¿Por qué este nuevo hongo podría destruir a Monsanto?

El descubrimiento de un hongo capaz de fungir como pesticida podría revolucionar al campo.

Quizá la empresa más oscura del planeta, Monsanto, con un poco de suerte e información podría verse fuertemente debilitada. En 2006 el micólogo Paul Stamets registró una patente de un nuevo pesticida natural de la vertiente llamada “Pesticidas inteligentes”. Su descubrimiento está formado por las gracias de los “mágicos” hongos y es capaz de combatir hasta 20 mil tipo de insectos. 

Su hongo destructor de insectos cumple una función por demás interesante, pues los atrae naturalmente y luego estos se convierten en materia fungi, así, se autoalimenta constantemente.

Los pesticidas para una empresa como Monsanto forman parte importante de sus utilidades. A su vez, estos han sido asociados cada vez más con efectos fatales para el medio ambiente,  como la muerte masiva de las abejas. 

Curiosamente la patente de Stamets no ha sido muy promovida por la industria ni los medios de comunicación a pesar de que podría revolucionar la agricultura mundial y volverla más orgánica, lo que a su vez también mermaría los intereses de Monsanto importantemente. 

Por ahora algunos medios de comunicación alternativos están haciendo un importante esfuerzo para que el invento de Stamets sea conocido y aceptado cada vez más por la comunidad científica, un  fenómeno que, definitivamente, a Monsanto no le tiene sin cuidado. 

[Ewao]



Monsanto invertirá 3 mil millones de pesos en México en los siguientes cinco años

La multinacional anunció que planea invertir 3 mil millones de pesos en México a lo largo de los siguientes cinco años, con el fin de “mantener su estrategia de investigación y desarrollo en el país”.

Monsanto, una de las empresas argoquímicas con mayor presencia en el mercado internacional, se le ha acusado de realizar prácticas antiéticas que han afectado tanto a la biodiversidad, al ecosistema como a la salud general de la población humana. Entre las acciones que se relacionan con el consumo de sus productos es la extinción masiva de las abejas mediante sus pesticidas, la extinción de numerosas subespecies de maíz y soya de regiones latinoamericanas, la incidencia de enfermedades, como cáncer y deformidades congénitas, debido al contacto o consumo de organismos genéticamente modificados –OGM–, etcétera. Pese a esta lista con impactos catastróficos sobre el medio ambiente y la población humana, así como las intervenciones legales en su contra, Monsanto continúa adquiriendo fuerza a lo largo de sus comerciantes y consumidores indirectos.

Ahora la multinacional anunció que planea invertir 3 mil millones de pesos en México a lo largo de los siguientes cinco años, con el fin de “mantener su estrategia de investigación y desarrollo en el país”. De acuerdo con el presidente y director general de Monsanto Latinoamérica Norte, Manuel Bravo, el objetivo es lograr un crecimiento en ingresos de entre 3 y 4 por ciento en el país, y así sumar 1 millón de hectáreas para uso productivo de transgénicos e híbridos. Actualmente la empresa posee ingresos cercanos de 10 mil millones de pesos anuales, 1 100 empleados que manejan el negocio para Centroamérica, Caribe, Ecuador, Perú, Venezuela y Colombia, siete centros de investigación y cuatro plantas de producción. 

En México tiene una presencia predominante mediante las marcas Asgrow y Dekalb, las cuales ofrecen una productividad de entre los 8 y 10 millones de pesos. Según Bravo, esta cifra incluyen los productos vegetales:

Es una operación relevante con semillas de maíz, de algodón, de sorgo y tenemos 23 variedades de vegetales, manejamos tomate y cebolla, entre otros. [Mientras que] en argoquímicos, nuestro producto más grande es Faena, que es la marca líder en glifosato, que es un herbicida selectivo de baja toxicidad que permite un manejo ágil para los agricultores.

Si bien cada vez hay una creciente denuncia en contra de sus productos así como acusaciones de corrupción, abuso de poder e intimidación hacia comunidades indígenas, Monsanto continúa deseando invertir en México. Incluso Bravo defiende a la empresa estadounidense alegando que: 

Nunca se ha comprobado un caso que la ciencia lo soporte, en biotecnología, maíz y soya, que son para consumo animal y humano, llevamos 20 años de producción y los principales países productores están por arriba dle 90 y 95 por ciento de penetración de las tecnologías. 

En México importamos entre 10 a 15 toneladas de maíz, y 95 por ciento de la soya que comemos la compramos y es transgénica, pero en el país no hay ni un solo caso documentado de haber provocado una alergia. No hay un solo caso, a pesar de haber servido un millón de millones de comidas, que ligue la biotecnología con tema salud. Ha habido denuncias de parte del activismo, pero ninguna soportada por estudios académicos serios o por la autoridad. 

Por esta razón, presume, que se desea integrar el “paquete tecnológico, financiamiento, comercialización y asesoría técnica” en “un millón de las hectáreas que hoy no usan semilla de maíz mejorada” para que “puedan productir en lugar de una sola tonelada por hectárea que sean cinco o seis toneladas.” Es decir que ahora Monsanto quiere realizar una apuesta hacia una “ganadería intensiva a largo plazo” –en vez de una ganadería extensiva”, sin embargo sólo queda preguntarnos a costa de qué y de quiénes se planea realizar esta inversión. 



