Estas son las 20 mejores ciudades del mundo para andar en bici

En la lista aparecen tres ciudades holandesas y tres francesas.

Los beneficios individuales y colectivos de usar la bici como transporte en las ciudades son muchísimos. En el plano del individuo está comprobado que acrecienta la felicidad y mejora el sistema cardiovascular entre otros atributos; en el colectivo la disminución del tráfico, la contaminación y hasta el crecimiento de la economía local.

Aunque no al paso que debieran, cada vez más ciudades adecuan su infraestructura para privilegiar el uso de la bicicleta por sobre el automóvil. El ranking 2015 sobre las mejores ciudades del mundo para usar la bicicleta  realizado por Copenhagenize Design Company (y elaborado desde hace 4 años) ha dado algunas sorpresas, incluyendo por primera vez a una ciudad de Estados Unidos.

Este índice mide 13 indicadores como infraestructura traducida en carriles o aparcabicis, la cantidad de personas usando este medio; las políticas públicas en torno a esta práctica e incluso factores como el clima.

No por ser este índice elaborado es esta ciudad, Copenhague encabeza la lista, casi el 50% de su población usa la bici y es considerada una ciudad que está haciendo una revolución verde. Llama la atención la presencia de 3 ciudades holandesas, tres francesas, y una latinoamericana, con la presencia de Buenos Aires.

Aquí la lista:

1.Copenhague, Dinamarca.

2.Amsterdam, Holanda.

3.Utrecht, Holanda.

4.Estrasburgo, Francia.

5.Eindhoven, Holanda.

6.Malmö, Suecia.

7.Nantes, Francia.

8.Burdeos, Francia.

9.Amberes, Bélgica.

10.Sevilla, España.

11.Barcelona, Cataluña.

12.Berlín, Alemania.

13.Lubliana, Eslovenia.

14.Buenos Aires, Argentina.

15.Dublín, Irlanda.

16.Viena, Austria.

17.París, Francia.

18.Minneapolis, Estados Unidos.

19.Hamburgo, Alemania.

20.Montreal, Canadá.

 

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Aquí puedes ver el índice completo y los motivos por los que fueron elegidas.



Soy ciclista y soy persona

¡Nuestra vida sobre ruedas es más difícil de lo que imaginas!

*Por: Amelia Arreguín

 

Cada día al despedirme de mi familia y mis amistades estoy consciente de que puede ser la última vez que los vea. Las cifras y la experiencia son la base de esa postura realista. Cada día hay un accidente vial en el que un o una ciclista sale afectado; pérdidas materiales, raspones, fracturas, traumas cráneo-encefálicos o la muerte, son escenarios posibles.

Las ciudades son de todas las personas que las habitamos. Todas queremos llegar a nuestros destinos, en tiempo; asumimos que nuestras preocupaciones y necesidades son las únicas que importan; si no es así, ¿entonces por qué navegamos la ciudad sin siquiera mirar a quienes están a nuestro lado? Si no es así, ¿por qué ni siquiera notamos que hay más personas a nuestro alrededor?

Hay una confusión enorme, tanto de automovilistas como de ciclistas y de peatones en cuanto a los comportamientos que deberían tener en las calles.

La problemática es amplia y arraigada en nuestras sociedades, no sabemos usar la calle: peatonas/es cruzando en cualquier punto, automovilistas superando el límite de velocidad y ciclistas circulando en sentido contrario. A ello sumamos la deficiente planeación por parte de las autoridades, lo que acentúa el conflicto de la coexistencia urbana.

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Pero, dentro de esa gran problemática, hay una especie altamente vulnerable: el o la ciclista. Nuestra vida peligra cada vez que decidimos subirnos a nuestra bicicleta y pedalear la ciudad. Muchas veces lo hacemos por un alto compromiso social: modificamos nuestros hábitos por el bien común, y otras lo hacemos porque la bicicleta significa libertad y felicidad. Pero es triste reconocer que hay personas conduciendo sin conocimiento, responsabilidad y educación.

Las ciclovías son altamente inseguras por el diseño o por conductores que no las respetan. Nuestro camino está plagado de puertas que se abren sin precaución, giros a la derecha o a la izquierda sin mirar por el espejo y sin direccionales; por andantes que se atraviesan porque no dimensionan que quienes corren más riesgo somos quienes vamos arriba de la bici, si un accidente sucediera.

Ni qué decir de conductores iracundos que probablemente no leyeron el reglamento de tránsito y por ello tienen la falsa creencia de que el arroyo vehicular les pertenece, o quizá no saben descifrar el significado de la señalética (cuando la hay) y piensan que las líneas verdes (como las de la imagen de abajo) son para dar un toque de frescura a su estacionamiento.

Para coexistir armónicamente en las ciudades, todos debemos hacer concesiones y todos debemos actuar con respeto. La convivencia segura entre peatonas/es, automovilistas y ciclistas en la vía pública depende de los comportamientos que adoptemos consciente o inconscientemente. Además, es necesario que existan instrumentos legales y operativos cuyo objetivo es regular esa convivencia, ya que muchas veces el sentido común no es tan común como se necesitaría. Y por supuesto, una vez que esos instrumentos existen, su aplicación es imperativa.

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Pero mientras eso pasa, les dejo un par de consejos a quienes conducen automóviles:

  • Usa direccionales.
  • Rebásanos con 1.5 metros de distancia.
  • Cuando te estaciones, abre tu puerta una vez que hayas revisado que no estamos cerca de ti.
  • Pero, sobre todo, recuerda que ¡existimos!

