensión de su arte–, mostró tener las mismas virtudes que la naturaleza; su vida fue un espejo de aquello que amaba y pintaba. 

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Esta resiliencia provenía de una primigenia comprensión de la naturaleza: Van Gogh entendía perfectamente que la naturaleza, como la vida misma, es armonía seguida de caos, y caos seguido de armonía. Fue esta apreciación la que pudo articular en hermosos pensamientos y que se condensaría en sus obras pictóricas más trascendentes.

El pescador sabe que el mar es peligroso y la tormenta es terrible, pero nunca ha encontrado en estos peligros razón suficiente para permanecer en tierra.

Algo que Van Gogh hacía recurrentemente era admirar la naturaleza, así, sin más: en cualquier lugar donde llegaba, el pintor no dejaba de aprovechar para visitar los paisajes naturales, de los cuales siempre hablaba maravillas en las cartas a su hermano Theo:

La naturaleza es hermosa aquí.

En estos paseos por diversos paisajes Van Gogh aprendió, o probablemente re-aprendió, a ser humano. Se conectó con la naturaleza en una época donde las diferencias entre ésta y el hombre se estaban profundizando: las ciudades estaban en pleno apogeo, y la cultura comenzaba a girar en torno a las veleidades de la modernidad.

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Aún así, Van Gogh pudo vincular los sucesos de la propia naturaleza con los del alma de los hombres, y elaborar así maravillosas metáforas. Quizá la más alucinante la realizó a raíz de uno de sus cotidianos paseos a un recóndito lugar en una villa holandesa, durante el cual se encontraba en uno de sus periódicos episodios depresivos. Fue entonces cuando presenció una tormenta que sin duda era una suerte de presagio y una metáfora perfecta para pensar en la condición humana, con la que él mismo cargaba.

Así narró la experiencia en una carta a su hermano:

Ya sabes cómo es el paisaje ahí, magníficos árboles llenos de majestad y serenidad junto a casas de verano verdes y espantosas, y todo lo absurdo que la espeluznante imaginación de los holandeses con ingresos privados puede encontrar en el camino de los arriates, los cenadores, las verandas. La mayoría de las casas son muy feas, pero algunas son antiguas y elegantes. Bueno, en ese momento, muy por encima de los prados tan interminables como el desierto, llegó una masa de nubes arrastradas una tras otra, y el viento golpeó por primera vez la hilera de casas de campo con sus árboles en el lado opuesto del canal, donde el negro camino de escoria se ejecuta. Esos árboles eran magníficos, y había un drama, estoy tentado a decir, en cada figura, pero quiero decir en cada árbol.

Entonces, el conjunto era casi más fino que esos árboles soplados por el viento vistos por separado, porque el momento era tal que incluso aquellas absurdas casas de verano adquirían un carácter singular, empapadas por la lluvia y desordenadas. En él vi una imagen de cómo incluso una persona de formas y convenciones absurdas, u otra llena de excentricidad y capricho, puede convertirse en una figura dramática de carácter especial si está presa del verdadero dolor, movida por una calamidad. Me hizo pensar por un momento en la sociedad de hoy, cómo sus fundamentos ahora aparecen a menudo como una silueta grande y sombría vista a la luz de la reforma.

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La sensibilidad de Van Gogh por la naturaleza lo hizo encontrar un poco de paz y equilibrio en la turbulencia que caracterizó su vida –y su psique–. Con ello, además, revolucionó su época, aunque murió sin saberlo. Y hoy más que nunca, su forma de aproximarse a la naturaleza es algo que urge recuperar para sanarnos.

Así, el retorno a la naturaleza y el constante contacto con ésta para entender mejor la vida y a nuestros propios procesos internos, es indudablemente algo que podemos aprender de este pintor. Porque Vincent van Gogh fue uno de esos pulsos de vida que hacen evolucionar a la colectividad, en sentidos estéticos pero también espirituales.



Así se cree que fue la primera flor del planeta

Entre los investigadores surgió el término de “planta hermafrodita”.

Pese a la extinción de los dinosaurios hace más de 65 millones de años, los científicos han intentado rastrear cómo era la biodiversidad de aquella época. Hasta ahora lograron representar cómo sería la primera flor en el planeta Tierra, la Iguanodon. Se trata de una flor ancestral que data de hace 140 millones de años o más, y que los científicos no tenían la más remota idea de su aspecto sino hasta ahora. 

Gracias al trabajo en equipo de un grupo internacional de botánicos, se logró realizar una reconstrucción de la Iguanodon. Ésta se publicó en la revista Nature Communications, explicando que aunque no se basaron en el descubrimiento de fósiles, realizaron un análisis riguroso de las características de 800 especies descendientes que aún habitan en el planeta. Es decir que al comparar los últimos ancestros de cada una de las especies, se pudo extrapolar hacia el pasado y realizar una base de un árbol genealógico de las plantas florísticas. 

En algunos aspectos, la flor original tiene rasgos de la magnolia moderna: tiene múltiples pétalos –técnicamente se llamarían tépalos– y anillos concéntricos. En el centro, surgen múltiples órganos sexuales, incluyendo polen y ovarios. Por ello, los botánicos consideraron que la vida sexual de esta flor era realmente controversial, pues poseía ambos órganos sexuales, macho y hembra, en una misma planta. Entre los investigadores surgió el término de “planta hermafrodita”.