¿Por qué tienes que ver el documental “Huicholes: Los Últimos Guardianes del Peyote”?

Este documental pone en evidencia las contradicciones de nuestro mundo materialista y te muestra la lucha espiritual y política por el territorio sagrado, Wirikuta.

Hoy, a un año de haber asistido a la función de prensa, que nos tomó de sorpresa ya que la forma y el contenido nos conmovieron a todos  los presentes. La familia Ramírez, autoridades de las comunidades wixaritari (huicholas), junto a la productora Paola Stefani y el director Hernán Vilchez presentaron el largometraje documental Huicholes: Los Últimos Guardianes del Peyote. Ese día, en el Cine Tonalá, en la colonia Roma de la Ciudad de México, dio inicio el peregrinaje del mensaje del pueblo Wixárika por la defensa de Wirikuta, a través del filme independiente dirigido por Vilchez y fotografiado por José Andrés Solórzano.

Huicholes: Los Últimos Guardianes del Peyote narra la lucha espiritual y política de los huicholes por proteger el territorio natural sagrado donde crece el peyote, Wirikuta, amenazado hace más de cinco años por la industria minera.

La gira de lanzamiento “5 Colores de Maíz”, cuyo simbolismo dentro de la nuestra cultura, pero sobre todo en la wixárika, emprendió su peregrinaje para proteger la vida y poniendo en evidencias las  contradicciones de nuestro mundo materialista. 

La familia Ramírez, nos adentra en el viaje de peregrinación ritual que emprende hacia Wirikuta, para ir al encuentro de los ancestros espirituales que habitan este territorio de 140 mil hectáreas, ubicadas en el estado de San Luis Potosí, amenazadas por las múltiples concesiones mineras y la agroindustria.

La Reserva de Wirikuta fue incorporada en 1988 por la UNESCO a la Red Mundial de Sitios Sagrados Naturales. El territorio sagrado natural, posee un ecosistema único en el mundo, donde  se concentra la mayor biodiversidad y riqueza de cactáceas por metro cuadro en el planeta.  Más que un  desierto es un jardín, es el hogar del Águila Real, símbolo de nuestro país. Lamentablemente la mayor parte de la flora endémica de la región, está bajo la Norma Oficial Mexicana de plantas amenazadas y en peligro en extinción. 

Transversal a este ritual milenario, que se viene repitiendo generación tras generación, aparece el conflicto: la amenaza de las empresas mineras que, de concretar sus trabajos de explotación, podrían contaminar y destruir Wirikuta, convirtiéndolo en un territorio en estéril e inhabitable profanado. 

Huicholes: Los Últimos Guardianes del Peyote, nos acerca a las diferentes acciones de alcance público que el pueblo wixárika emprendió para dar a conocer la defensa de Wirikuta y su significado. 

Como parte de estas acciones, los productores apostaron desde sus inicios a que siempre que presentan el documental, cuenta con presencia de autoridades o representantes de las comunidades del pueblo wixárika. Donde el ritual de inicio, conmueve  y provoca una respuesta orgánica ante las muestras de enseñanza de estos grandes maestros peregrinos. Si se asoman a su Facebook y Twitter pueden  ser testigos de cada función que dan en México y otros países .

La producción en coordinación con las autoridades wixaritari han presentado Huicholes: Los Últimos Guardianes del Peyote en funciones masivas en las comunidades wixaritari (huicholas) en los estados de Jalisco, Nayarit y Durango, así como se ha seguido presentando en comunidades del bajío y la sierra de Catorce en Wirikuta.

Actualmente están realizando una gira por Europa en más de 13 países y tienen programadas dar más de 30 funciones para compartir el mensaje del pueblo Wixárika. En esta gira viajan Juan José “Katira” Ramírez y su hijo Enrique Ramírez, y el director Hernán Vilchez. El estreno fue en Berlín.En su último informe de exhibición anuncian que en la primera etapa de la gira europea más de 1,200 personas vieron la película en países de habla alemana. En el caso de la oferta en internet bajo la figura de Video On Demand, el documental se ha rentado 1,443 veces en más de 40 países en este año.

