Identifica los cantos de los pájaros utilizando la práctica mindfulness

Una manera de entrar en este estado pleno de consciencia, es (re)aprender a escuchar los sonidos de la naturaleza –aún si se vive dentro de la ciudad–.

De acuerdo con la práctica del mindfulness, la toma de consciencia de cada una de las sensaciones corporales es la base principal para crear una conexión en el aquí y en el ahora del cuerpo, la mente y el Universo. Los maestros explican que para lograr esa consciencia sensorial, uno debe permitirse percibir en la tranquilidad: ¿cómo se siente tu cuerpo al encontrarse en la posición en la que está o en el frío o el calor que hay alrededor?, ¿qué sabor predomina al interior de tu boca?, ¿qué te hace sentir aquello que tus ojos están percibiendo?, ¿cuáles son los aromas que logra identificar tu nariz?, ¿cómo reacciona tu cuerpo ante los sonidos que estás escuchando?

Una manera de entrar en este estado pleno de consciencia, es (re)aprender a escuchar los sonidos de la naturaleza –aún si se vive dentro de la ciudad–. ¿Cuándo fue la última vez que te permitiste estar en silencio en un cuarto y lograste escuchar el canto de los pájaros fuera de tu ventana?

Por esta razón te compartimos toda una serie de sonidos mnemónicos que te ayudarán a establecer un poco más tu estado de consciencia. Basta prestar un poco de atención a cada sonido para identificar el ritmo y el tempo, y así reconocer el origen de cada sonido…

El canto de un búho: 

 

 El canto de Chickadee negro:

 

 El canto de una curruca verde de cuello verde: 

 

El canto de la codorniz: 

 

 El canto de una curruca color castaña:

 

El canto de un Antrostomus carolinensis:

 

El canto de un meadowlark del este:

 

El canto de un Vireo olivaceus:

 

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¿Cómo identificar aves? 5 sencillos pasos

Identifica cualquier especie de pájaro con esta guía.

¿Viste un ave hermosa el otro día y no tienes la más remota idea de su nombre? Seguramente te has hallado en este escenario; después de todo, contemplar el vuelo de las aves es una de las experiencias más entrañables que podemos obtener del entorno. Aprender a identificarlas puede convertirse en un pasatiempo que te reconecte con la naturaleza y el instante presente. Aquí te mostramos cinco sencillos pasos para lograrlo.

 

1. Observa su tamaño

Es la característica más sencilla de identificar. Observa el tamaño del pájaro que tienes enfrente: ¿es más grande o más chico que alguna otra especie que conoces? ¿es del tamaño de una paloma o de un pato? Si no estás muy seguro de cómo medirlo, fíjate en los objetos que están a su alrededor: árboles, piedras, plantas. Este ejercicio te dará una idea aproximada del tamaño del ave. 

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2. Mira su forma

Contempla cuidadosamente la silueta del pájaro; puedes hacer un dibujo rápido en una libreta para tener una idea más clara de su forma. ¿Tiene la forma de un carpintero, un búho, una garza? Tómate el tiempo de admirar cada detalle: ¿cuál es la forma y el tamaño de su cola? ¿Es más larga que su cuerpo? ¿Qué tan grueso o plano es su pico? Recuerda que comparar el ave con otras especies que ya conozcas es una de las claves para identificarla

 

3. ¿Cómo se comporta el pájaro? 

Si tienes la suerte de atrapar a uno de estos animales comiendo, fíjate bien en su alimento. ¿Son semillas, gusanos, frutas? El entorno en el que divises el ave es un gran indicador de su especie. Observa si el pájaro se encuentra solo o si forma parte de una parvada. También, presta atención al sitio donde ha decidido posarse: ¿es en la rama de un árbol? ¿cerca de un arbusto? Estos detalles sutiles te ayudarán a determinar la categoría general del ave.

