El video que muestra, más claro que nunca, que tirar la comida es desperdiciar dinero

Cocinar dinero (valor), de algún modo, eso es exactamente lo que hacemos diariamente.

En este mundo capitalista pareciera que todo debiera medirse en dinero para entender su importancia. Los ecologistas, por ejemplo, han debido convertir en dólares las pérdidas por el cambio climático, en un desesperado intento porque los economistas y financieros del mundo entiendan su peligrosidad…

Es muy burdo, poco elegante, y superficial, pero en ocasiones convertir los problemas a dinero hace que estos llamen más la atención, y por ello, encuentre probablemente más prontas soluciones.

Sabemos que todos los días es producida en el mundo el doble de comida de la que es consumida, y simultáneamente, unos 805 millones de personas en el planeta carecen de lo suficiente para comer y llevar una vida sana.

Hace poco fue anunciado que en Francia, por ejemplo, los supermercados deberán donar la comida no vendida antes de que caduque para evitar su desperdicio, en Inglaterra está sucediendo algo parecido. Lo cierto es que cada vez más crece la consciencia sobre el sinsentido del desperdicio en un mundo, que además, pronto tendrá hasta 9 mil millones de bocas para alimentar.

Este video producido por algunas organizaciones como BeGreen o Stop Food Waste.ie nos confronta con imágenes el valor desperdiciado con cada bocado no aprovechado.



La cadena del desperdicio de comida en GIFs

Animaciones para hacer conciencia (y que te harán no querer dejar ni un chícharo en el plato).

Nunca como ahora la comida había sido tan accesible. Una infinidad de sabores se encuentran a la vuelta de la esquina, y consentir al paladar es sólo cuestión de voluntad. Pero en realidad, no es tan sencillo.

No sólo porque la comida es cada vez más costosa, lo que hace de aquella cosa llamada la “canasta básica” nada más que un mito para la mayoría de la gente. También porque ese fabuloso mundo de alimentos frescos y siempre disponibles no es sino una farsa, detrás de la cual se oculta un brutal desperdicio de comida.

El mundo desperdicia alrededor de 1.4 mil millones de toneladas de toda la comida producida.

Esto podría alimentar a 2 mil millones de personas.

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Para los alimentos, llegar del campo a tu mesa no es nada fácil. En cada paso de este proceso se va perdiendo comida, ya sea por exigencias estéticas o por hacer actos de prestidigitación con los alimentos.

La marca Misfits Foods, dedicada a difundir el problema y hacer deliciosos jugos a base de fruta y vegetales desechados por la industria, explica la cadena del desperdicio de comida con GIFs. Ésta consta de cuatro eslabones, en los cuales el último es el que más daños ocasiona (así es: nuestro consumo).

 

1. El campo

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Cuando los granjeros venden su producto pierden alrededor de 1/3 de éste, debido a que las compañías no les compran frutas y verduras que no estén “presentables”. Estos cultivos que no son vendidos, y por lo tanto no son consumidos, utilizan un 25% del agua y ocupan un 18% de las tierras de cultivo.

 

2. Manufactura

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Las frutas y verduras empacadas tienen detrás un proceso de pequeños desperdicios que terminan sumando una gran cantidad de restos que podrían ser utilizados, pero que se desechan en el momento de la manufactura. Quizá no haya algo más emblemático en este eslabón que el caso de las “zanahorias baby”, que son zanahorias consideradas “poco estéticas”, las cuales son recortadas con un cilindro y cuyos restos son desechados o, a lo sumo, usados como alimento para el ganado.

 

3. La venta al por menor

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En el supermercado siempre esperamos encontrarnos con abundancia, frescura y, por supuesto, calidad. Pensamos que ello se traduce en fruta brillante y verduras bonitas, lo que no es sinónimo de calidad, sino de desperdicio –y seguramente, de muchos transgénicos–. Esa perfección no es normal; tanto es así que los supermercados tiran hasta 40% de la comida debido a la sobrecompra que realizan para poder tener aparadores abundantes y antojables. Una farsa total, que conlleva un gravísimo desperdicio.

 

4. Nosotros (el consumo)

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218 mil millones de dólares son el equivalente monetario a la comida que se compra y que se tira, ya sea en forma de pequeñas o grandes sobras, o debido a que se pasan las fechas de caducidad. Según Misfits Foods, este es el eslabón de la cadena que más desperdicio de comida supone.

Y ya que estamos en la parte del “nosotros”, y evidentemente ésta es la que más daños ocasiona ­–lo cual demuestra que las acciones pequeñas no son tan pequeñas–, parece urgente realizar profundos cambios en nuestra forma de relacionarnos con los alimentos.

 

Haz algo más que no dejar ni un chícharo en el plato

No sólo es importante que te despojes de ese horrendo hábito de dejar comida, y que organices mejor tus comidas para evitar que los alimentos se echen a perder. Otra clave para combatir el desperdicio de comida está en reutilizar, separando con cuidado la basura y usando los desechos orgánicos para hacer una muy sencilla composta.

De esta forma evitas que tus desechos orgánicos terminen en vertederos y se sumen a la cadena del desperdicio de comida, la cual contribuye al cambio climático por la gran cantidad de gas metano que lanza a la atmósfera.

Si quieres algunos otros hacks, aquí hay cinco claves para dejar de desperdiciar comida (y hacerlo un proceso tan sustentable como delicioso).