Hace un año, en la función de prensa, los productores y organizaciones civiles aliadas anunciaron que parte del compromiso con las comunidades campesinas e indígenas, es apoyar la promoción de proyectos productivos y culturales en Wirikuta.  Sí quieres conocer más de estas propuestas, proyectos y organizaciones que trabajan en la región, consulta  http://huicholesfilm.com/es/?p=8220

En las redes de Facebook y Twitter del documental se puede consultar y seguir el trabajo de exhibición que se realiza a favor de la vida en el planeta y la defensa de Wirikuta.
https://www.facebook.com/HuicholesTheLastPeyoteGuardians
https://twitter.com/PeyoteGuardians

Huicholes: Los Últimos Guardianes del Peyote, es una invitación a conocer, conmoverte y activarte en favor de la tierra, de la vida.  ¿Y tú qué estás haciendo por cuidar la vida?

Autor: Montserrat Salazar Gamboa.

Autor: Red Ambiental Mexicana


No existe memoria sin territorio, y no hay Historia sin territorio

Hace unos días se llevó a cabo en Oaxaca el taller titulado “La Emergencia del Nosotrxs: Cartografías de la memoria”.

Hace unos días se llevó a cabo en Oaxaca el taller titulado “La Emergencia del Nosotrxs: Cartografías de la memoria”, el cual fue impulsado por la Universidad de la Tierra en Oaxaca, con el objetivo de elaborar una propuesta de reconstrucción territorial a partir de la memoria, ya sea documentalmente escrita o desde las construcciones narrativas de oralitura comunitaria generada a lo largo de todo el proceso de construcción de los territorios. El taller fue impartido por José Ángel Quintero Weir, indígena añú, quien es coordinador de la Unidad de Estudios y Culturas indígenas y profesor titular de la Escuela de Letras de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia. Desde su activismo y como miembro de un pueblo originario ha participado durante muchos años en las luchas reivindicativas de las comunidades indígenas de Venezuela.

A continuación, comparto fragmentos de los que vivimos el taller y que dan esperanza para la reconstrucción de procesos territoriales en diferentes partes del mundo. Mucho de lo platicado fue abordado por medio de historias y relatos de los pueblos indígenas que habitan alrededor del lago de Maracaibo. Para iniciar se presentó en su lengua materna añú afirmando que él era José Ángel Quintero Weir, hijo de Julia Weir, su madre, quien es hija de Isabel Weir, su abuela, quien es hija de Berta Weir, su bisabuela, y quien es hija de Victoria, su más antigua abuela…, enfatizando que es importante mantener y honrar la memoria, siempre mirando hacia atrás y recordar a la ultima de las abuelas, porque ellas son la huella y la memoria, estamos aquí gracias a que ellas existieron y estamos construyendo nuestra propia vida gracias a ellas.

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Explicó que la intención de este espacio era reconstruir la memoria; pero la memoria no es solamente el recuerdo. Es importante mencionar esto porque cuando se habla de memoria, pensamos que tiene que ver con la posibilidad de recordar y a veces nos olvidamos… Es ahí donde muchas veces la sociedad occidental trata de borrar la memoria o construir la historia de acuerdo a su visión, una persona sin memoria siempre tendrá problemas para su propia existencia. Toda memoria es territorial y es un principio que necesitamos establecer, de tal manera que no existe memoria sin territorio, y no hay Historia sin territorio. La separación disciplinaria del territorio y de la Historia es un invento generado por Immanuel Kant y justo se da en el momento en que se están repartiendo el territorio africano entre Alemania, Francia, Portugal, Inglaterra y Bélgica, todo esto sin contar la historia de los africanos; es ahí cuando se construyó un proceso de la geografía que parte de la colonialidad y el dominio.

