Así se vería la población mamífera en Tierra si los humanos no hubieran existido

Soren Faurby demostró que cada vez hay menos mamíferos grandes desde la llegada de los Homo sapiens

A lo largo de los últimos años, numerosos grupos y asociaciones han intentado hacen un llamado de consciencia a nivel mundial en relación con el detrimento del planeta, de sus recursos, su fauna y su flora. La manera de hacerlo ha sido a través de invitaciones a llevar una vida más ecosustentable, de diseños artísticos que expresan su preocupación por el medio ambiente, investigaciones acerca del impacto del hombre en el planeta, entre otros.

Uno de los estudios que han procurado prestar atención a este tipo de situaciones es el del ecologista Soren Faurby, quien demostró que cada vez hay menos mamíferos grandes desde la llegada de los Homo sapiens; por lo que se realizó un mapa hipotético de la megafauna del planeta si los humanos nunca hubieran existido.

Actualmente, la África sub-sahariana es uno de los lugares en el mundo con mayor especies mamíferas grandes: “Es uno de los lugares donde las actividades humanas no han desterrado a estas especies; y aún así, ahí hay muchas especies en peligro de extinción y sus rangos han estado severamente limitados por la actividad humana.

Mientras que en otras partes del mundo, la mayoría de estas especies fueron erradicadas; como por ejemplo, el bison norteamericano, el oso café europeo, entre otros. Por esta razón los investigadores se encargaron de realizar un mapa que demostrara gráficamente cómo la diversidad mamífera ha ido desapareciendo desde el impacto del hombre: “Si los humanos no hubieran existido, los mamíferos grandes aún reinarían en prácticamente todos los continentes de la Tierra”. El equipo calculó cómo serían los hábitats de estas especies, como los osos, elefantes, alces, rinocerontes, tigres, lobos, en caso que los humanos nunca hubieran construido granjas o ciudades, alterado el clima de la Tierra ni sus ecosistemas. Se los compartimos:

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La ciencia quiere que ligues más por estas reconfortantes razones

Seducir a otro está ligado a nuestra evolución, de formas que van mucho más allá de las necesidades reproductivas.

Ese espacio repleto de incertidumbre, entre dos desconocidos que intercambian gestos y miradas con la finalidad de seducirse mutuamente, es único. Hace emerger aquellos sentimientos innombrables que rara vez confluyen en un mismo instante, y nos coloca en un estado peculiar de ansiedad mezclada con optimismo (que además compartimos con el otro de manera cuasi-mística).

Quizá esa sea la razón, más allá de la búsqueda de una pareja, que nos mueve a ligar. Por supuesto, la determinación biológica es importante. Pero somos seres sociales: no sólo por nuestra inteligencia racional, sino quizá más importante aún, por nuestra inteligencia emocional.

La ciencia sabe que es importante que liguemos

Es en estos momentos de suplencia, cuando la mayoría optamos por ligar en redes sociales como Tinder, y cuando la ansiedad inherente al ligue está provocando hitos colectivos –como que los jóvenes tengan menos sexo–, resulta más importante que nunca reconocer la importancia de seducir al otro. 

Primero, la neurociencia sabe por qué nos provoca ansiedad ligar. Y resulta que no tiene nada de anormal ni es algo de lo que tengamos que huir. Es que el acto de cortejar activa al sistema límbico, la zona que controla nuestros instintos de supervivencia; por eso, aunque seamos seres sociales, producimos respuestas primigenias durante el ligue, como lo es la reacción del miedo como mecanismo de defensa.

No obstante, nuestra respuesta de ansiedad sigue teniendo razones de ser. Y no implica que, en términos culturales y sociales, ligar no sea esencial para la evolución. Mira algunas razones que hacen esencial el cortejo.

Ligar nos provee confianza

La forma de asegurar nuestra pertenencia no depende, como en el reino animal, de nuestra melena o nuestras brillantes plumas. La confianza es algo que se tiene que entrenar en el cerebro. Por eso, el doctor y autor Ivan Joseph asegura que una de las maneras más valiosas de generar confianza y autoestima es ligando.

Ligar nos permite entrenar la empatía

Cuando seducimos, entramos en sintonía con el otro, no obstante que sea un desconocido. Aprendemos a sentir al otro, lo que desarrolla el área del cerebro encargada de ello: el giro supramarginal. Según algunos estudios, una forma de reconectar con nuestra empatía es colocándonos en situaciones de incertidumbre. Por eso es importante buscar formas de salir del confort que nos aísla de lo que los otros viven.

Ligar nos enseña a lidiar con el rechazo

No todos los ligues son exitosos. Por lo menos no según nuestros parámetros. Pero lo cierto es que en “fallar” también hay lecciones: porque fallar nos saca del ensimismamiento y nos hace ver que no somos perfectos, que no todo gira a nuestro alrededor. Es una forma de volver a nuestras raíces no egoístas –porque el egoísmo no es “natural”.

Ligar produce auténtico placer

Según el neurocientífico Morten Kringelbach, el placer depende fundamentalmente de nuestro contacto humano. Pero no sólo por el “deber ser” que nos impone relacionarnos, sino porque poder sentir placer depende de una inestable dualidad: la de tener el objeto del placer, pero no de forma permanente. Por eso, las adicciones dejan de ser realmente placenteras, pues no dejamos ir nuestra fuente de placer. En cambio, el contacto humano es inestable: ninguna relación está segurada. Y eso nos da la oportunidad de sentir genuino placer, como en los momentos del ligue y los posteriores a el, ya sea si hay rechazo o aceptación.

Por último: ¡ligar te hace menos ansioso!

No hablamos de la ansiedad más instintiva, sino de la ansiedad de matriz cultural y social que últimamente se ha vuelto tan epidémica. Esa ansiedad es producida por nuestro estilo de vida y, portentosamente, por las redes sociales. Por eso ligar nos puede hacer, paradójicamente, menos ansiosos: porque nos saca de los confines digitales, promoviendo el contacto humano en el mundo real.



Este animal es el ancestro común de hombres, ardillas, ballenas y todos los mamíferos placentarios

Un equipo de científicos descubrió este pequeño animal del tamaño de una ardilla, insectívoro, que vivía hace 65 millones de años y que podría ser el ancestro de todos nosotros, los mamíferos placentarios.

placental-mammal-ancestor-130207b-02Este pequeño animal podría ser el antecesor de ratones, elefantes, tigres, osos, ballenas, murciélagos y humanos. Tenía el tamaño de una ardilla moderna, se alimentaba de insectos y vivía hace 65 millones de años, justo cuando terminaba la época de los dinosaurios.

Un grupo de 23 científicos de todo alrededor del mundo, completó la imagen de cómo podría verse el ancestro más antiguo de los mamíferos placentarios (los que mantienen vivos a sus retoños dentro de la placenta), distinto al de los marsupiales (como los canguros, que cuidan a sus crías en bolsas) y monotremas (como los ornitorrincos, que nacen de huevos).

Este grupo de científicos analizó miles de características encontradas en fósiles y en especies mamíferas aún vivas. Con esta información, tanto morfológica como del ADN, construyeron un árbol familiar. El modelo llegó a una precisión tal que pudieron revelar diminutos detalles como la forma de su cerebro o de los huesos internos del oído.

Se estima que este animal vivió entre 200 mil y 400 mil años después del evento que causó la extinción de los dinosaurios, hace 65 millones de años. Se cree que luego este ancestro dio origen a la rama de los mamíferos placentarios, que hoy en día se compone de más de 5,100 especies viva, entre ellas nosotros los seres humanos.

[LiveScience]