¿Qué hay detrás de tus marcas favoritas?

Si crees que la valentía se limita a las películas de acción, te tenemos una noticia: elegir lo que comes es un acto de valor que realizas tres veces al día.

¿Cómo? Muy sencillo, como consumidores tenemos el poder de decidir qué llevamos a nuestra mesa y cómo nutrirnos. A veces se nos olvida la responsabilidad que tenemos de nuestra alimentación y dejamos que la publicidad y las marcas nos digan cómo hacerlo. Pero hoy tenemos un reto enorme como consumidores: recuperar nuestro poder de elección.

Los productos procesados que compramos en el supermercado tienen un origen dudoso, no sabemos cómo son producidos ni de dónde provienen los ingredientes para su elaboración porque las empresas que los elaboran no son transparentes con sus consumidores.

Las empresas de alimentos nos ofrecen comida para “hacernos la vida más fácil” e incluso han creado productos “más sanos” y nos los llevamos a la boca pensando en que  nos ofrecen los nutrientes necesarios para nuestro cuerpo. Hoy sabemos que esto no es así, la comida procesada está relacionada con los altos índices de obesidad  y sobrepeso a nivel mundial por sus altos contenidos de azúcar y grasas.

Si miramos más a fondo encontramos que los alimentos procesados también tienen un pasado oscuro que impacta al medio ambiente, y nosotros como consumidores somos cómplices involuntarios de estos daños cada vez que decidimos comprar alimentos que provienen de la agricultura industrial, que contamina recursos valiosos como el agua y el suelo, indispensables para tener comida sana en nuestra mesa. 

Además, esta forma de producción no solo pone en riesgo la biodiversidad, sino que amenaza la salud de los trabajadores del campo con el uso de agrotóxicos como el glifosato, catalogado recientemente por la Organización Mundial de la Salud como probable cancerígeno para el ser humano y que es utilizado sin ningún tipo de control en el campo mexicano.

Este panorama es alarmante para todos, y como consumidores tenemos en nuestras manos un papel clave en el rumbo de esta historia con cada elección de compra y pidiéndole a las empresas de alimentos que nos informen sobre la forma en la que elaboran sus productos. Juntos podemos transitar hacia una agricultura ecológica, que proteja al medio ambiente y a las personas.

Desde Greenpeace, te invitamos a ser parte de una comunidad a favor de la comida sana y a preguntarle a las 15 corporaciones más relevantes en el país sobre cómo producen y cuál es el origen de los ingredientes que utilizan, a través del sitio web: www.greenpeace.mx/comidasana.

Gobierno, empresas y consumidores, somos parte de un problema de alimentación que no permite el acceso a alimentos suficientes y de calidad, pero hoy más que nunca, también somos parte de la solución. 

 

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Twitter del autor: @PrensaGPMX @greenpeacemx 

Autor: Greenpeace Mx


Este extenso estudio comprobó lo que ya sabíamos: la agricultura ecológica es mejor

Explotar a la naturaleza ya no es opción, ni siquiera para los que sólo quieren usarla para producir masivamente.

La naturaleza y su biodiversidad han sido expoliadas para que podamos seguir produciendo lo que nuestros vertiginosos estilos de vida reclaman. En ese frenesí, pocas cosas han resultado más dañadas que la propia tierra, el suelo del cual brotan los alimentos que nos sustentan.

La agricultura negligente que sobreexplota los campos se presenta como una amenaza global por su forma de manejar los recursos naturales. Esto ha causado la degradación de la tierra debido al sobrepastoreo, el uso excesivo de pesticidas y el mal manejo del agua, entre otras cosas. Además, esta práctica contribuye enormemente al cambio climático, el cual a su vez provoca el detrimento del cultivo de la tierra.

El 80% de los suelos agrícolas de México se han degradado.

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Por eso es urgente volver a otros esquemas y métodos de agricultura ecológicos y sustentables. Contrario a lo que muchos piensan, ello no será un retroceso, sino una evolución.

 

Alta productividad de cultivos sustentables 

No sólo el campo puede ser 100% sustentable, sino que bajo una agricultura ecológica puede ser más productivo. Esto se comprobó en un estudio reciente realizado por 17 universidades, en el cual se analizaron sistemas de agricultura sustentable que no sólo son mejores para el ambiente, sino que incrementan la producción de cultivos (y por ende, de comida).

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Lo que pudieron comprobar las distintas instituciones participantes en esta investigación es que la llamada “intensificación sustentable de la agricultura” está rindiendo frutos en donde se está aplicando, es decir, en 163 millones de granjas en el mundo. Esto marca un nuevo paradigma para la agricultura mundial, y podría ayudar a la soberanía alimentaria de comunidades y países enteros.