Todo grupo humano que necesita un espacio para convivir lo necesita territorializar, convertirlo en su propio territorio, pero para ello primero es necesario contar con un punto referencial desde donde se va a observar, no sólo tomando en cuenta la capacidad de atraer una imagen de lo que está frente a nosotros, sino también lo que la imagen nos hace sentir; es necesario ver y sentir el mundo para conocer y reconocer los lugares. El punto desde donde observamos es fundamental, ya que nos orienta en todo nuestro proceso para conocer y reconocer los diferentes lugares que componen un territorio. Aquí tenemos un contraste importante con lo que sucedió en la colonia, ya que desde su visión ellos se plantaron como si estuvieran sobre el mundo y por eso se sentían con el derecho de pisarlo. Desde el pensar indígena estamos dentro del mundo y no por encima. El mundo es un sujeto gigante con el que nos relacionamos. Por eso hay una correlación entre sujetos y no lo vemos como algo que vamos a tomar, sino que el mundo nos permite ocuparlo. En el mundo nada está solo, nada es solitario, todo está relacionado; debemos dejar de verlo como un recurso que esta atravesado por un proceso mental de colonialidad.

Todo parte de una construcción nosótrica de la cosmovivencia que representa la cimentación del habitar, desde el lugar donde estamos viendo y la manera en que nos vamos a relacionar con nuestro hacer en ese determinado lugar, construir el habitar tiene como primera instancia “la casa” y esa casa responde a los elementos presentes en el territorio, no sólo en su diseño específico, sino también en su ubicación. La perspectiva de ver el mundo es lo que nos va a generar la construcción de nuestra cosmovisión, pero la materialización de esa cosmovisión en el espacio territorial va a generar una cosmovivencia, de tal manera que el orden en el que establecemos la construcción del habitar es de acuerdo con nuestra vida cotidiana. El problema de Occidente es que el habitar se construye a partir de la economía, de la acumulación y del capital; por eso hoy en día nos encontramos con ciudades totalmente invivibles. Muchos de los grandes proyectos de extracción representan parte de un proceso de desterritorialización de la memoria; cuando se saca alguien de su territorio se borra parte de esa memoria.

El comer tiene que ver con el hacer del mundo y la territorialidad de la producción. El hacer de la territorialidad de la comunidad humana supone su capacidad de lograr establecer la correspondencia entre el hacer temporal del mundo, el hacer de los lugares y el hacer de las especies (animales y plantas), con su propio hacer material para la existencia y sustentabilidad como sociedad; de tal manera, que sólo la armonía de haceres de todos los involucrados es lo que hace posible la existencia compartida y complementaria de todos, y tal compartición y complementariedad siempre ocurren en el contexto de una espacialidad y temporalidad correspondiente al hacer del mundo expresadas en sus lugares y como ejercicio de las comunidades de seres que en ellos se hacen presentes durante esas temporalidades. Las diferencias entre los haceres de las distintas comunidades de seres de las que finalmente obtiene su alimento, la misma comunidad está obligada a diseñar, crear y producir diferentes formas de organización social para el éxito colectivo en el proceso, así como el desarrollo de tecnologías y técnicas, siempre en proceso de mejoramiento y transformación para, finalmente, lograr materializar todos los instrumentos y herramientas necesarios en la ejecución de sus labores de producción capaces de garantizar el sustento alimentario para toda su población.

El curar tiene que ver con el hacer del mundo y territorialidad de la sanación. Debe entenderse que el proceso de territorialización igual implica la necesidad de conocer y reconocer todos los lugares propicios a la siembra, producción y/o recolección de plantas, flores, semillas. Pero también, para la caza o captura de aquellas especies animales cuyas grasas y fluidos, igualmente, son susceptibles de ser utilizados en rituales y procesos de sanación de las afectaciones que, como enfermedades, los sujetos pueden llegar a sufrir durante sus relaciones con los distintos lugares del espacio territorial, pues se trata de los diversos alientos que la naturaleza del ambiente puede incubar en el territorio a ocupar y que los sujetos, en su cuerpo, llegan a transformar como parte de ellos. En este sentido, y como parte fundamental de la memoria territorial de un pueblo, el conocimiento y reconocimiento de todos aquellos elementos de origen vegetal, animal o simbólico presentes en el territorio, y que de una u otra forma, coadyuvan a la salud física y social del grupo.

