Artista proyecta caras de bebés llorando sobre el humo de fábricas contaminantes en China (VIDEO)

Sobre las torres y muros de fábricas contaminantes el artista Xiao Zhu proyecta hologramas de bebés llorando hechos con humo.

En China cada año unas 50 mil personas mueren por motivos relacionados con la mala calidad de la aire en ese país. Un modelo de desarrollo basado en el consumo ha hecho que la gran cantidad de habitantes de este país, unos 1400 millones de personas, en una dinámica que implica este modelo (consumo), generen una contaminación sin precedentes.

Ya antes otros proyectos de arte habían llamado la atención del mundo con la adecuación de paisajes naturales en las calles de Shangai, en contraste con la contaminación apabullante y siniestra del entorno.

Ahora otro artista chino, Xiao Zhu, figura entre los proyectos artísticos con la proyección de caras de bebés llorando hechas con el mismo humo producido en fábricas, una de las principales causas de contaminación en el mundo. Los hologramas son magníficos y memoran cómo las nuevas generaciones son las principales víctimas de un loop de consumo que pareciera no tener una parada cercana.  El proyecto se llama Breathe Again.

 



China está usando soldados para plantar árboles

Hoy, estos miles de agentes de cambio tienen una nueva misión: procurar al planeta (y a sus habitantes), recuperando buena parte de sus bosques.

En el rubro de los agentes de cambio decididos a tomar acción por el bienestar de la humanidad y de la naturaleza entera, hallamos hoy a China y a sus más de 60 mil soldados cuya nueva misión es la de plantar árboles en una extensión que bien podría ocupar toda Irlanda. 

Existen muchas razones por las cuales un país puede comenzar a utilizar su fuerza armada en favor del medio ambiente. La más importante, en el caso de China, es que han sido un motor potencial del cambio climático y  su capital, Beijing, es una de las más contaminadas del planeta. Tan sólo en el 2015, el país asiático se vio obligado a poner en marcha un proyecto masivo de recorte de circulación de autos (2.5 millones, para ser exactos), porque los habitantes vivían en una burbuja de esmog que les impedía siquiera mirar el cielo. 

El caso de los soldados que están plantando árboles en los alrededores de la capital de China también es un hecho insólito; ello forma parte de un proyecto de nación  y una loable misión humana para mitigar los daños que ha sufrido el planeta a causa de la contaminación por gases de efecto invernadero.  

Por esa misma época, Beijing anunció una reducción importante en el personal militar: 300 mil soldados iban a ser despedidos. Pero el Ejército Popular de Liberación (EPL) dio un giro de 360 grados a la situación. Hoy, una buena parte de esos soldados fueron enviados a realizar labores civiles; a más de 60 mil de ellos les fue encomendada la misión de plantar árboles. 

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No resulta extraño que el objetivo de esta campaña forestal sea ambicioso. China planea aumentar la cobertura forestal de 21% de su superficie total al 23% para el 2020, esperando que en el 2035 la cifra alcance el 26%.

Si se quiere ver de esta manera, el solo hecho de que estos soldados tengan la misión de cubrir de árboles al menos 84 mil  km² del país, les confiere, quizá, el acto más heroico que jamás hayan realizado. El Asia Times señala que los mismos soldados se sienten orgullosos de llevar a cabo esta labor: una acción que está formando agentes de cambio y conciencias preocupadas por las problemáticas de actualidad, pero sobre todo, una llamada a la acción trascendental, que no tardará en generar expectativa en los tomadores de decisiones de otros países. 

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Foto: PLA Daily

*Fotografía principal: Nick Hall



Indumentaria hecha con hongos para avanzar hacia la muerte de manera ecológica

La controversial pieza de Jae Rhim Lee propone una alternativa ecológica a los funerales convencionales.

Más allá de la poética que rodea el acto de morir y, ser absorbido por la naturaleza, nuestros cuerpos son, al fin y al cabo, desechos que se disuelven en el planeta y le contaminan. 

Aunque nuestros restos implican, de alguna forma, la regeneración de la vida, estamos hablando de que, cuando un cuerpo muere, arroja desechos altamente tóxicos, pues está cargado de sustancias químicas que dañan al suelo, al agua y al aire. Es en este sentido que la artista Jae Rhim nos recuerda que la muerte también es una responsabilidad ambiental.

Evidentemente es difícil hablar de la muerte –de deshabitar nuestro espacio– y al mismo tiempo pensar en un impacto ecológico. Sin embargo, a Jae Rhim Lee le parece que es responsabilidad de cada uno de nosotros trabajar activamente sobre nuestra propia muerte. Y de esta manera nos propone un prototipo de indumentaria fascinante, un traje ecológico para vestir durante nuestro viaje a la muerte.

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La controversial pieza de Jae Rhim Lee propone una alternativa ecológica a los funerales convencionales. Su pieza se construye combinando arte, teoría cultural, diseño y ciencia. Se trata de un traje –el “Infinity Burial Suit”– que permite la pronta descomposición orgánica del cuerpo humano, a partir del uso de hongos y champiñones “entrenados” para generar el proceso de putrefacción. Estos hongos han sido especialmente criados para descomponer el cuerpo del dueño del traje. Esta persona, previamente, los habrá alimentado en vida con sus uñas, cabello y piel muerta. Las toxinas que están en el cuerpo (como el Bisefenol-A o BPA) son procesadas por los hongos y champiñones, “limpiando” la materia orgánica y “alimentando” la tierra.

Recuerda activar los subtítulos en español para el video.

 

Pensemos que la pieza de Jae Rhim contempla que hay que ser compasivo con uno mismo. Hablar de la muerte y trabajarla como parte del día a día no puede ser un proceso sencillo. Por otro lado, podemos encontrar formas de hacerlo más ligero, si nos permitimos aceptarla, poco a poco, como parte del proceso de la vida. Y en efecto, vale la pena trabajar activamente en que nuestros desechos se conviertan en una carga positiva para la Tierra, aunque sea difícil concebirnos como “desechos orgánicos”.

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