La agricultura ecológica busca un equilibrio entre productividad y y sustentabilidad. Sus modelos son diseñados según las necesidades del ecosistema, e incluso toman en cuenta el entorno social. De esta forma las granjas pueden poner en práctica técnicas alternativas de agricultura (por ejemplo, de control de pestes, microirrigación, rotación de cultivos, mantenimiento manual de la tierra, etc.) y generar un equilibrio efectivo entre trabajo, gastos y productividad que termina siendo favorable para los agricultores sin dañar al medioambiente.

Además, los cultivos producidos en granjas donde se utiliza la agricultura ecológica son más saludables que los de la agricultura convencional.

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Estas son buenas noticias (que ya sabíamos, o por lo menos intuíamos). Pero cabe seguir profundizando en la cuestión y pensar en que las nuevas formas de relacionarnos con la naturaleza deben venir de una renovada concepción de ésta, así como de una aproximación que parta de los conocimientos ancestrales de los que nos hemos alejado y que tienen como eje rector respetar los ciclos naturales de la tierra.

Por eso decimos que se debe volver a paradigmas sustentables.

Asimismo, se deben cuestionar otros paradigmas contemporáneos, como el del progreso y la productividad: ¿en verdad hace falta producir más comida? Si sabemos que más del 40% de la comida se desperdicia, ¿no habrá que cambiar también otras prácticas, como la manera como se distribuye la comida, o la manera en la que la consumimos?

Estas son preguntas para la reflexión colectiva, cuyas respuestas nos pueden llevar a una ecoevolución consciente.

 

* Imágenes: 1) Jimmy Tran; 2) El Economista; 3 y 4) Eva Verbeeck



¿Por qué los agricultores mexicanos están pidiendo abstenerse del TLCAN?

El gobierno de México deberá buscar acciones más participativas en torno a las políticas públicas a favor del campo y la creación de mercados locales y regionales de alimentos.

Con la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte –TLCAN–, los expertos en el tema aseguran que la agricultura mexicana podría poseer una gran oportunidad en caso de que se prescinda de la comida estadounidense y canadiense. Es decir que mediante el impulso del mercado interno y la producción alimentaria nacional, tanto la agricultura como la economía de los mexicanos podrían fortalecerse. Sólo, menciona el rector de la Universidad Autónoma Chapingo, Sergio Barrales Domínguez, “hace falta voluntad política” y dejar de lado las “presiones extranjeras”. 

Barrales Domínguez explica que la debacle por la soberanía alimentaria y el acceso a alimentos de calidad se deriva a una “falta de producción nacional, a la carencia de empleo, a la ausencia de ingresos bien remunerados y el exceso de importanción de granos básicos, hortalizas y oleaginosas de dudosa procedencia.” Por lo que en el caso de realizar una renegociación del TLCAN, el gobierno de México deberá buscar acciones más participativas en torno a las políticas públicas a favor del campo y la creación de mercados locales y regionales de alimentos. Esto con el fin de “cerrarle el paso a los intermediarios y abaratar el costo de los mismos.” 

De este modo se insta a cambiar el paradigma en la visión gubernamental en torno a la agricultura; pues en vez de relacionarlo como “simples negocios”, requeriría ser considerada como un “sector estratégico para el país”. Pues “México no sólo tiene la capacidad para garantizar la soberanía alimentaria del país, también evitar una hambruna a nivel mundial debido a la biodiversidad que existe en el territorio mexicano.” Por esta razón, “hace falta recuperar la autoestima del campesino, producir barato es posible así como dejar de dar mochilas, bultos de cemento y Procampo.”

 

De acuerdo con Barrales Domínguez, en México se come pero no se nutre; ya que el “30 por ciento del frijol, el 50 por ciento de trigo, el 80 por ciento de arroz y más de 17 millones de toneladas de maíz amarillo, sin considerar frutas, hortalizas y oleaginosas así como alimentos procesados” se importa de EE.UU. y Canadá. Pese a que el Estado tiene la capacidad de proveer seguridad alimentaria en el país, porque “hay disponibilidad de alimentos en el anaquel de centros comerciales y mercados”. Sin embargo, observa el Rector, no todos los habitantes se alimentan de ellos ante la carencia de ingresos, buscando en su lugar carbohidratos negativos en alimentos chatarra mucho más baratos que las proteínas y nutrientes de origen natural; lo cual “es propicio para diabetes y obesidad, además de cifras constantes de desnutrición.”