¿Cultivos submarinos? crecen fresas, albahaca y frijoles bajo el mar mediterráneo

Estos novedosos invernaderos marinos podrían ser una increíble alternativa para los países áridos.

Hace poco, por primera vez, astronautas consiguieron cultivar lechugas desde el espacio. Ahora que muchos cultivos están devastando los ecosistemas, y la población crece aceleradamente, las alternativas de cultivo son más que necesarias…

Recientemente, la compañía Ocean Reef Group, informó que están creciendo bajo las aguas del mar Mediterráneo, a 6 metros de profundidad, fresas, albahaca, frijol y tomates.

Los cultivos se hacen al interior de esferas transparentes de plástico; estas, rodeadas de agua, son proveídas de la temperatura y niveles de humedad suficientes para las plantas. Un sistema de goteo al interior de las esferas, además, se activa cuando el agua debajo se evapora y luego condensa.

Estos invernaderos marinos ubicados en costas italianas materializan la incursión del cultivo bajo el agua con más seriedad que nunca. El presidente de la compañía, Sergio Gamberini, ha explicado que está planeado introducir este tipo de técnica en países áridos, sobre todo en desarrollo, como Arabia Saudita o Las Maldivas. La visión es hacerlo a gran escala cada vez más, como una manera de salvar también las millones de hectáreas que podrían deforestarse para cultivos futuros.

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[scientificamerican]



Medita en movimiento haciendo manualidades o artesanías

Tejer, bordar, modelar, son solo algunas de las actividades que verdaderamente conectan mente y cuerpo.

Las manualidades son algo que hacemos desde muy pequeños, cuando nos dan libros para colorear y tijeras sin filo para recortar. Pero eso que empieza siendo una inocente recreación para estimular la psique infantil es algo que deberíamos seguir practicando toda la vida.

Para muchos, sin embargo, puede que las manualidades no sean sino una actividad para niños, o incluso –y no sin un toque de machismo encubierto– “cosas de mujeres”.

No obstante, los mundos de las manualidades, y más detallado aún, las artesanías, están ahí para quien quiere verles y conocerles. Y no sólo se pueden hacer infinidad de objetos útiles y personalizados, sino que podemos mejorar repentinamente nuestra salud.

Haciendo manualidades o artesanías obtenemos un estado psíquico único, llamado flujo.

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(Foto: el observador)

En psicología se conoce como flujo a un momento inmersivo, donde la mente logra concentrarse 100% en la actividad que se ejecuta. Tal concepto fue acuñado por el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi en 1975, y  desde entonces se le ha prestado atención a las actividades donde se presentan experiencias de flujo, estudiándose a profundidad sus beneficios.

Manualidades como tejer, bordar, el modelado, el origami o la confección son algunas de las actividades que nos permiten experimentar el estado psíquico y físico del flujo.

Por ser una manera de experimentar el flujo y, por ende, de conectar cuerpo y mente, las manualidades constituyen una forma de meditación en movimiento. La clave en este tipo de meditación no es borrar todo pensamiento, sino encontrar equilibrio y paz mental a través de la actividad corporal.

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El caso del tejido ejemplifica perfectamente esta intensa conexión mente-cuerpo y los estados a los que se puede llegar practicando manualidades.

Por eso es que tejer es una de las manualidades cuyos beneficios para la salud mental ha despertado más interés en la comunidad científica. Investigaciones recientes destacan que, para quienes tejen, el alivio a la ansiedad y el estrés se halla en poder hacer una actividad que los desconecta de los asuntos personales.

Beneficios adicionales

  • Relajación rápida y prolongada
  • Felicidad –se libera dopamina y serotonina
  • Sentido de logro
  • Mayor confianza y autoestima
  • Mejoramiento de habilidades cognitivas
  • Mejoramiento de habilidades manuales

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Además de estos beneficios –comprobados en decenas de investigaciones–, también se ha demostrado, científica y empíricamente, que hacer manualidades ayuda a disminuir síntomas de estrés postraumático, e incluso trastornos tan complejos como la anorexia.

La confección, por ejemplo, ha ayudado a tratar la fatiga crónica, al ser una actividad más diversificada que otras, mientras que los colores usados en el quilting –que es además una de las manualidades menos conocidas y más hermosas–, tienen un impacto emocional sumamente positivo.

Si quieres meditar en movimiento, ¡suma las manualidades a tu rutina! Y si eres hombre, aprovecha para romper estereotipos y ejercitar tus capacidades de autotransformación atreviéndote a hacer manualidades –como los hombres tejedores de Chile.

Pon manos a la obra. Conecta mente y cuerpo.

*Imagen de portada: Wassermoth, edición Ecoosfera



Construye un invernadero bajo tierra para crecer alimento todo el año

Los Walipini son una gran alternativa, eficiente y económica, para poder producir alimento durante todo el año, incluso en los lugares más fríos.

Usualmente, para crecer comida en climas fríos y extender las temporadas de crecimiento se necesita algún tipo de invernadero. El problema es que normalmente los invernaderos son muy caros para construir y calentar durante el invierno. Una alternativa mucho más accesible y efectiva es el walipini (una palabra amayara hindú para “un lugar cálido”), también conocido como invernadero subterráneo o agujero.

Desarrollado por primera vez hace veinte años para las regiones montañosas frías de Sudamérica, este método permite que los agricultores mantengan un jardín productivo todo el año, incluso en los climas más fríos.

Aquí puedes ver un video (en inglés) de un walipini que incluso incorpora un poco de espacio interior para gallinas y cabras. Lo increíble del walipini es que combina los principios de calentamiento solar pasivo con una estructura protegida por la tierra. La manera de hacerlo es muy simple:

El Walipini, en términos simples, es un hoyo rectangular en la tierra con dos o tres metros de profundidad, cubierto de una manta de plástico. El área más larga del rectángulo da al sol de invierno (al Norte en el hemisferio sur y al Sur en el hemisferio norte). Una pared gruesa de tierra presionada en la parte de atrás de la estructura y una pared mucho más chica al frente proporcionan el ángulo correcto para el techo de plástico. Este techo sella el hoyo, proporciona un espacio de aire aislado dentro de las dos capas del plástico y permite que los rayos del sol penetren, creando un ambiente cálido y estable para el crecimiento de plantas.

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La Red está repleta de manuales para construir uno de estos, que es sin duda la manera más eficiente y económica de tener producción alimenticia todo el año. De acuerdo con el Instituto Benson (quienes proporcionan un manual), el costo de uno de estos es de $250 a $300 dólares.

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 [TreeHugger]