El Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, manifestación de cinismo ambiental

Un compendio de las, a todas luces, atrocidades ambientales implicadas en este proyecto.

En México los megaproyectos, sin importar su tipo ni su ubicación geográfica, están casi siempre acompañados de una violación sistemática a los derechos humanos, del despojo de las comunidades locales, de la exclusión de la población en la toma de decisiones, de gravísimos impactos ambientales y del menosprecio a las opiniones de los especialistas. Por estas razones, los megaproyectos suelen estar sentenciados a generar descontento, oposición y un desgaste continuo del tejido social. Un ejemplo de todo esto es la idea de construir, encima del lago de Texcoco, el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y una nueva Santa Fe.

Todo empieza con un interesado, en este caso el gobierno federal, que tiene la intención de construir una obra faraónica que repentinamente mejorará la crítica situación de nuestro país. Para poder realizar este proyecto necesita elaborar, primero, una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), para que se evalúe objetivamente y así poder determinar si los beneficios son mayores a los perjuicios. Para elaborarla debe contratar una consultoría ambiental que, más que analizar objetivamente el impacto de la obra, sea capaz de justificar ante la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) lo sustentable y ambientalmente amigable que será esta obra. Entonces utiliza dos de sus fichas recurrentes en los últimos años: 1) Especialistas Ambientales S.A. de C.V, cuyo fundador es Rodolfo Lacy Tamayo, actual subsecretario de Planeación y Política Ambiental de la Semarnat; y 2) el Colegio de Biólogos de México A. C., que en 2013 renovó su Consejo Directivo, siendo el mismo Juan José Guerra Abud, actual secretario del Medio Ambiente, el que tomara su protesta. Una vez realizada la MIA, se entrega a la Semarnat para su objetiva e imparcial evaluación y, en este caso, obvia aprobación.

Con el fin de que los proyectos sean autorizados, en México existe una tendencia a elaborar varias MIAs para un solo megaproyecto. De esta forma se busca ocultar y “repartir” sus verdaderos impactos acumulados. Por ejemplo, el Nuevo Aeropuerto contempla tanto la construcción de pistas y terminales aéreas como el desarrollo de una Aerotrópolis (la nueva Santa Fe-Texcoco). Lo único que sabemos hasta el momento de la Aerotrópolis es que será una zona urbanizable de 375 hectáreas (750 campos de fútbol de 50 x 100 m) que ofrecerá “oportunidades de desarrollo para bienes raíces comerciales de clase mundial para atender a los viajeros, dada su ubicación estratégica para desarrollos comerciales, parques empresariales y zonas de libre comercio”. La MIA omite deliberadamente los impactos de la Aerotrópolis, pero afirma que es parte del proyecto. Por lo tanto, la Semarnat, al autorizar el proyecto, firmó un cheque en blanco para la construcción de esta nueva Santa Fe-Texcoco.

Uno de los impactos más preocupantes es que esta pequeña ciudad estará conectada a la red municipal de agua potable, que actualmente está sobreexplotada. De llevarse a cabo este proyecto, una vez instalado el aeropuerto y su Aerotrópolis, todos sabemos a quién se le va a dar prioridad sobre el uso de agua potable.  

Esta realidad en la que el gobierno federal es juez y parte provoca que proyectos como este se autoricen sí o sí, por encima de cualquier riesgo socio-ambiental. Por ejemplo, el secretario del Medio Ambiente, Guerra Abud, defiende a capa y espada que el proyecto es ambientalmente viable debido a que se crearán nuevos bosques alrededor. Uno de los elementos que omite es que la Semarnat autorizó la siembra de 264,534 árboles de la especie de cedro salado (Tamarix ramosissima), una especie invasora de alto impacto negativo para la biodiversidad mexicana. De acuerdo con la Comisión de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), esta especie altera los regímenes naturales de inundaciones, modifica la dinámica de los ecosistemas, promueve la propagación de incendios y provoca la desecación de los cuerpos de agua, por lo que está catalogada como una de las principales amenazas para la flora y fauna a nivel nacional. Me pregunto si la Semarnat ignora que la introducción de especies invasoras es la segunda causa más importante para la pérdida de biodiversidad a nivel mundial.

