Cortar las colas y orejas de los animales por estética será prohibido en España

El país se ha suscrito al Convenio europeo sobre protección de mascotas; la estética no será ya una excusa ya para las cirugías de animales.

 Foto:www.dogreference.com

Las medidas de protección a los animales son cada vez más numerosas y en un mayor número de países. Más allá de escenarios tan evidentes como el maltrato físico animal por diversión, o la cacería, que van sumando mayor desprestigio por parte de la sociedad, hay también otros aspectos más sutiles que han ido despertando rechazo, como la intervención quirúrgica con fines de estética.

En algunas razas como el dóberman, dogo alemán o bóxer, cortar las orejas o las colas es muy común; de hecho se trata de una práctica de lo más centenaria. Sin embargo son indicios estéticos que poco tienen qué ver con la necesidad fisiológica de estos animales; de esta manera, someterlos a cirugías por gusto humano lleva definitivamente un dejo de crueldad.

En Europa, desde 1987, en el Convenio europeo sobre protección de mascotas entre otras medidas se estipula que los animales no podrán ser sometidos a intervenciones quirúrgicas de no ser por motivos de salud. Luego de años de demandas por parte de grupos defensores de animales en España, ahora también este país se ha sumado.

En la línea histórica de la defensa por los derechos de los animales, esta noticia es muy simbólica por ser una muestra, de algún modo, de un nuevo nivel de protección y atención a los animales. España es el 18 país en adherirse a este convenio.

[ElPaís]



Los animales también sienten (la ciencia lo avala)

Como los humanos, los animales también sienten, ríen, lloran.

Hace apenas unas décadas, los seres humanos aún se consideraban el centro del reino animal. La superioridad de la mente humana, en comparación con el resto de las criaturas, era incuestionable. Estas ideas estaban tan arraigadas que incluso se pensaba que los animales no tenían la capacidad de sentir. Hoy en día sabemos que esto es rotundamente falso: los animales sienten como nosotros. Además, muchos tienen conciencia de sí mismos. La evidencia científica para demostrarlo es amplia y abarca a un centenar de especies. 

Los animales ríen, lloran, llaman a sus seres queridos. Se ha demostrado que los elefantes, una de las especies más estudiadas, tienen una conciencia desarrollada. Además de ser extremadamente inteligentes y contar con capacidades de cálculo matemático, forman lazos familiares duraderos. También pueden sufrir heridas psicológicas y una especie de estrés postraumático. Si esto no es suficiente para afirmar que la conciencia animal es extremadamente similar a la nuestra, hay todavía más casos que mencionar. 

 

Los animales también sienten 

Si nos adentramos más en el ámbito de la conciencia, quizá lo primero que venga a nuestra mente son las emociones, y sobre todo, la capacidad de expresarlas. Los humanos podemos reír a carcajadas o sentir enojo, pero no somos los únicos. Las ratas se ríen cuando les hacen cosquillas. Además, en un estudio publicado en Science Magazine, se demostró que estos roedores prefieren salvar a un compañero en apuros que comer su comida favorita. ¿Qué significa esto? Que las ratas, como muchos otros animales, sienten empatía por sus congéneres.

La empatía es un rasgo crucial de la conciencia, porque lleva a la formación de lazos fuertes, como la amistad. En otro estudio se demostró que las ovejas reconocen las caras de sus compañeras, incluso después de años de no verlas. Esto nos lleva a un punto todavía más profundo: la idea de que los animales de una misma especie son todos iguales también es falsa. 

La personalidad es un rasgo que también se expresa en los animales. En otra investigación exhaustiva, publicada en ScienceDirect, se tomó a la personalidad optimista y pesimista como variables medibles. Los científicos encontraron que los niveles de ansiedad y síntomas depresivos en ciertos animales llevaban a una personalidad más pesimista, aspecto que se notaba  cuando algunos sujetos expresaban menos expectativas que otros antes de recibir un premio. 

