Contempla familias enteras de orcas en fotografías tomadas por drones (FOTOS)

Es la primera vez que científicos canadienses captan imágenes tan nítidas y a una altura que no moleste a las ballenas.

Las orcas son animales muy sensibles y por ello está prohibido por muchas legislaciones del mundo fotografiarlas o filmarlas de cerca. Lo anterior había sido un obstáculo para su estudio pero ahora los drones están acercando nuevas posibilidades de análisis para el mundo de la ciencia.

Científicos del NOAA Fisheries de Canadá han estado empleando por primera vez drones para estudiar a las orcas al norte de la Columbia Británica; su población ha sido catalogada en este país como en riesgo. Los científicos también están preocupados por la disminución del salmón chinook, el principal alimento de estas ballenas.

Así, con el uso de drones van monitoreando la complexión y cantidad de ballenas para cuidarlas en caso de que su comida escaseé. Recientemente publicaron algunas de las fotografías, no con una motivación estética; sin embargo, para nosotros los comunes, encontrar estas familias de ballenas tanto en actividades lúdicas (como en su clásico juego de cabezas), como en recorridos diarios, y desde una perspectiva como esta, no deja de ser un delicatessen para los sentidos.

 



Los espacios otros: penetrantes perspectivas aéreas del desierto para perder la mirada

Imágenes de texturas, colores y accidentales curvas que nos invitan a diluirnos en la otredad del paisaje desértico.

El desierto es, para los sentidos, un placer ambiguo. Aunque en cada persona evoca algo distinto, siempre termina por proyectar una suerte de incertidumbre, producto de su notable diálogo con lo infinito. Pero su profundidad es, también, un extraño resquicio de paz.

Innegablemente, admirar desde el aire las topografías accidentadas y las dunas caprichosas de un desierto como el de Namibia es un privilegio. Y de alguna manera, nos invita a jugar con la posibilidad de que sean otros espacios, pues como cualquier amante de la fotografía con drones se habrá dado cuenta, mirar desde el ojo de un pájaro es admirar un mundo totalmente desconocido; diferente. Eso es lo que nos permite el trabajo de la fotógrafa Leah Kennedy.

La australiana siente una arrobadora atracción por la dualidad inherente al paisaje desértico. Y optó por la fotografía aérea para poder abstraer el territorio y mostrar, así, la dualidad de sus formas y colores. Como lo explica en su sitio web:

La fotografía aérea es una nueva perspectiva de los paisajes, son vistas menos literales y más abstractas de nuestro mundo. Proveen una mirada distinta de los paisajes comunes y a veces contribuyen a la dualidad de la imagen y a la incertidumbre sobre lo que estás viendo.

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Este tipo de fotografía aérea no sólo es hipnotizante, pues muestra que la naturaleza es arte en sí misma.

También es una forma, como dice Kennedy, de ver las cosas desde otra perspectiva. En una suerte de delirio, nosotros imaginamos que su perspectiva invita a pensar en una heterotopía orgánica; espacios que siempre son otros, y que sólo desde la perspectiva perfecta podemos observar; es decir, un territorio que construimos gracias al dron, sobre otra realidad física totalmente distinta. 

Por eso, creemos que muchas de las fotografías tomadas por drones que son premiadas cada año son capaces de remover la conciencia, y nos llaman a cambiar la forma de ver al planeta y de relacionarnos con él.

Las fotografías de Leah Kennedy son una invitación a tejer lazos de empatía con los desiertos del mundo, lo cual es de suma importancia en la actualidad. Porque los desiertos serán territorios en disputa cuando se acabe la era de los combustibles fósiles y se imponga la energía solar. Gran parte de la energía eléctrica se generará en los desiertos –como el del Sahara–, lo que modificará radicalmente los paisajes del desierto, y seguramente cambiará también sus ciclos naturales.

Así que te invitamos a ver estas fotografías para que tengas presente al desierto y no sólo lo des por sentado, pues es uno más de los territorios del mundo –y de los más hermosos– que hay que salvaguardar.

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La trascendencia de nuestros actos: deshechos químicos de hace 40 años están matando a las orcas

Y lo peor es que podría conducirlas a su extinción si no hacemos algo…

La revolución tecnológica que impulsó la electricidad tuvo un precursor clave: un compuesto llamado policloruro de bifenilo (PCB), cuyas propiedades físicas –como su baja polaridad y su estabilidad térmica– eran ideales para construir todo tipo de aparatos eléctricos. Este compuesto se usó desde los años 30 del siglo pasado para producir motores, condensadores y hasta pinturas, sin que se supiera que los daños que ocasionaría trascenderían en el tiempo.

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Aunque la producción y uso de este compuesto fueron prohibidos hace más de 4 décadas (en 1977 en Estados Unidos y en 1983 en Alemania), el PCB sigue causando estragos en los ecosistemas. En el mar está matando a las orcas, quienes heredan y consumen altas concentraciones de este tóxico sigiloso.

La primera síntesis de PCB fue realizada en Alemania en 1881.

La empresa Monsanto comenzó su producción a nivel industrial en 1929.

Así es: Monsanto tiene casi 1 siglo propagando la muerte, debido a sus malas prácticas y a la negligencia con la cual utiliza y comercializa químicos cuyos efectos se desconocen. Y es que la toxicidad del PCB no quedó al descubierto sino cuando el daño ya estaba hecho.

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Ahora las orcas siguen padeciendo las consecuencias del cinismo de Monsanto y de la irresponsabilidad de las sociedades, ya que las concentraciones de PCB en los océanos se han mantenido relativamente constantes, alterando los ecosistemas y la genética de las orcas.

Según una reciente investigación, publicada en la revista Science y en la cual se estudió a 350 orcas de las 19 grandes poblaciones que quedan, muchos de estos mamíferos tienen altas concentraciones de PCB en sus cuerpos. Por lo menos nueve grupos de orcas tienen suficiente PCB en su organismo como para que esta sustancia dañe gravemente su sistema reproductor, su sistema endocrino y su sistema inmunitario.

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Las familias de orcas que habitan los mares más próximos a las ciudades industrializadas –como Japón y el Reino Unido– son las que presentan mayores concentraciones de PCB en su grasa. Y es que el PCB, aún presente en los desechos, entra a los tejidos de las orcas a través de la alimentación: aquellas que se alimentan no sólo de arenques sino de otros animales más grandes –como delfines, ballenas o tiburones– presentaron una concentración de hasta 20 veces más PCB.

9 de las 19 poblaciones de orcas estudiadas están en grave riesgo, y podrían sufrir un colapso en los próximos 50 años.

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Otro factor de riesgo para las orcas es la lactancia, pues las crías se envenenan con PCB a través de la grasa de la leche materna. Incluso pueden heredar el PCB en su organismo, también por vía materna.

Las orcas son seres altamente emocionales, que están sufriendo lo indecible por esta situación. Desde principios del año 2000 y hasta ahora, se han registrado muchos problemas entre las poblaciones de orcas. Entre ellos, una alta tasa de embarazos fallidos (70%, según un estudio reciente), así como depresiones y hasta suicidios.

Por eso será esencial que los países neutralicen el PCB definitivamente y que se hagan responsables, junto con Monsanto, de lo que han creado. Algo en lo que nosotros podemos contribuir es exigiéndolo, aprovechando las redes sociales –como algunas iniciativas ya lo hacen– y manteniéndonos al tanto de lo que hacen los gobiernos y las instancias internacionales respecto de este problema.