Las plantas también sienten cuando vas a comerlas

Investigadores de la Universidad de Mossouri encontraron que estas sienten y sufren el peligro reaccionado con químicos de defensa.

Uno de los grandes argumentos de los propulsores del vegetarianismo es la erradicación de la crueldad. Si bien es cierto que en esta época de producción masiva la mayoría de los animales de engorda viven hacinados y bajo condiciones deplorables, la premisa de comer plantas para evitar el sufrimiento podría ser también puesta bajo la lupa del escrutinio.

Recientemente Heidi Appel y Rex Cocroft, investigadores de la Universidad de Missouri, han demostrado que las plantas son capaces de sentir cuando están siendo ingeridas o lastimadas de cualquier manera. Incluso pueden reaccionar ante su inminente fin al activar ciertas defensas.

Los resultados fueron obtenidos luego de un experimento en el que los investigadores instalaron en los berros (el alimento predilecto de las orugas) unos láser y pequeños espejos que imitaban las vibraciones que hacen estas cuando están acercándose o sobre ellos; el resultado es que esta planta sentía el peligro y reaccionaba incrementando sus aceites de moztaza: un químico que repela a muchas especies de insectos herbívoros.

Lo anterior resulta en que aparentemente existe un eslabón del círculo de la vida en el que probablemente el sufrimiento sea casi ineludible. Lo cierto es que las plantas carecen de un sistema nervioso central como los animales, por lo que no se sugiere que estas experimenten un sufrimiento similar al de estos últimos.

El tema del consumo de animales y su relación con el cambio climático sería otro en cuestión (en relación a los argumentos pro vegetarianos); hay que recordar que una dieta vegetariana tampoco es una garantía inquebrantable de cultivos sustentables pero sí suele tener una huella de carbono mucho menor en comparación a la producción de carne.

 

Plants Respond to Leaf Vibrations Caused by Insects’ Chewing, MU Study Finds from MU News Bureau on Vimeo.



Visita el nuevo museo del Bosque de Chapultepec

El nuevo Museo de Sitio alberga más de 500 años de historia.

A un costado del Monumento a los Niños Héroes se encuentra la entrada al antiguo Colegio Militar. Lo que por años fue un inmueble a punto de colapsar se abre hoy como el Museo de Sitio del Bosque de Chapultepec, un espacio en el que los visitantes podemos aprender sobre la historia del lugar desde la época prehispánica hasta la actualidad.

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La restauración de este inmueble, que data de finales del siglo XIX, comenzó hace 2 años bajo la dirección del arquitecto Gabriel Mérigo Basurto, quien emprendió una investigación detallada sobre el estado original de la construcción. Ahora espera que los visitantes se tomen un tiempo para admirarla, pues en sus palabras:

El museo nos invita a reconocer la historia tan rica de este país ejemplificada en un edificio pequeño, pero con mucho significado.

El interior del inmueble se encuentra dividido en dos secciones. Una está dedicada a detallar los esfuerzos de recuperación que revitalizaron el Bosque hace 15 años y sus resultados actuales, mientras que la otra nos lleva a un recorrido histórico que comienza en la época prehispánica y pasa por el porfiriato. 

Las paredes están decoradas con fotografías, parafernalia y datos sobre las especies endémicas de flora y fauna que alberga esta área.

La museografía corrió a cargo de Sietecolores, quienes se dedican a la conceptualización de espacios públicos. Su presidenta, Marinela Servitje, espera que las familias que visiten el museo los fines de semana se empapen de la historia que ha cruzado el bosque:

Es importante que los visitantes que vengan un domingo o un sábado puedan darse cuenta del valor que tiene este bosque, este parque; que sepan que gran parte de la historia de México desde hace más de 500 años se ha dado y ha pasado por el Bosque de Chapultepec. Desde el punto de vista histórico, tiene un valor muy importante. El rey Nezahualcóyotl pasó por aquí, el emperador Moctezuma pasó por acá; aquí era el lugar de recreo de todos estos emperadores mexicas.

Además, espera que “tomemos conciencia del gran valor que tiene este espacio de la Ciudad de México y que lo cuidemos, pues es importante apreciarlo y protegerlo”.

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Tal vez por ello es que en varios apartados del museo se hallan consejos para adoptar hábitos más sustentables: no alimentar a los patos, pues ensucia el lago; poner la basura en sus respectivos contenedores y evitar a toda costa las fogatas.

El Bosque de Chapultepec, según nos platicó el arquitecto Mario Schjetnan, cuenta con ahuehuetes que llegan hasta los 400 años de antigüedad. La gran extensión arbórea de esta zona es única en la Ciudad de México, y por ende tiene un valor de captación de agua y absorción de dióxido de carbono sumamente importante. Como nos dice: 

Lo que tiene que hacer la población en primer lugar es enterarse de lo que se ha hecho y por otro lado también gozar el bosque, vivirlo, venir con sus familias, recrearse aquí, pues es un lugar que tiene una enorme cantidad de riqueza cultural.

En tu próxima visita a las actividades recreativas que ofrece el Bosque todos los días del año, tómate un momento para llenarte de la historia de este invaluable patrimonio de la Ciudad que forma parte de todos los que la habitan, pues como señala Servitje:

Han pasado los años y casi todas las generaciones han tenido alguna anécdota de algún familiar o de alguien querido que ha pasado por el Bosque de Chapultepec.



Descubren que las plantas poseen una especie de sistema nervioso de luz (Video)

La interconexión de una planta, su comunicación interna, actúa de forma similar al sistema nervioso del ser humano y se expresa por medio de luz.

Las plantas jamás dejarán de fascinarnos. No importa si es desde una perspectiva sensorial, científica, poética o metafísica, a cambio de prestarles una mínima atención ellas garantizan el encantamiento.

Recientemente se comprobó que estos seres manejan una suerte de lenguaje lumínico entre ellos, es decir, se comunican por medio de la luz. Este recurso lo utilizan particularmente como señal de alarma frente a un peligro, de manera similar a lo que ocurre con nuestro sistema nervioso.

En una investigación realizada por un equipo de la Universidad de Wisconsin-Madison se documentó la existencia de destellos de luz que recorrían una planta. Estos destellos son detonados como respuesta a un estímulo determinado y viajan a una velocidad inconcebible –tal y como sucede todo el tiempo en el cerebro humano–.

Los investigadores lograron documentar cómo una señal lumínica recorría en forma de onda la planta luego de que un insecto, una catarina, comenzaba a devorar una de sus hojas. 

“Sabemos que existe este cuadro sistémico de señalización, y si lastimas en un punto el resto de la planta detona sus respuestas de defensa. Pero hasta ahora no sabíamos lo que había detrás de este sistema”, dice Simon Gilroy, quien encabezó el estudio. Al parecer, el glutamato, un neurotransmisor muy común en el reino animal, es el encargado de generar esta onda de luz. 

Lo que vemos en el video a continuación es apenas un atisbo de las sofisticadas redes de comunicación que entablan las plantas, consigo mismas y con otros ejemplares –por cierto, hasta hace no mucho, las plantas eran consideradas por la ciencia como seres cuasi inertes–.