El ex lago de Texcoco es una de las zonas más bajas de la cuenca y se hunde entre veinte y treinta centímetros por año. Es por esto que cada temporada de lluvias existen graves inundaciones en la zona oriente de la Ciudad de México. Por ejemplo, el 42% del terreno donde se pretende construir el aeropuerto se inunda frecuentemente. Para tratar de solucionar el problema de las inundaciones en el terreno, el proyecto contempla la realización de cinco obras hidráulicas, de las que hasta la fecha no se conoce ningún detalle técnico, pues la MIA no explica nada al respecto. De esto surgen dos preguntas: ¿cómo es que a la Semarnat no se le ocurrió preguntar de qué se trataban estas obras al autorizar el proyecto? y ¿qué certeza tenemos de que estas obras solucionarán el problema natural de las inundaciones? No olvidemos las experiencias que hemos tenido con el “magnífico” túnel emisor oriente.

El lago Nabor Carrillo colinda con el predio del Nuevo Aeropuerto y es uno de los ejemplos más exitosos de restauración ecológica en México, tanto que se ha convertido en uno de los sitios más importantes para las aves migratorias. La colisión entre aves y aviones es, sin embargo, un problema severo en los aeropuertos a nivel internacional y ha generado accidentes lamentables. Los estándares internacionales establecen que para minimizar el riesgo de colisión debe haber una distancia mínima de ocho kilómetros entre las pistas y los sitios con alta presencia de aves. En el caso del Nuevo Aeropuerto las pistas se encontrarían a menos de dos kilómetros de una zona en la que anualmente habitan cerca de 120,000 aves. Las aves migratorias son generalmente más grandes que otras aves y suelen volar a mayor altura, lo que hace que el riesgo de colisión aumente. Además, la orientación de las pistas coincide exactamente con los patrones de vuelo de estos animales. Este peligroso factor de riesgo no fue considerado ni en la MIA ni en la autorización del proyecto.

Debido a la magnitud del Nuevo Aeropuerto es necesario tener en cuenta las obras asociadas. Se está considerando, al menos, la construcción de doce proyectos viales, con un total de 190 kilómetros, entre los que se encuentra un segundo piso del Viaducto Río Piedad y la Autopista Urbana Oriente sobre Xochimilco e Iztapalapa. Es evidente que el impacto ambiental no será únicamente local, sino que tendría un efecto acumulado, sinérgico y a largo plazo sobre el Valle de México. Este impacto regional es el que nosotros, los ciudadanos, exigimos conocer porque de otra manera no sabremos si los supuestos beneficios serán mayores que los perjuicios. Es este mismo impacto el que el gobierno federal se niega a reconocer, estudiar y evaluar.

En este contexto, la ciudadanía está completamente excluida y sin elementos para influir ni en la evaluación ni en la toma de decisión. Actualmente, el reglamento en materia de impacto ambiental es obsoleto; no es un instrumento de evaluación y se ha convertido en un mero trámite. El gobierno federal está aprovechando la mediocre situación de la legislación ambiental para imponer el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Esta penosa situación seguirá ocasionando, cada vez con más frecuencia, conflictos socio-ambientales en todo el país.

Si tomamos en cuenta, además, que desde la década de los setenta muchos especialistas y urbanistas señalan que Texcoco debe recuperar su vocación lacustre, queda más claro aún que construir ahí el Nuevo Aeropuerto es una atrocidad, pues significa perder la última esperanza que tiene esta metrópoli de asegurar el abasto de agua a mediano y largo plazo.

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La información técnica que sostiene cada uno de los argumentos expuestos aquí puede ser consultada en la siguiente liga: http://bit.ly/1J5HWff

Artículo publicado también en: Horizontal.mx

Por Fernando Córdova Tapia y Karen Levy Gálvez

Fernando Córdova Tapia (@FerCordovaTapia) es coordinador académico del Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM y del Grupo de Análisis de Manifestaciones de Impacto Ambiental de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (GAMIA-UCCS).

 

Karen Levy Gálvez es bióloga de la UNAM, actualmente trabaja en la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel en Ciudad Universitaria y colabora en el GAMIA-UCCS.

Autor: Fernando Córdova Tapia


Despojo de nuestro pasado: una razón más para cuestionar la construcción del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México

El patrimonio arqueológico del ex lago de Texcoco peligra con la implementación de este megaproyecto.