Las pruebas no se reducen al comportamiento, también son biológicas. Algunos mamíferos marinos, como las ballenas y los delfines, poseen un sistema límbico cuatro veces mayor al  nuestro. Este sistema abarca áreas del cerebro relacionadas con las capacidades sociales y los sentimientos. Si dichas zonas han evolucionado de tal manera en estos animales, es por una razón: son habilidades que utilizan todo el tiempo.

La cantidad de estudios que podríamos seguir enumerando es gigantesca. No hay lugar a duda: en gran medida, todos los animales tienen la capacidad de sentir. ¿Cómo es que nos ha tomado tanto tiempo considerarlo? Hay un sinfín de razones detrás de esto, pero todos podemos ponernos de acuerdo en una cosa: si los animales sienten emociones “humanas”, ¿no deberían ser nuestros iguales? 



Los animales también experimentan emociones que consideramos sólo “humanas”

¿No significa esto que deberíamos tratarlos como iguales?

Tenemos una tendencia a “humanizar” a los animales, aunque rara vez esto se traduce en un intento por comprenderlos mejor y otorgarles mayores derechos como seres vivos. En realidad, esta insistente antropología del reino animal suele ser más un reflejo de nuestra vanidad, o acaso un síntoma de nuestra suplencia y su correlativa necesidad de afecto.

Pero en realidad deberíamos buscar, con humildad, aprender más de nosotros mismos a través de los animales y sus complejas emociones. Eso es lo que propone el imprescindible primatólogo Frans de Waal en su nuevo libro Mama’s Last Hug, un ensayo de sugerente nombre que rememora un acontecimiento que causó furor.

 

El último abrazo de Mama

Hace 3 años falleció Mama, una chimpancé de 59 años de edad. Una semana antes, el biólogo –y amigo de De Waal– Jan van Hooff visitó a Mama. Habían sido amigos desde 1972 y aunque la chimpancé estaba casi en estado catatónico, cuando vio a Van Hoof salió de su letargo y lo abrazó con emoción.

Esto fue grabado en un video que llevó a las lágrimas a millones de internautas y televidentes por igual. Según De Waal, esto no se debió únicamente al hecho de la muerte de Mama, sino porque la gente reconoció algo muy humano en la forma como actuó: empatía pura.

 

La clave está en la empatía

Sin duda, la empatía es una de las herramientas cognitivas más importantes que tenemos, y este caso lo demuestra. Algunos aseguran que fue esta habilidad para sentir al otro lo que nos hizo humanos.

Lo que a De Waal le interesa del caso de Mama y la conmoción que causó es, por un lado, las emociones de los animales, y por el otro, el hecho de que sean tan similares a las emociones humanas. Pero no porque los chimpancés, cuervos o elefantes –aquellos que se cuentan entre los animales más inteligentes– estén en proceso de “humanización”, sino porque sus emociones han sido desarrolladas como parte de su evolución y de manera paralela a la nuestra.

Quizá por eso nos generan empatía las reacciones animales.

Así, De Waal nos lleva por una senda amplia, donde vincula la herencia emocional que compartimos con otras especies mientras explora las miles de formas de expresión que hay en el mundo natural para emociones tan “sencillas” como la tristeza, la felicidad y el miedo, y para otras más complejas, como la angustia, la empatía y el rencor.

Más allá de que los animales no puedan nombrar las cosas como nosotros lo hacemos, es indudable que sienten de manera similar. Y después de todo, de eso se trata la empatía: de ir más allá del lenguaje. Cuando se observan comportamientos como el de los elefantes, animales que pueden llegar a experimentar traumas y superarlos, uno no puede dudar de su conciencia. La pregunta es: ¿cuándo conseguirán que los tratemos como iguales?

 

* Fotografía principal: Jayaprakash Joghee Bojan, 2017 National Geographic Nature Photographer of the Year