Tu piel puede decirte lo que hace falta a tu organismo, mira (Infográfico)

Indicadores que te hablan de nutrientes que están haciendo falta a tu cuerpo.

 

“Lo más profundo que hay en el hombre es la piel.”

Paul Valèry

Todo se encuentra unido; no existe tal cosa como separación de mente-cuerpo, o de organismos y la piel, por ejemplo. Por ello, si ponemos mucha atención en algunos cambios, casi de todo, desde el brillo de los ojos, por ejemplo, podríamos conocer sustancias que están faltando (o sobrando) a tu cuerpo.

¿Qué es lo que dice tu piel sobre tu nutrición? La famosa periodista y escritora Sarah Willson, autora del conocido libro I Quit Sugar (yo renuncio al azúcar), ha elaborado un inusual infográfico para que ubiques, a partir de tus cambios o problemas dermatológicos, aquello que hace falta a tu organismo en forma de nutrientes. Pon mucha atención, conociendo tu piel, quizá aprendas mucho más de ti que nunca.

Traducción:

Caspa: zinc

Psoriasis: vitamina D

Acné: zinc, vitamina C

Fuego Labial (herpes labial): vitamina E

Grietas en los bordes de los labios: vitamina 2

Eczema: probióticos, grasas no saturadas

Moretones en los brazos: vitamina A y Zinc

Piel Seca: vitamina A,C y agua.

Palidecimiento arrugas: hierro

 

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Amarnos a nosotros mismos en tiempos ensimismados

¿Será posible reinventar al amor propio y llevarlo más allá del culto al individuo?

Amar es desgarrarnos para cosernos; rompernos para pegarnos. Amar es alejarnos para volver, dañarnos para curar. Amar es el más extravagante de los hábitos: un acto efímero en su eternidad. Un péndulo de Foucault oscilando infinitamente.

De entre estas ambivalencias e incertidumbres que constituyen la esencia de esta pasión humana, se alza un aparente antagonismo entre el amor al otro, por un lado, y el de aquel que guardamos para nosotros mismos, por otro.

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Ilustración: Henn Kim

Ambos pasan en nuestros tiempos por una crisis que los hace parecer irrealizables y, en ocasiones, también irreconciliables: no hay tiempo de amar a otros porque estamos muy ocupados procurándonos a nosotros mismos. O no nos amamos porque estamos muy ocupados salvando el mundo.

No obstante, amarnos a nosotros parece ser, verdaderamente, el principio desde el cual se desdobla el resto de nuestros actos. Por eso Ron Padgett, nuestro Paterson de carne y hueso, escribe:

Take care of things close to home first. Straighten up your room before you save the world. Then save the world.

(Encárgate de las cosas cercanas a casa primero. Arregla tu cuarto antes de salvar el mundo
Luego salva el mundo)

Parece urgente amarnos si queremos ser capaces de amar a otros en algún momento. Porque si no nos amamos, ¿cómo amar a otros? Tal parece la aritmética de las relaciones humanas: su lógica intrínseca.

Pero el amor no es reductible a operaciones matemáticas. Recuperar el amor propio en estos tiempos es más difícil, quizá, que nunca en la historia. Somos presa fácil de los vacuos discursos sobre el amor, cuya retórica cínica invita a amarnos desde el narcisismo y la mezquindad. Existen también los sustitutos inverosímiles: en lugar de amar, nos sumimos en nuestra psique depresiva y cultivamos un odio que poco a poco nos carcome.

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Ante esas condiciones decadentes, es urgente plantear hipótesis radicales. ¿Qué tal si la única forma de recuperar el amor propio fuera admitiendo que no hay una hoja de ruta que nos marque cómo hacerlo? Suena desolador: si algo buscamos son respuestas tangibles, concretas y que nos den soluciones inmediatas.

Pero amar es precisamente lo contrario a todo ello. Amar –afortunadamente– no es una ciencia, y por ello no existen métodos para aprender a amarnos ni para amar a otros. Por eso, aún en nuestros tiempos ensimismados, el amor sigue siendo un resquicio de libertad para quien se atreve a mirar desde ahí.

Aunque quizá una de las pocas cosas que se pueda afirmar sobre esa cosa contradictoria que es el amor (cuya semántica, por cierto, es el mayor reto de los lingüistas) es que, tanto aquel amor que nos profesamos a nosotros mismos, como el que profesamos a los demás, son indisociables. Ambos tienen una autonomía relativa, tanto como nosotros la tenemos de los demás. Pero su aparente antagonismo o dualidad es producto de nuestra época, y no es sino una ilusión, como muchas de las que sustentan nuestras creencias.

