Los sonidos de tu perro te dicen más de lo que imaginas: un estudio

Con solo escuchar los ladridos o respiraciones de tu mascota puedes descubrir mucho de ellos, mira.

Los ladridos de nuestros perros y sus respiraciones están entre los indicadores más eficaces para saber cuál es su estado de ánimo, sus necesidades o incluso salud. Los perros han desarrollado los ladridos como su manera de lenguaje más profundo, y solo es cuestión de que tú prestes atención a este indicador para que seas capaz de averiguar más de lo que crees sobre ellos. 

Un estudio hecho por la Universidad Politécnica de Madrid ha probado cómo poner atención a los sonidos de los perros puede resultar en adivinar factores impensables como el género, la edad, o incluso el escenario que vive ese animal. 

Para este análisis 8 perros fueron puestos en distintas situaciones como el estar atados a un árbol, jugando a la pelota, defendiendo a su amo de una aparente amenaza o preparándose para un paseo. 

Luego estudiantes de veterinaria fueron analizando los sonidos de los perros para determinar su situación (escenario) y su género y edad. Lo investigadores encontraron que el 85% de las veces los estudiantes pudieron adivinar el género, y 80% la edad. Asimismo los niveles de tino sobre las situaciones que vivían los perros fueron de 55%.

Lo anterior revela que mediante el estudio de los sonidos de los perros; ladridos y respiraciones, quizá podemos saber mucho más de ellos en la vida cotidiana. Se trata de una información que nos descubre la importancia sobre conocer a nuestras mascotas más profundamente y con un poco de atención focalizada.



¿Quieres saber qué dice tu perro? Científicos desarrollan traductor de ladridos de perro

Se trata de un prototipo de un software que capta, clasifica y evalúa los ladridos de perros domésticos para determinar si son provocados por una situación de riesgo –como la presencia de intrusos en el hogar–.

Cuando recién adoptamos a un perro, comienza un proceso de adaptación mutua basado principalmente en la comunicación. Dado que humanos y perros somos seres de distintas especies, es importante desarrollar una comunicación viable y funcional para la convivencia diaria. Para ello, el equipo de investigación de la Unidad de Transferencia Tecnológica Tepic y del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada –CICESE UT3–, ambos de México, han desarrollado un prototipo de un software que capta, clasifica y evalúa los ladridos de perros domésticos para determinar si son provocados por una situación de riesgo –como la presencia de intrusos en el hogar–. 

Humberto Pérez Espinosa, líder de la investigación, explica que el software Clasificación y reconocimiento de ladridos, tiene como objetivo clasificar diferentes tipos de ladridos en relación con el contexto en que fueron generados; principalmente si es durante la presencia de un extraño u otro perro. Para ello se buscaron patrones que pudieran generar modelos de identificación de actividades y emociones, de modo que “cuando se reciba un ladrido, el software pueda determinar en qué contexto fue generado, si es una causa normal o común, o si hay alerta.”

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Para obtener los patrones, los científicos grabaron los ladridos de 35 razas domésticas, más comunes en los hogares mexicanos, como el Schnauzer, French Poodle y Chihuahua. Pérez Espinosa explica: “Se grabaron los perros y decidimos generar una base de datos, trabajando con esquemas de aprendizaje supervisado, basados en tener ejemplos de los ladridos y poder entrenar los modelos computacionales para que aprendan de estos ejemplos”.  Sus ladridos estuvieron bajo un protocolo de estímulos que generaran emociones como alegría, hambre y sed, así como miedo, enojo y lucha. 

Lo que hicimos entonces fue un modelo emocional que se parecía al de las personas, donde existen primitivas emocionales: el eje vertical representa valencias y el horizontal, la activación; con estas dos primitivas se puede determinar el tipo de emoción que ocurre. Por ejemplo, si la activación se eleva hacia arriba y la actitud es positiva, puede ser un estado de alegría; si tiene altos niveles de actividad y actitud negativa, entonces revela alertas. 

