Artista lleva maleza a las ciudades para que recordemos su estado prístino (FOTOS)

Adecuando el sitio a la estética natural que alguna vez tuvieron los lugares, Linda Tegg nos recuerda la importancia de conocer la modificación que les hemos imprimido.

Hace muchos años, antes de que el concreto fuera el paisaje común en nuestras vidas, la naturaleza ahondaba todos los espacios disponibles. Pero no como nuestros jardines perfectos, sino con un ritmo propio de la libertad orgánica: un  ejemplo de ello es la maleza. 

La maleza, estos arbustos que conjugan una mezcla de hierbas, nos recuerdan que las intervenciones que hemos hecho a los espacios son antagónicas al crecimiento caprichoso en la natura. En esta vida de la búsqueda de perfección, que se refleja en la uniformidad de la estética de las ciudades, también hemos conseguido una desconexión importante con el entorno. En este sentido la artista Linda Tegg, en una intervención que hizo para la Librería Estatal de Victoria en Australia (e investigando en el mismo recinto) colocó maleza en las inmediaciones de este edificio, adecuando arbustos que figuraran verdaderamente cómo lucía ese espacio antes de la intervención del hombre. 

Este proyecto sitúa a las personas en un sitio donde pueden comprender (rodeados de edificios) la transfiguración sistemática de un mismo lugar, y quizá recordando esa condición, entonces vuelva a sentirse un respeto más íntimo con el espacio que nos lleve a cuidarlo más; incluso sobre esa alfombra de concreto.

 



Instalación de arte recoge el agua de lluvia y la convierte en una escultura flotante

Un instante en la vida de una lluvia se convierte en un espectáculo perdurable.

El arte es casi siempre un intento por imitar las sensaciones que la naturaleza y sus exquisitos patrones geométricos nos producen. No todos admiten esta inspiración mimética o la hacen tan evidente como el artista John Grade, cuyas instalaciones remiten inmediatamente a las imágenes más entrañables de la naturaleza. Entre ellas, la poesía visual que genera la lluvia en un bosque.

La última pieza de Grade, titulada Resrvoir, es como un instante en la vida de una lluvia. Se trata de una masiva red que se encuentra en el Parque de Esculturas de Arte Sella, en Borgo Valsugana, Italia. En ella están sujetados 5,000 compartimentos transparentes que recogen el agua que cae. La escultura cambia de forma dependiendo de la cantidad de agua que acumule.

Reservoir puede acumular hasta 360 litros de agua.

Viéndola a la distancia, Reservoir parece ser un momento suspendido en el tiempo: ese momento cuando las gotas caen tras haber sido retenidas por el follaje de los árboles. Pero además de remitir a una imagen particularmente melancólica, Resevoir da una idea de cómo la recolección de agua podría ser un arte. ¿Y si las estructuras para recolectar agua de lluvia fuesen también un homenaje a la naturaleza, como lo es esta escultura? Una pregunta pertinente, pues no está de más pensar en un futuro más estético y menos técnico. Y como siempre, el arte y la naturaleza nos ayudan a ello.

Te recomendamos ver más obras de John Grade, quien parece haber encontrado una simbiosis perfecta entre arte y naturaleza en otras de sus sugerentes instalaciones.

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Increíbles altares geométricos de verduras (cortesía de un artista anónimo)

Algunos artistas primero dibujan y luego hacen “naturalezas muertas”; para otros, la inspiración llega en un rojo jitomate.

Este artista atiende un puesto de verduras en Wisconsin. Los cebollinos, rábanos, brócolis y pimientos coloridos y con texturas fantásticas hacen diseños originales que cambian todos los días. Su autor ha preferido mantener su privacidad y hacerse llamar “Brad” para la difusión del talento que pone en práctica en su negocio.

Inicialmente, los trabajos artísticos de Brad sólo se hacían sobre pedido; ahora, confeccionarlos para la tienda, confiesa el autor, “es uno de los mejores momentos del día”.

La gente que pasa en frente, aunque no vaya a comprar su mercancía, sonríe nada más de ver de reojo el diseño de coles, espárragos, perejil y cebollas adornando los muros, la vitrina y las mesas del negocio.

Al principio eran el goce personal de los vecinos, pero cuando supo que ya había fotos en línea de sus diseños y algunas personas estaban copiando la idea, Brad prefirió abrir una cuenta en Instagram para compartir lo que crea y lo que lo inspira.

Después de incursionar con la naturaleza viva Brad ha decidido comenzar a dibujar y a pintar acuarelas, disciplinas tradicionales de artista, pero no abandona a su primera musa: ¡la hortaliza colorida!