¿Por qué el consumo de carne será cosa del pasado?

Más allá del tema de la salud humana o los derechos de los animales, la sustentabilidad del propio consumo de carne es imposible, según las estadísticas.

En una declaración reciente, Sandro Dernini, asesor de la FAO  (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) aseguró que “La comida del futuro será la comida del pasado”. Lo anterior refiriéndose a la producción insostenible de carne como resultado de la huella enorme de carbono que genera y el aumento de consumo (sobre todo debido al crecimiento de la población y la demanda).

Un interesante artículo de El País desglosa las cifras de cómo desde los años cincuenta del siglo pasado el consumo de carne ha crecido exponencialmente. Según datos de la FAO, solo entre 1990 y 2012, el número de gallinas en el mundo ha crecido un 104,2%, de 11.788 a 24.705 millones, y el ganado vacuno, muy contaminante para el medio ambiente, ha pasado de 1.445 a 1.684 millones (un 16,5%).

Según este organismo, el ganado tiene un papel muy importante en el cambio climático pues es responsable del 14,5% de las emisiones de carbono. De acuerdo a un estudio de 2013, el consumo de carne crece anualmente además entre 5 y 6%. En pocas palabras, el consumo de carne en los ritmos actuales no es sostenible: “Un kilo de carne es mucho menos sostenible que un kilo de verduras” dice Emilio Martínez de Victoria Muñoz, expresidente del Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. 

En este sentido, más allá de los derechos de los animales o la salud humana, el tema medioambiental será el que nos irá, al menos inicialmente, orillando a disminuir colectivamente el consumo de carne.



Por qué comer menos carne verdaderamente salva especies y ecosistemas

Comer menos carne puede ser la acción más certera contra la crisis ecológica, según la WWF.

Las especies animales están tan amenazadas actualmente (por cuestiones como la producción y consumo de carne), que por primera vez una era geólogica ha sido conceptualizada por el impacto específico de una especie, y no por el desarrollo natural de la biósfera en su conjunto.

Se trata de la era del Antropoceno, la era del hombre, que aunque aún no es oficialmente admitida por la comunidad científica, pareciera bastante certera. Sobre todo cuando pensamos en los daños mayores que ha implicado el desarrollo del sistema capitalista, el cual ha transformado nuestras formas de habitar el mundo de tal manera que incluso ha modificado nuestra dieta.

La dieta proteica y la extinción de especies

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(Foto: Institute for Critical Animal Studies)

No es casual que desde hace varias décadas la industria de la carne haya repuntado, volviéndose enorme y colocando las proteínas como el alimento indispensable en las dietas de muchísimos países. Según el Instituto Heinrich Böll:

Las clases medias en el mundo consumen demasiada carne. No solo en Estados Unidos y Europa, sino que cada vez más en China, India y otras naciones emergentes.

Por eso, varias organizaciones y académicos alrededor del mundo están alertando sobre esta cuestión, no sólo por sus impáctos en la salud, sino por sus radicales consecuencias en el medio ambiente. En un nuevo informe publicado el mes de octubre de 2017 por el WWF del Reino Unido, se asegura que los cultivos para alimentar al ganado dañan el ecosistema y esto ha ocasionado la extinción de más de 30 especies en el mundo (por lo cual algunos hablan que en la era del Antropoceno habrá una probable extinción masiva).

Esto porque la producción de carne es la más demandante de las industrias alimentarias. En torno a ella gira la agricultura e incluso la pesca, pues los cultivos (cereales y semillas), así como el pescado, son usados para la engorda del ganado, lo que amenaza la biodiversidad y los ecosistemas.

La carne, mucho más que un alimento

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Sin embargo, según la WWF, si la gente redujera el consumo de proteínas a las cantidades recomendadas, los granjeros necesitarían un trece por ciento menos de tierra para producir alimento para el ganado y las piscifactorías, área equivalente a 1.5 veces el tamaño de la Unión Europea. Esa es la principal razón por la cual se promueven campañas para reducir el consumo de este alimento, pues en la decisión de comer carne están implicadas cuestiones de interés global

No obstante, también debe tomarse en cuenta que alimentarse de carne es algo incluso tradicional, como puede verse en cientos de festividades que giran alrededor de cocinar este alimento (por ejemplo, en las “pampas” del Cono Sur). Así que la discusión es mucho más amplia, pero requiere de acciones y pensamientos colectivos, y no de herméticas posturas en torno al problema o de unilaterales soluciones al mismo.

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Un día a la semana sin carne equivale a quitar un auto en circulación durante un mes

Tan sólo en México, cada segundo se sacrifican 59 animales para ser consumidos.

Imagen: soda.ustadistancia.edu.co

La producción de carne es una de los contaminantes con mayor impacto en el planeta, pues no sólo las vacas generan cantidades exuberantes de gas metano y dióxido de carbono, también su alimentación y cuidados requieren grandes cantidades de agua, semillas y espacio de la naturaleza. Para Paulina Moreno Sánchez, encargada de políticas alimentarias de Humane Society International –HSI–, la producción de carne también acarrea numerosas problemáticas de deforestación que, “a nivel mundial se dedica más tierra a la crianza y la alimentación de animales de consumo que para cualquier otro propósito.”

Mientras que para producir un kilo de carne, se requieren 6 000 litros de agua, para conseguir un kilo de frijoles se requiere menos de la mitad. Esto provoca que con el incremento del consumo en carne, lácteos y huevo, los gases de invernadero relacionados con comida podrían elevarse hasta en un 51 por ciento para el 2050. Por ello, la HSI plantea la reducción del consumo de carne, buscando más dietas basadas en vegetarianas o semivegetarianas: “Esto va a permitir reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y ahorrar agua. No le estamos diciendo a la gente ‘deja de comer carne’.”

Tan sólo en México, cada segundo se sacrifican 59 animales para ser consumidos. Inclusive, este país latinoamericano ocupa el octavo lugar en producción de bovinos y porcinos; y el sexto en producción de carne de ave. Y de acuerdo con la data de la HSI, si una familia de cuatro personas deja de comer lácteos, carne y huevos una vez cada semana, es “como quitar un auto de las calles durante cinco semanas”.

En consecuencia, esto no sólo reduciría los impactos relacionados con la producción de carne, también con la problemática de la contaminación que en las últimas semanas ha vivido la ciudad de México. Sin mencionar los beneficios a la salud, como la disminución de padecer diabetes, obesidad y cáncer. De acuerdo con la American Journal of Clinical Nutrition, las dietas semivegetarianas o vegetarianas en EE.UU. son capaces no sólo de reducir las emisiones de gases invernadero en un 22 por ciento, también a reducir la huela de agua por 1 000 litros de agua al día por persona –alrededor de 470 mil litros por año–. 

Por esta razón, la HSI planeó la campaña de #LunesSinCarne, la cual invita a la sociedad al no consumo de productos de origen animal cada inicio de semana con el fin de no contribuir al maltrato animal, cuidar al medio ambiente y mejorar la salud pública. Esta es una campaña internacional que tiene una presencia en 20 países y la participación de Paul McCartney, Ellen Degeneres, Enrique Bunbury, Eugenio Derbez, Andrés Aguilar, Claudia Lizaldi, Rubén Albarrán, entre otros. 

[Sin Embargo]

 

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