*Por: Sofía Enrigue

 

Durante la época de la conquista, en México se construyeron iglesias sobre edificaciones prehispánicas que tenían un carácter sagrado para las antiguas civilizaciones, como parte de la labor evangelizadora de la religión católica hacia los mexicas. Hoy en día sucede algo similar, esta vez bajo el estandarte del desarrollo: se devastan ecosistemas, se desplazan comunidades y se destruyen zonas arqueológicas. Esta palabra, desarrollo, parece haber permeado en todos los discursos políticos sin ningún tipo de cuestionamiento sobre lo que realmente significa. Nos limitamos a pensarla como un crecimiento meramente económico dejando de lado el principio de equilibrio entre economía, sociedad y medioambiente. Bajo esta idea de desarrollo económico se aprobó la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), que se está edificando sobre una región del ex lago de Texcoco que abarca los municipios de Texcoco, Atenco y Ecatepec, un área llena de riqueza ecológica, cultural y arqueológica. Los argumentos presentados en la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) por los promoventes del aeropuerto, contienen una serie de deficiencias que ponen en tela de juicio la resolución favorable otorgada para la implementación de dicho megaproyecto.

INAH                                                                                                                                                                                                 

Sobre lo que concierne a nuestro patrimonio arqueológico, en la MIA se establece que habrá afectación de dicho acervo en la región, pero que se están llevando a cabo las medidas necesarias para contener esos riesgos a través de estudios prospectivos y de rescate de vestigios arqueológicos por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Los promoventes del megaproyecto afirman que “por tratarse de un punto que antiguamente fue un lago, no se espera que en el sitio del Proyecto se encuentren monumentos o construcciones de importancia”. Sin embargo, Luis Morett, investigador de la Universidad Autónoma Chapingo, junto con Jeffrey Parsons, de la Universidad de Chicago, asegura que:

es una de las regiones menos estudiadas de la cuenca de México, pero una de las que mayor potencial arqueológico y paleontológico tiene, ya que se han identificado 28 sitios arqueológicos y 270 puntos con vestigios prehispánicos.

(Parsons y Morett, 2004)

En un reporte de la Universidad Autónoma de Nuevo León se mencionan los siguientes criterios detectados en la zona del proyecto del NAICM, por los cuales se le define como zona de interés arqueológico:

  • Existe concentración de materiales arqueológicos en áreas reducidas.

  • Existen elevaciones naturales utilizadas como campamentos estacionales donde se efectuaban diversas actividades relacionadas con la caza, pesca y producción de sal.

  • Se han detectado zonas especiales donde se hacían ritos y ceremonias practicados por los habitantes de las poblaciones prehispánicas cercanas a los cerros que rodean el lago de Texcoco.

  • Se han encontrado por lo menos dos asentamientos con presencia de ofrendas.

En diversos artículos se ha hecho referencia a Morett, quien afirma que de ser profundamente explorada, en esta región se puede encontrar información sobre la antigua explotación de sal y restos arqueológicos del sistema hidráulico que regula los niveles de agua en toda la zona lacustre y gracias al cual, afirma, fue posible la construcción y el uso del cultivo en chinampas en el lago Chalco-Xochimilco. Por otro lado, la vasija de obsidiana con forma de mono, una de las piezas más emblemáticas del Museo Nacional de Antropología e Historia, fue encontrada en Texcoco, y aunque no sé conoce el sitio exacto, representa una muestra más de la riqueza de vestigios arqueológicos de dicha región (Walsh, 2004). Y no sólo eso, se han encontrado restos de fauna y esqueletos humanos prehistóricos, entre ellos los restos de cinco mamuts, y “El hombre de Tepexpan”, esqueleto de 7,000 años de antigüedad, considerado el más antiguo de América Latina en la fecha de su descubrimiento (De Terra, 1947).

Estos vestigios representan hallazgos de gran interés para realizar estudios de paleontología y evolución.

Por otro lado, arqueólogos que se dedican a hacer proyectos de salvamento con el INAH, mencionaron en una entrevista con Contralínea (Mendoza, 2015) que los estudios de prospección arqueológica descritos en los reportes de las excavaciones fueron realizados de forma muy superficial. Por lo tanto, reprochan que no se hayan utilizado herramientas geofísicas con las que cuenta el INAH, gracias a las cuales se puede explorar a profundidades de 12 a 20 metros sin necesidad de hacer excavaciones. El artículo 2o de la Ley Orgánica del Instituto Nacional de Antropología e Historia, establece que:

Son objetivos generales del Instituto Nacional de Antropología e Historia la investigación científica sobre antropología e historia relacionada principalmente con la población del país y con la conservación y restauración del patrimonio cultural arqueológico e histórico, así como el paleontológico; la protección, conservación, restauración y recuperación de ese patrimonio y la promoción y difusión de las materias y actividades que son de la competencia del instituto.