ONU habla sobre pesticidas: “Catastróficos para el ambiente, salud humana y la sociedad”

De acuerdo con un reporte realizado por la Organización de las Naciones Unidas –ONU–, los pesticidas conllevan a “consecuencias catastróficas”.

En las últimas décadas, numerosas asociaciones civiles de diversas partes del mundo han buscado maneras de reducir uso de pesticidas en granjas productoras, apelando las consecuencias sobre la salud tanto de los humanos, los animales y el medio ambiente. Si bien algunas han conseguido incluso la prohibición total en los campos agricultores de ciertas regiones, otras continúan en juicios legales para frenar por completo su consumo. Y durante años, organizaciones internacionales enfocadas en la romoción de la salud han permanecido en silencio. Hasta ahora. 

De acuerdo con un reporte realizado por la Organización de las Naciones Unidas –ONU–, los pesticidas conllevan a “consecuencias catastróficas”. La idea principal de esta organización ha sido desmitificar que los productos químicos contribuyen al crecimiento rápido de los alimentos agricultores, dejando en claro que la culpa reside en las corporaciones globales de manufacturas y en su “sistema de evasión de daños”, sus “tácticas agresivas y antiéticas de mercadotecnia” y el vacío negro de los gobiernos que “han obstruído las reformas y las restricciones sobre los pesticidas en el mundo.” Ahí mismo se agrega que los pesticidas tienen “impactos catastróficos en el medio ambiente, la salud humana y la sociedad en su globalidad”, incluyendo un estimado de 200 000 muertes anuales por envenamiento relacionado con su uso. Los especialistas y autores del reporte han concluido con que “es tiempo de crear un proceso transitivo a nivel mundial para una comida y una producción agrícola más saludables.”

Hilal Elver, especialista de la ONU y coautora del reporte, explicó que, por un lado, la población mundial rondará por los 9 miles de millones para el 2050, provocando una crisis importante de abastecimiento de alimentos y agua. Por otro lado, el argumento de la industria de los pesticidas es que sus productos no sólo protegen los campos agrícolas, también aceleran el crecimiento de los alimentos; sin embargo, la investigación de Elver ha demostrado que se trata de un mito: “Usar más pesticidas no tiene nada ver con eliminar la hambrina en el mundo. De acuerdo con la Organización de Alimentación y Agricultura de las Naciones Unidas –FAO–, somos capaces de alimentar 9 miles de millones de personas en la actualidad. La producción está definitivamente en crecimiento, pero el problema es la pobreza, la desigualdad y la distribución.”

Es decir que la mayoría de los pesticidas son usados en los campos agrícolas, como en los del aceite de palma y soya, por comodidad y no realmente por necesidad humanitaria. Elver argumenta en el reporte: “Las corporaciones no están lidiando con la hambruna, están lidiando con una mayor actividad agricultora a grandes escalas.”

Y esto trae como consecuencia el consumo masivo de productos tóxicos. En palabras de Baskut Tunkat, especialista en tóxicos y coautor del reporte, “Investigación científica confirman los efectos negativos de los pesticidas, relacionándose directamente con enfermedades humanas o condiciones o daños a los ecosistemas. Se trata de un reto que se ha exacerbado por una evasión sistemática, promovido por la industria agroquímica, por la magnitud del daño infligido por estos químicos, y por tácticas de mercadotecnia agresivas y antiéticas.”

Ambos autores concuerdan con un mismo evento: “El poder de las corporaciones sobre el gobierno y la comunidad científica es extremadamente importante. Para lidiar con los pesticidas, se tiene que lidiar con las compañías […]. Ellos dirán, por supuesto, que no es verdad, pero también está el testimonio de las personas.” Además, es importante mencionar que “mientras que los consumidores de los países desarrollados se encuentran mejor protegidos por los pesticidas, los trabajadores en granjes no lo están. Tan sólo en EE.UU., el 90 por ciento de los granjeros son indocumentados que no poseen protección legal ni seguridad social, por lo que se encuentran en una situación de riesgo frente al uso de pesticida.”

Este reporte levantó ya una controversia: por ejemplo, el vocero de Crop Protection Association –representante de los pesticidas en Reino Unido– mencionó que “el que digan que es un mito que los granjeros necesitan pesticidas para combatir la hambruna de 7 miles de millones de personas, no amerita el escrutinio. […] La FAO de la ONU ha sido claro en esto –los campos sin protección provocarían que los granjeros pierdan más del 80 por ciento de las cosechas infectadas por insectos, bacterias y enfermedades.”

Sin embargo, ¿qué dice el reporte al respecto? Es verdad que las plantas requieren de cuidados para las situaciones de riesgo, pero ¿tendría que ser a expensas de la salud de los consumidores? “La exposición crónica de los pesticidas se han vinculado con enfermedades como cáncer, Alzheimer y Parkinson, complicaciones hormonales, desórdenes de desarrollo e infertilidad. […] Por ejemplo, un estudio reciente en China indica que la contaminación de pesticidas provocó que el 20 por ciento de la tierra se volviera infertil.” Y no sólo eso, “la industria agroquímica culpa al consumidor por los impactos de los pesticidas peligrosos; pese a que la responsabilidad reside principalmente en el manufacturador del pesticida.”