Monsanto sabía que su glifosato era cancerígeno desde hace 34 años

El centro Global Research devela cómo es que Monsanto conocía los peligros de este componente usado en uno de sus herbicidas más aplicado.

Hace unas semanas la Organización Mundial de la Salud sorprendió al mundo con la revelación de que el glifosato, contenido en el herbicida de Monsanto más usado en el mundo en los cultivos transgénicos, es cancerígeno. 

La organización lo calificó tan peligroso que se ubica en su reporte solo detrás del asbesto, un componente presente en la energía nuclear y los rayos X. Se trata de una noticia que potencia importantemente los argumentos científicos en contra de los transgénicos y la biotecnología basada en químicos artificiales.

Luego de la noticia de la Organización Mundial de la Salud, ahora el centro de investigación de la globalización, Global Research, ha revelado que al menos desde hace 34 años (1981), Monsanto conocía del potencial cancerígeno del glisofato.  

Global Research ha publicitado la evidencia revisando los registros de la EPA (Environmental Protection Agency). Entre otras cosas encontraron que hubieron muchas pruebas en animales con glifosato en animales como ratas, ratones y perros. Los resultados sugieren un significante daño en los riñones de las ratas aún después de tres generaciones. 

Estos estudios, además, están restringidos por supuestos motivos de seguridad, lo que da pie aún a más sospechas del conocimiento de Monsanto sobre la toxicidad del glifosato.

Aquí puedes encontrar mayor información y diversas declaraciones de científicos sobre estos estudios.



Así manipula Monsanto a los medios de comunicación para limpiar su imagen

La multinacional ha recurrido incluso al acoso a periodistas para evitar que se conozcan sus secretos.

Monsanto –ahora propiedad de Bayer– es una empresa francamente siniestra. No contenta con haber fabricado el mortífero agente naranja durante la guerra de Vietnam, ni con jugar al semidios al atreverse a modificar las bases primigenias de la naturaleza, ahora se sabe que Monsanto también se ha encargado de crear una red de periodistas impostores, así como de académicos y hasta de científicos, para intentar limpiar su percudida imagen.

Y es que últimamente Monsanto ha estado en muchos problemas.

La multinacional ha tenido que pagar millonarias sumas de dinero a algunas de las personas que la han demandado. Esto a raíz de que el uso prolongado del herbicida RoundUp le ha generado cáncer a miles de personas. Tan sólo por el caso del jardinero Dewayne Johnson, Monsanto tuvo que pagar una multa de 289 millones de dólares, mientras que en el último caso, ganado por la pareja Alva y Alberta Pilliod, Monsanto pagó 2,000 millones de dólares.

Tomando en cuenta que la transacción realizada para la compra de Monsanto por parte de la alemana Bayer fue de 63,000 millones de dólares –y fue, de hecho, considerada la más costosa de la historia, según Forbes–, no cabe duda de que la mala fama le está costando muy caro a la multinacional.

 

La narrativa de Monsanto

No es de extrañar que Monsanto se haya dedicado a manipular los medios de comunicación, no sólo a partir de la publicación de falsas investigaciones científicas, sino mandando a sus consultores, disfrazados de reporteros, a los juicios contra RoundUp.

Según un reportaje publicado en The Guardian, una directora de la consultora FTI, de quien Monsanto es cliente, se presentó a uno de estos juicios en San Francisco. Ahí dijo ser reportera freelance de la BBC. Su objetivo era poder hablar con los verdaderos reporteros e intentar convencerlos de ciertas narrativas en la historia que favorecieran a la multinacional.

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Monsanto ha recurrido, incluso, al acoso a periodistas.

La periodista Carey Gillam habló con Timothy Litzenburg, quien representa a varios agricultores que han demandado a Monsanto. Este abogado ha rastreado lo que llama el “proyecto de dinero oscuro” que esconde la multinacional y con lo cual busca legitimarse ante la opinión pública. Tal proyecto no implica sólo tener cómplices en algunos importantes noticieros, periódicos y medios digitales, sino incluso se vale del intento de desacreditar a los reporteros comprometidos a través del soborno, y desmovilizarlos mediante el acoso.