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El amor es una totalidad que sólo puede sobrevivir como tal, retroalimentandose cada una de sus partes de lo uno y lo otro. Hay necesidad mutua, incluso cósmica, entre los tipos de amor, tal y como la hay en el individuo para con los otros, a quienes necesita para poder ser y desdoblarse en sus infinitas posibilidades.

Si algo resume esta idea en una cotidianidad sólo aparentemente sencilla, pero en realidad sumamente compleja, es esta otra metáfora de Padgett en su poema Love:

That is what you gave me

I become the cigarette and you the match

Or I the match and you the cigarette

Blazing with kisses that smoulder towards heaven

(Eso fue lo que me diste: yo me convertí
en cigarrillo y tú en fósforo
o yo en fósforo y tú en cigarrillo
brillando con besos ardiendo hacia el cielo)

El amor propio sólo puede cultivarse cuando aprendemos a ser ya sea el cigarrillo o el fósforo. Es una relación dinámica que ocurre todo el tiempo, todos los días. No hay principios ni finales. No hay identidades definidas permanentemente. Sólo fósforos, cigarrillos y las chispas que simbolizan la valentía que implica amarnos y amar en un mismo tiempo.  

 

*Ilustración principal: Sivan Karim 

 



Estos 5 alimentos harán que tu piel se vea suave y radiante

La dieta es primordial en la rutina de una piel saludable. Con estos 5 ingredientes podrás lograr lo que muchas cremas carísimas no logran.

La dieta es lo más importante en la rutina para tener una piel saludable. Sin importar cuánto dinero gastes en cremas y productos, la piel siempre reflejará lo que tu cuerpo está ingiriendo.

Una dieta rica en carbohidratos con alto índice glucémico, así como azúcares y granos refinados, fomentan brotes de grasa. El páncreas, al impulsar el azúcar de la sangre demasiado rápido, produce insulina extra para bajar esos niveles, lo cual también dispara la producción de glándulas sebáceas. Estas producen sebo, un aceite bueno que remueve las células muertas de la piel y mantiene lubricación en nuestra piel por medio de los poros, pero demasiado de ello resulta en poros tapados, brotes blancos y espinillas. La leche también fomenta la producción de sebo, mientras que algunos aceites vegetales (cártamo, sésamo, maíz, girasol) promueven la inflamación.

Pero puedes lograr tener una piel bella por medio de lo que bebes y lo que comes. Incorpora en tu dieta los siguientes alimentos lo más que puedas, y minimiza tu consumo de los alimentos mencionados arriba.

1. Zanahorias

Estas tienen mucha vitamina A, que es un antioxidante poderoso en la forma de beta-caroteno. Ayuda a mantener una buena vista, dentadura y huesos, mientras se encarga de regular el desarrollo de células cutáneas y tono firme de la piel.

2. Moras

La idea es consumir mucha vitamina C, que es otro antioxidante que, al impulsar la producción de colágeno, hará la piel suave y firme. La vitamina C ayuda al sistema inmune, ayuda a la piel a sanar y puede ayudarte a tener una piel radiante. Las moras azules, fresas, frambuesas y zarzamoras son particularmente ricas en vitamina C, y convenientemente más bajas en azúcar que otras frutas.

3. Nuez de Brasil o castaña

Un puñado pequeño de nueces de Brasil puede proporcionar la dosis diaria de selenio, un antioxidante más que trabaja en conjunto con la vitamina A y la C para impulsar el sistema inmune. Una dieta rica en selenio puede protegerte de la melanoma, los daños del sol y las manchas de la edad. Otras buenas fuentes son las semillas (girasol, chía, calabaza), gérmen de trigo y carne. Muchas nueces también contienen vitamina E, la cual ayuda a sellar la humedad en la piel.

4. Perejil

Una ramita de perejil es increíblemente alta en vitamina K, la cual ayuda a la piel a sanarse a sí misma y promueve la elasticidad y el buen tono de piel. También cargada de vitamina A y C, el perejil puede limpiar las vías urinarias y los riñones, mientras aclara las manchas y reduce el enrojecimiento.

5. Granos enteros

Repletos de fibra, los granos enteros son buenos para reducir la inflamación causada por sus contrapartes demasiado refinadas. Estabilizan los niveles de azúcar en la sangre y reducen los picos de insulina. Los granos enteros contienen zinc, el cual repara los daños de la piel, mantiene la suavidad y flexibilidad y regula la producción de sebo. La vitamina B biotin que se encuentra en granos enteros asiste a las células cutáneas e procesar grasas, sin las cuales la piel se seca y escama.

Recuerda beber mucha agua para mantener hidratada tu piel. Los tés herbales y el té verde son también muy buenos. Pero aléjate de los refrescos y demás bebidas azucaradas.