 

4. Registra su hábitat

¿En dónde habita el ave que te está quitando el sueño? Pregúntate si está cerca de un cuerpo de agua, de un bosque templado o si se encuentra en medio de un valle. Muy seguramente no hallarás a un correcaminos en medio de la playa o a un pelícano descansando en el desierto. Si no sabes exactamente en qué clase de entorno te ubicas, puedes consultarlo en Internet y así delimitar especies.

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5. Contempla sus colores

Esta es nuestro paso favorito: no hay nada más disfrutable que hallarse ante un ave llena de color. De hecho, es probable que sus brillantes plumas hayan despertado tu curiosidad en primer lugar. Fíjate si tiene alguna marca de color sobresaliente: tal vez una mota roja cerca del pico o un mechón amarillo. ¿Por qué el paso más evidente es justo el último? Hay una buena razón: hay aves que cambian de color según la temporada. Así que asegúrate de registrar primero todas las características anteriores.



Los pájaros tienen brújulas en los ojos (y pueden ver los campos magnéticos)

Por fin, la respuesta a una pregunta que no había tenido respuesta: ¿cómo se orientan las aves?

Las aves son seres que nos han fascinado durante siglos. No sólo por esa sublime estética de apabullantes colores, formas y sonidos que las caracteriza, sino porque ellas pueden hacer algo que nosotros no: volar.

Esa capacidad –y la grácil manera como la realizan– nos ha inspirado a hacer todo tipo de artefactos para poder conquistar los cielos. Porque los desplazamientos y trayectorias que los pájaros constituyen una maravilla natural de milimétrica perfección. Su anatomía y plumaje es lo que los dota de la aerodinámica esencial –algo a lo que Charles Darwin dedicó horas de estudio– que, desde hace mucho tiempo, hemos buscado imitar.

Pero existe un misterio en torno a la habilidad de volar de estos seres, que es quizá el elemento más importante: ¿cómo se orientan?

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Hasta hace poco, se sabía que algunos pájaros –entre ellos, las palomas mensajeras– podían sentir los campos magnéticos de la tierra, es decir, tenían cierto grado de magnetorrecepción, que sin es duda mayor al nuestro.

La magnetorrecepción, se intuía, era posible en los pájaros debido a los cristales de magnetita –una suerte de imanes microscópicos– que debían de estar alojados en el citoplasma de las células. Esto parece ser así en otros animales, como las abejas. Pero una nueva investigación develó que el caso de los pájaros podría ser diferente al de cualquier otra especie.

Al parecer, los pájaros tienen brújulas en los ojos: pueden ver los campos magnéticos.

Según los nuevos hallazgos, esto podría deberse a una proteína llamada Cry4, alojada en la retina.

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Los hallazgos fueron realizados durante el desarrollo de dos estudios distintos. En uno se analizó al mirlo, y en otro al diamante cebra. La proteína ocular Cry 4 encontrada en sus ojos es parte de una clase de partículas fotorreceptoras y sensibles a la luz azul, que se encuentra tanto en plantas como en animales. Es parte de una clase proteica esencial que regula los ritmos circadianos.

Con esta proteína, los pájaros pueden detectar los campos magnéticos (verlos, en sentido metafórico). Así es como pueden orientarse a la hora de surcar los cielos.

Ya antes se había comprobado que la luz azul está relacionada con el sentido de orientación de los mirlos, lo que confirma que este sentido primordial proviene de la visión y, concretamente, es posibilitada por la proteína Cry4. Porque además, de acuerdo con los biólogos, esta proteína se mantiene estable, lo que la hace tener capacidades magnetorreceptivas, a diferencia de otras de su clase.

Adicionalmente se encontró que la proteína ocular se incrementa en los mirlos durante la migración, lo cual es una señal más de que este hallazgo de la biología podría ser la respuesta a cómo se orientan los pájaros, que apunta a que estos seres alados tienen, literalmente, brújulas en los ojos.