¿Por qué los bosques podrían ser el futuro de la economía?

De acuerdo con la ONU, la preservación de los bosques será un factor importante para fortalecer la economía pública.

La importancia de los bosques en nuestra existencia colectiva, vinculada con nuestro entorno y el bienestar de la Tierra, queda confirmada de nuevo. Lo anterior gracias a un documento de la Organización de las Naciones Unidas sobre desarrollo sustentable.

En el reporte se concluye que la sustentabilidad de los bosques del mundo, aunada a un manejo sensible, puede resultar en una economía verde estable y sólida. Al respecto Eduardo Rojas Briales, director general asistente de las Naciones Unidas para el cultivo de los bosques, declaró:

Los bosques y los árboles en granjas son una fuente directa de comida, energía e ingreso para más de mil millones de las personas más pobres del mundo. Al mismo tiempo, los bosques atrapan el carbón y mitigan el cambio climático, mantienen el agua y la salud del suelo y previenen la desertificación. El manejo sustentable de los bosques ofrece múltiples beneficios: con las políticas y programas correctos, este sector puede conducir a economías más verdes y sustentables

El documento de la ONU detalla cómo la deforestación se encuentra en relación directa con el declive de algunas economías regionales y nacionales, además de que la pérdida de bosques también representa una desventaja frente a fenómenos ecológicos y naturales como las inundaciones o las sequías.

Así, es posible establecer una comparación sencilla y decir que al igual que la salud humana se ve beneficiada cuando alguien vive cerca de un bosque, del mismo la salud social y, en este caso, económica, se verá fortalecida según la ONU mientras más y mejor cuidemos nuestras reservas naturales.

 



Nuestro bosque, nuestro territorio: cosmovisiones indígenas

En este artículo se habla de la dualidad de visiones presentes desde las cosmovisiones indígenas y los planteamientos gubernamentales para el manejo y conservación de los bosques.

* por Bárbara Baltazar

 

“Caminar en el bosque, es andar nuestro territorio”; estas palabras fueron clave para iniciar la conversación con una María, mujer de la población rarámuri, quien una mañana me guió sobre los senderos de su territorio para mostrarme dónde estaban los bosques de la comunidad.

Esas palabras son la suma precisa de la cosmovisión de las comunidades y los pueblos originarios. Cuando pensamos en los bosques del mundo, tendemos a dibujar en nuestra mente grandes columnas de vegetación, el trinar de las aves, la majestuosidad de los paisajes, y quizá dejamos de lado algunos otros elementos que para los pueblos originarios están estrechamente vinculados.

El territorio nos refiere directamente a una extensión geográfica que brinda un sentido de pertenencia. Desde la cosmovisión indígena en el territorio se llevan a cabo las actividades culturales, productivas y sociales. Los bosques de cada una de las comunidades indígenas son parte esencial del territorio, representan el entorno de resguardo de la flora, la fauna, el agua y la provisión de los elementos culturales que enmarcan la cosmovisión. Un territorio integrará una visión holística de inter e intrarrelaciones donde los elementos constituyen “el todo”.

Actualmente, tanto la política como la legislación en materia ambiental, y particularmente la aplicable al sector forestal, fragmentan las acciones de intervención en las unidades de atención. Frente a ello, las comunidades indígenas se enfrentan al desafío de entender la lógica propuesta desde “fuera”. Las instituciones oficiales que tienen bajo mandato la promoción de las políticas públicas, distan de entender que en la realidad las formas de organización y cosmovisiones son diferentes de acuerdo con los contextos de cada una de las diversas regiones bioculturales de México.

En la Sierra Tarahumara, uno de estos grandes desafíos para el manejo de los bosques se pone de manifiesto en las autorizaciones de aprovechamiento forestal y por ende, la ejecución de los programas de manejo. Mientras la tendencia es el incremento de la producción y la productividad de las masas forestales, las comunidades indígenas miran con desconcierto cómo sus territorios van perdiendo gran parte de su riqueza. Estas dos visiones han generado pugnas donde las minorías han sufrido la peor parte, e incluso acciones legales. Los territorios indígenas pierden día a día parte de su integralidad, pareciera como si se buscara borrar de la escena las formas ancestrales de acciones para el manejo y la conservación del bosque. Los bosques sufren de conflictos originados por la tala ilegal, por la presencia de plagas y enfermedades, por la recurrencia de incendios forestales y por ende, los procesos de degradación se aceleran. La cosmovisión se resiste ante esta adversidad, son las poblaciones originarias quienes se empeñan en mantener la integralidad productiva, cultural y social.