Es preocupante que los estudios de prospección no se hayan realizado de manera exhaustiva, ya que los arqueólogos prevén que la mayoría de los vestigios arqueológicos aparezcan mientras se lleven a cabo las excavaciones, haciendo imposible su recuperación y salvamento. Para dicho caso se debería tomar en cuenta que el artículo 52 de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas establece que a “quien por cualquier medio dañe, altere o destruya un monumento arqueológico, artístico o histórico, se le impondrá prisión de 3 a 10 años y multa hasta por el valor del daño causado”.

                             El País                                                                                                                                                                                        

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, ha resaltado la importancia de preservar tanto el patrimonio natural como el patrimonio cultural, señalando a este último como una pieza fundamental para el desarrollo sostenible de los países, comunidades y pueblos. No es responsable mirar hacia el futuro sin tener conocimiento y aprendizaje del pasado. La construcción del NAICM no es el único caso de la constante devastación y despojo que ha sufrido México de su patrimonio cultural autóctono. Centros comerciales, viviendas, carreteras y obras de transporte público son otros de los ejemplos de megaproyectos que han hecho de nuestro acervo arqueológico y paleontológico un acervo vulnerable y poco protegido. La destrucción de los restos de nuestro pasado se traduce en la imposibilidad de poder apreciar y difundir nuestro patrimonio cultural a futuras generaciones.

Por lo tanto, la aprobación del proyecto del NAICM, a pesar de la destrucción deliberada de nuestro patrimonio arqueológico, y de los gravísimos daños sociales y ambientales que provoca, representa una razón más para cuestionar, enfrentar y debatir las decisiones de nuestros gobernantes.

 

Referencias

De Terra, H. (1947). New evidence for the antiquity of early man in Mexico. Revista Mexicana de Estudios Antropológicos, 8: 69–88.

Mendoza, E. (2015). Nuevo aeropuerto arrasará zona arqueológica. Contralínea, 427. Recuperado el 20 de junio de 2017 de: http://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2015/03/08/nuevo-aeropuerto-arrasara-zona-arqueologica/.

Parsons, J. R. y Morett L. (2004). Recursos acuáticos en la subsistencia azteca: Cazadores, pescadores, y recolectores. Arqueología Mexicana, 12(8):38–43.

Walsh, J. M. (2004). La vasija de obsidiana de Texcoco. Arqueología Mexicana, 70: 66-67.

México Sostenible
Autor: México Sostenible
Somos una organización de jóvenes comprometidos con la conservación de la riqueza natural y cultural del país. Integramos un equipo interdisciplinario capaz de analizar diferentes temas de la agenda ambiental, con el fin de generar acciones para fortalecer la capacidad de adaptación de las sociedades frente al cambio climático e incentivar su desarrollo sostenible.


La Aerotrópolis: la urbe satélite del nuevo aeropuerto de la que no se sabe nada

La urbanización de un predio de este tamaño tiene varias implicaciones en cuanto a consumo de agua, energía, manejo de residuos y otro tipo de impactos negativos como la congestión vehicular.

Por: Damián McAnally

 

El Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México promete ser la gran obra del sexenio. Ubicado en los remanentes del antiguo lago de Texcoco, este proyecto se ha mostrado en los medios de comunicación como el aeropuerto que será el más sustentable del mundo. Se habla del primer aeropuerto en conseguir certificación LEED Platino, una certificación ambiental para construcciones y en la cual el platino es el nivel más alto. También se habla de un aeropuerto construido por personas que entienden el contexto del espacio en el que se construye y que traerá desarrollo y orgullo a las comunidades locales. No obstante, este proyecto ha estado rodeado de irregularidades en varias de sus etapas de desarrollo. Muchas de estas irregularidades están relacionadas con la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) que fue presentada por el Gobierno Federal y posteriormente aprobada por SEMARNAT (UCSS, 2015).