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El otro reto: fortalecer economías locales y hacer una ruralidad sostenible

Pero además, la creación de economías locales es un must, pues sólo éstas pueden hacer del proceso de producción, distribución y consumo de alimentos algo menos dañino para el planeta y para nosotros. Eso es lo que propone el movimiento Slow Food, que te puede dar algunas ideas para empezar a contribuir con este necesario cambio.

A la par, debe promoverse una ruralidad moderna y sostenible. Es necesario que las nuevas generaciones regresen al campo, para así restablecer la soberanía alimentaria de las naciones y que ya no dependan de la brutal cadena del desperdicio de comida al que nos orillan las transnacionales.



Hay mucha comida en el mundo… pero el hambre va al alza por tercer año consecutivo

Explicarnos esta paradoja es clave si queremos hacer algo al respecto.

Si existe una prueba irrefutable de nuestra involución como especie, esta sin duda tiene que ver con la cuestión de la alimentación a nivel mundial. Porque pocas cosas hay más asombrosas –y tristes– que esa extraña correlación entre hambruna y obesidad, o entre producción y desperdicio, que se ha vuelto tan común en el vital ámbito de la alimentación humana.

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Algunos datos bastan para confirmarlo de manera contundente: cada año se producen miles de millones de toneladas de comida, de la cual poco más de mil millones se desperdicia.

La comida que se desperdicia podría alimentar a 2 mil millones de personas.

Al mismo tiempo, el hambre aumenta exponencialmente en regiones del mundo como África y Sudamérica –desde el 2015, ha habido un incremento constante de la hambruna en estos países– y la obesidad se vuelve una epidemia en otros países, como México, Estados Unidos y Nueva Zelanda.

Según el último reporte de la FAO, The State of Food Security and Nutrition in the World:

821 millones de personas –es decir, 1 de cada 9– padecen hambre.
673 millones de adultos –es decir, 1 de cada 8– tienen obesidad.

Esta situación parece ser una de las mayores paradojas de nuestro tiempo. No parece que ninguno de estos problemas alimentarios vayan a poder ser resueltos en el mediano plazo, aunque una de las metas de las Naciones Unidas es erradicar el hambre para el 2030.

 

Pero, ¿por qué sucede esto?

El diagnóstico de la FAO sobre la hambruna indica que esta paradoja alimentaria se debe, por un lado, a los conflictos violentos en algunas partes del mundo, y por el otro, al cambio climático. Se hace énfasis en las condiciones de cada nación, que incluyen qué tan sofisticados o anticuados son los sistemas de agricultura y cuánto se puede promover el cultivo de alimentos pese a las extremas condiciones climáticas.

No obstante, existe algo más importante a tomar en cuenta: las malas prácticas de países como Estados Unidos. En este país se producen tantas cosas –comida incluida– que si todos viviéramos como un estadounidense promedio harían falta cinco planetas que sustentaran tal despilfarre de recursos. Además, aunque Estados Unidos también está enfrentando una severa crisis, sigue siendo el país donde más comida se desperdicia: 150 mil toneladas al año.

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La paradoja, así, se vuelve aún más paradójica –si cabe–, ya que el hambre no es sólo consecuencia de no poder cultivar por las condiciones de violencia que imperan en algunos países o por cómo les afecta el cambio climático, y ni siquiera se debe a una “mala distribución” de la comida.

En realidad, la hambruna sólo podría ser erradicada si no se desperdiciara más del 40% de la comida a nivel mundial, como nos hizo saber Anthony Bourdain en una de sus últimas denuncias audiovisuales.

 

El problema es que esto no sólo depende de nosotros…

Desperdiciar comida es algo que podemos evitar, pero eso significa sólo una pequeña contribución individual a un problema que nos rebasa. Y es que lo realmente importante es que los alimentos dejen de verse como una mercancía. En ese sentido es urgente transformar las prácticas de las grandes empresas, así como los esquemas de producción y distribución de los alimentos.

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Porque el desperdicio en los hogares es sólo el último eslabón en una cadena de pérdidas que comienza desde el campo mismo, y que continúa en los almacenes, en los centros de embalaje y en los supermercados, hasta llegar a los restaurantes y a las alacenas de nuestras casas. Durante todo el proceso el desperdicio está implícito, y esto se debe a la dinámica que han impuesto los monopolios de los alimentos.

Por eso es importante propulsar la creación de economías locales donde se instaure una dinámica en pequeño que haga del proceso de producción, distribución y consumo de alimentos algo mucho menos complejo. Algo así es lo que propone el movimiento Slow Food, que marca la pauta hacia la cultura alimentaria del futuro.

Al mismo tiempo debe promoverse una ruralidad moderna y sostenible que haga atractivo para las nuevas generaciones regresar al campo, para así restablecer la soberanía alimentaria de las naciones –y que ya no dependan de Estados Unidos–.

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¿Y en las ciudades? Sin duda, podemos contribuir cultivando nuestra propia comida y no desperdiciando nada de nuestro plato –y cuando decimos nada, es nada: puedes hacer composta con cualquier resto de origen vegetal–. Además, es importante reducir el consumo de carne, pues con el mismo alimento que se engorda al ganado se podría alimentar a millones de personas, y la producción de carne implica un gasto monumental de recursos vitales que puede evitarse.

Sólo así será realista plantear la erradicación de la hambruna.

…quizá no para el 2030, como propone la FAO, pero sí lo antes posible. ¿O tú qué opinas?