Estas son las marcas más “manchadas” de la alimentación en México

Muy pocas han querido dar a conocer su verdadera huella ecológica; descubre las que van por buen y mal camino.

Hace unos meses, Greenpeace México inició una campaña para que miles se sumaran a preguntar a las marcas de alimentos industrializados en México cuál era su mancha ecológica. Con mancha ecológica nos referimos al uso de sustancias tóxicas como plaguicidas y fertilizantes, hasta prácticas como el monocultivo que alimentan cada vez más a la mancha voraz que ataca recursos como el agua, la tierra, animales e incluso tu salud.

Finalmente, hace unas semanas esta organización se acercó a al menos 15 marcas, con el respaldo de cientos de ciudadanos que se habían unido para que las corporaciones transparenten la manera en que están produciendo tus alimentos. Esta es la respuesta que obtuvieron, cabe apuntar, y que tomes nota tu también, que la mayoría de las marcas no quisieron dar a conocer esta información.

Aquí el semáforo elaborado por Greenpeace para que conozcas esta importante data:

¿Cómo leer el semáforo?

El color rojo son las empresas que no presentaron información de cómo producen tus alimentos a pesar de su gran tamaño.

Las que están en amarillo son las que sí proporcionaron datos sobre sus procesos de producción y que han sumado avances hacia una agricultura ecológica.

En el verde (no hay ninguna) son las empresas que han publicitado su información y que además cumplen con los 7 puntos de una agricultura ecológica.

Puedes apoyar a la campaña de presión a las empresas más irresponsables para que no manchen aquí.

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Meditando en una sociedad hiperconectada: cómo hacerlo sin desconectarse

El budismo reúne prácticas y conocimientos que pueden ayudarnos a lidiar con nuestras manías de internet.

Es cierto: no es muy viable desconectarse de por vida en una sociedad hiperconectada. Pero podemos utilizar los medios digitales a nuestro favor, si nos hacemos de un gran hábito: la meditación

Vivimos en una sociedad de sujeción a las pantallas. Éstas nos iluminan con destellos azules que, se ha comprobado, inhiben procesos fundamentales para nuestro equilibrio psíquico y corporal. No es, por lo demás, una iluminación como podemos entenderla en las enseñanzas y prácticas del budismo, la cual lleva a la sabiduría y a la felicidad.

Muy al contrario, las pantallas nos están volviendo miserables. Tan sólo en México, las personas pasan un promedio de 8 horas en internet: una red digital que, si bien ha revolucionado nuestras vidas para bien, también se ha convertido paulatinamente en un desorden mental cada vez más grave a nivel mundial.

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Ilustración: Kilian Eng

Pero aunque los gadgets pueden modificar la química de nuestro cerebro para mal, lo cierto es que todo depende de cómo nos relacionemos con ellos, y que prácticas tengamos afuera del mundo digital.

El budismo como filosofía, y la meditación como práctica que lo acompaña –a través del yoga, el zazen o el mindfullnes– son los santuarios perfectos para poner en equilibrio nuestras vidas, en momentos donde no parece haber sitios disponibles para refugiarnos de la hiperconectividad que nos asola y nuestra cada vez más fuerte adicción a los celulares.

De esta forma el budismo es un atisbo milenario de sabiduría que se ha reactualizado para ayudarnos a sobrellevar los problemas de un mundo digital hiperconectado.

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En la congregación budista All Beings Zen Sangha, como pudo dar a conocer NPR, se conducen interesantes ejercicios durante las sesiones de meditación para ayudar a los participantes a tener una experiencia online más consciente.

Mark Stone, uno de los monjes que dirige las sesiones, recomienda alejar los celulares lo más que podamos de nuestras rutinas cotidianas. Pero, consciente de que la mayoría no podemos prescindir de estos gadgets, Stone llama a que, al usarlos, seamos conscientes de nuestra postura, nuestra respiración y, sobre todo, el tiempo que pasamos en ellos.

La cuestión entonces no es tanto desconectarse del mundo digital, sino aprender a estar conectado siempre: no sólo al internet, sino primordialmente al mundo real. Se trata de usar cosas como los celulares de manera consciente, como de hecho lo hacen monjes en monasterios del Tíbet, donde más de 700 miembros tienen ya tablets y smartphones.

Con los celulares, como con todo en la vida, la cuestión está en mantener la sabiduría y la voluntad por sobre cualquier otro poder negativo que pueda perjudicarnos. Así que, la próxima vez que medites, checa tus notificaciones… pero con conciencia.

*Imágenes: 1) edición Ecoosfera; 2) Kilian Enf; 3) Nola Lee Kelsey



¿Qué hay detrás de tus marcas favoritas?

Si crees que la valentía se limita a las películas de acción, te tenemos una noticia: elegir lo que comes es un acto de valor que realizas tres veces al día.

¿Cómo? Muy sencillo, como consumidores tenemos el poder de decidir qué llevamos a nuestra mesa y cómo nutrirnos. A veces se nos olvida la responsabilidad que tenemos de nuestra alimentación y dejamos que la publicidad y las marcas nos digan cómo hacerlo. Pero hoy tenemos un reto enorme como consumidores: recuperar nuestro poder de elección.

Los productos procesados que compramos en el supermercado tienen un origen dudoso, no sabemos cómo son producidos ni de dónde provienen los ingredientes para su elaboración porque las empresas que los elaboran no son transparentes con sus consumidores.

Las empresas de alimentos nos ofrecen comida para “hacernos la vida más fácil” e incluso han creado productos “más sanos” y nos los llevamos a la boca pensando en que  nos ofrecen los nutrientes necesarios para nuestro cuerpo. Hoy sabemos que esto no es así, la comida procesada está relacionada con los altos índices de obesidad  y sobrepeso a nivel mundial por sus altos contenidos de azúcar y grasas.

Si miramos más a fondo encontramos que los alimentos procesados también tienen un pasado oscuro que impacta al medio ambiente, y nosotros como consumidores somos cómplices involuntarios de estos daños cada vez que decidimos comprar alimentos que provienen de la agricultura industrial, que contamina recursos valiosos como el agua y el suelo, indispensables para tener comida sana en nuestra mesa. 

Además, esta forma de producción no solo pone en riesgo la biodiversidad, sino que amenaza la salud de los trabajadores del campo con el uso de agrotóxicos como el glifosato, catalogado recientemente por la Organización Mundial de la Salud como probable cancerígeno para el ser humano y que es utilizado sin ningún tipo de control en el campo mexicano.

Este panorama es alarmante para todos, y como consumidores tenemos en nuestras manos un papel clave en el rumbo de esta historia con cada elección de compra y pidiéndole a las empresas de alimentos que nos informen sobre la forma en la que elaboran sus productos. Juntos podemos transitar hacia una agricultura ecológica, que proteja al medio ambiente y a las personas.

Desde Greenpeace, te invitamos a ser parte de una comunidad a favor de la comida sana y a preguntarle a las 15 corporaciones más relevantes en el país sobre cómo producen y cuál es el origen de los ingredientes que utilizan, a través del sitio web: www.greenpeace.mx/comidasana.

Gobierno, empresas y consumidores, somos parte de un problema de alimentación que no permite el acceso a alimentos suficientes y de calidad, pero hoy más que nunca, también somos parte de la solución. 

 

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Twitter del autor: @PrensaGPMX @greenpeacemx