Los perros sienten cuando alguien no quiere a sus amos; un estudio

La capacidad protectora de estos animales va más allá del entrenamiento; también está en su intuición y percepción.

La clásica escena de un perro que gruñe a un enemigo de su amo no es solo un cliché. Un nuevo estudio de la Universidad de Kyoto revela que los perros saben quién tiene una actitud o sentimientos hostiles hacia su amo, e incluso pueden recordarlo. 

En el estudio se analizó el comportamiento de 54 perros en tres escenarios distintos donde su amo buscaba abrir un contenedor rodeado de dos individuos. En el primer de los casos uno de los individuos impide que el amo abra el compartimiento mientras la tercer persona no hace nada.  En el segundo caso el amo pide y recibe ayuda para abrir el contenedor mientras la tercer persona no hace nada. En el tercer caso el amo no interactúa con las otras personas en lo absoluto.

La siguiente fase de este experimento fue que la segunda y tercera persona ofrecieran alimento a los perros. Los investigadores encontraron, que incluso tratándose de comida, los perros rechazaban la oferta de las personas que se habían portado hostiles con su amo pero aceptaban la comida de las que se mantuvieron afines o neutras con él. 

Este tipo de solidaridad y alianza era una característica considerada inminentemente humana, pero este ejercicio prueba que los perros también pueden conjugar sentimientos complejos, como el que resulta de una mezcla de lealtad, empatía y protección. 



Hallazgos para conmoverse: ¿qué sienten los perros antes de morir?

Este es un recopilado con experiencias de dueños y veterinarios que responden a esta pregunta.

Cuando hablamos de cómo se percibe la muerte, y más aún, nos preguntamos cómo será percibida por otros, quizá no exista mejor vía para entenderla que la empatía, un arte cognitivo que nos permite reconectar con los otros. Y, ¿por qué no? Incluso con los animales.

Si alguien conoce de empatía para con los animales son los veterinarios. Por eso, a través de sus experiencias al sacrificar canes enfermos podemos saber qué sienten los perros antes de morir.

Un ejemplo de lo anterior está en la respuesta que un veterinario dio a su clienta cuando ésta le preguntó qué es lo más difícil de su trabajo. La usuaria publicó en Twitter la respuesta del veterinario, para hacer conciencia al respecto:

Le pregunté a mi veterinario cuál era la parte más difícil de su trabajo y me dijo que, cuando tenía que sacrificar un animal, el 90% de los propietarios no querían estar en la habitación cuando los inyectaba. Los últimos momentos del animal suelen ser frenéticos y miran a su alrededor para buscar a sus dueños.
— jessi dietrich (@jessi_dietrich) July 27, 2018

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Tras el éxito de este tuit, un hospital veterinario en Sudáfrica buscó hacer conciencia sobre lo que sienten los perros antes de morir y la importancia de estar a su lado en los momentos finales. En su cuenta de Facebook replicaron la publicación de uno de sus veterinarios, quien con sus palabras busca evitar que la gente abandone a sus perros cuando serán sacrificados.

Según este especialista, los perros “buscan en cada rostro a la persona amada”, y no entienden por qué su dueño no está. Por eso, insiste:

No seas cobarde sólo porque crees que es demasiado difícil para ti. Imagínate lo que sienten cuando los dejas en su momento más vulnerable y las personas como yo tienen que hacer todo lo posible cada vez para consolarlos, hacerlos estar menos asustados e intentar explicar por qué simplemente no pudiste quedarte.

Así que, hablando de empatía, parece que los dueños tenemos que afrontar la dolorosa situación de sacrificar a nuestro perro, pero no sólo con la decisión de hacerlo, sino llegando hasta el final: no dejándolo solo en sus últimos momentos.

Porque los perros, antes de morir, sienten miedo, incertidumbre y desasosiego, como nosotros.

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Puede sonar a una cuestión existencial preguntarnos si los perros entienden que van a morir. Pero en verdad, la empatía es la mejor herramienta para comprender este proceso en ellos; porque si nos preguntamos si entienden la muerte en el sentido de razonarla, la respuesta será inobjetable: sabido es que los perros no razonan como nosotros.

No obstante, sí sienten. Y algunos de sus instintos cognitivos, como el del presentimiento o la intuición, son mucho más fuertes en ellos que en nosotros –y eso nos dice mucho de su conducta–. Tal cosa la saben bien los veterinarios como Jennifer Coates, quien en su experiencia ha podido constatar que los perros –y otros animales– tienen una peculiar comprensión de las situaciones que involucran la muerte, ya sea propia o ajena:

En una ocasión sedé al perro de la familia y coloqué un catéter intravenoso a través del cual iba a administrar la última inyección de solución de eutanasia. Hasta este punto, el gato de la familia se había mantenido alejado. Pero justo cuando comencé a administrar la inyección, caminó a mi lado, se tumbó y puso gentilmente su pata sobre la pierna de su amigo como para decir: “No te preocupes, estoy aquí contigo”.

Lo que es seguro –y precioso– es que un perro, antes de morir, siente un inmenso amor.

