¿Cultivos submarinos? crecen fresas, albahaca y frijoles bajo el mar mediterráneo

Estos novedosos invernaderos marinos podrían ser una increíble alternativa para los países áridos.

Hace poco, por primera vez, astronautas consiguieron cultivar lechugas desde el espacio. Ahora que muchos cultivos están devastando los ecosistemas, y la población crece aceleradamente, las alternativas de cultivo son más que necesarias…

Recientemente, la compañía Ocean Reef Group, informó que están creciendo bajo las aguas del mar Mediterráneo, a 6 metros de profundidad, fresas, albahaca, frijol y tomates.

Los cultivos se hacen al interior de esferas transparentes de plástico; estas, rodeadas de agua, son proveídas de la temperatura y niveles de humedad suficientes para las plantas. Un sistema de goteo al interior de las esferas, además, se activa cuando el agua debajo se evapora y luego condensa.

Estos invernaderos marinos ubicados en costas italianas materializan la incursión del cultivo bajo el agua con más seriedad que nunca. El presidente de la compañía, Sergio Gamberini, ha explicado que está planeado introducir este tipo de técnica en países áridos, sobre todo en desarrollo, como Arabia Saudita o Las Maldivas. La visión es hacerlo a gran escala cada vez más, como una manera de salvar también las millones de hectáreas que podrían deforestarse para cultivos futuros.

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[scientificamerican]



La atención es nuestro puente con el mundo

La economía de la atención gana millones robando nuestra atención, pero, ¿cómo podemos recuperarla para alcanzar nuestros objetivos?

Nuestras capacidades cognitivas son nuestro puente con el mundo. Son aquella habilidad que nos permite conocerlo, pero también inteligirlo, memorizarlo y nombrarlo. Más aún: son un aspecto esencial de la conciencia humana.

¿Qué tan importantes no serán estas capacidades, que en la actualidad son explotadas por otros?

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La información se ha vuelto una mercancía. Y para poder competir, las grandes industrias de todo tipo –pero sobre todo las industrias techtienen que lograr captar nuestra atención, vendiéndonos cierto tipo de información. Lo único que quieren es que demos click y que nos quedemos viendo un video por más de tres segundos. O en el caso de la publicidad, nos siguen bombardeando con mensajes irrisorios y cacofonías estridentes.

Cada dos días es generada más información de lo que se generó en toda la historia de la humanidad antes de 2003

Lo malo –para las industrias y para nosotros– es que hemos entrado en un circulo vicioso. Mientras más atención nos exigen, menos atención somos capaces de prestar. La demanda por atención nos aletarga, y por eso hoy son usadas insólitas formas para explotar nuestras capacidades cognitivas. Para ello se utilizan todo tipo de recursos: psicológicos, neurológicos, de programación y de diseño.

¿A que grado se está viendo comprometida nuestra atención?

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Tenemos distintas formas de prestar atención. Estas se producen en los dos hemisferios del cerebro: en el hemisferio izquierdo está la atención más analítica, mientras que en el derecho está una atención más enfocada a la exploración sensorial. Estas capacidades se complementan: el hemisferio izquierdo es el que le da una representación a la totalidad captada por el hemisferio derecho.

De alguna manera, la atención del hemisferio derecho, que es la más libre, la que no se “engancha”, sino que se mantiene al tanto de todo, es aquella que se está viendo más comprometida debido a la economía de la atención. Porque la atención que reclama el Internet, las redes sociales y los servicios de entretenimiento, es una atención inmediatista, de gratificaciones al instante. Apaga nuestra modalidad de exploración y nos engancha a una sola cosa: a las pantallas.

¿A qué quieres prestar atención?

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Pero la atención en realidad es una experiencia, no sólo un recurso. Y es una capacidad que nos permite encontrar nuestros intereses y llevar a cabo nuestros propios objetivos. Por eso es urgente que dejemos las pantallas y volvamos a explorar al mundo y a nosotros mismos con él. Quizá la pregunta más pertinente sea: a qué queremos prestarle atención… ¿Lo habías pensado?

Si quieres dejar de ser explotado por la economía de la atención, ya existen algunas propuestas, como el minimalismo digital, que sirven como modelos para tener una vida menos tecnológica y más orgánica. A esto se suman prácticas que podemos adoptar, como la meditación mindfulness, el hacer de la comida un ritual de principio a fin –y dejar de comer frente a las pantallas comida rápida–, o incluso prácticas sin una finalidad aparente, como salir a dar una caminata.

Así podremos conquistar nuevamente nuestra atención consciente y enfocarla en lo que verdaderamente importa.

Imágenes: Piero Fornasetti



Construye un invernadero bajo tierra para crecer alimento todo el año

Los walipini son una gran alternativa, eficiente y económica, para poder producir alimento durante todo el año (y son cortesía de la sabiduría futurista de los aymaras bolivianos)

Usualmente, para cultivar alimentos en climas fríos y extender las temporadas de crecimiento se necesita algún tipo de invernadero. El problema es que los invernaderos –como los de cristal– requieren una gran inversión, tanto para construirlos como para mantener los cultivos durante el invierno.

Una alternativa mucho más accesible y efectiva es el walipini (una palabra indígena aymara que significa “un lugar cálido”), y que es básicamente un invernadero subterráneo.

Desarrollado por primera vez hace veinte años para las regiones montañosas frías de Sudamérica, este método permite que los agricultores mantengan un jardín productivo todo el año, incluso en los climas más fríos.

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Aquí puedes ver un video (en inglés) de un walipini que incluso incorpora un poco de espacio interior para gallinas y cabras. Lo increíble del walipini es que combina los principios de calentamiento solar pasivo con una estructura protegida por la tierra. La manera de hacerlo es muy simple:

El walipini, en términos simples, es un hoyo rectangular en la tierra con dos o tres metros de profundidad, cubierto de una manta de plástico ultravioleta. El área más larga del rectángulo da al sol de invierno (al Norte en el hemisferio sur y al Sur en el hemisferio norte).

Una pared gruesa de tierra presionada en la parte de atrás de la estructura y una pared mucho más chica al frente proporcionan el ángulo correcto para el techo de plástico. Este techo sella el hoyo, proporciona un espacio de aire aislado dentro de las dos capas del plástico y permite que los rayos del sol penetren, creando un ambiente cálido y estable para el crecimiento de plantas.

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Si quieres construir tu propio walipini, aquí te dejamos una práctica guía cortesía de la FAO. De acuerdo con el Instituto Benson, el costo de uno de estos invernaderos subterráneos es de $250 y hasta $300 dólares, así que ¡no hay excusa!