Fue así que se logró crear este sistema de identificación y modelaje de ruidos domésticos, así como una plataforma de alarma frente a situaciones de riesgo relacionadas con la salud del perro o de sus dueños. Pérez Espinosa puntualizó que: 

El software ya está completo en una versión beta, falta robustecerlo con más ladridos y modelos de reconocimiento, pero ya es funcional; la segunda etapa es hacerlo flexible hacia diversas aplicaciones, no solo de seguridad, sino que se pueda conectar a una API (interfaz de programación de aplicaciones) para generar datos sobre la salud o bienestar del perro o su dueño, u otras cuestiones, pero eso quedará abierto para que se basen en nuestra plataforma.



¿Los perros son capaces de sentir emociones complejas?

Al hablar de estas emociones complejas es esencial comprender que, para sentirlas, se requiere la comparación de nuestra conducta o situación con una expectativa social.

La película de Inside OutIntensamente, en español latino– nos demostró cuáles son las emociones básicas que cada ser humano experimenta a lo largo de su vida: alegría, tristeza, temor, desagrado e ira. Son algo natural. Podríamos decir que se experimentan de manera impulsiva. Sin embargo, existen otras, la combinación de estas básicas, que se vuelven realmente más complejas pues requieren de una consciencia emocional o afectiva. Es decir que, mientras que las emociones básicas suceden automáticamente –sin mucho procesamiento cognitivo–, las emociones complejas requieren de una toma de consciencia de sí mismo, tales como la vergüenza, la culpa y el orgullo. En otras palabras, requieren de una reflexión y una evaluación de uno mismo, las cuales son características intrínsecas del raciocinio del humano. Por lo que, ¿qué tan real es que las mascotas sean capaces de sentir vergüenza tras haber tenido una conducta reprochable?

Al hablar de estas emociones complejas es esencial comprender que, para sentirlas, se requiere la comparación de nuestra conducta o situación con una expectativa social. Por ejemplo, cuando uno siente culpa se debe a una especie de reflexión acerca de la violación de una regla social –tuvimos que estar conscientes de esta regla para romperla y entonces sentirnos mal al respecto. Y ahora vemos a perros, en numerosos videos, sintiendo culpa por haber roto una regla social de conducta… Pero, ¿los perros son reflexivos y evaluadores de su propia conducta?

Entre los humanos, los niños empiezan a experimentar la empatía y otras emociones secundarias alrededor de los dos años –edad, la cual, se estima que es la habilidad mental de un perro. Esta conclusión permite comprender que si un perro mantiene la edad mental de un niño de dos años, significa que también mantiene las emociones. Por tanto, los perros tienen claramente emociones y puede ser que algunas de las que se encuentran en adultos humanos.

No obstante, los científicos se cuestionan si lo que realmente sienten los animales es culpa o miedo a una reprimenda. La evidencia de las emociones primarias, como el amor y la felicidad, es reconocida científicamente; pero apenas hay data empírica que afirma que también son capaces de experimentar emociones secundarias como celos y culpa. Por lo que, cuando un perro actúa con culpa, ¿es porque sabe que hizo algo mal o porque está esperando una consecuencia?

Sin darnos cuenta, quizá los animales –como seres sociales– cuenten también con toda una diversidad de emociones para mantener vínculos sociales. Sin embargo se necesita aún una serie de estudios científicos para comprobar que los animales cuentan con funciones cerebrales similares a los humanos, permitiéndonos sentir emociones complejas como la vergüenza, el orgullo y la culpa.

Scientific American explica que  los cerebros de los perros tienen regiones sensibles a la voz y que estas áreas neurológicas se parecen a las de los humanos. Al compartir estas zonas en ambas especies, procesan las voces y las emociones de manera similar. Ambos grupos responden con la misma intensidad de la actividad neuronal al escuchar voces que reflejan emociones positivas –como la risa: “Los perros y las personas, sin embargo, responden más intensamente a los sonidos de sus propias especies”. De modo que, sólo nos queda preguntarnos: ¿los perros son capaces de sentir vergüenza por comer la basura del basurero? Posiblemente. Quizá sólo sea una manera de neurotizar a los animales a manera de humanos… Y hasta que no se pruebe lo contrario, no hace ningún daño pensar que son seres emocionales.