Finalmente, el convivir tiene que ver con el hacer del mundo y su territorialidad compartida con los otros. Dicho de otra manera, la necesidad y ejercicio de convivir tiene su razón en el reconocimiento de dos principios que sólo en apariencia se presentan como contradictorios ya que, en verdad, siempre resultan ser complementarios; ellos son:

  1. El principio de capacidad autonómica de hacer, que genera la continua configuración y reconfiguración de la cultura. Vale decir, todo ser vivo, sujeto o comunidad de sujetos, cuenta con la capacidad de generar procesos que garantizan su estabilidad, y aun de regenerarse en contextos adversos, o que atentan contra la estabilidad por ella creada. Sin embargo, dado que la autonomía absoluta de una comunidad territorialmente determinada no es posible, es por lo que compartir resulta ser expresión de la autonomía de toda comunidad de seres presente en el mundo, sea ésta vegetal o animal, pero sobre todo, de las comunidades humanas.
  2. El principio de incompletud presente en cada individuo, en cada grupo, comunidad, pueblo o nación, es lo que hace que todos necesitemos de todos en un espacio-tiempo determinado. En este sentido, la incompletud de los sujetos sólo es posible de ser subsanada mediante la complementariedad con los otros y, ésta sólo tiene lugar en el espacio que provee la convivencia entre las comunidades de seres presentes en un territorio, como expresión del parejo intercambio de territorialidades diferentes en un espacio-tiempo determinado; por lo que, justo es decir que la convivencia es la manifestación del ejercicio de una territorialidad compartida entre comunidades en un lugar que forma parte del territorio de cada pueblo y de todos; pero, igualmente, de ninguno, pues, en todo caso, se trata del lugar donde ocurre la convivencia para el ejercicio de la complementariedad que, así, logra sanar cada una de nuestras incompletudes y de esta manera completar el espacio capaz de sostener la estabilidad económica, política, social y cultural aspirada por cada una de las comunidades convivientes.   

Finalmente, Quintero hizo énfasis en que la permanencia comunitaria en el espacio territorializado exige la transmisión del proceso de conocer. Por lo tanto, no se trata de un proceso de enseñanza-aprendizaje de conocimientos o saberes definitivos, esto es, de meros contenidos instrumentales, sino del proceso  generado en su diálogo con el mundo que obliga a una forma de transmisión en el compendio de un sistema ordenado por el que los sujetos son incorporados al grupo y al que ellos optaron por denominar “sistema de educación propia” que toda comunidad humana ya territorializada desarrolla y mantiene como camino y expresión de su cultura mediante la práctica de un hacer lingüístico-tiempo-espacial orientado por el horizonte ético al que colectivamente se aspira y que, simbólicamente, es concentrado en el discurso de una oralitura que vive y se revitaliza cada vez que su canto-relato es enunciado como parte de una pedagogía del nosotros capaz de potenciar el espíritu creador y de transformación de los nuevos miembros que, así, enfrentan desde la huella de la memoria colectiva las problemáticas de su realidad presente, como la continuidad del permanente “diálogo comunitario con el mundo”.

Para mayor información:

  • Contactar a José Ángel Quintero Weir: jqarostomba@gmail.com.
  • Universidad de la Tierra Oaxaca: unitierraoax.org.
  • Consultar “Cartografías de la Memoria Semillario”, por el profesor José Angel Quintero Weir. Taller dirigido a estudiantes indígenas y campesindios de Abya Yala-América Latina, Universidad Autónoma Indígena -UAIN Programa de Formación a distancia FUINCEP-CEOCIAC Zulia- Venezuela.
Mauricio del Villar Zamacona
Autor: Mauricio del Villar Zamacona
Promotor Comunitario y Asistente al Foro como parte del Concejo Indígena para la Protección del Territorio, las Tradiciones, las Lenguas y las Semillas.


10 películas para reconectar con la raíz indígena de América

Miradas al cine indígena desde documentales, ficción y denuncia, que pretenden devolver la voz a los pobladores ancestrales de América.

La colonización de los pueblos indígenas del continente americano nunca terminó. ¿Pero cuál es el punto de vista de quienes ya habitaban estas tierras antes de la llegada de los europeos? El cine indígena, ya sea hecho por descendientes de naciones originarias o que plantea a los indígenas como eje del relato, ha servido como herramienta de emancipación para contar muchas de estas historias silenciadas.