Un perro es capaz de presentir lo que ocurrirá, y por eso quiere estar con su dueño –su amigo– antes de irse. Las experiencias de la mayoría de los que han acompañado a su perro en este proceso así lo constatan, como algunas recopiladas en el portal Quora, donde algunos dueños respondieron a la pregunta de qué sienten los perros antes de morir:

No estaba en la India cuando Bugs murió […] Después del entierro […] finalmente mi hermano le preguntó a mamá: “Ma, ¿qué estaba haciendo Bugs antes de morir?”. Lágrimas bajaron por sus mejillas. En una voz de obvio dolor, ella dijo: Él dejó de comer. Le di todo lo que le gustaría, pero nada funcionó. Me hizo un gesto hacia el árbol: salí y me senté ahí. Cuando me vio allí, dio un pequeño ladrido, saltó juguetonamente y se durmió. Nunca se despertó”, concluyó.

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Ese era el árbol bajo el cual mamá lo encontró hace 10 años.

¿Estaba diciendo gracias, quizá? ¿O te amo? ¿O era sólo una danza de alegría? En verdad no lo sé.

— Jedidiah Benhur Margoschis Wisely, English Instructor (2012-present) Answered May 12, 2018

Honestamente, es diferente para cada perro, justo como es diferente para cada persona.

He estado allí, en el final de tres perros de la familia que murieron de enfermedades. […] Ninguno de mis perros intentó irse y estar solo cuando se estaban muriendo. Siempre quisieron estar con nosotros (especialmente yo). Layla no era diferente, por eso pasamos la última noche en el piso de la cocina con ella. No podía pararse, pero si salía de la habitación, intentaría arrastrarse para seguirme.

Con los tres perros cuyas muertes presencié, sus cuerpos comenzaron a cerrarse, pero continuaron manteniendo la voluntad de vivir y el amor que sienten por sus familias. Al final, sus cuerpos les fallan y parece que ya no están al tanto de nada. Nunca tuve un perro que se fue solo a morir, o que se fue fácilmente o mientras dormía. Siempre fue desgarrador, pero me alegré de que estuvieran rodeados de amor cuando fueron.

—Alicia Bayer, B.A. Creative Writing in English & Women’s Studies, University of Kentucky (1992) Answered Feb 23, 2017

¡Esto es un poco difícil para mí! Pero aun así intentaré responder a qué siente un perro antes de morir:

Ese es Tuffy, el tontito que bendijo mi vida mientras estaba vivo, ¡pero me dejó desolado y deprimido cuando cruzó!

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Nos bendijo con su presencia durante aproximadamente 12 años. Había desarrollado próstata agrandada que condujo a la infección del tracto urinario (ITU). Debido a esta condición médica no pudo orinar, y se sometió a una gran cantidad de procedimientos médicos durante un período de tiempo, pero su estado se deterioró, lo que condujo a una falla orgánica múltiple.

En su último día vagó por todos los rincones de nuestra casa frenéticamente, en cada esquina donde adoraba pasar el rato. Parecía como si supiera que su tiempo se había acabado, y estaba tratando de transmitirnos lo mismo. En sus momentos finales estaba en mis brazos, sangrando un poco de su boca, jadeando por sus últimas respiraciones antes de que nos dejara por la eternidad. Murió en mis brazos y mi vida no ha sido la misma desde entonces.

—M. Sachdev, Self Employed, Answered May 4, 2018

¿Alguna duda de que los perros son amor, de principio a fin?



La tristeza de perder un perro se equipara a la de perder a un ser querido, estudio

Los humanos y perros se han adaptado a la convivencia en los últimos 10 000 años, evolucionando en conjunto del uno y del otro.

Para Frank McAndrew, psicólogo y profesor del Knox College, en EE.UU., los perros dejan de ser, en ocasiones, mascotas para convertirse en algo más cercano a su dueño: un ser querido. Por esta razón, cuando el can se pierde o fallece, el proceso de duelo en su duelo es largo y difícil de pasar. Es decir que al ser personajes importantes de la vida cotidiana, perderlos resulta en un proceso doloroso equiparable a perder a un pariente. 

A lo largo de la investigación de McAndrew, el experto mencionó que “aquellos que quieren a su can saben la verdad: su mascota no es ‘solo un perro’. […] Tal vez si la gente se diera cuenta de lo fuerte e intenso que es el vínculo entre las personas y sus perros, el dolor [que causa su muerte] sería más ampliamente aceptado.” Y esto podría ayudar, en gran medida, a los dueños de los perros a aceptar el deceso y elaborar el proceso de duelo. 

Esto se debe a que los humanos y perros se han adaptado a la convivencia en los últimos 10 000 años, evolucionando en conjunto del uno y del otro. Esta teoría se ve apoyada con las propuestas por el antropólogo Brian Hare, quien sugirió que la domesticación de los canes comenzó con la socialización del lobo gris haciendo las interacciones más satisfactorias y estrechas. En especial al ser retroalimentada de manera positiva e incondicional: “Los perros han sido criados selectivamente durante generaciones para prestar atención a los seres humanos.” 

De hecho, los científicos han demostrado que los cerebros de los perros responden positivamente a los elogios de sus dueños tanto como lo hacen ante la comida; e incluso son capaces de reconocer a las personas para aprender a interpretar los estados emocionales de los humanos mediante la expresión facial, a entender las intenciones humanas para ayudar a sus propietarios y a evitar a la gente que trata mal a sus dueños. Mientras que los seres humanos responden al afecto y la lealtad de los perros con altas dosis de dopamina, serotonina y oxitocina, generando una serie de bienestar a los dueños. 

Por esta razón, la pérdida de un perro altera gravemente la rutina diaria así como la neurofisiología de su dueño. Esto provoca que el proceso de duelo en torno a un can implique una elaboración igual de compleja que con seres queridos; cuyo tratamiento psicoemocional más funcional es el tiempo y la aceptación de las emociones negativas.