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Son varias las irregularidades en la MIA, pero sin duda una de las más preocupantes es la gran omisión que se hace respecto a una parte del proyecto que es la Aerotrópolis. Esta parte del proyecto es una zona de 375 hectáreas ubicada entre la terminal del aeropuerto y la autopista Peñón-Texcoco, en donde se promoverá el desarrollo inmobiliario para crear zonas de libre comercio y áreas comerciales. Todo esto con el fin de satisfacer las necesidades de los viajeros y empleados del aeropuerto. En la MIA se omiten los detalles de esta parte del proyecto, así como cualquier cosa que tenga que ver con los impactos negativos de índole ambiental que podría tener, y por lo tanto, también cualquier cosa que hable de las medidas de mitigación y compensación que lo acompañan (GACM, 2014). La urbanización de un predio de este tamaño tiene varias implicaciones en cuanto al consumo de agua, energía, manejo de residuos y otro tipo de impactos negativos como la congestión vehicular. Por lo tanto, omitir deliberadamente a la Aerotrópolis de la MIA equivale a que esté exenta de un proceso de evaluación de impacto ambiental. Más grave es este problema considerando que SEMARNAT aprobó el proyecto sin ningún tipo de condicionamiento.

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El tipo de desarrollo que implica la Aerotrópolis (y el nuevo aeropuerto en general) contraviene el Ordenamiento Territorial del Estado de México. Este ordenamiento establece que en la zona donde se planea la construcción del nuevo aeropuerto se deben realizar únicamente actividades de bajo impacto y de conservación, así como también prohíbe la construcción de grandes obras de infraestructura (GEM, 2016). En la MIA se busca minimizar las implicaciones de esta violación tan grave sosteniendo que el ordenamiento estatal no es vinculante en la zona donde se construirá el aeropuerto, pues se trata de una zona federal (GACM, 2014). 

Es importante notar que el ordenamiento ecológico territorial es una herramienta prevista en la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente, en donde se establece que es competencia de la Federación la aplicación de los instrumentos previstos en dicha Ley, por lo que el Ordenamiento Territorial del Estado de México no tendría por qué ser una excepción. Por otro lado, en dicha Ley no se habla de que dichos ordenamientos no puedan regular zonas federales, por lo que el argumento del Gobierno Federal para ignorar el ordenamiento estatal no tiene un sustento real (CDCU, 1988).

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Proceso

Al analizar lo anterior, resulta evidente que el bombardeo mediático que rodea al Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México impulsado por el Gobierno Federal no es más que un maquillaje verde para un proyecto que viola la misma Ley que el Gobierno Federal tiene dentro de sus competencias aplicar. La violación del ordenamiento estatal tiene serias implicaciones en distintos niveles; desde la vegetación que será directamente removida, hasta en las aves migratorias que encuentran en estos remanentes del lago de Texcoco una zona de descanso y anidación. La Aerotrópolis, por otro lado, aparte de violar el ordenamiento estatal también hace que las aproximaciones en cuanto al consumo de agua y energía, así como la generación de residuos de todo el proyecto sean inexactas. Al no tener detalles de esta parte del proyecto, no se puede evaluar de manera precisa el impacto que tendrá a mediano y largo plazo. Tampoco queda claro cómo es que la Aerotrópolis beneficia a las comunidades cercanas, como se sostiene a lo largo de la MIA.

SEMARNAT aprobó un proyecto lleno de contradicciones y huecos muy peligrosos que representan un riesgo enorme para el ambiente y las comunidades cercanas al proyecto. Entonces, ¿dónde queda la sustentabilidad de la que tanto se habla? El hecho de que el edificio terminal del nuevo aeropuerto tenga certificación LEED Platino dice poco sobre la sustentabilidad de un proyecto que incluye una urbanización de la que poco o nada se sabe. La Aerotrópolis podría entonces ser cualquier cosa y, por ende, también sus impactos. 

 

Referencias

Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. (1988). Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente. Capítulo II, Art. 6.

Gobierno del Estado de México. (2006). Ordenamiento Ecológico del Estado de México. Pp. 26 y 81.

Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México. (2014). Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México: Manifestación de Impacto Ambiental Modalidad Regional. MIA-15EM2014V0044.

Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad. (2015). Análisis del Resolutivo SGPA/DGIRA/DG/09965 del proyecto “Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, S.A. de C.V.”. MIA-15EM2014V0044.

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Autor: México Sostenible
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