El relato de los indígenas en el cine (desde la mirada occidentalizada) les ha dado tradicionalmente el lugar del “buen salvaje”, o bien del ingenuo ignorante, en fin, del subordinado que no tiene voz para contar su propia historia. Por fortuna, cada vez es mayor el acervo de documentales, cortometrajes y largometrajes de ficción en los que el cine indígena no ofrece solamente una mirada interesante para el antropólogo o el especialista sino para una nueva audiencia, cuya historia y cuyo mundo no pueden permitir seguir silenciando su raíz autóctona.

Este es apenas un pequeño recuento de algunos ejercicios cinematográficos que desde la denuncia por la defensa del territorio, el recuento de tradiciones orales o la ficción misma, retratan una realidad más rica y diversa que la que solemos observar en las marquesinas comerciales. La apuesta es que América no fue “descubierta” una vez por los colonizadores españoles, sino que es un proceso vivo en el que unos a otros nos descubrimos y redescubrimos en nuestras diferencias y semejanzas.

 

El maíz en tiempos de guerra

Este documental dirigido por Alberto Cortés narra las historias de familias de naciones huichol, mixe y tzeltal y su relación con el maíz. La semilla fundamental de la alimentación en América se vuelve una cuestión política frente al olvido gubernamental y los intereses del crimen organizado.

 

Riu, lo que cuentan los cantos

Pablo Berthelon sigue la historia de María Elena Hotus, narradora oral de Rapa Nui, en los días en que le traspasa las canciones tradicionales a su hija. La historia de la isla de Rapa Nui con Chile ha sido silenciada y violenta, por lo que este filme es un puente hacia una nueva relación con las nuevas generaciones a través de la música.

 

My Name Is Kahentiiosta

La reconocida documentalista Alanis Obomsawin, de la nación abenaki, relata la historia de una joven mohawk. Kahentiiosta fue arrestada durante la crisis Oka de 1990, cuando los mohawk fueron obligados a dejar sus tierras, mientras el gobierno de Quebec negaba su identidad al no reconocer sus nombres tradicionales.

El abrazo de la serpiente

Basada en los diarios de un botánico en la selva amazónica, El abrazo de la serpiente es un homenaje a los ríos y pueblos tikuna, Kubeo, huitoto y ocaina, además de un relato de iniciación y magia. Esta película del 2015 fue dirigida por Ciro Guerra, y fue el primer filme colombiano en ser nominado a los Premios Óscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa.

La abogada del pueblo

Conchita es una mujer de Tehuacán, Puebla, que viaja por los pueblos de la sierra norte de Veracruz para llevar asesoría jurídica a comunidades lejanas, lo que la hace enfrentarse a la burocracia mexicana y a distintas situaciones que ponen en riesgo su propia vida. Dirigida por Alan Villarreal.

 

Tlali Nantli

Un breve cortometraje de Ramiro Nava Muñoz, filmado en la comunidad de Acatlán, Chilapa de Álvarez, donde Yolanda Joaquin Damiano y su hija, Mayra Itzel Sánchez Damiano, hablan de su relación con la tierra y la comida, y sobre la vida en comunidad.

¿Dónde ver cine indígena? Aquí 200 películas y animaciones que puedes consultar en línea

 

Maliglutit

Maliglutit, del realizador inuit Zacharias Kunuk, es una readaptación del western clásico de 1956 The Searchers, dirigido por John Wayne. En esta película se narra la historia de un padre que busca vengarse por el secuestro de su esposa.

 

Huicholes: Los últimos guardianes del peyote

Un poderoso documental que narra la lucha del pueblo wixárika por la defensa de sus tierras sagradas en Wirikuta, Patrimonio de la Humanidad amenazado desde hace años por la industria minera

 

Pájaros de verano

Dirigida por Cristina Gallego y Ciro Guerra (de quien hablamos en este artículo más arriba), es la historia de un período en Colombia llamado “bonanza marimbera”, cuando el clan wayúu se involucró en el comercio ilegal de cannabis.

El pib

Un cortometraje escrito y dirigido por Miguel Ventura Herrera con un final absolutamente inesperado acerca de la celebración de la vida y la muerte, así como las celebraciones que la acompañan en el contexto maya.

 

* Imagen principal: fotograma de “Riu, lo que cuentan los cantos”