Según le contó Litzenburg a Gillam:

Ahora sabemos que tenían periodistas cómplices que influyeron con la propaganda de Monsanto bajo el disfraz de que era “información objetiva”. Al mismo tiempo, la compañía química trató de acumular informes para desacreditar a los periodistas que fueron lo suficientemente valientes como para hablar en contra de ellos.

Es así que Monsanto busca escribir narrativas alternas sobre su oscuro pasado y presente, para poder seguir engañando a la opinión pública mientras sigue haciendo de nuestra salud y de la naturaleza su negocio privado. No obstante, mientras periodistas valientes como Carey Gillam sigan diciendo la verdad –y mientras nosotros sigamos denunciando todos sus crímenes… es indudable que Monsanto tiene sus días contados.

 

* Imágenes: 1) Reuters; 2) Luke Runyon



Un químico cancerígeno podría estar en tu desayuno

Se encontraron alarmantes restos de RoundUp, el herbicida de Monsanto, en decenas de productos.

Entre las hojuelas, nueces o malvaviscos que distinguen a nuestros cereales favoritos podría esconderse un veneno mortal: el glifosato.

Se trata del químico cancerígeno que es la base del herbicida RoundUp y que ha ocasionado cientos de casos de cáncer tan sólo en Estados Unidos, incluido el del jardinero Dewayne Johnson, quien ganó una inédita demanda contra la multinacional hace algunos días, la cual tendrá que pagarle 289 millones de dólares como indemnización.

Ahora, y debido a que la base de la mayoría de los cereales y barras para el desayuno es la avena –un producto agroindustrial sobre cuyos cultivos se usa RoundUp–, la organización Environmental Working Group (EWG) realizó pruebas de laboratorio sobre decenas de productos con este ingrediente, para analizar sus niveles glifosato.  

Según las métricas de EWG, una dosis considerada “segura” es de 160 partes por billón (ppb).

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Los resultados demostraron que ¾ de las muestras de avena tenían niveles de glifosato superiores a los que se consideran seguros. 16 de las 45 pruebas fueron realizadas sobre avena orgánica: cinco muestras también tenían altas dosis de este químico, cuyo potencial cancerígeno ha sido comprobado por la World Health Organization.

Desde que comenzaron a surgir los casos de cáncer ligados al glifosato y al uso del herbicida RoundUp, algunas organizaciones sin fines de lucro, como US Right to Know, han presionado para que la Food and Drug Administration (FDA) revele los resultados de los estudios que esta dependencia ha realizado desde hace 2 años.

Pero según correos internos obtenidos por US Right to Know, la FDA ya ha comprobado que muchos productos contienen altas cantidades de glifosato, aunque jamás ha revelado dicha información al público.

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Tracy Ma

Aunque aún no se sabe cuántos productos más podrían tener este elemento mortal, ahora sabemos, gracias a EWG, que más de 30 tipos de productos para el desayuno lo contienen, como la granola, la avena instantánea y las barritas.

Otros muchos productos alimenticios podrían contener glifosato en cantidades peligrosas, ya que cada año son arrojados 113 millones de kilos de RoundUp sobre los cultivos de EE.UU.

 

Mientras tanto, Monsanto sigue insistiendo en que el glifosato no causa cáncer y en que estas alarmantes dosis no son significativas, pues la gente tendría que comer kilos de avena para resultar afectada. No obstante, ¿a quién habría que creerle?

Lo cierto es que nada justifica que se experimente con productos que podrían estar dañando gravemente la salud colectiva, como el glifosato. Además, es evidente que las prácticas de Monsanto están afectando los ciclos naturales de la tierra y están poniendo en peligro los cultivos, como es el caso del maíz.

Así que debemos dejar de dar nuestro apoyo tácito a Monsanto y, más bien, encontrar alternativas para enfrentar su omnisciente reinado biotecnológico sobre la naturaleza (y sobre nosotros).

 

Imagen de portada: Sarah Mahala