Una comunidad, un pueblo indígena concibe su territorio como el espacio donde el todo tiene lugar, donde todo tiene cabida, donde nada está dividido, donde una causa origina un efecto y viceversa. La cosmovisión indígena para el manejo de los bosques tiene grandes enseñanzas y cobra relevancia en esta era de cambio climático: escuchemos, entendamos y seamos asertivos para incorporarlos a las políticas públicas.

¡Feliz Día Internacional de los Bosques!

 

Sobre la autora:

Bárbara Baltazar, abogada, ha colaborado con comunidades indígenas y ejidos forestales en México en la ejecución de proyectos de capacitación e investigación para el manejo y conservación de sus recursos naturales.

Eco Maxei
Autor: Eco Maxei
Eco Maxei Querétaro AC es una organización sin fines de lucro cuya misión es fomentar la coexistencia armónica entre las personas y con la naturaleza. Somos una organización multidisciplinaria, fundada e integrada por jóvenes agentes de cambio desde 2014.


Ir contra lo establecido llevó a este hombre a crear un bosque con 50,000 árboles

Antonio Vicente plantó, uno por uno, cada uno de los especímenes que hoy forman este bosque lluvioso tropical de cerca de 50,000 árboles en Brasil.

Mientras todos estaban emocionados por empezar un negocio agrícola, ¿a quién se le ocurriría desafiar esa certeza, ahorrar para comprar 30 hectáreas, dedicarse a plantar árboles y alimentarse con emparedados de plátano?

A Antonio Vicente.

Cuando empecé a plantar, la gente me decía: No vas a poder comer las semillas porque la planta tarda 20 años en dar frutos.

Cuenta Vicente, en UNA entrevista para la BBC.

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BBC

En 1973, cuando tenía 40 años, Vicente compró un terreno a 200 kilómetros de Sao Paulo, Brasil, y no tenía ni un solo árbol.

Mientras todos sus vecinos despejaban la tierra para cultivar (el gobierno militar ofrecía facilidades de crédito para invertir en tecnología agrícola), él hacía todo lo contrario. Su idea era exactamente la opuesta.

Hoy su terreno tiene cerca de 50,000 árboles y consiguió crear un bosque lluvioso tropical que sirve como hogar para tucanes, todo tipo de aves, roedores, ardilllas, zarigüeyas y hasta jabalíes.

En un momento terminé viviendo bajo un árbol porque no podía pagar la renta. Me bañaba en el río y viví abajo del árbol rodeado de zorros y ratas. Juntando muchas hojas me hice una cama y dormía allí, pero nunca tuve hambre. Comía sándwiches de banana de desayuno, almuerzo y cena.

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BBC

Criado en una familia de campesinos, Vicente veía con preocupación cómo la expansión de los campos destruía los bosques y la flora y fauna local, y cómo la falta de árboles afectaba los recursos hídricos.

Yo pensé: el agua es valiosa, nadie fabrica agua y la población no deja de crecer. ¿Qué va a pasar? Nos quedaremos sin agua.

Gracias a su idea han regresado los cursos de agua; cuando compró el terreno sólo había una fuente, y actualmente hay alrededor de 20.

Video 360: entra en la selva que creó Antonio Vicente

Cuando tenía 14 años, Vicente se mudó a la ciudad, donde trabajó como herrero. Con lo que reunió pudo comprar 30 hectáreas en una región de montañas bajas, cerca de San Francisco Xavier, una localidad de aproximadamente 5,000 habitantes.

 

Antonio Vicente o la ventaja de ir en contra de la corriente

Vicente iba en contra de su tiempo y de lo que sucedía alrededor. Lo que aparentaba ser la mejor opción (invertir en agricultura), para él no resultaba lógica.

Y en efecto, durante los últimos 30 años en que reforestó su terreno, cerca de 18,300 hectáreas de bosque atlántico en Sao Paulo fueron deforestadas para dar lugar a la agricultura.

Según la Fundación Bosque Atlántico SOS y el Instituto Nacional de Brasil para la Investigación Espacial (INPE), el Bosque Atlántico cubría originalmente 69% del estado de Sao Paulo. Hoy en día, sólo queda el 14%.

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BBC

Y lamentablemente, el problema sigue avanzando. Entre agosto del 2015 y julio del 2016, por ejemplo, se destruyeron 8,000 hectáreas de selva.

Esto representa un 29% más que el año anterior y el nivel más elevado desde el 2008, según el INPE.

Habrá que empezar a ahorrar y aprender a hacer emparedados de plátano.