Querides ciclistas, también un par de comentarios para ustedes:

  • Usa tu casco, siempre.
  • También usa luces y reflejantes.
  • Y por amor a lo más sagrado: ¡no circules en sentido contrario!

Y tú, mi peatona o peatón: no seas temeraria/o. Si te nos atraviesas, nuestra vida está en más riesgo que la tuya; hay muchísimos factores que dificultan nuestras maniobras.

Para concluir te comparto una duda existencial que últimamente no me deja dormir: ¿por qué es tan difícil soñar con una ciudad donde la movilidad sustentable sea una realidad, donde la coexistencia entre formas de vida sea armónica? ¡No queremos más muertes por accidentes viales! Quiero ser libre cuando monte una bicicleta, no una mártir. ¡No es posible que nuestra felicidad pueda costarnos la vida!

 

P. D. 1. Intenté ser políticamente correcta, pero ciclistas: ¡las calles son nuestras! Ningún auto cederá sin presión. ¿Y adivinen qué? Quienes diseñan las normas y las ciudades, no son ciclistas. ¡Únete a los movimientos ciclistas en tu ciudad y reclama la #víacompartida!

P. D. 2. No confundas llevar un casco con ir segura/o. Lo mejor es que no te atropellen. Checa esta página sobre consejos reales para evitar la muerte.

Eco Maxei
Autor: Eco Maxei
Eco Maxei Querétaro AC es una organización sin fines de lucro cuya misión es fomentar la coexistencia armónica entre las personas y con la naturaleza. Somos una organización multidisciplinaria, fundada e integrada por jóvenes agentes de cambio desde 2014.


Ver el cielo desde la ciudad te hace más feliz (un recordatorio para navegar tu día)

Reconectar con la naturaleza desde las ciudades es motivo para (re)diseñar ciudades cada vez más verdes y, por qué no, más felices.

Voltear a ver el cielo te hace más feliz. En diversas ocasiones se ha demostrado que estar en contacto con la naturaleza tanto como sea posible mejora la salud, pero sobre todo, es clave para recuperar y mantener la alegría; escuchar a un pájaro cantar, tener a la vista un árbol, o simplemente mirar al cielo frecuentemente son detalles imprescindibles para empezar a buscar la felicidad desde otros paradigmas.

Los espacios verdes en zonas de gran densidad urbana son más que un adorno o una casualidad. Por salubridad y hasta para contrarrestar los efectos del hacinamiento, en las metrópolis los paseos arbolados proveen enormes bondades, tanto para el bienestar mental individual como para el bienestar colectivo.

Especialistas de diversas áreas, tanto sociales como urbanísticas y médicas, se encuentran estudiando el impacto que tiene la ciudad en los seres humanos, y recientemente la gran influencia de los pequeños nodos verdes de las ciudades en la psique de sus habitantes. De acuerdo con una investigación liderada por el King’s College de Londres y publicada en la revista BioScience, basta con pequeñas exposiciones al aire libre en medio de la vida laboral para recobrar el ánimo. 

 

Diseño de ciudades para habitantes más felices 

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El urbanismo verde puede mitigar la presión que ejerce la ciudad en la vida de las personas, sean niños o adultos mayores, hombres o mujeres. Por eso el King’s College desarrolló este estudio. La idea principal del artículo que presenta los resultados de dicha investigación, más allá de redundar en los beneficios de reconectar con la naturaleza desde la realidad urbana, radica en alentar el diseño de las ciudades teniendo como fin primordial la creación de más y mejores áreas verdes que potencialicen la calidad de vida en las urbes contemporáneas.

La escritora Rebecca Solnit afirma en su libro Wanderlust que al caminar, el cuerpo, el pensamiento y el mundo encuentran ritmo y sintonía: incluso para una mente urbana, el acto de aproximarse a un balcón o un espacio abierto incrementa la felicidad.

Y aprovechando la conectividad tecnológica, el King’s College –en colaboración con J&L Gibbons, Nomad ProjectsA&E, el Van Alen Institute y la Sustainable Society Network– desarrolló una aplicación a partir de la cual se llegó a las conclusiones anteriores y se pudo comprender cómo la vida urbana está afectando el bienestar mental.

La app Urban Mind emite alertas durante el día al usuario para recordarle que reconecte con su entorno natural, por mínimo que éste sea, ya que el efecto de mirar por la ventana, salir a un parque o a respirar aire fresco durante unos instantes es restaurativo y puede durar varias horas, hasta en los momentos de claustrofobia masiva en una ciudad o inclusive al regresar a tu cubículo del trabajo.

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Para entender cómo los diferentes aspectos del entorno urbano afectan el bienestar mental, Urban Mind recopila datos de sus usuarios en tiempo real. Con base en sus resultados, las organizaciones involucradas en el proyecto esperan aportar, para el futuro compartido, un mejor planeamiento urbano y una política social orientada a mejorar el diseño y la salud de los habitantes. La última recopilación de datos se encuentra en el estudio presentado en BioScience, mismo que puedes consultar en inglés en este link.

Conforme la población siga creciendo en el planeta, el secreto para mantener las ciudades en equilibrio será defender y procurar que el asfalto no se quede sin paisaje. Los huertos urbanos y la forestación vertical conformarán bancos de oxígeno, pero también puntos de encuentro, aprendizaje y esparcimiento.